domingo, 4 de octubre de 2015

EL DISTRITO DE PALLASCA. Algunas breves notas.*

Generalidades
Ubicado en el extremo norte de la Sierra de Ancash, Pallasca es uno de los once distritos de la Provincia del mismo nombre y limita, por el Sur, con los distritos de Huacaschuque y Huandoval; por el Este, con Lacabamba y Pampas; por el Oeste, con Bolognesi, y por el Norte con la Provincia de Santiago de Chuco, en La Libertad. Su altitud aproximada es de 3150 msnm. La población del Distrito de Pallasca -considerando, en conjunto, las zonas urbana y rural- bordea los 3000 habitantes.

Historia

Tiene una historia que se remonta a los primeros tiempos de la Conquista; sin embargo, Pallasca, como distrito propiamente dicho -aunque se desconoce cuándo se produjo exactamente su creación política- queda legalmente formado como tal el 2 de enero de 1857, día en que se expide el Decreto firmado por Ramón Castilla, que crea la respectiva Municipalidad, con ocho miembros, y da las disposiciones básicas para los procesos eleccionarios. Y adquiere la categoría de ciudad ("por el adelanto de su agricultura y minería, así como por el progreso en su conjunto") el 7 de octubre de 1898, por ley aprobada por el Congreso de la República y suscrita por Rafael Villanueva, presidente del órgano legislativo.

Estudios serios indican que su nombre provendría del cacique Apollacsa Vilca Yupanqui Tuquiguarac, indio noble que prestó importantes servicios durante el paso de los primeros conquistadores, por lo cual habría recibido escudo de armas, según señala el historiador Félix Álvarez Brun en su libro ANCASH, una historia regional peruana.

En Pallasca han ocurrido hechos significativos que, lamentablemente, no son muy conocidos. En las aguas del Río Tablachaca (antes Andamarca) habría sido arrojado el cadáver de Huáscar, el último heredero legítimo del Imperio Incaico. En la etapa de la Independencia, no fue ajeno a la vocación libertaria del pueblo del Perú y aportó su cuota de hombres y pertrechos para la formación del Ejército Libertador. Cuando se produjo la invasión chilena, puso de manifiesto su arrojo y patriotismo negándose a cumplir las abusivas órdenes de los jefes militares de la fuerza enemiga y, más bien, se enfrentó, en desigual batalla, con garrotes, piedras y armas arrojadizas; muestra incuestionable de dignidad que le costó, como heroico saldo, decenas de muertos y heridos.
Años antes de aquel conflicto fue visitada, en épocas distintas, por dos importantes estudiosos europeos cuyos testimonios fueron insertados en sendos libros que son fuente obligada de consulta: Charles Wiener, autor de Perú et Bolivie, y Antonio Raymondi, que escribió El Departamento de Ancasch y sus riquezas minerales. El francés Wiener, entre otras descripciones y alusiones, se refiere al río Tablachaca y expresa que se trata de “uno de los sitios más notables en la historia del Perú”, porque allí “fue degollado cerca del puente por orden de su hermano sublevado”, Huáscar el último inca legítimo. Raymondi advierte que el distrito de Pallasca “es el más estenso (sic) de todos los de la Provincia” e intuye, por algunas evidencias encontradas, que debió haber sido importante durante la dominación española; resalta la belleza del panorama que se aprecia desde Santa Lucía donde, dice, “hay una pequeña capilla”, y llega a conocer el subterráneo (que nosotros cuando niños llamábamos “infiernillo”) ubicado en una vivienda al frente del templo de San Juan Bautista. Pero lo más significativo quizás sea el haberse dado cuenta que, como en otros distritos (a diferencia de Corongo, que entonces formaba parte de nuestra provincia) en Pallasca solo se habla el idioma español, lo cual, según su personal apreciación, hace que los habitantes de estos pueblos sean más tratables y cariñosos”. La ausencia del Quechua -que no tuvo tiempo de arraigarse en los pueblos de nuestra Provincia (y que, por cierto, deberíamos lamentar)- se debe a que –como señalaron investigaciones lingüísticas ulteriores- el idioma nativo en esta región fue, en realidad, el Culli que prácticamente sucumbió ante la irrupción sucesiva de incas y de españoles y del que solo han quedado desperdigadas o “chapreadas” (que es como se dice en pallasquino) algunas expresiones que son empleadas con frecuencia (pienso ahora en la particular eufonía de los topónimos Conshyam, Mushyuquino, Pocata, Shulgarape…)

