lunes, 19 de octubre de 2015

¡HABLA, CHO!

La palabra no es un instrumento sonoro o gráfico que solo sirve para comunicarnos. También nos identifica. A los pallasquinos, por ejemplo, nos identifica, entre otras expresiones, el “cho”, voz que empleamos para llamar o pedir atención a alguien. Equivale, sobre todo, a “amigo”. Se trata –en el uso actual de Pallasca- de la apócope de la palabra “cholo”, generada con propósito eufemístico. Recuérdese que, a pesar de su significación altamente respetable en la actualidad (que felizmente no se condice con la que tuvo al principio), la expresión “cholo” no llega aún a ser aceptada dignamente como se merece, por gran parte de la población peruana y, más bien, sigue usándose con cierta voluntad peyorativa. “Cho” es, podríamos decir, el apelativo emblemático de Pallasca que une a todos y genera regocijo escucharlo. Sin embargo, debo precisar que no solo en Pallasca es usada esta expresión; también lo es, por ejemplo, en Moyobamba. La diferencia radica en que en la Capital de San Martín se la emplea indistintamente para varones como para mujeres[1] y en Pallasca, en cambio, es solo para dirigirse a los varones ya que para las muchachas se usa el “Chi” ("cho", por cholo; "chi", por china).

Pero también tenemos expresiones como estas, entre otras, que son muy sugestivas: "muganshya" (tizón incandescente pero sin flama, y también luz tenue, débil), "chúrgape" (grillo) y "surrupear" (forma verbal pallasquina “de exportación” que significa sorber una sopa o alguna bebida caliente haciendo vibrar –“surrup, surrup…”- los labios). 

Es que el habla pallasquina es, pues, muy particular y, sobre todo, bella y rica. Quiero, aquí, reseñar algunos de los aspectos de esa particularidad. Como sabemos, los diminutivos en el idioma castellano se forman generalmente agregando a los vocablos los sufijos ito/ita, cito/cita, illo/illa; en las regiones centro y sur del Perú, se forman también con el sufijo “cha” (Manuelcha, Valicha); en la zona de Pallasca (y en gran parte de la extensión que abarca la sierra de los departamentos de La Libertad y Cajamarca y parte de Amazonas) tienen preeminencia los diminutivos generados con los sufijos “asho”/ “asha que contiene el fonema sibilante palatal /š/, que aparentemente proviene de la lengua culli: “cholasho”, “niñasha.[2] El sonido que representamos con el dígrafo “sh” se usa asimismo para darles una forma afectiva a los nombres (hipocorísticos, se les llama): César, “Shesha”; Santiago, “Shanti”; Rosa, “Rosha”; también, con similar propósito, se da la sustitución de la “r” por la “y” o “i”: Medardo, “Medaydo” (o “Medaido”); Bernardo, “Beynaydo” (o “Beinaido”).[3] Otra particularidad notable es la tendencia a la “economía expresiva” mediante la contracción gramatical de un verbo y el pronombre “usted” que en tal circunstancia pierde dos sonidos (“u” y “d”): diga usted, “díga’ste”, venga usted, “vénga’ste”; en el caso del verbo “decir”, se da, incluso, lo que graficamos con este ejemplo: “¿Qué di’ste?” (¿Qué dice usted?). Una contracción igualmente peculiar se da en “pasu’mañana”, que es el “pasado mañana” en que el verbo “pasado” se convierte en “pasu”); también se contraen el verbo “voy” y la preposición “a”: voy a trabajar, “vo’a trabajar” (“vu'a trabajar”). Pero la contracción digamos más curiosa se da, creo, en la expresión “ya’sque” (contracción probablemente formada por tres voces: “ya es que”, o “ya dices que”. Se la usa mayormente como conjunción ilativa, con el significado de “conque”: “Ya’sque te vas a Lima” (“Conque te vas a Lima”); también como frase exclamativa de asombro que equivaldría a estas expresiones: “¡No te lo puedo creer!”; “¡No me digas!”; “¡Asu!”. Se la usa desde Pallasca hasta Cajamarca y también en gran parte de Amazonas.): “Yasque te vas mañana, ¿dí?”. Esta expresión ("dí"), usada, como lo acabamos de hacer en el ejemplo, en forma de interrogación, cumple función fática o apelativa (forma parte de los llamados "estimulantes conversacionales"): "¿no?", "¿no es cierto?”, y lo que se pretende con ella es que el interlocutor confirme lo que se le está diciendo. En algunos verbos conjugados en primera persona plural su pronunciación que normalmente es grave o llana, pasa a ser esdrújula: no vayamos a equivocarnos, “no váyamos a equivocarnos”; nos dijo que vengamos, “nos dijo que véngamos”. No se suele hacer la distinción -femenino, masculino- en el uso del dativo que precede o va como sufijo en determinados verbos; indistintamente se usa el “lo”: “señora, me alegra saludarlo”; “la vaca lo llevaré al corral”). La pronunciación de los verbos conjugados en participio pasado cuya terminación es “ado” (llegado, trabajado, cansado…) tiende a eliminar la consonante “d”: llegao, trabajao, cansao; pudiendo incluso la “o” confundirse con la “u”. Las formas “aquicito”, “allacito”, no forman parte del habla pallasquina o, por lo menos, no son comunes. Tampoco es característica del habla pallasquina el seseo al final de las palabras terminadas en “r” (amors, ayers). Otra particularidad resaltante es la irregular conjugación casi generalizada del verbo “querer”: quedré, quedrás, quedrán, quedremos. 

