sábado, 6 de junio de 2026

«VERBA» NO PROVIENE DEL FRANCÉS «VERVE»

La más antigua referencia documental, de carácter lexicográfico, con que se cuenta acerca del vocablo «verba», es el diccionario de Salvá (que es de 1846). Allí, «verba» aparece correctamente definido como «cháchara, parola», es decir, palabra o abundancia de palabras inútiles. El primer registro del vocablo que hace la Real Academia Española (RAE), data de 1899; en el diccionario editado ese año, no solo aparece la definición acertada («labia, locuacidad») sino, además, la referencia etimológica que realmente corresponde, porque no se equivoca: «Del lat. verba, pl. de verbum, palabra; lo mismo ocurre en otras ediciones posteriores, excepto en algunas en que solo se coloca la definición.

La alteración, a todas luces fuera de lugar (es decir, desubicada y absurda) se da en la edición del Diccionario académico hecha en 1992, en que, por primera vez, se hace referencia a una falsa etimología: «del fr. verve»; y se elimina lo que en anteriores ediciones aparecía y era la correcta («Del lat. verba, pl. de verbum, palabra»).

Por qué, justamente, a partir de la edición de 1992, la RAE o, más concretamente, los lexicógrafos encargados de la elaboración del diccionario, incurrieron en este grave error. Sospecho que se debió a que se dejaron influenciar por lo que, el entonces académico Manuel Seco, puso en su Diccionario de dudas y dificultades, publicado justamente en 1986. Allí, el lingüista y lexicógrafo español insertó esto que transcribo textualmente: «En algunos países americanos se ha adoptado en la forma verba el francés verve, que corresponde al español vena o inspiración»; y, como para «ilustrar» su afirmación cita estos dos extractos literarios: «”Una verba rústica y vigorosa sonaba en el fondo de esta raza de labriegos y de pastores” (Arreola, trad. Baty-Chavance, Arte, 56);  A la nueva... le soltó por fin una confidencia con la verba florida de sus mejores años” (García Márquez, Amor, 468)».

No, nadie ha adoptado el francés verve (que significa «brío» o, si se quiere, como decía el académico Seco, «vena o inspiración») «en la forma verba». Lo que hacemos es usar el vocablo latino «verba» para referirnos a la locuacidad, a la labia. Y es a esto a lo que hacen referencia las citas literarias que ha empleado como «sustento»: tanto Arreola como García Márquez aluden a la locuacidad (en el primer caso, a las palabras rústicas y vigorosas, y en el otro a la verbosidad florida; en ninguna parte hablan de «vena o inspiración»). Se equivocó, pues, el académico Manuel Seco y, consiguientemente, hizo que la Academia también se equivocara. Y este error se mantuvo, explícitamente, hasta la edición 22 del Diccionario (año 2001).

En la edición actual ya se ha retomado, felizmente (como lo sugerí), la referencia etimológica correcta (del latín verba); sin embargo, no se ha borrado aquella, desacertada, a que se refirió el mencionado autor del Diccionario de dudas y dificultades. Mi propuesta, ahora, es que, tal como ocurrió en ediciones anteriores, solo se mantenga la referencia etimológica que es la única realmente correcta: «Del lat. verba, pl. de verbum, palabra; y se elimine definitivamente aquello que es absurdo e inexacto: «Del fr. verve».

Insisto: el vocablo «Verba» no proviene del francés «verve», sino del «Del lat. verba, pl. de verbum».

«Verba» (que es labia o locuacidad o, exagerando, verbosidad o verborrea) nada tiene que ver con el concepto «vena o inspiración» ni mucho menos con «brío» (que es, más bien, espíritu, valor, etc.).

(Espero -ojalá- que, como debe ser, en la próxima actualización del Diccionario se concrete, definitivamente, la nueva y justa modificación que he propuesto).

 

© Bernardo Rafael Álvarez