jueves, 27 de diciembre de 2012

¿USTED SOPORTA A MAOLI MAO?






Ha llegado a mis manos (bueno, es un decir) un nuevo libro de poemas, el de una poeta a la que no sé o no entiendo por qué diablos más de uno -pocos o muchos, no estoy seguro, entre machinis y hembrinis- "no soportan". Este libro -bello y cargado de sencillez y digamos exento de mayores preocupaciones "literarias"- tiene un título medio pesimista que -debo ser sincero, como siempre- no me gusta. El pesimismo del título está, de esto no cabe duda, relacionado con gran parte del contenido del libro. Habla de un estado de malestar, de desfallecimiento, de dolor por la ausencia del ser amado, por la soledad, por lo tormentoso que debe ser experimentar el desamor o el recuerdo de una relación ya rota y sus avatares. Habla de eso el título o, mejor dicho, de eso trata de hablar, pero lo hace mal; digo esto porque nada de eso, de lo que he nombrado, tiene que ver -salvo mejor parecer- con una suerte de "paraíso sombrío", puesto que, según tengo entendido, un paraíso a lo que menos se asemeja es a un estado de ánimo. Pero, bueno pues, agarrémonos de la "duda favorable" (in dubis favorabilior pars est eligenda se dice en los foros, echando mano al latín) y admitamos el derecho sin límites que otorgan las licencias poéticas y el libre albedrío de quien tiene por oficio el escribir poesía.
Que sea así, porque, después de todo y a pesar de todo, no son los títulos lo que más importa sino, desde el primero hasta el último verso, los poemas propiamente dichos. Y, precisamente, aquí, como botón de muestra, la última parte del que creo es el mejor poema del volumen: "Habiendo aprendido del tiempo seguro/ nos quedaremos sin primavera y sin invierno/ porque no se da de beber a dos/ de la misma lluvia." Aunque -es obvio- la poeta debe tener sus razones o motivos para sufrir, lo cual trata de transmitir a través de sus versos, también es cierto -creo yo- que lo que ha logrado en verdad, más que un paisaje otoñal, de angustia, de sinsabores, es mostrar un cuadro abigarrado (es decir, "ordenado" en su propio y legítimo desorden poético) de sensaciones que desconciertan en algún modo. Encontramos aquí pesares y alegrías, recuerdos y esperanzas, desengaños y satisfacciones. Los poemas (casi historias propias y reflexiones universales cada uno) hablan del yo y sus cuitas y placeres ("así calzaron mis senos en tus en tus manos"); hablan, también, del mundo y sus encantos ("Tus valles lisos, los relieves/ turgentes de tu paisaje/ que recorro extasiada..."). La poeta se turba por los sinsabores que a veces da el amor de macho y hembra ("Te miro en nuestra cama/ que ya no es la mía..."), pero también sucumbe ante la tentación de la confesión lésbica ("Mientras saboreo tus dulces/ capullos y dibujo tu silueta..."). Hay, pues, un colorido feraz de selva y trópico -y no tinieblas ni abismos de muerte- en este libro cuyo título -"Paraíso en sombras"- es, por ello, no más que un sano e involuntario embuste de la poeta a la que otros no soportan, pero de la que yo espero pueda soportar mis palabras tal vez imprudentes. Ella es Maoli Mao. Y yo la saludo.