En la Región Quechua
Por la altitud referida -considerando la clasificación geográfica hecha por el Dr. Javier Pulgar Vidal-, Pallasca está en la denominada Región Quechua. Por ello, su clima es relativamente templado, lo que no impide que entre noviembre y marzo las lluvias, casi torrenciales, se hagan presentes alimentando, así, a las tierras de cultivo que son el sustento básico del pueblo. El hecho de pertenecer a la Región Quechua no significa, lamentablemente, que allí se hable el Idioma ancestral de los Incas; en otros aspectos sí reúne los elementos y las características propios de esa clasificación geográfica. Entre la vegetación típica de la zona cabe resaltar la presencia de dos plantas aromáticas empleadas como infusión: la úñica y la panizara; plantas que, de ser comercializadas en gran escala, generarían significativos ingresos económicos para la población y, por otro lado, serían una alternativa de consumo similar (y acaso más agradable) al té y a otros productos.

Acceso
Desde Chimbote, en la Costa, se accede al Distrito de Pallasca a través de una carretera ya asfaltada cuya construcción en el tramo final, a partir de Sacaycacha, se logró gracias al trabajo de los propios pobladores dirigidos y estimulados por el pundonor, el entusiasmo y la firmeza de Orlando Álvarez Castro que, entonces (junio de 1973), era Capitán del Ejército Peruano. Pallasca está interconectado prácticamente con todos los pueblos de la Provincia por medio de carreteras afirmadas que debieran, porque es lo justo, encontrarse pavimentadas para lograr un acceso más rápido, cómodo y conveniente.

Pueblo agrícola y ganadero
Pallasca es, básicamente, un pueblo agrícola y se dedica, principalmente, al cultivo de la papa, el maíz y el trigo; siendo, además, significativa la crianza de ganado vacuno y lanar; otra ocupación, en menor escala, es la minería (oro) y la artesanía, sobre todo en el rubro de tejidos (las "bayetas", los ponchos...).

Parajes de ensueño
Los alrededores de la ciudad son parajes verdaderamente de ensueño: Tambamba, a donde suelen acudir dominicalmente las familias para pasar unas horas de solaz y esparcimiento, lavar ropa o, simplemente pasear. Kuymalca, en donde puede conocerse las ruinas prehispánicas de El Castillo es una extensión amplia de chacras y lugares ricos en oxigeno y paz; camino a Santiago de Chuco, encontramos, Cruzmaca, Salayoc, Túcua, Culculbamba, Shindol y Pampa Negra; en la parte alta, Chucana, Cuchina, Chaupincocha, Andagada. También son inolvidables, El Tambo, El Puquio, Pashtaca, Callanga, Shorgata, Chugaymaca, Pocata. En Panguya, la sede del Centro Educativo Primario; hacia abajo, a la derecha, Pambahua, donde se encuentra el local y las tierras de cultivo del Instituto Nacional Agropecuario -centro educativo de nivel secundario del lugar. También, hacia el Oeste, el bello mirador de Santa Lucia desde donde los chiquillos echan a volar las cometas y, naturalmente, su imaginación.

Flora y fauna
La flora pallasquina es rica y variada. Vamos a mencionar algunas de las plantas más conocidas: la yerba santa, el Shiraque, la tarsana, la penca (maguey), el molle, el sauco, la carhuacasha; la mora (zarzamora), la payaya, el shugurom, el purpuro (tumbo); la panizara, la úñica; el chulco, la achupalla; el alizo, el eucalipto. Además de: trigo, papa, maíz, quinua, coyo (quiwicha), oca, etc.
En la fauna, podemos mencionar a la perdiz, el jilguero, el gorrión, la paca paca, el chushec, el zorro, el zorrino, la vizcacha, el hurón (muca o zarigüeya), el venado, el huaygush (comadreja), etc.

