Puse en mi "muro" del Facebook esto:¿Alguien se ha puesto a pensar por qué los sectores "acomodados" (La Molina, Surco, Miraflores, San Isidro...) son los que, sin dudas ni murmuraciones, apoyan a Susana Villarán? Bueno, yo sí me he puesto a pensar. Creo que es porque la sienten, están seguros, y efectivamente así es, que ella es de los suyos. Saben o, mejor dicho, ya se convencieron, que su izquierdismo no es dañoso para ellos sino todo lo contrario. Han llegado a darse cuenta de que tan solo se trata de una manera "suigéneris" de ejercer una suerte de "proyección social" de arriba hacia abajo, dando la apariencia de horizontalidad ("inclusiva" diría alguno), algo así como la puesta en práctica de la "buena acción del día", acaso para expiar culpas o pecados (qué se yo). Cuando los hijos de las "familias bien" se "convirtieron" a la Izquierda (años 70) probablemente causaron resquemor, rechazo, urticaria, pataletas y preocupación en sus familias (¿Has visto? Qué horror, darling, mi hija metida de comunista. ¡No lo puedo creer!). Pero andando el tiempo las cosas fueron cambiando; ah, pero no es que hubiese llegado la resignación o cosa parecida. No, nada de eso. Lo que ocurrió fue que se dieron cuenta de una lenitiva verdad y la asumieron cabalmente: no pasaba nada, nada más, nada peor que una grotesca rebeldía (de adolescentes politizados), para la que antes, como padres formados en una educación "monetarista" y sin sentimientos sociales, aún no se hallaban preparados. Cuando aquellos jóvenes "contestatarios" que cantaban canciones de Quilapayun, que usaban morrales medio mugrientos (pero de cuero) y, en el caso de las chicas, vestían faldas largas como de Hippies y el desenfado era su sello a la hora de sentarse en posición de “flor de loto”, cuando ellos –repito- llegaron a “formalizarse” en organizaciones o “colectivos”, los padres asiduos al Club Regatas por fin supieron que aquello que creían era una sustancia venenosa no era más que una crema volteada, nada inocuo. Por qué los sectores populares son los que menos la quieren, y quieren revocarla, es otra cosa. No tengo segura la respuesta, pero estoy convencido de que no es porque alguien haya manipulado sus conciencias.
Mi amigo Tulio Mora intervino: Lo siento, Bernardo, NO te salió bien la reflexión. Aparte es de una inexactitud que parece te hace emerger sentimientos negativos hacia esos chicos bien que alguna vez se hicieron de izquierda. Como Hinostroza, estás insultando a Javier Heraud quien inspiró con su muerte a esa generación de miraflorinos. Y creo que no conoces mucho de sus biografías. Por ejemplo, Javier Díez Canseco, hoy con cáncer terminal, vivió varios años en La Oroya, algo que tú no lo hubieras hecho. Otros se casaron con con campesinas u obreros y hasta terminaron en SL como Mezzich, lamentablemente. Así que infórmate mejor la próxima vez. No es cuestión de ironizar fácilmente. Un abrazo.
Yo contesté: Nada de lo dicho por ti contradice sustancialmente lo que dije yo, estimado Tulio. Además no insulto a Javier Heraud, primero porque jamás me he referido en ese sentido a él y porque -si lees bien- no habría ni una microscópica razón para mencionarlo, porque él no se pasó a las guerrillas durante 1970 (época de la que hablo yo). Otra cosa: no sabía que criticar o estar en desacuerdo con seguidores o discípulos de alguien significaba insultar al maestro o inspirador. Y por último, ni Mezzich contribuye a decir que los ricos son revolucionarios como piensas tú. Tú tienes tu punto de vista y yo el mío; supongo, estoy seguro, que el tuyo no está movido por simpatías ni pasiones positivas (y parcializadas) frente a un sector de la sociedad (aunque no vas a negarme que para ti los sectores populares son parte del lado débil, por "pedigüeños" y otras cosas), sino por una visión racional de las cosas. Bueno, pues, mi visión tampoco se da por sentimientos adversos frente a los "niños bien" que, según Gaby, son los que mueven el país. Un abrazo también, Tulio!