El castellano pallasquino tiene tres vertientes alimentadoras: además del español, están el culli y el quechua. Efectivamente: Huasharimear, por ejemplo, que es un verbo generado por Huasharimo (el chismoso, el que “habla a espaldas de uno”) tiene su origen en el quechua. ¿Recuerdan ese bello huayno de Julián Rubiños que dice: “Como las aguas del río/ que corren negras y turbias/ así son los chismes que corren, negrita, / y por mí están huasharimeando…”? 

Pero quiero detenerme un poco en la vertiente culli. Expresiones propias de esa lengua ya extinguida (y cuyo último reducto fue precisamente Pallasca, como lo reconoció el estudioso francés Paul Rivet) son Chúrgape  -ya mencionada-, lacataca (el caracol, o “babosa”) y estas otras, acerca de las cuales, creo que nadie ha puesto mucha atención: Paranshyam, Mushyuquino, Conshyam (nombres de lugares), munshyo (ombligo), cashyul (el choclo tostado), muganshya (tizón incandescente pero sin flama y, también, luz tenue). En el listado de vocablos culli y toponímicos que Alfredo Torero inserta en su libro Idiomas de los Andes no incluye ninguna de estas expresiones, tampoco aparecen en la lista que hizo don Fernando Silva Santisteban (La lengua culle de Cajamarca y Huamachuco); y es extraño que estas voces no hayan sido recogidas por el obispo de Trujillo Martínez Compañón ni por el presbítero pallasquino Meléndez Gonzales. Y a mí me parecen muy interesantes y valiosas no solo por lo bellas que son sino porque ponen de manifiesto un sonido que no encontramos ni en el quechua ni en el español, y yo me atrevería a calificar como emblemático en la lengua culli (además, claro está, del sibilante palatal /š/ que, dicho sea de paso, no es privativo de esta lengua, pues también se usa en el quecha del centro del país); me refiero al fonema (consonante africada postalveolar sonora, en inglés, y también en culli) que yo he graficado (pues me parece lo más aproximado) uniendo el dígrafo “sh” con “y”, considerando que esta última letra representa un fonema consonántico palatal sonoro cuando no está aislada o cuando se ubica al final de palabra precedida de vocal (DLE); el sonido al que me refiero podemos encontrarlo, por ejemplo, en las voces inglesas “jam” (mermelada), “jean” (vaquero), “jew” (judío), y que en el Alfabeto Fonético Internacional (AFI) se representa con la grafía [ʤ].[4] Otros sonidos que, sin duda, son o provienen de la lengua culli son los segmentos o componentes –bal [-ball, -vall. valle], probablemente “llanura, pampa, campos”, según Torero (Cocabal, Huandoval, Survalle); -sácape, que podría significar “chacra” (Colgasácape); -vara (Taurivara, Marcovara); y, difinitivamente, el –coñ [-goñ, -goñe], “agua” (Acogoñe, Pichungoñe, Gorgoñe, Chapucungoñe). 

El culli fue una lengua que se habló en gran parte del norte peruano, desde Pallasca hasta Cajamarca y en algunos pueblos de Amazonas, antes de que a esta parte del Perú llegaran los incas, quienes -sin lograr su cometido- al imponer el quechua trataron de borrar de la faz de la tierra la lengua que aquí encontraron. Los españoles –como es explicable, por cuanto su empresa fue de conquista-  habrían procurado también extinguirla disponiendo, según parece, la prohibición de hablarla. Pero sobrevivió. Y (aunque no está plenamente comprobado) hay quienes creen que era el culli la lengua a la que el entonces Arzobispo Toribio de Mogrovejo se refería al decir en su Diario (1594) que el cura de Pallasca, Juan de Llanos, “sabe poco la lengua linga que es la que hablan los indios que tiene a su cargo”. Y, como llegó a afirmar el estudioso Paul Rivet, el empleo de esta lengua se habría dado –claro, por un muy reducido número de hablantes- hasta la década de 1940 inclusive, en algún caserío de Cabana o Bolognesi y, según alguna vez le refirió don Alipio Villavicencio al estudioso Manuel Flores Reyna, la última hablante de esta lengua habría sido una señora a la que se le conocía como “la viejita Ishpe”. 

Los lingüistas ha podido contar con valioso material para sus estudios acerca del culli, gracias al trabajo recopilatorio (un total de “43 vozes”) que a fines del siglo XVIII hizo el obispo de Trujillo Juan Baltazar Martínez Compañón (“palabras escogidas…más útiles para la catequización”, según Porras Barrenechea) y a la breve lista de voces (un total de 17) que en 1915 elaboró el cura pallasquino Teodoro Meléndez Gonzales, y que fue publicada por el francés Paul Rivet y el checo Cestmir Loukotka en 1949 (“Las lenguas de la antigua diócesis de Trujillo”), y también al aporte (un total de 23 voces, la mayor parte nombres de divinidades) de don Fernando Silva Santisteban (“La lengua culli de Cajamarca y Huamachuco”, 1982).