Folclore
Pallasca es un pueblo alegre. Cada año, en el mes de Junio, celebra la Fiesta Patronal en honor a San Juan Bautista, patrón del lugar. En tal ocasión se presentan algunas bellas estampas folclóricas (que en Pallasca se conocen como "festejos"), entre las que podemos mencionar El Suplicio y Muerte del Inca Atahualpa, uno de cuyos típicos personajes es el "Quishpe"; también se presentan Los Osos, las Quiyayas, los Blanquillos, los Indios de Culculbamba, etc. Otros elementos gratos de la festividad son las carreras de cintas y de pedradas. Y, claro, lo que hay que considerar como lo principal son las procesiones, masivas y llenas de fervor, en homenaje al santo Patrón. También forman parte de la Fiesta de San Juan -cómo no- las esplendorosas y frenéticas "luminarias" (bailes nocturnos en las calles y la plaza principal, alrededor de castillos de fuegos artificiales y con el acompañamiento estentóreo de bandas de música). La celebración patronal se prepara con varios meses de anticipación; los priostes a cuyo cargo corre prácticamente todo, realizan oportunamente una fiesta conocida como chupe en la que los pobladores -que desbordan en entusiasmo y alegría- presentan sus ofertas: reses, cohetes, castillos, víveres, tragos, etc., etc., con todo lo cual queda asegurada la celebración que suele tener ribetes de apoteosis.
En el mes de Mayo, Fiesta de las Cruces, es el Toro de Trapo el personaje central de las celebraciones, que se presenta acompañado de los "vaqueros", el "patrón", la "pastora" y los "vilches", nombre con el que se conocen a los toreros en la referida estampa folclórica. Esta estampa tiene una finalidad religiosa: rendir culto a la Santísima Cruz ubicada en la parte más elevada de la montaña mayor: El Chonta; se presenta, además, como la caricatura y satirización que el pueblo indígena hace de uno de los aportes traídos por España con la Conquista: la corrida de toros, y, además, como un tributo de alegría y gratitud a la tierra y su productividad (los parajes agrícolas principales están representados por sus toros de trapo: Tambamba, Callanga, etc.) y, finalmente y sobre todo, es una sana diversión de chicos y grandes.

Pueblo culto y hospitalario
Si algo -además de la belleza de sus paisajes- puede marcar la diferencia de Pallasca respecto de otros pueblos, es la cultura y la bondad de sus pobladores: la hospitalidad y calidez son los sentimientos inalienables e incontrastables del pallasquino.

Profesionales de nota
Pallasca ha sido cuna de profesionales que han descollado notoriamente en los diversos campos en que les ha tocado desempeñarse. En la Diplomacia, la Historia y la Docencia Universitaria, el Dr. Félix Álvarez Brun; en la Medicina, los doctores Justiniano Murphy Bocanegra (f), Manuel Pizarro Flores (f), Domingo Fataccioli Zúñiga (f) y Carlos Bocanegra Vergaray; en la docencia universitaria, Orestes Rodríguez Campos(f), Alberto Rubio Fataccioli (f), Olinda Gálvez Paredes; en el Derecho, Juan Murphy Bocanegra(f), Jorge Velásquez Gallarday; en la Geología, Alberto Rubio Álvarez (f).

Un personaje importante: Orlando Álvarez Castro
Los pobladores de Pallasca sienten orgullo y satisfacción por un personaje especial: Orlando Álvarez Castro, el hombre que puso su empeño, voluntad, firmeza y entusiasmo para lograr que la carretera de penetración llegara a esta ciudad casi secularmente olvidada, con el trabajo indesmayable de los mismos pobladores mediante el sistema de "topos" (10 metros de vía construida por cada comunero, comerciante o maestro; incluso los niños más el apoyo con comida dado por las mujeres (viudas y solteras). Todos recuerdan que entonces (junio de 1973) Álvarez Castro, a la sazón Capitán del Ejército Peruano, se impuso el irreversible compromiso de hacer llegar el primer vehículo motorizado el día central de la festividad en honor a San Juan Bautista, Patrono del lugar, y, efectivamente, lo logró: el día 24 de junio el alborozo tuvo características de apoteosis; risas y lágrimas se confundieron en un solo sentimiento: felicidad plena. A las 2 de la tarde un carro ya estaba en la Plaza de Armas. Orlando y su esposa, Blanca Ríos Gallarday (acompañados por sus hijos, entonces niños aún), simbolizaron la esperanza de un pueblo que hoy debe retomar su camino. Con esto quedó demostrada una verdad: más que esperar que las obras vengan de afuera, la dignidad nos pide que las hagamos nosotros mismos. Pallasca lo hizo y debe seguir el mismo camino, básicamente el mismo camino; los trabajos ancestrales de "La República" son ejemplo de ello. (Es justo recordar el papel que en la primera etapa desempeñó don Juan Rubiños Campos. He aquí lo que consignamos acerca de él en el Diccionario Pallasquino: “Don Juan fue el alcalde que inició los trabajos de construcción de la Carretera que, hasta junio de 1973, llegaba a Sacaycacha. A pesar de la oposición e indiferencia de algunos “togados”, recibió el apoyo entusiasta de cientos de pobladores del distrito de Pallasca y de otros pueblos de la provincia y, con la modalidad conocida como República –que es el trabajo remunerado con la satisfacción espiritual que da la esperanza-, emprendieron jubilosos, el 25 de noviembre de 1956, la apertura de la vía. La primera contribución económica la hicieron estos generosos paisanos: Manuel Torres Pereda, Francisco Ninaquispe Campos y Teófilo Porturas Vásquez.”)