Tulio volvió: En este verano intenso he procurado mantener una conversación alturada con los amigos que disienten en este vil proceso revocador. Pero he sido directo como siempre. No es el estilo de Bernardo, por ejemplo, quien, para hablar sólo de hoy, saludó en otro post el avance del NO y ahora, como ha hecho en todo este proceso, vuelve a desdecirse con argumentos que ya rozan el odio de clase y encima me atribuye afirmaciones falaces. Que llame "pedigüenos" a ciertos sectores populares no me coloca en contra de ellos. Si ha leído a Cotler o Matos Mar sabría qué es el clientelismo que el fujimorismo exacerbó. ¿Han surgido partidos políticos de esos sectores populares? No, también debería preguntarse por qué. ¿La informalidad no es acaso una tara? ¿Y no lo son quienes se niegan a pagar impuestos, invaden calles, parques, prefieren pagar coimas? Si no aceptamos este problema entonces queremos mantenerlo o estamos buscando el retorno populista de los autoritarios. Finalmente es un poco inocente hacer un parteaguas de la historia en los 70. Los miraflorinos de izquierda de esa década se formaron con la imagen de Heraud, si Bernardo no lo sabe es preocupante. La historia es causa y consecuencia. Sostengo por eso que desprestigiar clasistamente a cierta izquierda es también subestimar el papel de Heraud. Hinostroza, poeta que me gusta, por sus poemas y su estilo directo, lo cuestionó a la mala desde una posición muy parecida a Bernardo. Lástima por los dos. Naturalmente esto no me suscita algún tipo de animadversión, pero mejor es decir las cosas claras. Los rodeos no son recomendables. NO A LA REVOCATORIA.
Pero antes, Charo Arroyo me dijo esto: Bernardo, Bernardo, te burlas con insidia de lo que no conoces. Te olvidas que Fidel Castro, el Che Guevara eran profesionales, hijos de profesionales. La egresión social no tiene que ver con las decisiones políticas.
Esto le respondí a Charo: Insidia.Burla. Asu! Eso es duro. Definitivamente, me estoy poniendo (o me están poniendo) en el lado de los apestados, indeseables, dañinos. Si ese es el premio a mi libertad de pensamientos, qué le voy a hacer.
Y esto a Tulio: No, Tulio. Yo no atribuyo afirmaciones falaces. Tú dijiste lo de "pedigüeño" y hoy lo corroboras. ¿Lo dicho por Cotler convierte a afirmaciones como la tuya en alabanzas? Hablar de clientelismo, de pedigüeños, de tara, no creo que sea algo exultante. Llamar así a los sectores populares es considerarlos como el lado débil de la sociedad, pues; y eso es lo que he dicho yo y no que tú estés en contra; nunca he dicho que tú estés en contra de esos sectores. No sé si sea tu caso, pero leer hepàticamente no es bueno. Heraud. ¿Yo lo he cuestionado? ¿Lo he cuestionado como hizo Hinostroza? Bueno, esto ya lo expliqué en el anterior comentario. Y no hago ningún parteaguas de la historia. Lo que hago es solo una referencia a los años 70 porque es la época en que (inspirados o no por Heraud) fueron ingresando a la Izquierda muchos de los políticos de ahora (que son, casi todos, coetáneos nuestros; es decir, mucho menores de la edad que tendría hoy el poeta miraflorino que murió en Puerto Maldonado). Ahora, respecto a la revocatoria: es cierto, saludé el avance del NO, pero ahora no estoy diciendo nada en contra. Solo hago un análisis (probablemente equivocado para algunos o muchos), pero solo es un análisis o simple comentario o interpretación, o reflexión, acerca de un hecho real (el apoyo de un Sector a Susana Villarán). Y, además, si bien pueden estar motivadas mis palabras en el tema inmediato de la revocatoria, lo cierto es que no tienen la intención ni de alabar ni de apoyar a ninguna de las dos partes en conflicto electoral. Solo se trata de un tema referido a la Izquierda en el Perú, a una parte de la Izquierda peruana. Nada más. Y finalmente debo decir lo que anuncié que iba a afirmar el 17 de marzo: el porqué de una afirmación que hice. Dije hace unos días, y tú debes recordarlo seguramente, que yo no iba a votar por el SÍ. No voy a votar por el SÍ, pero tampoco voy a votar por el NO. Y no me desdigo de nada, Tulio. Como lo notaste muy bien, nunca he mostrado una inclinación por alguna de las dos opciones. Por una simple razón: no soy parte interesada en el tema. Pero, con todo derecho creo yo, y con libertad, expreso mis "inútiles" reflexiones. Yo voto en el Callao, y aquí felizmente no enfrentamos un tema tan complicado como el de Lima y no estaremos sometidos a decidir el destino municipal en una tan horrosa cédula como esta de la que ya hemos hablado antes. Un abrazo otra vez, Tulio. Y que me disculpen algunos por lo urticante que pueden ser algunas de las cosas que suelo decir por este medio. No es mi intención sacar de quicio a nadie. Solo ejercer mi derecho a pensar y a expresar mis pensamientos, en un país en el que felizmente no hay todavía una ley negacionista que nos amarre la lengua y las manos. Sé que Susana (y Fernando, su hermano) son tus amigos y, por eso (créeme, te lo digo sinceramente), me gustaría que el 17 de marzo no sea revocada. Esperemos. Abrazos más!