De la extinguida lengua culli, ahora solo quedan desperdigadas unas cuantas bellas palabras que –como una muestra de dignidad- los pallasquinos debiéramos seguir empleando con orgullo y sin tener por qué sentirnos avergonzados. No ha sobrevivido al menos una sola frase completa, que pudiera haberse convertido, digamos, en el primer paso para reconstruir la arqueología lingüística de nuestra remota lengua ancestral, lamentablemente.

***

No todos en Pallasca hablan poniendo de manifiesto las características o particularidades expresivas que aquí se presentan, pero sí la mayoría.




[1] El cura Teodoro Meléndez Gonzales elaboró en 1915 –tras escuchar a un anciano pallasquino- una lista de diecinueve voces consideradas por él como de origen culli. Esta lista fue alcanzada a Santiago Antúnez de Mayolo quien, a su vez, la hizo llegar en 1935 al francés Paul Rivet. Posteriormente, al analizar las voces, los estudiosos establecieron que dos de ellas, nina y guallpa, no correspondían a ese origen, pues forman parte del léxico quechua (en castellano: fuego y gallina, respectivamente). Pero en lo que no pusieron atención fue en la expresión “cho”, a la que el religioso le atribuyó función apelativa (¡eh!) y con el significado de “amigo”. Creo que fue un error considerarla como voz culli. Su origen podría estar –improbablemente- en alguna lengua ya extinta del norte peruano, pero no en el culli. Sin embargo, considero que más razonable es ubicar su nacimiento en la península ibérica. Me explico. La interjección "cho" viene de España, y es similar o equivalente a “so”, usada casi siempre para “hacer parar o detener las caballerías” (como lo define un vetusto diccionario –de 1913- que como herencia familiar conservo en mi biblioteca); pero también ha servido con frecuencia para expresar asombro, y a veces indignación. Es obvio que, andando el tiempo, esta voz pasó a cumplir función apelativa, tal vez como derivación del uso, repetimos, dado “para hacer parar o detener las caballerías”, o quizás porque uno de sus significados (es lo que encuentro en el diccionario referido) correspondía al pronombre antiguo o anticuado “su”. O acaso su origen esté en la arbitraria y vulgar deformación y simplificación que sufrió la palabra señor durante el Siglo de Oro: convertida, sucesivamente en seor y sor, y probablemente después en so, de la que se derivó cho). Pero –repito- actualmente en Pallasca el "cho" corresponde, por su uso, a la apócope de la palabra "cholo"; y, además de ser usado como interjección con función apelativa (para llamar, detener o pedir atención a alguien) es, también, un sustantivo, con el significado de amigo, pero solo para dirigirse o referirse a varones, pues para mujeres se usa el “chi” (apócope de china). Y he aquí una particularidad adicional muy importante: a diferencia de lo que ocurre en otros pueblos, en Pallasca -obviamente por su equivalencia con "amigo"- se le pluraliza ("chos", para varones; "chis", para mujeres). 

[2] Digo que “aparentemente” proviene de la lengua culli, debido a que –al menos en los listados de voces en aquella lengua, que se conocen- no hay ninguna palabra que contenga el fonema sibilante palatal /š/. 

[3] Creo que es conveniente tener en cuenta una cosa: El fonema sibilante palatal /š/, tan común en el castellano pallasquino y, en general, en el castellano de la sierra norte del Perú, no es elemento ni característica de un diminutivo culli sino, más bien, de un sufijo (unas veces prefijo y en algunos casos, infijo) con el cual –sabe Dios desde cuándo- nuestros pueblos han construido sus muy particulares diminutivos, como contraposición a los aumentativos “azo”, aza”. De la lengua culli apenas conocemos una cuantas voces -verbos y sustantivos- y ni una sola frase. ¿Sabemos, por ventura, si a alguna de esas voces se le ha podido adosar el sufijo que nosotros usamos en calidad de diminutivo? No. Desconocemos cómo se construían las frases y tampoco sabemos cómo se formaban los diminutivos, en lengua culli. La verdad es, por ello, que no se puede hablar de “diminutivos culli”. Lo que se puede decir, en rigor, es que con el morfema –ash- (de “asho” o “asha”) se han formado diminutivos –muy particulares- del castellano pallasquino que, repito, no son de la lengua culliumentativos “azo”, aza”. De la lengua culli apenas conocemos una cuantas voces -verbos y sustantivos- y ni una sola frase. ¿Sabemos, por ventura, si a alguna de esas voces se le ha podido adosar el sufijo que nosotros usamos en calidad de diminutivo? No. Desconocemos cómo se construían las frases y tampoco sabemos cómo se formaban los diminutivos, en lengua culli. La verdad es, por ello, que no podemos hablar de “diminutivos culli”. Lo que podemos decir, en rigor, es que con el morfema –ash- (de “asho” o “asha”) se han formado diminutivos –muy particulares- del castellano pallasquino que, repito, no son de la lengua culli.".

