miércoles, 20 de abril de 2016

EL CANTO Y EL VUELO

Escribo un poema
En mi cuarto que es el cuarto de todos:
“Cojo tu sonrisa
Entre mis dedos
Para beberla como agua de arroyo
Y tu piel de durazno
Secuestra mis sentidos…”
Afuera, entre tanto, lo que fue piar se convierte en alarido.
Atada de una pata la paloma blanca
Protege su mundo y destruye
A picotazos la cabeza del ave cuyo ahogo
Estremece las dimensiones del nido y la tolerancia.
Una mirada ingenuamente impávida atiza el fuego
De lo que parece ser un juego.
La urgencia
Se convierte en un llamado ineludible. Pongo
Una zancadilla a lo que asumo como mi destino,
Lo derribo
Y altero el curso de su itinerario.
El agua, es decir, esa sonrisa del poema
Se derrama entre mis dedos
Y una espantosa certidumbre tritura mi conciencia
Preguntando
Si la paz nívea y alada,
Sucia de sangre y desechos,
Puede también matar el canto y el vuelo
(Cruda y solar realidad).
Vuelvo sobre mis pasos y escribo:
“¿Podrá este poema
Devolverme la vida
Que he desperdiciado
En metáforas y desavenencias?”
La duda justifica mi existencia.
Tras de mí cierro la puerta.


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De: Toro de trapo y algunas otras deudas, Lima,2003