Tulio volvió a intervenir: ¿Insidia, burla? Nadie ha usado esas palabras, nadie te ha dicho apestado (¿de qué), nadie te puede negar tu derecho de opinar, en tu muro. Sí creo que tocas sensibilidades y quieres calificarlas de "posiciones". Yo milité en el PUM, muchos acá estuvieron en IU y tu alegremente nos dices que despreciamos al pueblo, del cual te sientes ser la parte indignado por la gestión de los caviares o pituquitos de izquierda. ¿ Cómo llamamos a eso? No es una buena manera de conversar entre amigos. Mejor será que esperemos la serenidad y la franqueza. Un saludo.
Enseguida yo: La serenidad tal vez. La franqueza no tiene que esperar nada, porque está presente siempre. Un saludo y otro (ya no sé cuantos van) abrazo!
Tulio, finalmente: No te entiendo, querido Bernardo, dices que no votarás por el SÍ ni por el NO, luego dices que vives en el Callao. ¿Para qué tomarte la molestia de generar una polémica sin conocer tu "posición" viviendo en un sitio que no está comprometido? Será por la libertad de prensa que reclamas y nadie te ha coactado. Como dije, dejémoslo en este punto, pero la amistad no es una licencia para aceptar incriminaciones falsas o predispuestas. Un abrazo también.
Y finalmente yo también: Bueno, la amistad no ha estado ni estará en entredicho, Tulio. Amigos y hermanos. Un abrazo!
Ver donde otros no ven, o no quieren ver, no es cosa del otro mundo. Es cuestión de ver únicamente; así de simple. Ah, pero para ello es recomendable emplear la mirada y dejar de lado las anteojeras y también la ojeriza. Apasionarse en la vehemencia, no en el odio ni en el fanatismo. Ser tolerantes, pero no tontos. Ser perspicaces, no adivinos. Ser claros y objetivos. Ser decentes y sinceros. Justos. No esperar el aplauso fácil. Buscar la verdad. Respetar.
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viernes, 8 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
LA IZQUIERDA MARXISTA: NO UNA ESPERANZA, SINO UNA TERCA FRUSTRACIÓN:
Puse en mi "muro" del Facebook, el jueves 31 de
enero, lo siguiente:
Que me disculpen mis amigos, pero tengo que decirlo. Después de la
caída del Muro y las experiencias vividas en nuestro país, la Izquierda
marxista hace buen rato que dejó de ser un sueño a futuro, una ilusión, una
esperanza o algo así. Ahora es lo más decadente que puede haber. En lugar de
sueño, una permanente pesadilla; en vez de ilusión, una alucinación de opio; y
no una esperanza, sino una terca frustración.
Un amigo insertó su comentario cuasi "ad hominem":
Parece que los marxistas te quitaron algo, Bernardo. Tal vez hayan
sido tu pesadilla y causantes de frustraciones muy personales. Mejor enfila tus
armas contra apristas y fujimontesinistas que no tienen más sueños que
apropiarse de las arcas del estado. No hay nada más decadente que ellos. (Dante Castro)
Otro, ya con tono medio intolerante y casi agraviante, dijo:
Sólo la ignorancia, la supina ignorancia, puede ser condición para
hacer afirmaciones como la hecha. ¿Qué lees Bernardo? Por supuesto, confundes
el totalitarismo militarista cubano o chino, o el stalinismo en Rusia, con el
comunismo, que aún no se ha realizado, pero que es un virtualidad sin la cual
sería impensable el capitalismo neo liberal.