[4] Este sonido, he tratado de representarlo uniendo el dígrafo “sh” con la letra “y” (que, según el DLE, es la “Vigesimosexta letra del abecedario español, que representa, cuando aparece aislada o en final de palabra precedida de una vocal, el fonema vocálico cerrado anterior y, en las demás posiciones, el fonema consonántico palatal sonoro”). ¿Por qué lo hago? En castellano no existe palabra en que después de una consonante vaya la “y”, y se la pronuncie como “i”; eso ocurre solo “cuando aparece aislada o en final de palabra precedida de una vocal”  (aislada, como conjunción: Juan y Pedro; al final de palabra precedida de una vocal: muy, voy, ley). Entonces, por estar frente a palabras que no son de origen español, sino culle, me pareció lo más conveniente hacer esta unión: “shy”, en que la “y” no suena ni tiene que sonar como “i”, pues lo que sigue es una vocal (“Conshyam”, por ejemplo), lo que hace que su sonido se convierta en “consonántico palatal sonoro” (“Consh/yam”, y no “Conshi/am”)). Repito, no es, naturalmente, la representación exacta del sonido culli, que -haciendo uso del Alfabeto Fonético Internacional (AFI)- sería [ʤ],  pero si es la más aproximada, usando las grafías del alfabeto común). 

[5] Cuentan que el buen Plighio Hidalgo, en algunos momentos de descanso -hace de esto ya muchos años-, ubicado en una esquina muy concurrida de Lima, a quienes tenían apariencia serrana les pasaba la voz diciéndoles “¡Hola, cho!”, “¡Hola, chi!”; si alguna de las personas que por allí transitaban respondía favorablemente, no había duda, era de nuestra provincia. Es que, como ocurre con el acento o dejo y las cualidades espirituales, también ciertas locuciones ayudan a identificar a los habitantes de una región. Es proverbial característica de los pallasquinos la hospitalidad; pero, sin duda, también el uso generalizado –además de otras expresiones- del vocativo “cho”, para los varones, y “chi” para las mujeres. 

 

 

miércoles, 14 de octubre de 2015

SOLO OJOS


Solo ojos
como un espejo en el que se repiten
infinitamente
túnel de agua viva y de sueños disparado
como una saeta mensajera
mi búsqueda y tu luz
mi extravío y tu laberinto
mi espera y tu impaciencia
mi duda y tu certeza


Solo ojos
como un muro
y mi pudor infame emplastado
sin penitencia
en el lienzo desconcertado de la fuente que susurra
tras los pasos que se ausentan sudorosos
en la noche entreverada
y confundida con tus ganas de llorar
y mis manos que se ahogan
en la caricia garabateada solo en el deseo


Solo ojos
para ver que te veo sin verte
para ver que me ves sin mirarme


Solo ojos
como el guiño
del abandono y la orfandad
Milagro ahogado
Suicidio anodino de la búsqueda
y la torpeza


Solo ojos
para sobrevivir a la sombra despedazada
del cielo entoldado de esta ciudad que se avergüenza
de sus silencios

Solo ojos
espejo del agua que brota en tu voz que ya no suena
pero ya solo convertido en cartón rugoso
enganchado a la palabra nonata
que flota como arpón de goma en el lago
que es esta pantalla perpleja
que me mira
y se burla punzada inclemente
espina de cactus clavada en la lengua
como una condena que tritura
una a una las palabras acobardadas
que jamás pudieron respirar de tu aliento


Solo ojos
como el espejo abismal de un túnel

de agua viva
pero sin salida



Solo ojos
filosos
calcinantes


(Suficientes
para deletrear las huellas del camino
que han de andar
los latidos desordenados
de nuestros locos deseos)                         ____________________
                                                                                13/10/2015. 10:06 PM

domingo, 4 de octubre de 2015

EL DISTRITO DE PALLASCA. Algunas breves notas.*

Generalidades
Ubicado en el extremo norte de la Sierra de Ancash, Pallasca es uno de los once distritos de la Provincia del mismo nombre y limita, por el Sur, con los distritos de Huacaschuque y Huandoval; por el Este, con Lacabamba y Pampas; por el Oeste, con Bolognesi, y por el Norte con la Provincia de Santiago de Chuco, en La Libertad. Su altitud aproximada es de 3150 msnm. La población del Distrito de Pallasca -considerando, en conjunto, las zonas urbana y rural- bordea los 3000 habitantes.

Historia

Tiene una historia que se remonta a los primeros tiempos de la Conquista; sin embargo, Pallasca, como distrito propiamente dicho -aunque se desconoce cuándo se produjo exactamente su creación política- queda legalmente formado como tal el 2 de enero de 1857, día en que se expide el Decreto firmado por Ramón Castilla, que crea la respectiva Municipalidad, con ocho miembros, y da las disposiciones básicas para los procesos eleccionarios. Y adquiere la categoría de ciudad ("por el adelanto de su agricultura y minería, así como por el progreso en su conjunto") el 7 de octubre de 1898, por ley aprobada por el Congreso de la República y suscrita por Rafael Villanueva, presidente del órgano legislativo.

Estudios serios indican que su nombre provendría del cacique Apollacsa Vilca Yupanqui Tuquiguarac, indio noble que prestó importantes servicios durante el paso de los primeros conquistadores, por lo cual habría recibido escudo de armas, según señala el historiador Félix Álvarez Brun en su libro ANCASH, una historia regional peruana.