Un historiador a pulso: Don Manuelito Alvarado
Era un hombre de mediana estatura, rostro más o menos redondo y de hablar ligero pero cauteloso. La particularidad excepcional que mostraba y que pocos quizás hayan advertido, fue que –siendo de origen humilde- vestía siempre pulcro y, más valioso que esto: tenía una vehemente preocupación por la lectura y por escarbar y conocer el pasado del pueblo. No poseía una biblioteca, apenas, tal vez, algunos libros y folletos además de una insobornable y ejemplar voluntad de aprendizaje y enseñanza, sin ser maestro: conversaba con jóvenes y adultos y les hablaba de lo rico de nuestra historia. Fue –salvo error u omisión- el primero en enterarse de la descendencia de Apollacsa Vilca Yupanqui Tuquihuarac (aquel “indio noble que prestó importantes servicios durante el paso de los primeros conquistadores”, según Álvarez Brun). ¿Cómo pudo haberlo sabido? Pues don Alonso Paredes lo contó alguna vez por escrito. Joven aún, don Manuel Alvarado (que es la persona a que nos referimos), “amante de la observación” logró salvar del fuego un fajo de papeles que contenía “los títulos de nobleza incaica de don Eusebio de la Cruz, infatigable defensor de su comunidad”, documento este -conjuntamente con otros- sobre el que “descansa la historia altiva del pueblo de Pallasca” (enfatizaba don Alonso). Es decir, a don Manuelito Alvarado le debe el pueblo de Pallasca el orgullo de haber recuperado parte valiosa de su pasado y a partir de ello, proyectarse positivamente y con dignidad hacia el futuro.

Poetas
Víctor H. Acosta. Don Víctor, el querido autor de Ave que muere, su poema más conocido y celebrado especialmente por las damas pallasquinas, nació en Pallasca, pero hasta sus últimos días vivió en Cabana, donde nacieron sus hijos y quedó su recuerdo. Sentidas, el poemario de don Víctor, es un libro de formato pequeño, diríamos “de bolsillo”. Está compuesto por cuarenta y siete poemas bellos y bien escritos, que se caracterizan por una extraordinaria riqueza expresiva, además de musicalidad y ternura. En ellos se pone de manifiesto poco discretamente la presencia de Rubén Darío; es que el Modernismo había poblado el continente, entonces. Pero también –como muy bien apunta Teófilo Porturas en el prólogo- hay algo de Vallejo. 

Teófilo Porturas.  Don Teófilo Porturas administraba una muy modesta tiendita y nuestros padres cuando nos pedían que hiciéramos alguna compra nos decían: "anda a la tienda del poeta" y, créanlo, la eufonía de esta palabra nos conmovía de veras. El espíritu de aquel hombre era vivaz. Su sueño era que Pallasca elevara su nivel cultural. Y, en efecto, procuró que ello ocurriera, y vio que a los niños y jóvenes había que entregar las llaves del futuro, formando su personalidad, enriqueciéndola. El camino, probablemente difícil, había que recorrerlo con un instrumento sin duda eficaz: la lectura. Por ello es que, junto a un grupo de trece pallasquinos (todos, como él, humildes) hizo todo cuanto le fue posible para dar el paso decisivo, irreversible, trascendental: fundar la Biblioteca Pública de Pallasca. Ansiosos y esperanzados, recurrieron a un paisano que hacía mucho años había partido a otra provincia, don Manuel Herminio Cisneros Zavaleta; él les ofreció y dio su apoyo: los libros de su colección privada los transfirió, en donación, a favor de su pueblo natal, y como reconocimiento a su calidad profesional de periodista y en gratitud por su alma noble y bondadosa, los entusiastas gestores de la obra decidieron darle su nombre a la Biblioteca que en esos momentos (1º de Mayo de 1957) nacía y que por un considerable número de años, domingo a domingo, abriría sus puertas para congregarnos a los niños y adolescentes de entonces, en un inolvidable ritual que nos hizo felices. Curiosos, ávidos, inquisidores, leíamos y leíamos, desde El Tesoro del Juventud hasta Cumbres borrascosas, de La vuelta al mundo en 80 días a El mundo es ancho y ajeno...Pulcramente vestido, con la cabellera más o menos larga peinada hacia atrás y con un brillo de gozo en los ojos, nos atendía, solícito, el fundador de aquel medio discreto templo de la cultura. Don Teófilo Porturas, poeta, publicó un solo libro cuyo más celebrado poema fue siempre Jardinera del silencio en el que decía: “Eres una compañía de recuerdos/ para mi pobre vida…”; “¿A dónde iré con mi manojo de locuras,/ en los ojos tórridos,/ aquí donde se renueva mi alma/ del retazo que tengo todavía de amarguras?”. Razones, probablemente económicas, hicieron que sus poemas que desde muchos años antes habían aparecido sueltos en algunas revistas y periódicos, recién en 1967 conformaran un volumen al que don Teófilo llamó Latidos; poemario cuyos versos –al decir del cusqueño José Gabriel Cosio- son “de melancolía y tristeza, de angustia y de desesperanza, con un sí que es no de agridulce”; y presentan también una poco habitual audacia creativa en el aspecto formal, insinuándose algo de Oquendo de Amat, por ejemplo, en versos como los que siguen:

