miércoles, 8 de julio de 2020

LITERATURA Y PECADO


PECADORES. William Burroughs, mató a su mujer (claro, sin querer), y fue un drogo que estaba casi siempre "duro" (hasta se dio el menudo trabajito de venirse al Perú, y llegar a Pucallpa en busca de la famosa Ayahuasca; escribió "Naked Lunch" y "Expresso Nova", dos novelones. Francois Villón (apellidado realmente Montcorbier, y autor de "La balada de los ahorcados"), fue un asaltante sin cura y mató a un cura (bueno, un religioso), y hasta fue condenado a la horca, pena que fue conmutada y lo mandaron al destierro. Louis Althousser, el gran pensador marxista (autor de "Maquiavelo y nosotros"), extranguló a su mujer. Paul Verlaine (especialmente recordado por este par de versos: "Llora mi corazón / como llueve en la ciudad" -de "Romanzas sin palabras"-) estuvo a punto (lo impidió la mala puntería) de darle muerte a Arthur Rimbaud, y lo condenaron a dos años de cárcel. Álvaro Mutis, el de los "Relatos del mar y la tierra", también fue condenado a prisión, pero por delito de malversación. Fiodor Dostoyevsky -autor de "Crimen y Castigo"- también fue condenado (a muerte, pero se salvó en el último minuto y fue enviado a la Siberia), por el delito de conspiración contra el Zar. Gabriele D'annunzio, el tuerto, autor de "Canto Novo", condecorado a instancias de Mussolini como "príncipe de Montenevoso", fue el precursor de una de las más asquerosas ideologías: el Fascismo. Otro Fascista (y antisemita), seguidor sin remedio de Mussolini y que arengaba desde la radio a los soldados norteamericanos para que desertaran y pasaran a las filas nazis, también fue un escritor, un poeta: Ezra Pound, el del monumental "Cantares". ¿Y el poeta de "Canto general"? Bueno, hace poco nos enteramos de que en la biografía de Neruda también había algo abominable: se avergonzaba de su hijita de dos años (Malva Marina) y la nombraba como "un ser perfectamente ridículo" y "vampiresa de tres kilos", y terminó abandonándola, sin misericordia. Ah, y también hay pecadores estrictamente literarios (los plagiarios), como Arturo Pérez-Reverte, condenado a pagar 80 mil euros por usar, sin asco, guión ajeno. Pregunto: ¿A todos ellos les lanzamos diatribas, los condenamos "moralmente" -a estas alturas de la vida y la historia- y echamos al fuego sus libros? ¿O es que alguno de ellos sí merece el rescate y la presea de la eternidad? ¿Tal vez el afortunado pudiera ser el ruso porque quiso tumbar a Nicolás I, es decir, hacer una "buena obra" ("revolucionaria"), y los demás no? ¿Y quizás también Althousser, por ser marxista o porque su crimen lo cometió en un estado de desequilibrio mental? ¿Ah? Creo adivinar la muy "serena", "racional", "desapasionada" y masiva respuesta de la comarca letrada de Lima (algo así como un "ni pa' mí, ni pa' ti): Todos ellos se salvan -dirán-; el que se jode (aunque no haya cometido delito alguno) es Vargas Llosa, ¡por neoliberal! Les apuesto, paisitas; esa sería la unanimidad. 😅 Bueno, la verdad es que, en estas cosas, nada tiene que ver lo extraliterario, por más reprobable que sea. El escritor puede, personalmente, ser una reverenda cochinada, pero eso no incide -no tiene por qué incidir- negativamente en la calidad de su obra.

 

© Bernardo Rafael Álvarez