domingo, 7 de junio de 2026

"LA COSA SE HA PUESTO COLOR DE HORMIGA"

 

¿Sabían, amigos, por qué, popularmente, se dice «La situación se ha puesto "color de hormiga"»? ¿Por qué, precisamente, "color de hormiga"? Es, según tengo entendido, una frase usada, sabe Dios desde cuándo, especialmente en nuestro país, en México y también en España. La doctora Martha Hildebrandt, nuestra inolvidable lingüista, tenía (como se lee en la imagen del pie) una opinión al respecto, de la que -tengo que decirlo- yo discrepo. Ella creía (y es lo que se puede leer en el pequeño espacio que tenía en el diario El Comercio) que lo de «color de hormiga» es una alusión al color negro del insecto, porque -decía-, desde tiempos remotos, este color ha sido usualmente asociado a desgracias e infortunio. 

No es así, realmente. A lo que la frase alude es, más bien, al rojo, que es, dicho sea de paso, el color con que mayormente es identificada la hormiga; su color, digamos, representativo (aunque, como sabemos, también las hay marrones, amarillas y, claro, negras). 

¿Y por qué el rojo? Porque es un color que casi siempre es asociado, simbólicamente, al fuego, a lo que es ardiente. En tal sentido, la afirmación de que algo está o se ha puesto "color de hormiga" equivale a decir -como, en efecto, también se dice coloquialmente- que "la cosa está que arde", "se ha puesto picante", "está candente" o, en algún modo, es una "papa caliente". Si se estuviese haciendo referencia a una discusión, lo que se trataría de decir con esta frase es que los ánimos han llegado a caldearse y que, por la gravedad de los desacuerdos y la exaltación de los ánimos, existe el riesgo de que los contendores puedan "irse a las manos" (se enfrenten físicamente: a trompadas). También, cuando hay un hecho político, por ejemplo (como estas elecciones, en el Perú), que nos preocupa sobremanera y quisiéramos que se resuelva favorablemente y en calma y, sin embargo, hay sospechas de que el desenlace podría ser adverso a nuestras expectativas o, simplemente, resulta imposible de adivinar. Un estado de extrema excitación, aquello que, por complicado, está convirtiéndose en impredecible, rojo o enrojecido: color de hormiga, pues. 

Y nada tiene que ver con lo negro, que –en todo caso–, en el uso, vendría a ser una suerte de metáfora de lo fúnebre, de lo tenebroso, y no del nivel de tensión o dificultad a que puede arribar una situación. 

¿Ustedes que opinan, amigos queridos?

 

© Bernardo Rafael Álvarez


sábado, 6 de junio de 2026

«VERBA» NO PROVIENE DEL FRANCÉS «VERVE»

La más antigua referencia documental, de carácter lexicográfico, con que se cuenta acerca del vocablo «verba», es el diccionario de Salvá (que es de 1846). Allí, «verba» aparece correctamente definido como «cháchara, parola», es decir, palabra o abundancia de palabras inútiles. El primer registro del vocablo que hace la Real Academia Española (RAE), data de 1899; en el diccionario editado ese año, no solo aparece la definición acertada («labia, locuacidad») sino, además, la referencia etimológica que realmente corresponde, porque no se equivoca: «Del lat. verba, pl. de verbum, palabra; lo mismo ocurre en otras ediciones posteriores, excepto en algunas en que solo se coloca la definición.

La alteración, a todas luces fuera de lugar (es decir, desubicada y absurda) se da en la edición del Diccionario académico hecha en 1992, en que, por primera vez, se hace referencia a una falsa etimología: «del fr. verve»; y se elimina lo que en anteriores ediciones aparecía y era la correcta («Del lat. verba, pl. de verbum, palabra»).

Por qué, justamente, a partir de la edición de 1992, la RAE o, más concretamente, los lexicógrafos encargados de la elaboración del diccionario, incurrieron en este grave error. Sospecho que se debió a que se dejaron influenciar por lo que, el entonces académico Manuel Seco, puso en su Diccionario de dudas y dificultades, publicado justamente en 1986. Allí, el lingüista y lexicógrafo español insertó esto que transcribo textualmente: «En algunos países americanos se ha adoptado en la forma verba el francés verve, que corresponde al español vena o inspiración»; y, como para «ilustrar» su afirmación cita estos dos extractos literarios: «”Una verba rústica y vigorosa sonaba en el fondo de esta raza de labriegos y de pastores” (Arreola, trad. Baty-Chavance, Arte, 56);  A la nueva... le soltó por fin una confidencia con la verba florida de sus mejores años” (García Márquez, Amor, 468)».

No, nadie ha adoptado el francés verve (que significa «brío» o, si se quiere, como decía el académico Seco, «vena o inspiración») «en la forma verba». Lo que hacemos es usar el vocablo latino «verba» para referirnos a la locuacidad, a la labia. Y es a esto a lo que hacen referencia las citas literarias que ha empleado como «sustento»: tanto Arreola como García Márquez aluden a la locuacidad (en el primer caso, a las palabras rústicas y vigorosas, y en el otro a la verbosidad florida; en ninguna parte hablan de «vena o inspiración»). Se equivocó, pues, el académico Manuel Seco y, consiguientemente, hizo que la Academia también se equivocara. Y este error se mantuvo, explícitamente, hasta la edición 22 del Diccionario (año 2001).

En la edición actual ya se ha retomado, felizmente (como lo sugerí), la referencia etimológica correcta (del latín, verba); sin embargo, aún no se ha borrado aquella mención, desacertada, a que se había referido el mencionado autor del Diccionario de dudas y dificultades. Mi propuesta, ahora, es que, tal como ocurrió en ediciones anteriores, solo se mantenga la referencia etimológica que es la única realmente correcta: «Del lat. verba, pl. de verbum, palabra»; y se elimine definitivamente aquello que es absurdo e inexacto: «Del fr. verve».

Insisto: el vocablo «Verba» no proviene del francés «verve», sino del «Del lat. verba, pl. de verbum».

«Verba» (que es labia o locuacidad o, exagerando, verbosidad o verborrea) nada tiene que ver con el concepto «vena o inspiración» ni mucho menos con «brío» (que es, más bien, espíritu, valor, etc.).

(Espero -ojalá- que, como debe ser, en la próxima actualización del Diccionario se concrete, definitivamente, la nueva y justa modificación que he propuesto).

 

© Bernardo Rafael Álvarez

6 de junio del 2025