Aquí, amigos, les ofrezco unas expresiones, casi cotidianas, aderezadas con números o referencias numéricas. A ver, qué les parece (¿conocen otras, tal vez?):
«Espérame un cinco, que esto lo hago en un dos por
tres» (Es decir, no me demoro y lo hago “al toque”). «Disculpa, no es a ti
a quien buscaba; me he quinceado» (Me equivoqué). «Es un ladrón
de siete suelas» (Superlativamente negativo: es “de lo peor”).
«Estoy hasta el cien» (o sea, “hasta la remaceta”). «No hay quinto
malo» (Si los anteriores toros fueron un fracaso, este, el quinto, será el
mejor). «Esas cosas ocurren a las quinientas (Pasan muy
esporádicamente). «No te preocupes, a la tercera va la vencida» (No
te desanimas que, de todos modos, saldrás airoso). «Te pasaste, eres el
número uno» (“Eres excelente”). «Como dijo la tía Facunda, no hay
primera sin segunda» (Es que las el baile de la marinera tiene, siempre,
dos partes). «Aunque no les guste, yo sigo en mis trece» (Soy terco
hasta la pared de enfrente: no cambiaré de opinión). «Qué se habrá creído ese
abogaducho de cuarta» (O sea, un mal abogado. También se
dice: de segunda o de tercera). «¡Uf!, me
quedé sin un quinto» (Se me acabó el dinero). «¡Qué
discúlpame ni qué ocho cuartos!» (Metiste la pata, así que tienes
que pagar las consecuencias: no te lo perdono). «¿Qué puedes esperar de él, si
sabes que, en realidad, es un cero a la izquierda?» (Una persona
sin cualidades rescatables, inútil). «Esto pasa con once» (No es
gran cosa; pero, algo, aunque sea un poquito, vale). «Es un restaurante de
primera» (Un lugar muy recomendable para ir a comer). «A la una, a
las dos y a las tres, ¡ya!» (¡Hazlo, y no te achiques, tú puedes!).
«Espérame que voy a hacer el dos» (He comido frejoles y debo ir al
baño). «Vamos por más, que uno es ninguno» (Siempre con ánimo triunfador). «Más
vale pájaro en mano que ciento volando» (No por querer más vayas a
terminar perdiendo lo que tienes). «No le busques tres pies al gato»
(Ya, déjate de complicar las cosas). «Ladrón que roba a ladrón tiene cien
años de perdón» (Un castigo a quien hizo daño es perdonable, pues). «Claro,
¡de mil amores!» (¡Con el mayor gusto!) «Vayan saliendo de uno
en uno, por favor» (Ya, ya, no se atropellen). «Mira, me compré un carrito
es de segunda mano» (Un vehículo usado). «¡Uf!, apenas han
venido cuatro gatos» (Concurrieron pocas personas a la cita).
«¿Sabes? Me importa un comino lo que digas» (Tu palabra no
vale nada para mí). «Ya, ya, espérame un segundo» (Te he dicho, ¡no
me voy a demorar!). «Sé directo, no me hables con segunda» (¡Habla
claro, y no con expresiones capciosas!). «Está feliz con su cuarto de
hora de fama» (Seguramente le han dado un doctorado «honoris causa» y por
eso ya ni siquiera te mira). «¡Vengan esos cinco!» (O sea,
¡Chócala!). «Ya, ya, ni pa' ti ni pa' mi: cincuenta y cincuenta»
(Una solución “salomónica”). «Ya veo: cuarenta y veinte» (¡Ah, el
tío es chibolero!). «¡No, en cuatro, no, por favor!» (Detesta las
costumbres caninas). «Le ha pasado de todo y, sin embargo, sigue en pie;
tiene siete vidas como un gato» (Una persona con admirable
fortaleza o suerte). «Qué se habrá creído; le voy a decir sus cuatro
verdades» (le voy a hablar directamente y sin anestesia para que entienda).
«Me apasiona; por eso estoy veinticuatro siete en esto» (sin
descanso, todos los días y a toda hora). «Y al tercer día,
¡resucitó!» (La divinidad de aquel excepcional hombre de carne y hueso). «¡Un
millón de gracias, querido amigo!» (Es que me siento ilimitadamente agradecido). «Ya, un
par más y nos largamos» (O sea, «la del estribo»: la última cerveza en la
animada reunión de tragos). «La encontraron en un cuarto de
hotel» (Claro, un cuarto que, sin embargo, nada tiene que ver con cuatro).
«Vive en la quinta de la esquina» (que, sin embargo, no es una
de cinco viviendas). 😀
© Bernardo Rafael
Álvarez