(Santiago López Maguiña)
Respondí:
No confundo, estimado Shanti. La Izquierda marxista -que es a lo
que me refiero- no es el "comunismo que no se ha realizado". La
Izquierda es una realidad, la que he descrito con palabras precisas. No se
puede poner en entredicho (y yo y creo nadie lo ha puesto) a algo que no
existe. Sería absurdo cuestionar a lo que se supone y muchos esperan ha de
llegar. Se puede dudar de que llegue, pero no de lo que en caso de llegar
signifique (bueno o malo). Los cristianos dicen "Cristo viene o
vendrá". Yo pienso que no vendrá, dudo de que regrese. Pero no puedo
afirmar que será bueno o malo si viene. No soy adivino.
Siempre en el mismo tono, este amigo volvió a intervenir y puso
sobre la mesa un montón de títulos, como diciendo esto: "Lee, so
ignorante!":
Bueno, bueno, hay que ponerse a leer, hay que informarse. Ahora en
las universidades, en las facultades de letras y mucho menor medida en las de
ciencias sociales, los libros de los amigos S. Zizek, Alain Badiou, Jacques
Ranciere, Antonio Negri, Giorgio Agamben, y largo etc., son muy leídos. Son
autores que tienen un pensamiento originado en la obra de Marx. Sigue vigente
la revista The new left review. Y hay muchos libros que publica Verso de
Londres, que desarrollan argumentaciones marxistas. Has una visita a Amazon, a
las revistas especializadas, en fin... (Santiago López
Maguiña)
Luego apareció esta rotunda y decente intervención:
Exactamente, Santiago. Los marxistas siguen contribuyendo...(Dante Castro)
Dije yo:
Claro que hay contribuciones de marxistas. Y todo lo que dices,
Dante (hace bastante tiempo recuerdo habértelo dicho) es cierto y coherente,
razonable. Pero exponer argumentos, similares a los de los testigos de Jehová
("en tal o cual versículo está dicho que Cristo vendrá, y eso es
indiscutible") es otra cosa. Es algo así como como asegurar que, sí o sí,
los extraterrestres tienen tal o cual característica porque lo dijeron los
"ufólogos" que, como sabemos, nunca estuvieron en Ganímedes. Opio.
Otra intervención:
Por lo que enuncias Bernardo se ve que estas bastante
desinformado. Es difícil admitir que la argumentación matemática de un Badiou
sea comparable a la de un evangélico, si bien desarrolla una teología
materialista, pues tiene un libro sobre San Pablo. (Santiago López Maguiña)
Mi comentario final:
La argumentación matemática de Badiou no está en tela de juicio. Y
nunca he dicho que esa argumentación pueda compararse con la de un evangélico.
Hablo de esto: ponderar las bondades de un comunismo que aún no se ha realizado
(y "que vendrá") es como afirmar que "Cristo viene,
prepárate". Dante Castro, como siempre, habla de hechos concretos: de
aportes de los marxistas. Y yo hablo también de situaciones concretas: de la
desorientación en que se encuentra la Izquierda, gran parte de la Izquierda
después de la caída del Muro, desorientación que es real, que se ve, que en
muchos casos la lleva a tener que buscar otro ropaje, otro lenguaje, otros
gestos. Y -¿se entiende, no?- el ropaje, el lenguaje, los gestos a los que
aludo, no se encuentran en los libros ni menos en la argumentación matemática.
Para los evangélicos la llegada de Cristo y la vida feliz está
"comprobada" (argumentada cuasi "matemáticamente") en un
libro: la Biblia; pero al menos ellos tienen lo que sería digamos un punto a su
favor, y que según dicen son las pruebas o indicios de su "verdad":
la realidad (catástrofes, guerras, hundimiento moral, etc.) que dizque nos
muestra que ya "va a llegar el día". La realidad, respecto del marxismo
(salvo que alguien tenga la superpoderosa capacidad de demostrar lo contrario)
pone ante los ojos unos indicios, evidencias o pruebas que le son adversos, y,
como sabemos, Marx nos enseñó que la realidad no se comprueba con criterios
idealistas, sino materialistas, pragmáticos. La realidad es la que ayuda a esclarecer las cosas. Colocar sobre la mesa de gabinete una variedad extensa de
libros y ponernos, con cualquier tipo de fórmulas, a efectuar contrastaciones,
comparaciones, interpolaciones, etc, es decir, efectuar sesudos ejercicios
intelectuales, para convencernos que el marxismo en la práctica triunfó o
fracasó, no será confesión de ignorancia supina, pero sí de una risible
ingenuidad. El viejo Karl -si nos viera allí como jugando Scrabble- movería la
cabeza, de izquierda a derecha: "No, muchachos, yo nunca enseñé eso",
exclamaría, apesadumbrado. ¡Un abrazo!
