domingo, 13 de mayo de 2012

REMANGAR SOTANAS

¿Por qué no se ponen razones, antes que pasiones, para tratar de explicar o, si se quiere, discutir u oponerse a lo que la jerarquía católica hace o hizo en casos como el de Garatea o de Gutiérrez -mencionados en el artículo medio irreverente de Ortiz de Zevallos- y también en el caso soslayado del padre Martín Sánchez? La Iglesia no es, nunca ha sido, una institución democrática; es vertical. Las decisiones no se dan allí por acuerdo de asambleas de asociados o cosas parecidas, ni por medio de "consulta previa", sino verticalmente -de arriba hacia abajo- porque se basan en el respeto o el sometimiento a dogmas o cánones que son, creo, al menos teóricamente, inamovibles. A nosotros, agnósticos y ateos, nos gustaría que eso no fuera así y que cada cura se desenvuelva con autonomía plena. Pero no, pues. ¿Por qué los sacerdotes "llamados al orden", como Gutiérrez y Garatea, acatan las decisiones respetuosamente y con humildad? Primero, porque son inteligentes y cultos; segundo, porque saben que las cosas deben ser así si es que no están dispuestos a dejar de una vez por todas la sotana (como sí ocurrió con el padre Martín que, si no me equivoco, ahora forma parte de otra iglesia). Garatea, según tengo entendido, se ha expresado repetidamente a favor del celibato y la llamada "unión civil"; es decir, en contra de lo que la Iglesia Católica hasta ahora rechaza. Cipriani resulta, sin duda, un personaje antipático y para muchos repudiable; pero en este tema me parece que más debe preocuparnos lo que hace o pueda hacer fuera de su congregación, cuando declara públicamente sobre asuntos políticos, por ejemplo, respecto de los cuales la nuestra es una opinión distinta o contraria. No respecto de los asuntos internos que son pura competencia de él y de quienes están allí y llegaron porque quisieron hacerlo sabiendo cuáles eran las "reglas de juego" (cuáles sus derechos, cuáles sus obligaciones, cuáles sus limitaciones y cuáles los votos que debían hacer). He visto por allí una carta por la que se quiere expresar la solidaridad con el padre Garatea. Bacán. Pero con la misma carta se quiere pedir que le devuelvan las facultades de hacer misa, etc. ¿No sería mejor -me pregunto- recomendar que Garatea deje la sotana y más bien se incorpore, ya libre de ataduras dogmáticas y jerárquicas, a un ejercicio pastoral y de apostolado por las grandes causas del pueblo, aquí, entre nosotros? Todos o casi todos despotrican de la Iglesia Católica y de sus jerarquías y, sin embargo, sugieren cosas como la que propone la carta en mención. ¿No es esto incoherencia?