“Mañana me bañaré en tus lagos
en mi infancia te he mirado a ti
tus tardes avanzan a suicidarse
en los maizales
lentamente.”

Conformado por treinta y ocho poemas, Latidos fue impreso por don Jesús Aguilar Segura, el honrado, solícito y diligente secretario de la Municipalidad Distrital, en la pequeñísima Imprenta del Concejo. Los niños de entonces, lo recibimos con alborozo y fue don Moisés Porras, Director del Colegio San Juan Bautista, quien nos dio las claves para comprenderlo. Así fue como pudimos, tempranamente, degustar el sabor asaz extraño de sus metáforas y descubrir en su novedoso ritmo algo así como la música de Pallasca compuesta, claro está, sin solfas ni acordes estridentes.

Un músico
Pedro Gutiérrez, "El Conshyamino".   Don Pedro Gutiérrez, “El Conshyamino”, nuestro folclorista invidente, cuando lo conocimos solía ubicarse en una de las bancas de la Plaza de Armas (casi siempre en la que da hacia la iglesia). Con un seseo muy particular, secundado por el acompañamiento jadeante de “su acordeón o concertina”, protegido por su poncho y sombrero, rodeado por los chiquillos del pueblo y –cómo no- vigilado por la “Repolla”, su mujer, entonaba huaynos y guarachas: “En el cielo las estrellas”, “Mi cafetal”...y “La piedra de mal rodar”, su canción emblemática. No faltaba -como en todas partes- algún mozalbete zamarro que –candorosamente perverso- le jugara una broma pesada, como presionar una tecla de su instrumento, alterando, así, la ejecución del tema musical; don Pedro se enfadaba por un instante, soltaba sin mucha convicción un carajo, pero inmediatamente sonreía y continuaba con la música. Nosotros nos alegrábamos con su alegría y nos conmovíamos con su emoción. La destreza que demostraba al hacer brotar las notas de su muy humilde instrumento, era la misma cuando confeccionaba las proverbiales “andaritas” (especie de flautas de pan hechas con cañas de carrizo), perfectamente afinadas como para pergeñar, en las noches de luna llena, las melodías inolvidables del “Zorro negro”; o para que Julio y “Shantel” -dos de sus principales usuarios- pudieran familiarizarse con la nobleza del arte órfico (su padre -nunca olvidado, especialmente por su cálido y generoso corazón-, don Santiago Zanelly, era, probablemente, el más entusiasta “cliente” de don Pedro). Durante las primeras décadas del Siglo XX, sabemos que la animación musical de las fiestas familiares del pueblo, más que la Victrola, corría a cargo de El Conshyamino. La aparición del retumbante “Pick up” prácticamente desplazó a ambos. La Victrola se convirtió en pieza ornamental o de museo y don Pedrito, tal vez invadido por una honda tristeza pero jamás deprimido, trasladó su centro protagónico a la Plaza, mas nunca se alejó de los corazones. Más que un personaje, llegó a ser un símbolo. Los pallasquinos lo guardamos en nuestra memoria y sabemos que él y don Víctor Alvarado, don Pancho Nina, don Lorenzo Paredes...forman parte de la identidad espiritual de nuestro pueblo. Hablar de Pallasca es no olvidarse de ellos, tanto como de El Chonta, de Tambamba, de Santa Lucía; de la “293” y sus entrañables “maestros”; del Toro de trapo, de las “luminarias” y del grog…A nosotros, por lo menos a nosotros, cuando niños, don Pedro Gutierrez nos dio una lección imborrable –como todas aquellas que se dan sin palabras, que se dan con el ejemplo: amen lo nuestro con todo el corazón.




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*Texto mío que inicialmente fue publicado en Wikipedia.