Hace un rato me acerqué a una librería de mi barrio, en que funciona un agente bancario, para retirar un sencillo (dícese de una pequeña cantidad de dinero☺️). Al preguntarme la señora que me atendía si a la cifra que estaba por marcar en el «P.O.S» le debía agregar el sol de comisión, le dije que sí, que eso era de cajón. Unos segundos después se me ocurrió comentarle acerca de lo simpático y curioso de aquella expresión popular («De cajón»); le dije que probablemente se trataba de un peruanismo cuya antigüedad no sería mayor de unas cinco o seis décadas, e inmediatamente procedí a efectuar la respectiva anotación en mi inseparable libretita de apuntes. Ahora, al indagar en la Web me doy con una sorpresota de la pitrimitri: ni peruanismo, ni tan reciente. El más lejano registro documental conocido data de 1817 (¡dos siglos!): la edición, correspondiente a aquel año, del diccionario publicado por la Real Academia Española. La expresión es definida allí de este modo: «Ser de cajón. f. Ser alguna cosa corriente y de estilo», con el siguiente agregado explicativo en latín: Rem esse consuetudine et usu receptam: o sea: «Es una cuestión de costumbre y práctica». La definición principal se mantuvo invariable en las ediciones posteriores del diccionario, hasta la de 1970. A partir de 1983 son otras las palabras usadas para definir la expresión; sin embargo, esencialmente dicen lo mismo: «Ser evidente, obvio, estar fuera de toda duda o discusión». Digo que se trata de lo mismo por esto: porque lo que es «corriente y de estilo», es decir, «de costumbre y práctica», es evidente, obvio y está fuera de toda duda o discusión. Y, bien, ahora viene la pregunta de cajón: ¿por qué se usó y se usa en la frase precisamente el vocablo «cajón»? A simple vista resulta simplemente imposible encontrar una respuesta, una explicación satisfactoria. ¿Qué diablos tiene que ver una caja (mencionada con sufijo aumentativo) con un asunto de uso o costumbre, o de obviedad? Parece que a don Miguel de Unamuno (obviamente, el autor de Niebla y también el creador de aquel curioso vocablo –«cocotología»– que, a pesar de nunca haber estado en el uso de los hablantes, fue incorporado al DLE, ¿recuerdan?) también le pareció desconcertante y hasta llegó a asumir que, efectivamente, con esto nada tenía que ver aquella «pieza hueca de madera, metal, piedra u otra materia, que sirve para meter dentro alguna cosa» y que es cubierta «con una tapa suelta o unida a la parte principal» (diccionario RAE, 1914). Por ello es que al escritor español se le ocurrió sugerir (en una publicación hecha el 23 de julio de 1921 en la revista Caras y Caretas de Buenos Aires) que lo de «cajón» era, más bien, solo una referencia (digamos que «fonética») al italiano «cagione», que suena como «cajón» pero, en realidad, significa «causa», «motivo», y en latín es «occasionem»; y, así, concluyó afirmando «que, por tanto, 'frase de cajón', es 'frase de ocasión'». Pero, no, no es así. Lo de cajón está, más bien, relacionado con las imprentas que hace mucho tiempo usaban tipos móviles (letras metálicas en relieve e invertidas) para componer palabras y textos y luego proceder a la impresión; muchas veces, estas palabras y textos, ya armados, se guardaban en cajas (o cajones) para uso posterior y, así, se evitaba, digamos, el doble trabajo y lo que se imprimía era, pues, «de cajón»... ¡Un abrazo, amigos!
© Bernardo Rafael Álvarez