En Pallasca han ocurrido hechos significativos que, lamentablemente, no son muy conocidos. En las aguas del Río Tablachaca (antes Andamarca) habría sido arrojado el cadáver de Huáscar, el último heredero legítimo del Imperio Incaico. En la etapa de la Independencia, no fue ajeno a la vocación libertaria del pueblo del Perú y aportó su cuota de hombres y pertrechos para la formación del Ejército Libertador. Cuando se produjo la invasión chilena, puso de manifiesto su arrojo y patriotismo negándose a cumplir las abusivas órdenes de los jefes militares de la fuerza enemiga y, más bien, se enfrentó, en desigual batalla, con garrotes, piedras y armas arrojadizas; muestra incuestionable de dignidad que le costó, como heroico saldo, decenas de muertos y heridos.
Años antes de aquel conflicto fue visitada, en épocas distintas, por dos importantes estudiosos europeos cuyos testimonios fueron insertados en sendos libros que son fuente obligada de consulta: Charles Wiener, autor de Perú et Bolivie, y Antonio Raymondi, que escribió El Departamento de Ancasch y sus riquezas minerales. El francés Wiener, entre otras descripciones y alusiones, se refiere al río Tablachaca y expresa que se trata de “uno de los sitios más notables en la historia del Perú”, porque allí “fue degollado cerca del puente por orden de su hermano sublevado”, Huáscar el último inca legítimo. Raymondi advierte que el distrito de Pallasca “es el más estenso (sic) de todos los de la Provincia” e intuye, por algunas evidencias encontradas, que debió haber sido importante durante la dominación española; resalta la belleza del panorama que se aprecia desde Santa Lucía donde, dice, “hay una pequeña capilla”, y llega a conocer el subterráneo (que nosotros cuando niños llamábamos “infiernillo”) ubicado en una vivienda al frente del templo de San Juan Bautista. Pero lo más significativo quizás sea el haberse dado cuenta que, como en otros distritos (a diferencia de Corongo, que entonces formaba parte de nuestra provincia) en Pallasca solo se habla el idioma español, lo cual, según su personal apreciación, hace que los habitantes de estos pueblos sean más tratables y cariñosos”. La ausencia del Quechua -que no tuvo tiempo de arraigarse en los pueblos de nuestra Provincia (y que, por cierto, deberíamos lamentar)- se debe a que –como señalaron investigaciones lingüísticas ulteriores- el idioma nativo en esta región fue, en realidad, el Culli que prácticamente sucumbió ante la irrupción sucesiva de incas y de españoles y del que solo han quedado desperdigadas o “chapreadas” (que es como se dice en pallasquino) algunas expresiones que son empleadas con frecuencia (pienso ahora en la particular eufonía de los topónimos Conshyam, Mushyuquino, Pocata, Shulgarape…)

En la Región Quechua
Por la altitud referida -considerando la clasificación geográfica hecha por el Dr. Javier Pulgar Vidal-, Pallasca está en la denominada Región Quechua. Por ello, su clima es relativamente templado, lo que no impide que entre noviembre y marzo las lluvias, casi torrenciales, se hagan presentes alimentando, así, a las tierras de cultivo que son el sustento básico del pueblo. El hecho de pertenecer a la Región Quechua no significa, lamentablemente, que allí se hable el Idioma ancestral de los Incas; en otros aspectos sí reúne los elementos y las características propios de esa clasificación geográfica. Entre la vegetación típica de la zona cabe resaltar la presencia de dos plantas aromáticas empleadas como infusión: la úñica y la panizara; plantas que, de ser comercializadas en gran escala, generarían significativos ingresos económicos para la población y, por otro lado, serían una alternativa de consumo similar (y acaso más agradable) al té y a otros productos.

Acceso
Desde Chimbote, en la Costa, se accede al Distrito de Pallasca a través de una carretera ya asfaltada cuya construcción en el tramo final, a partir de Sacaycacha, se logró gracias al trabajo de los propios pobladores dirigidos y estimulados por el pundonor, el entusiasmo y la firmeza de Orlando Álvarez Castro que, entonces (junio de 1973), era Capitán del Ejército Peruano. Pallasca está interconectado prácticamente con todos los pueblos de la Provincia por medio de carreteras afirmadas que debieran, porque es lo justo, encontrarse pavimentadas para lograr un acceso más rápido, cómodo y conveniente.

Pueblo agrícola y ganadero
Pallasca es, básicamente, un pueblo agrícola y se dedica, principalmente, al cultivo de la papa, el maíz y el trigo; siendo, además, significativa la crianza de ganado vacuno y lanar; otra ocupación, en menor escala, es la minería (oro) y la artesanía, sobre todo en el rubro de tejidos (las "bayetas", los ponchos...).

Parajes de ensueño
Los alrededores de la ciudad son parajes verdaderamente de ensueño: Tambamba, a donde suelen acudir dominicalmente las familias para pasar unas horas de solaz y esparcimiento, lavar ropa o, simplemente pasear. Kuymalca, en donde puede conocerse las ruinas prehispánicas de El Castillo es una extensión amplia de chacras y lugares ricos en oxigeno y paz; camino a Santiago de Chuco, encontramos, Cruzmaca, Salayoc, Túcua, Culculbamba, Shindol y Pampa Negra; en la parte alta, Chucana, Cuchina, Chaupincocha, Andagada. También son inolvidables, El Tambo, El Puquio, Pashtaca, Callanga, Shorgata, Chugaymaca, Pocata. En Panguya, la sede del Centro Educativo Primario; hacia abajo, a la derecha, Pambahua, donde se encuentra el local y las tierras de cultivo del Instituto Nacional Agropecuario -centro educativo de nivel secundario del lugar. También, hacia el Oeste, el bello mirador de Santa Lucia desde donde los chiquillos echan a volar las cometas y, naturalmente, su imaginación.

