sábado, 13 de julio de 2019

¿ARGUEDAS INDIGENISTA?*



José María Arguedas dijo alguna vez: "Cuando llegué a la universidad leí los libros en los cuales se intentaba describir a la población indígena, me sentí tan indignado que consideré que era indispensable hacer un esfuerzo por describir al hombre andino, tal y como yo lo había conocido".

Y, efectivamente, eso es lo que hizo, tanto en su obra literaria como en sus trabajos antropológicos: trató, esforzándose, de  describir al hombre andino, tal y como lo había conocido. (¿Recuerdan? Es lo que quiso demostrar -en el terreno literario-, infructuosamente, en la Mesa Redonda del 23 de junio de 1965, con su novela "Todas las sangres").

Aunque dicen que él lo negaba, lo cierto es que, sí, sí fue indigenista.

Quien se ocupa -con especial atención, con amor y apego- de estudiar a los pueblos indígenas no es hispanista, judaísta, u otra cosa, sino esto, así de sencillo: indigenista. Eso es lo que fue nuestro taita José María: un blanco que estudió lo indígena, con una pasión y cariño extraordinarios, y no desde fuera; pues se adentró íntimamente y no solo identificándose, sino involucrándose plenamente y siendo parte casi connatural de esa realidad.

¿Ser indigenista es, acaso, algo reprobable? ¿Ser o llamarse indigenista es ofensivo, tal vez, o motivo de vergüenza? No, definitivamente, no lo es. No tiene nada de peyorativo.

Otra cosa. ¿Acaso en el hecho de ser indigenista -como lo fue Arguedas- hay propósitos "paternalistas" o de sobreprotección respecto de los indígenas? ¿Ser indigenista es ver al indígena como integrante de una "raza inferior"? No ¿Indigenismo es sinónimo de paternalismo? No, no y no.

Echemos, ligeramente, mano a la semántica. Veamos. El sufijo "-ismo" es un elemento que agregado a ciertos sustantivos les da cualquiera de estos significados: doctrina, sistema, escuela, movimiento; actitud, tendencia, cualidad.

Puede que haya habido estudiosos que al ocuparse del indígena lo hubieran hecho con sentimiento paternal o de protección (de hecho, los hubo), pero eso no tiene por qué ser razón para creer que el indigenismo, como movimiento o -sobre todo- como tendencia, tenga que ser, en sí mismo, paternalista o proteccionista. Marcel Bataillon fue un hispanista, y Roland Forgues es un peruanista muy querido: ¿el autor de "Estudios sobre Bartolomé de las Casas", miró a la cultura española con sentimiento paternal o de protección? ¿Roland, autor de "Mariátegui: la utopía realizable", hace lo mismo respecto del Perú? No. Entonces, ¿por qué, cuando los estudios se refieren a la población indígena, sí debemos entender que lo que mueve a quienes lo hacen son sentimientos de "perversa protección" y hasta, digamos, de "racismo"? Es increíble, pero hay quienes creen que es así: hace poco escuché a un antropólogo que hablaba del indigenismo como "invención del racismo". Absurdo. Injusto. ¿Acaso existe un medio indiscreto complejo de inferioridad? No hay razón.[1] 

Respecto del indigenismo literario se dice que este "producía una distancia entre el narrador y el mundo representado" y que presentaba al indio con una "marca de subordinación e inferioridad.[2] Es cierto: existió esa laya de indigenismo o -hablando en rigor- hubo indigenistas que hicieron eso. Su visión incluso llegó a ser -como escribió Vargas Llosa- "a menudo caricatural, a veces risible", porque era una visión "más bien fantaseosa (¡sic!) que fundada en la experiencia"[3]  . Pero no es esa una característica esencial ni absoluta del indigenismo como tendencia.[4]  Podemos hablar, en realidad, de varios indigenismos. Arguedas quiso hacer -e hizo- otra de, porque él conocía esa realidad más cercanamente, porque había vivido, desde su infancia, dentro de ella.

Dicen -repito- que José María Arguedas Altamirano no aceptaba ser indigenista, puesto que no miraba al indio desde fuera, "porque él era indígena". ¿Está probado que el autor de "Los ríos profundos", pertenecía a la "raza originaria"? No. Esa afirmación, movida por estímulos pasionales, es falaz.

Arguedas fue, pues, un indigenista desde dentro, porque conoció la realidad indígena por experiencia vivida y no porque la haya visto desde fuera como otros. Porque la vivió. Pero no podemos afirmar que su literatura sea indígena, porque él no fue indígena, pues, ¿o sí? La realidad indígena la vivió, porque fue empujado a esa realidad: “… me lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el odio”, dijo; y fue “Contagiado para siempre de los cantos y los mitos”.[5] Pero no fue indígena. (Ser o no ser indígena, no es un asunto de deseos, de voluntad, ni de decretos; no es, tampoco, un asunto de "nacionalidad": uno no se nacionaliza indígena. Se nace, no se hace).


                                             © Bernardo Rafael Álvarez


_____________________

[1] Precisamente, al escuchar al antropólogo afirmar tal cosa, en la Casa Museo Mariategui, quise intervenir con alguna pregunta y comentario, pero a pesar de mi insistencia, la persona a cargo del evento no me dio la oportunidad.
[2] Fernando Rivera: “El indio no es un indio: el indigenismo y la narrativa de Arguedas”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año 36, N° 12 (2010).
[3] Mario Vargas Llosa: “La utopía arcaica”. Fondo de Cultura Económica, 1996.
[4] En todo caso, si de poner en entredicho al indígenas son se trata, esto sería válido respecto del llamado "Movimiento Indigenista", pero no del indigenismo, repito, como tendencia o actitud 
[5] José María Arguedas. “No soy un aculturado”. Discurso en el acto de entrega del premio “Inca Garcilaso de la Vega” (octubre de 1968).