La más antigua referencia documental, de carácter
lexicográfico, con que se cuenta acerca del vocablo «verba», es el diccionario
de Salvá (que es de 1846). Allí, «verba» aparece correctamente definido
como «cháchara, parola», es decir, palabra o abundancia de palabras inútiles.
El primer registro del vocablo que hace la Real Academia Española (RAE), data
de 1899; en el diccionario editado ese año, no solo aparece la definición
acertada («labia, locuacidad») sino, además, la referencia etimológica que
realmente corresponde, porque no se equivoca: «Del lat. verba, pl. de verbum,
palabra; lo mismo ocurre en otras ediciones posteriores, excepto en algunas en
que solo se coloca la definición.
La alteración, a todas luces fuera de lugar (es
decir, desubicada y absurda) se da en la edición del Diccionario académico
hecha en 1992, en que, por primera vez, se hace referencia a una falsa
etimología: «del fr. verve»; y se elimina lo que en anteriores ediciones
aparecía y era la correcta («Del lat. verba, pl. de verbum,
palabra»).
Por qué, justamente, a partir de la edición de
1992, la RAE o, más concretamente, los lexicógrafos encargados de la
elaboración del diccionario, incurrieron en este grave error. Sospecho que se
debió a que se dejaron influenciar por lo que, el entonces académico Manuel
Seco, puso en su Diccionario de dudas y dificultades, publicado
justamente en 1986. Allí, el lingüista y lexicógrafo español insertó esto que
transcribo textualmente: «En algunos países americanos se ha adoptado en la
forma verba el francés verve, que corresponde al español vena
o inspiración»; y, como para «ilustrar» su afirmación cita estos dos
extractos literarios: «”Una verba rústica y vigorosa sonaba en el fondo de
esta raza de labriegos y de pastores” (Arreola, trad. Baty-Chavance, Arte,
56); “A la nueva... le soltó por fin
una confidencia con la verba florida de sus mejores años” (García Márquez,
Amor, 468)».
No, nadie ha adoptado el francés verve (que
significa «brío» o, si se quiere, como decía el académico Seco, «vena o
inspiración») «en la forma verba». Lo que hacemos es usar el vocablo
latino «verba» para referirnos a la locuacidad, a la labia. Y es a esto
a lo que hacen referencia las citas literarias que ha empleado como «sustento»:
tanto Arreola como García Márquez aluden a la locuacidad (en el primer caso, a
las palabras rústicas y vigorosas, y en el otro a la verbosidad florida; en
ninguna parte hablan de «vena o inspiración»). Se equivocó, pues, el académico
Manuel Seco y, consiguientemente, hizo que la Academia también se equivocara. Y
este error se mantuvo, explícitamente, hasta la edición 22 del Diccionario (año
2001).
En la edición actual ya se ha retomado, felizmente
(como lo sugerí), la referencia etimológica correcta (del latín verba); sin
embargo, no se ha borrado aquella, desacertada, a que se refirió el mencionado
autor del Diccionario de dudas y dificultades. Mi propuesta, ahora, es
que, tal como ocurrió en ediciones anteriores, solo se mantenga la referencia
etimológica que es la única realmente correcta: «Del lat. verba, pl. de verbum,
palabra; y se elimine definitivamente aquello que es absurdo e inexacto: «Del
fr. verve».
Insisto: el vocablo «Verba» no proviene del francés
«verve», sino del «Del lat. verba, pl. de verbum».
«Verba» (que es labia o locuacidad o, exagerando,
verbosidad o verborrea) nada tiene que ver con el concepto «vena o inspiración»
ni mucho menos con «brío» (que es, más bien, espíritu, valor, etc.).
(Espero -ojalá- que, como debe ser, en la próxima
actualización del Diccionario se concrete, definitivamente, la nueva y justa
modificación que he propuesto).
© Bernardo Rafael Álvarez