Flora y fauna
La flora pallasquina es rica y variada. Vamos a mencionar algunas de las plantas más conocidas: la yerba santa, el Shiraque, la tarsana, la penca (maguey), el molle, el sauco, la carhuacasha; la mora (zarzamora), la payaya, el shugurom, el purpuro (tumbo); la panizara, la úñica; el chulco, la achupalla; el alizo, el eucalipto. Además de: trigo, papa, maíz, quinua, coyo (quiwicha), oca, etc.
En la fauna, podemos mencionar a la perdiz, el jilguero, el gorrión, la paca paca, el chushec, el zorro, el zorrino, la vizcacha, el hurón (muca o zarigüeya), el venado, el huaygush (comadreja), etc.

Folclore
Pallasca es un pueblo alegre. Cada año, en el mes de Junio, celebra la Fiesta Patronal en honor a San Juan Bautista, patrón del lugar. En tal ocasión se presentan algunas bellas estampas folclóricas (que en Pallasca se conocen como "festejos"), entre las que podemos mencionar El Suplicio y Muerte del Inca Atahualpa, uno de cuyos típicos personajes es el "Quishpe"; también se presentan Los Osos, las Quiyayas, los Blanquillos, los Indios de Culculbamba, etc. Otros elementos gratos de la festividad son las carreras de cintas y de pedradas. Y, claro, lo que hay que considerar como lo principal son las procesiones, masivas y llenas de fervor, en homenaje al santo Patrón. También forman parte de la Fiesta de San Juan -cómo no- las esplendorosas y frenéticas "luminarias" (bailes nocturnos en las calles y la plaza principal, alrededor de castillos de fuegos artificiales y con el acompañamiento estentóreo de bandas de música). La celebración patronal se prepara con varios meses de anticipación; los priostes a cuyo cargo corre prácticamente todo, realizan oportunamente una fiesta conocida como chupe en la que los pobladores -que desbordan en entusiasmo y alegría- presentan sus ofertas: reses, cohetes, castillos, víveres, tragos, etc., etc., con todo lo cual queda asegurada la celebración que suele tener ribetes de apoteosis.
En el mes de Mayo, Fiesta de las Cruces, es el Toro de Trapo el personaje central de las celebraciones, que se presenta acompañado de los "vaqueros", el "patrón", la "pastora" y los "vilches", nombre con el que se conocen a los toreros en la referida estampa folclórica. Esta estampa tiene una finalidad religiosa: rendir culto a la Santísima Cruz ubicada en la parte más elevada de la montaña mayor: El Chonta; se presenta, además, como la caricatura y satirización que el pueblo indígena hace de uno de los aportes traídos por España con la Conquista: la corrida de toros, y, además, como un tributo de alegría y gratitud a la tierra y su productividad (los parajes agrícolas principales están representados por sus toros de trapo: Tambamba, Callanga, etc.) y, finalmente y sobre todo, es una sana diversión de chicos y grandes.

Pueblo culto y hospitalario
Si algo -además de la belleza de sus paisajes- puede marcar la diferencia de Pallasca respecto de otros pueblos, es la cultura y la bondad de sus pobladores: la hospitalidad y calidez son los sentimientos inalienables e incontrastables del pallasquino.

Profesionales de nota
Pallasca ha sido cuna de profesionales que han descollado notoriamente en los diversos campos en que les ha tocado desempeñarse. En la Diplomacia, la Historia y la Docencia Universitaria, el Dr. Félix Álvarez Brun; en la Medicina, los doctores Justiniano Murphy Bocanegra (f), Manuel Pizarro Flores (f), Domingo Fataccioli Zúñiga (f) y Carlos Bocanegra Vergaray; en la docencia universitaria, Orestes Rodríguez Campos(f), Alberto Rubio Fataccioli (f), Olinda Gálvez Paredes; en el Derecho, Juan Murphy Bocanegra(f), Jorge Velásquez Gallarday; en la Geología, Alberto Rubio Álvarez (f).