Un remate con buen humor:
Chúcaro, chúcaro, chúcaro Bernardo...pero creo tienes razón! ("Alma Libre")
Chúcaro, no, Alma; solamente libre.
sábado, 18 de febrero de 2012
¿CUÁL ES EL COLOR QUE LE CAERÍA BIEN A LA IZQUIERDA PERUANA?
Dice Alberto Adrianzén en "Apogeo y crisis de la Izquierda
peruana" (diciembre 2011): "En la década de los ochenta, es decir
hace treinta años, la izquierda peruana era, acaso, la más grande de América
del Sur. Ello era expresión de décadas de trabajo político tanto en el campo
como en la ciudad, pero sobre todo de una suerte de simbiosis con el pueblo
peruano." Falso.
La presencia realmente significativa de la Izquierda en el Perú no se debió a las "décadas de trabajo político" en el campo y la ciudad. Eso es como decir (porque se dijo realmente) que Susana Villarán ganó las elecciones municipales porque la izquierda "ha ganado espacios en los sectores populares". Falacia. Susana ganó por el impactó que generó su sonrisa, tierna en el momento oportuno, y sus gestos medio maternales, frente a lo acartonado de Lourdes Flores. No hubo un componente ideológico que estimulara la simpatía electoral.
Lo que pasó con la Izquierda a principios de los años 80 sí tuvo una carga política; pero no por esfuerzo propio. Se debió a esto: el gobierno de Velasco Alvarado irrumpió con discursos y actos de corte "revolucionario" que prestigiaron en alguna forma todo aquello que tuviera que ver con reivindicaciones populares y cambios en las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales. Empleando una palabra muy grata a Paulo Freire, diría que la "revolución" se había introyectado en los peruanos. El cambio de rumbo que le dio Morales Bermúdez a las cosas dio lugar a una suerte de indignación que alimentó el "antisistema". Por ello es que la Asamblea Constituyente se pobló de gente "progresista" y, digamos, radical (al menos de la boca hacia afuera), que apostaba por el cambio. Hugo Blanco y su perorata altisonante y pintoresca pegó fuerte (recuerdo más o menos lo que alguna vez dijo frente a las cámaras de TV: "Fuimos un país orgulloso por su harina de pescado, pero la harina se fue a alimentar a los galgos de Londres, y nosotros nos quedamos con el orgullo"). La izquierda tuvo una presencia notable: alcanzó aproximadamente un nada despreciable 30% de la simpatía nacional. No puede negarse que Alfonso Barrantes también puso su cuota a favor: la consecuencia y la decencia.
La intensificación de los actos criminales de Sendero Luminoso fue la estocada que lentamente fue destruyendo (así como destruyó miles y miles de vidas sobre todo de gente humilde) la primavera, el esplendor, de la llamada izquierda democrática. Muchos (claro, por la satanización que comenzó a generalizarse) empezaron a confundir las cosas: "izquierda es violencia, izquierda es destrucción", pensaban.
Pudo haber tenido algún efecto la división de enero de 1989, pero el golpe mayor -de consecuencias irreversibles- se produjo en diciembre de ese año, cuando cayó el muro de Berlín tras cuatro años de trabajo continuo que ejerció Mihail Gorbachov minando las bases de lo que se conoció como socialismo.
La Izquierda peruana, por grande que hubiera sido el esfuerzo de algunos de sus líderes y a pesar de las enseñanzas de Mariátegui ("ni calco ni copia"), ha sido siempre un remedo sin imaginación de lo que pasaba fuera de nuestras fronteras, más allá de nuestro territorio. Nació y creció (digo, es un decir) y así también se esfumó. Ahora solo es un nombre y unos cuantos adjetivos y algunos gestos de altisonancia y rabia (y -aunque parezca incoherencia- también de caridad cristiana, puestos de manifiesto, sobre todo, en iniciativas sobreprotectoras de algunas ONG a favor de sectores vistos como vulnerables).
