sábado, 5 de marzo de 2016

DIÁLOGO EN LA ABADÍA DEL BOQUERÓN*


I

-Admito
 Pudo haber dicho un hombre que al hablar
De mis circunstancias/
 Estoy conjeturando ergo
Miento a medias pero sin mala voluntad miento/
Que presumo son las nebulosas ocurrencias de todos
Hijos de Dios a pesar  de  las impiedades y blasfemias
De este paisaje de epónimos e hiperónimos (sic)
Rasgado & Ojeroso

(Oh inmanencia de mis huesos y la poesía que jadea)

Soporto una obsesión medio enfermiza y crustácea
Por el espíritu denso
Basto  turbulento inflamable
Emparentado con la sangre y la saliva
Aquel hálito tangible y umbroso que se regodea
Mesiánico sádico espectral y sardónico
Con la sombra dubitativa de las cosas y su estropicio sobre el
Suelo infecto y melancólico
De la ciudad que sufre
Incluso los avatares y designios
Del amor loco y sus cabildos y desengaños:
Territorio liberado de retretes estípticos
Y vejigas sin ideología
Donde derramo como hemorragia o vómito una pregunta
 Desquiciada: qué comeremos/





II

-Atraviesa el aire una golondrina y se zurra sobre mi frente
Dice y decir es asumir el riesgo de cargar con tu palabra como
Una cruz tatuada
La paz sigue siendo gregoriana y su color huele a aceitunas/
Pudo haber dicho y qué importa en este minuto
Que su diafragma responda a la resonancia
Del silencio o al sondeo daltónico
De la superstición y la liturgia de los pecados
Infancia sosa y zonza
Pero es la edad desquiciada del corazón y las tripas
Lo que a veces calla el mensaje
Y el regüeldo de la moral encanecida
Vibra como transitar cansino
De lombrices en el abdomen de las viudas castas
Envueltas en su despiadada infidelidad de polen y paloma





III

-Sacra arquitectura urbana y corrosiva de la libertad
Y en los parques de la
Indulgencia  y el cinismo  es también
Una piel desprendida injuriosa y purulenta
Que hiere la mirada insensata
Del mundo y el hijo triturado que devora
Los genitales del padre
En ritual de canibalismo necrófilo
Sobre la cripta que expone al lamento
Los residuos de un banquete que no acaba
Y un perro aúlla tenuemente como clavecín en la sacristía
Donde se extravían y enmohecen las confesiones
 Del apóstata sodomita
Y el descontrol de los esfínteres



IV

-Yo me trago la vida inmisericorde
Una suerte de antropofagia
Y fardos funerarios: antropología forense
Y respuestas que se resisten retobadas
Madrigal pervertido de paisajes eviscerados
Y el llanto despedazado de infantes sin calendario




V

-Mira qué luz la luz que lastima nuestro ombligo
Qué luz
Es la lectura punzante de la espina
Que muestra su enseñanza de vísceras en
Las alcantarillas ofensivas de la historia y su sabiduría
A pesar de las flatulencias tanáticas
De la poesía y su dudosa insolvencia
A pesar de los filósofos y sus maletas cargadas de inferencias hepáticas
De la indiferencia y la hipertensión arterial
Qué luz





VI


-Perdonen esta congoja medio vegetal e hipocondríaca
Y la llaga poblada de  héroes larvas y adjetivos
Hechos con la materia insoluble del embuste y el asbesto




VII


(Decía un hombre con el rostro sin respuesta desprendido
De su oreja
Casi humano como la angustia

Que se alimentaba con los fragmentos de
Su propia generosidad)

Porque casi nada dice la poesía
Y el boquerón es una puerta al suicidio o a la redención





VIII


-Estoy conjeturando en mi memoria que inventa esculturas para
Mi propia tumba que es la tumba de todos rastreada en las
Arenas de Cieneguilla
Mientras espero que los pasajes bajen como un idiota inmóvil
Envuelto en bufanda de poeta maldito y la Flor de la Cantuta
Huele a incineración de esperanza y huesos

Y me respondo pleno de paz angustia y cinismo aunque
 Desbarrancado sé que el mundo me borró de su agenda
Y tú de tus sueños:

Mierda!

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De: "Los bajos fondos del cielo", 2007.