Un personaje importante: Orlando Álvarez Castro
Los pobladores de Pallasca sienten orgullo y satisfacción por un personaje especial: Orlando Álvarez Castro, el hombre que puso su empeño, voluntad, firmeza y entusiasmo para lograr que la carretera de penetración llegara a esta ciudad casi secularmente olvidada, con el trabajo indesmayable de los mismos pobladores mediante el sistema de "topos" (10 metros de vía construida por cada comunero, comerciante o maestro; incluso los niños más el apoyo con comida dado por las mujeres (viudas y solteras). Todos recuerdan que entonces (junio de 1973) Álvarez Castro, a la sazón Capitán del Ejército Peruano, se impuso el irreversible compromiso de hacer llegar el primer vehículo motorizado el día central de la festividad en honor a San Juan Bautista, Patrono del lugar, y, efectivamente, lo logró: el día 24 de junio el alborozo tuvo características de apoteosis; risas y lágrimas se confundieron en un solo sentimiento: felicidad plena. A las 2 de la tarde un carro ya estaba en la Plaza de Armas. Orlando y su esposa, Blanca Ríos Gallarday (acompañados por sus hijos, entonces niños aún), simbolizaron la esperanza de un pueblo que hoy debe retomar su camino. Con esto quedó demostrada una verdad: más que esperar que las obras vengan de afuera, la dignidad nos pide que las hagamos nosotros mismos. Pallasca lo hizo y debe seguir el mismo camino, básicamente el mismo camino; los trabajos ancestrales de "La República" son ejemplo de ello. (Es justo recordar el papel que en la primera etapa desempeñó don Juan Rubiños Campos. He aquí lo que consignamos acerca de él en el Diccionario Pallasquino: “Don Juan fue el alcalde que inició los trabajos de construcción de la Carretera que, hasta junio de 1973, llegaba a Sacaycacha. A pesar de la oposición e indiferencia de algunos “togados”, recibió el apoyo entusiasta de cientos de pobladores del distrito de Pallasca y de otros pueblos de la provincia y, con la modalidad conocida como República –que es el trabajo remunerado con la satisfacción espiritual que da la esperanza-, emprendieron jubilosos, el 25 de noviembre de 1956, la apertura de la vía. La primera contribución económica la hicieron estos generosos paisanos: Manuel Torres Pereda, Francisco Ninaquispe Campos y Teófilo Porturas Vásquez.”)

Un historiador a pulso: Don Manuelito Alvarado
Era un hombre de mediana estatura, rostro más o menos redondo y de hablar ligero pero cauteloso. La particularidad excepcional que mostraba y que pocos quizás hayan advertido, fue que –siendo de origen humilde- vestía siempre pulcro y, más valioso que esto: tenía una vehemente preocupación por la lectura y por escarbar y conocer el pasado del pueblo. No poseía una biblioteca, apenas, tal vez, algunos libros y folletos además de una insobornable y ejemplar voluntad de aprendizaje y enseñanza, sin ser maestro: conversaba con jóvenes y adultos y les hablaba de lo rico de nuestra historia. Fue –salvo error u omisión- el primero en enterarse de la descendencia de Apollacsa Vilca Yupanqui Tuquihuarac (aquel “indio noble que prestó importantes servicios durante el paso de los primeros conquistadores”, según Álvarez Brun). ¿Cómo pudo haberlo sabido? Pues don Alonso Paredes lo contó alguna vez por escrito. Joven aún, don Manuel Alvarado (que es la persona a que nos referimos), “amante de la observación” logró salvar del fuego un fajo de papeles que contenía “los títulos de nobleza incaica de don Eusebio de la Cruz, infatigable defensor de su comunidad”, documento este -conjuntamente con otros- sobre el que “descansa la historia altiva del pueblo de Pallasca” (enfatizaba don Alonso). Es decir, a don Manuelito Alvarado le debe el pueblo de Pallasca el orgullo de haber recuperado parte valiosa de su pasado y a partir de ello, proyectarse positivamente y con dignidad hacia el futuro.

Poetas
Víctor H. Acosta. Don Víctor, el querido autor de Ave que muere, su poema más conocido y celebrado especialmente por las damas pallasquinas, nació en Pallasca, pero hasta sus últimos días vivió en Cabana, donde nacieron sus hijos y quedó su recuerdo. Sentidas, el poemario de don Víctor, es un libro de formato pequeño, diríamos “de bolsillo”. Está compuesto por cuarenta y siete poemas bellos y bien escritos, que se caracterizan por una extraordinaria riqueza expresiva, además de musicalidad y ternura. En ellos se pone de manifiesto poco discretamente la presencia de Rubén Darío; es que el Modernismo había poblado el continente, entonces. Pero también –como muy bien apunta Teófilo Porturas en el prólogo- hay algo de Vallejo. 

