martes, 12 de febrero de 2019

LAICISMO (Y URTICARIA) / a propósito de las declaraciones del cardenal Barreto


[La historia se repite. Hasta hace poco, unos rechazaban las opiniones políticas de Cipriani y hasta pedían su renuncia o que se le sacara del cargo eclesiástico. Ahora -pero desde la otra orilla- ocurre lo mismo con Barreto. Y estoy convencido que aquellos que decían que Cipriani debería callarse la boca, ahora alientan el desborde expresivo del huancaíno. La verdad es que cualquier persona, incluidos los curas, obispos y cardenales, tienen derecho al libre pensamiento y a la libertad de expresión, cualquiera sea la posición política con la que simpaticen. Los derechos humanos (pensar y hablar son dos de ellos, incluso el formular pedidos -como el de renuncias, por ejemplo-) son para todos, y no son una cojudez. Como cualquier ciudadano, los miembros de una iglesia también tienen el derecho de emitir sus opiniones y pronunciarse acerca de cualquier asunto, incluso sobre política y temas de Estado]
***
A propósito de las declaraciones del cardenal Barreto, que han sacado roncha en algunos políticos:
Un Estado laico no es aquel que rechaza las creencias religiosas y proclama el ateísmo. No es el que se aísla de las confesiones o iglesias, o las aísla o arrincona. Laicismo es mantener independencia respecto de cualquier organización o confesión religiosa; pero, ojo, independencia no es desvinculación, es no sometimiento (atención a los significados: dependencia es "subordinación a un poder mayor"). ¿Un Estado laico está impedido de conversar con los representantes de alguna Iglesia? No. Alguien dijo que "conversar no es pactar"; bueno, tampoco es subyugar ni dejarse subyugar.
El Estado peruano no es un Estado confesional: no depende de (es decir, no está subordinado a) ningún grupo religioso; solo -como lo señala la Constitución Política, artículo 50°- reconoce el aporte de la Iglesia Católica ("como elemento importante en la formación histórica, cultural del Perú", lo cual es cierto) y le brinda colaboración; esto -lo dice la misma Carta Magna- "dentro de un régimen de independencia y autonomía". Es -aunque muchos no lo quieran entender- un Estado laico, pues.
Ah, finalmente, respecto de las opiniones, gratas o incómodas, de algunos purpurados: Un Estado laico no tiene carta blanca para irse contra la libertad de pensamiento y de expresión; no puede prohibirle a nadie (curas, obispos y cardenales incluidos) a pensar y decir lo que piensan. Estado laico no es sinónimo de mordaza. Los derechos fundamentales que reconoce y consagra el artículo 2° de la Constitución Política son para todos, sin distinción de falda, pantalón o sotana. Ahora, si las opiniones causan urticaria o son motivo de aplauso, es otra cosa. Por último: laicismo no es ateísmo.
¿Entendichu manachu? 😆