En Pallasca, casi siempre en
noviembre o diciembre, es decir, unos meses antes de la celebración de las
festividades en homenaje al patrón San Juan Bautista el prioste o mayordomo
ofrece un almuerzo público bailable que es conocido como Chupe.
No ha
llegado a precisarse, hasta ahora, cuál es el origen de esta denominación o,
mejor dicho, por qué a la actividad mencionada se la llama así, con ese
vocablo. Una hipótesis, creo yo muy razonable, es que, antaño, el plato
principal en aquel fraternal encuentro de paisanos habría sido la muy nutritiva
y deliciosa sopa serrana llamada precisamente así, «chupe» y que en otros
lugares es también conocida como «sopa (o caldo) verde» o como «yacu chupi»
(sus ingredientes: papas, choclo, queso y algunas hierbas aromáticas como, por
ejemplo, el paico o «cash cash», y eventualmente también leche). En el
Vocabulario de la lengua quechua (1608) de Diego González Holguín encontramos esto: Chupi
chupilla rocroroculla rurascca micuy cuna. Comidas bien adereçadas sabrosas.
El evento
en mención, que se comporta como una suerte de agasajo a los asistentes tiene,
en realidad, un propósito específico: estimular el entusiasmo y la proverbial
voluntad solidaria de los paisanos asistentes a fin de que, en medio de la
euforia, se animen a ofrecer alguna significativa donación que habrá de
contribuir al mejor desarrollo de la fiesta patronal que se realiza en junio de
cada año: una banda de músicos, un castillo de fuegos artificiales, cajas de
cerveza, dinero, etc.
Otra
hipótesis razonable, respecto del nombre (aunque pudiera parecer medio
grotesca) es que podría tratarse de una alusión al derroche de bebidas
alcohólicas y, de modo específico, al verbo coloquial en estas circunstancias
referido al acto libar o beber licor: o sea, «chupar». Lo que, de algún modo abona en
favor de esta segunda posible explicación etimológica es la certeza de que no
siempre la asignación de nombres a ciertas actividades está o tiene que estar
envuelta en una suerte de «ropaje» de solemnidad o de recato: también, en
muchos casos, suele intervenir, decisivamente, un propósito travieso, juguetón,
y más aún si de lo que se trata es de referirse a algo que es, sobre todo,
festivo.
Y, bueno, también tenemos el otro nombre con que se conoce en diferentes pueblos a esta actividad o acontecimiento: Güillana. Un vocablo que, a primera vista, parecería de origen quechua, ¿verdad? Claro. Y, en efecto, lo más próximo (fonéticamente, digo) que he podido hallar es el verbo «Willay», que, sin duda, proviene de «Villani villacuni (cuyas primeras sílabas se pronuncian como «wi» o «güi»). Referir, decir denunciar anunciar» (Diego González Holguín). La única variación, como se advierte, está en la última sílaba: «na» en lugar de «ni». Una de las acepciones citadas, «anunciar», nos ayuda a explicar el posible significado de la reunión festiva de la que estamos hablando: sería «anuncio de que pronto ha de realizarse la festividad patronal», o -de otro modo- «ocasión en que los paisanos y amigos de buena fe anuncian sus solidarias donaciones para el prioste»; en otras palabras, una reunión festiva que anuncia o anticipa las bondades de la próxima celebración patronal.
Sin
embargo, como en el caso de «Chupe», también respecto del vocablo «Güillana» es
posible aventurar una hipótesis adicional. En tal sentido, creo que podría
tratarse de una alusión a lo que implica el apoyo o colaboración que, en ese
almuerzo, se le ofrece al mayordomo o prioste de la próxima festividad
patronal: el desembolso de dinero. Veamos por qué digo esto. Desde hace mucho
tiempo, al dinero, coloquialmente, se le llama también, en nuestro medio,
«güilla» que es el acortamiento, a manera de aféresis, del diminutivo juguetón
de «agua», esta: «agüilla», con que (especialmente en el mundo del criollismo,
al menos a principios del siglo XX) se conocía al licor y luego al dinero;
¿recuerdan el vals «La palizada» de Alejandro Ayarza («Pásame la agüilla, la
agüilla, la agüilla...»)? Se da, pues, de algún modo, una asociación con el
vocablo «chupe». ¿Por qué el agregado del sufijo «-na» al vocablo «güilla»?
Evidentemente, porque no se buscaba nombrar al dinero propiamente dicho, sino a
la ocasión, al evento (como «pascana» o «comilona», por ejemplo). ¿Es razonable
esta hipótesis? Como la anterior, no es descartable.
Convendría, para poder arribar a una conclusión realmente certera, saber (al menos aproximadamente) desde cuándo comenzó a ser empleado el vocablo «Güillana» en Pallasca y en las otras provincias cercanas, como Santiago de Chuco, por ejemplo. Esto, porque hace falta determinar si en la zona -con preeminencia idiomática del español y rezagos de la lengua culle- aún el quechua ejercía alguna influencia. Existen razones, para que la inquietud y la tarea en la búsqueda de una explicación lexicológica a este apasionante tema, continúe, pues.
Bien. Cualquiera sea, finalmente, la explicación lingüística, lo cierto es que en el Chupe o Güillana se
congregan los pallasquinos, como hermanos, desbordando alegría; y, sin
mezquindad y estimulados por su buena fe, se disponen a darle al prioste la
seguridad de que la Fiesta, que en unos seis o siete meses se realizará, ha de
ser “la mejor de todos los tiempos”; y, para que eso sea cierto y no se generen
dudas, levantan la voz y hacen pública su oferta: “¡Un toro de muerte!”.
Aplausos de rigor y un cohete retumba en el cielo pallasquino. “¡Un castillo de
diez cuerpos!”. La banda de músicos toca una diana; más aplausos y más cohetes.
“¡Cincuenta cajas de cerveza!”. Más diana, más aplausos, más cohetes. La
alegría y la hermandad permanecen.
¡Un abrazo, amigos!
© Bernardo
Rafael Álvarez