Teófilo Porturas.  Don Teófilo Porturas administraba una muy modesta tiendita y nuestros padres cuando nos pedían que hiciéramos alguna compra nos decían: "anda a la tienda del poeta" y, créanlo, la eufonía de esta palabra nos conmovía de veras. El espíritu de aquel hombre era vivaz. Su sueño era que Pallasca elevara su nivel cultural. Y, en efecto, procuró que ello ocurriera, y vio que a los niños y jóvenes había que entregar las llaves del futuro, formando su personalidad, enriqueciéndola. El camino, probablemente difícil, había que recorrerlo con un instrumento sin duda eficaz: la lectura. Por ello es que, junto a un grupo de trece pallasquinos (todos, como él, humildes) hizo todo cuanto le fue posible para dar el paso decisivo, irreversible, trascendental: fundar la Biblioteca Pública de Pallasca. Ansiosos y esperanzados, recurrieron a un paisano que hacía mucho años había partido a otra provincia, don Manuel Herminio Cisneros Zavaleta; él les ofreció y dio su apoyo: los libros de su colección privada los transfirió, en donación, a favor de su pueblo natal, y como reconocimiento a su calidad profesional de periodista y en gratitud por su alma noble y bondadosa, los entusiastas gestores de la obra decidieron darle su nombre a la Biblioteca que en esos momentos (1º de Mayo de 1957) nacía y que por un considerable número de años, domingo a domingo, abriría sus puertas para congregarnos a los niños y adolescentes de entonces, en un inolvidable ritual que nos hizo felices. Curiosos, ávidos, inquisidores, leíamos y leíamos, desde El Tesoro del Juventud hasta Cumbres borrascosas, de La vuelta al mundo en 80 días a El mundo es ancho y ajeno...Pulcramente vestido, con la cabellera más o menos larga peinada hacia atrás y con un brillo de gozo en los ojos, nos atendía, solícito, el fundador de aquel medio discreto templo de la cultura. Don Teófilo Porturas, poeta, publicó un solo libro cuyo más celebrado poema fue siempre Jardinera del silencio en el que decía: “Eres una compañía de recuerdos/ para mi pobre vida…”; “¿A dónde iré con mi manojo de locuras,/ en los ojos tórridos,/ aquí donde se renueva mi alma/ del retazo que tengo todavía de amarguras?”. Razones, probablemente económicas, hicieron que sus poemas que desde muchos años antes habían aparecido sueltos en algunas revistas y periódicos, recién en 1967 conformaran un volumen al que don Teófilo llamó Latidos; poemario cuyos versos –al decir del cusqueño José Gabriel Cosio- son “de melancolía y tristeza, de angustia y de desesperanza, con un sí que es no de agridulce”; y presentan también una poco habitual audacia creativa en el aspecto formal, insinuándose algo de Oquendo de Amat, por ejemplo, en versos como los que siguen:

“Mañana me bañaré en tus lagos
en mi infancia te he mirado a ti
tus tardes avanzan a suicidarse
en los maizales
lentamente.”

Conformado por treinta y ocho poemas, Latidos fue impreso por don Jesús Aguilar Segura, el honrado, solícito y diligente secretario de la Municipalidad Distrital, en la pequeñísima Imprenta del Concejo. Los niños de entonces, lo recibimos con alborozo y fue don Moisés Porras, Director del Colegio San Juan Bautista, quien nos dio las claves para comprenderlo. Así fue como pudimos, tempranamente, degustar el sabor asaz extraño de sus metáforas y descubrir en su novedoso ritmo algo así como la música de Pallasca compuesta, claro está, sin solfas ni acordes estridentes.

Un músico
Pedro Gutiérrez, "El Conshyamino".   Don Pedro Gutiérrez, “El Conshyamino”, nuestro folclorista invidente, cuando lo conocimos solía ubicarse en una de las bancas de la Plaza de Armas (casi siempre en la que da hacia la iglesia). Con un seseo muy particular, secundado por el acompañamiento jadeante de “su acordeón o concertina”, protegido por su poncho y sombrero, rodeado por los chiquillos del pueblo y –cómo no- vigilado por la “Repolla”, su mujer, entonaba huaynos y guarachas: “En el cielo las estrellas”, “Mi cafetal”...y “La piedra de mal rodar”, su canción emblemática. No faltaba -como en todas partes- algún mozalbete zamarro que –candorosamente perverso- le jugara una broma pesada, como presionar una tecla de su instrumento, alterando, así, la ejecución del tema musical; don Pedro se enfadaba por un instante, soltaba sin mucha convicción un carajo, pero inmediatamente sonreía y continuaba con la música. Nosotros nos alegrábamos con su alegría y nos conmovíamos con su emoción. La destreza que demostraba al hacer brotar las notas de su muy humilde instrumento, era la misma cuando confeccionaba las proverbiales “andaritas” (especie de flautas de pan hechas con cañas de carrizo), perfectamente afinadas como para pergeñar, en las noches de luna llena, las melodías inolvidables del “Zorro negro”; o para que Julio y “Shantel” -dos de sus principales usuarios- pudieran familiarizarse con la nobleza del arte órfico (su padre -nunca olvidado, especialmente por su cálido y generoso corazón-, don Santiago Zanelly, era, probablemente, el más entusiasta “cliente” de don Pedro). Durante las primeras décadas del Siglo XX, sabemos que la animación musical de las fiestas familiares del pueblo, más que la Victrola, corría a cargo de El Conshyamino. La aparición del retumbante “Pick up” prácticamente desplazó a ambos. La Victrola se convirtió en pieza ornamental o de museo y don Pedrito, tal vez invadido por una honda tristeza pero jamás deprimido, trasladó su centro protagónico a la Plaza, mas nunca se alejó de los corazones. Más que un personaje, llegó a ser un símbolo. Los pallasquinos lo guardamos en nuestra memoria y sabemos que él y don Víctor Alvarado, don Pancho Nina, don Lorenzo Paredes...forman parte de la identidad espiritual de nuestro pueblo. Hablar de Pallasca es no olvidarse de ellos, tanto como de El Chonta, de Tambamba, de Santa Lucía; de la “293” y sus entrañables “maestros”; del Toro de trapo, de las “luminarias” y del grog…A nosotros, por lo menos a nosotros, cuando niños, don Pedro Gutierrez nos dio una lección imborrable –como todas aquellas que se dan sin palabras, que se dan con el ejemplo: amen lo nuestro con todo el corazón.




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*Texto mío que inicialmente fue publicado en Wikipedia.