lunes, 16 de febrero de 2026

PUNTUACIÓN A LA CARTA

Un amigo me contó hace poco que en la carta de un restaurante había encontrado un montón de errores de puntuación, y que al hablar sobre el tema con el “jefe de los garzones”, este, simplemente, le dijo que no había ningún problema ya que lo que aparecía en aquella carta se podía entender, claramente, lo que decía.

Lo que le dije a mi amigo fue que yo le daba toda la razón a ese jefe de garzones. Mi amigo quiso conocer el porqué de mi afirmación. Bueno, pues, esta fue mi explicación:

“Hay, es indudable, una 'infracción' de las reglas de puntuación que legítimamente nos causan pavor a quienes conocemos un poquito siquiera de estas cosas. Pero debemos tener en cuenta algo. En asuntos referidos al manejo de las lenguas, en su uso, lo principal no es, precisamente, la "legalidad" (el cumplimiento de normas o reglas escritas) sino, digamos, la 'legitimidad' (que es un poquito difícil de definir pero que, en líneas generales, tiene que ver con una suerte de consenso que en ciertas circunstancias se da: la aceptación y hasta podríamos decir la 'conveniencia' de algunos comportamientos). ¿Qué quiero decir con esto? Que, en temas de comunicación, si el mensaje es comprendido quiere decir que todo va bien, que se está cumpliendo eficazmente la finalidad del acto comunicativo. Ergo (o sea, por tanto): en ciertas circunstancias, lo horroroso en la puntuación es solo algo que solo merece ser considerado pintoresco o 'infeliz' pero no de gravedad cataclísmica. Bueno para la anécdota, pero inocuo para el idioma. Te cuento: hace unas dos o tres semanas, un amigo -a través del Messenger- prácticamente me llamó la atención por una serie de palabras sin tilde que yo había puesto en un post; supongo que él había pensado que -a pesar de que tengo mi Consultorio del idioma- yo solía manejar mal el tema de la acentuación. Tuve que explicarle: la razón estaba en que yo recién había comenzado a usar un 'Smartphone' y no sabía cómo se hace para poner las tildes; ya, cuando alguien me indicó cómo se hacía eso, pude volver al terreno de la 'legalidad' idiomática 🙂. El tema de la puntuación incorrecta y, más que eso, la falta de puntuación, ya prácticamente es pan de cada día en los 'mensajes de texto' que todo el mundo envía por medio de los celulares y, sin embargo, todo el mundo entiende lo que allí, en esos medio 'patafísicos' textos, se dice, en los cuales incluso se colocan emoticones. ¿Deberíamos decir, tal vez, que con los emoticones se daña la comunicación? Don Artidoro Cáceres cree que sí (lo escuché en un programa de don Marco Aurelio Denegri). Pero no, la comunicación -el lenguaje- no se daña con esos simpáticos aportes; más bien se enriquece (lo demás son escrúpulos “académicos”, y nada más).

(Ah, por si acaso, no es que yo esté queriendo decir que debemos adoptar como regla el escribir sin la correcta puntuación. Solo digo que no hay razón para ser tan inflexibles en estas cosas: un poquito de tolerancia no le hace daño a nadie. La ausencia o la mala ubicación de un punto o una coma en una frase no nos traerá, como castigo, el Juicio Final😊. ¡Un abrazo!").

¡Garzón, una sopa de letras, por favor! Y si es con lengua, mejor. 

                                                                        Bernardo Rafael Álvarez

                                                                          11 de febrero del 2017