Procuró ser un proyecto o un sueño, ahora es solo una pesadilla y una frustración. Ahora, en medio de desconcierto, extravío y desvarío, quisieran, tal vez, despigmentarse la piel por la moda de la ecología. Hay personajes respetables, honrosos, consecuentes y decentes; pero son la excepción. Repito lo que dije antes: la Izquierda nuestra ya no es revolucionaria, ahora es decadente y conservadora. Pero, claro, lo último que debe perderse es la esperanza que, como sabemos, es verde.
La presencia realmente significativa de la Izquierda en el Perú no se debió a las "décadas de trabajo político" en el campo y la ciudad. Eso es como decir (porque se dijo realmente) que Susana Villarán ganó las elecciones municipales porque la izquierda "ha ganado espacios en los sectores populares". Falacia. Susana ganó por el impactó que generó su sonrisa, tierna en el momento oportuno, y sus gestos medio maternales, frente a lo acartonado de Lourdes Flores. No hubo un componente ideológico que estimulara la simpatía electoral.
Lo que pasó con la Izquierda a principios de los años 80 sí tuvo una carga política; pero no por esfuerzo propio. Se debió a esto: el gobierno de Velasco Alvarado irrumpió con discursos y actos de corte "revolucionario" que prestigiaron en alguna forma todo aquello que tuviera que ver con reivindicaciones populares y cambios en las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales. Empleando una palabra muy grata a Paulo Freire, diría que la "revolución" se había introyectado en los peruanos. El cambio de rumbo que le dio Morales Bermúdez a las cosas dio lugar a una suerte de indignación que alimentó el "antisistema". Por ello es que la Asamblea Constituyente se pobló de gente "progresista" y, digamos, radical (al menos de la boca hacia afuera), que apostaba por el cambio. Hugo Blanco y su perorata altisonante y pintoresca pegó fuerte (recuerdo más o menos lo que alguna vez dijo frente a las cámaras de TV: "Fuimos un país orgulloso por su harina de pescado, pero la harina se fue a alimentar a los galgos de Londres, y nosotros nos quedamos con el orgullo"). La izquierda tuvo una presencia notable: alcanzó aproximadamente un nada despreciable 30% de la simpatía nacional. No puede negarse que Alfonso Barrantes también puso su cuota a favor: la consecuencia y la decencia.
La intensificación de los actos criminales de Sendero Luminoso fue la estocada que lentamente fue destruyendo (así como destruyó miles y miles de vidas sobre todo de gente humilde) la primavera, el esplendor, de la llamada izquierda democrática. Muchos (claro, por la satanización que comenzó a generalizarse) empezaron a confundir las cosas: "izquierda es violencia, izquierda es destrucción", pensaban.
Pudo haber tenido algún efecto la división de enero de 1989, pero el golpe mayor -de consecuencias irreversibles- se produjo en diciembre de ese año, cuando cayó el muro de Berlín tras cuatro años de trabajo continuo que ejerció Mihail Gorbachov minando las bases de lo que se conoció como socialismo.
La Izquierda peruana, por grande que hubiera sido el esfuerzo de algunos de sus líderes y a pesar de las enseñanzas de Mariátegui ("ni calco ni copia"), ha sido siempre un remedo sin imaginación de lo que pasaba fuera de nuestras fronteras, más allá de nuestro territorio. Nació y creció (digo, es un decir) y así también se esfumó. Ahora solo es un nombre y unos cuantos adjetivos y algunos gestos de altisonancia y rabia (y -aunque parezca incoherencia- también de caridad cristiana, puestos de manifiesto, sobre todo, en iniciativas sobreprotectoras de algunas ONG a favor de sectores vistos como vulnerables).
Procuró ser un proyecto o un sueño, ahora es solo una pesadilla y una frustración. Ahora, en medio de desconcierto, extravío y desvarío, quisieran, tal vez, despigmentarse la piel por la moda de la ecología. Hay personajes respetables, honrosos, consecuentes y decentes; pero son la excepción. Repito lo que dije antes: la Izquierda nuestra ya no es revolucionaria, ahora es decadente y conservadora. Pero, claro, lo último que debe perderse es la esperanza que, como sabemos, es verde.
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