miércoles, 18 de marzo de 2020

TRES POEMAS EN VERANO



LA PALABRA BUSCADA, EL POEMA

Ofrecí escribir un poema.
Pero no voy a hacerlo.
Es tarea difícil,
en estos días de abismos,
extravíos
y arenas movedizas.

No soy el poeta esperado.
Soy, apenas -como pordiosero
en festín de miradas desvaídas-
el pobre buscador de palabras
que trata de encontrar la única, insustituible,
la que brille con el resplandor
de rocío que hay en tu sonrisa almibarada,
y sea el eco luminoso, como relámpago
y trueno, de los latidos que en tu pecho
son himno de fe y alegría.
Esa es la palabra que quiero encontrar,
¿dónde?

Ni en parques ni avenidas.
Ni en roperos ni bibliotecas.
Tampoco en las constelaciones
que las nubes ocultan.

¿Dónde? Donde buscar yo no puedo:
¡En ti!

¿Escribir un poema? No.
Está en ti, dentro de ti.
En tu nombre y tu alma.
En tu respiración y tu voz.
En tus silencios y sueños.
En tu mirar despejado y en el futuro que miras.
En el fluir de tu sangre y en tus emociones.

En tus deseos,
Ingrid.
Ingrid.
¡Esta es la palabra,
el poema buscado!


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11/7/2020


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TU CANTO, MAYITA

¿Un sonido puede ser miel?
Sí, creo que sí.
Miel para no empalagar nunca.
Sonido que es música,
como rumor de aladas alegrías 
que circundan en derredor
Con la más dulce amenaza de estos días:
Traernos como mensaje y regalo 
la felicidad que retorna
y ha de quedarse para alimentarnos 
con pedacitos de pan y sonrisas,
en cena alborotada de niños que sueñan.
Sí, es miel. Pero no cualquier sonido,
sino el que brota de un manantial
como agua fresca y clara;
o como lava, no incandescente, sino tibia 
de un volcán que da vida y no destruye.
¿De dónde? De tus labios, que son
la puerta divina del cielo,
de ese cielo que llevas como bendición,
o atadito de monedas y buena fe,
o como flor de naranjo que da paz,
a donde quiera que vayas: diosa
que reparte buenas nuevas
y certezas, y no ilusiones.
Y eso, eso es la música que amo:
canto, poesía, esperanza, vida.
Vida que renace
como flor de cactus o de retama 
en retoño vívido y perpetuo.
Canto de miel y de polen.
Voz azucarada. Miel de tábano. 
Tu canto, pues,
el canto que es nuestro:
anuncio esplendoroso de los nuevos días 
y de la libertad ya no lastimada. 
¡Canta, siempre canta, 
Mayita!
Tu canto ha de ser néctar,
siempre, 
siempre.


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(7 de Julio, 2020/ 9:21 p.m.)


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Y MIEL DE TÁBANO



Un poema quise escribir para ti
Como ventarrón
o imprudente insolencia
en horas de la madrugada.
Y que golpee, desconsiderado, las frágiles puertas de tu corazón,
aquellas, hechas con alas de mariposa. Y que,
sin preguntar quién llama,
me reciba tu verdad incandescente
como abrazo de caricias luminosas.

Un poema, sí.
Es lo que quise escribir.
Y que sea como un ramillete de geranios
o un puñado de pétalos de azahar,
O un canto de latidos
alabando la alborada que brota
en tu sonrisa de cielo en primavera.

Un poema, sí.
Pero un poema, no. Sino un ave,
con una rama de laurel en el pico.
Una luz como pesadilla atada a una estaca del establo falaz
que es esta pantalla que me aturde
y desconcierta,
y me regala, como pan recién horneado, tu nombre
y la certeza de que no eres una mentira
sino el parpadeo indeciso,
el brillo fugaz de un relámpago.

Un poema, sí.
En este día
de amor y nacimiento,
para ti,
domadora de los minutos y los vientos que polinizan,
hacedora de madrugadas,
arrullo de horas nocturnas,
canto nuevo del mediodía y su fuego.

Un poema, sí.
Y lo hubiese escrito
en la piel carnosa de una penca
como los enamorados hacían
en los parajes solitarios de algún pueblo olvidadizo,
o en el parabrisas de un camión que
incontenible traga caminos y polvaredas.

Un poema, sí.
Aun dudando si eres real o solo el dulce embuste de aves migrantes,
o acaso un espejismo.
Qué importa:
Fuiste el horno y su rescoldo,

y soplo hacedor que insufla días nuevos. 
Un tintineo de cristal en selva virgen. 
Un himno de esperanza y de sueños,
y su alimento de poemas ingenuamente garabateados.

Y este es mi regalo, pues.
Solo palabras
porque solo palabras tengo,
afónicas, dislocadas, contrahechas.
Pero untadas de fe y de verdad.

(Para ti,
como un corazón hecho con pan de la Sierra
y miel de tábano).



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14/02/2020




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LUCERO DEL AMANECER



Y ocurrió.
Y mi corazón,
Como el aleteo tornasolado de un colibrí,
Comenzó a cantar, balbuciente al principio,
El himno de la felicidad;
Luego fue un redoble de tambores,
Anunciando el nuevo Génesis.

A través de tu mirada
De lucero,
Pude tener en mis manos la profundidad infinita del cielo.
Y me diste paz.
El Edén dejó de ser un sueño. Hoy es un resplandor
De primavera,
Gracias a ti.

Y tú
Ahora eres mi Tercer Día,
La certeza de que puede resucitar la fe perdida.
Eres mi amanecer
Con gotas de rocío como lágrimas que no son de llanto,
Sino pedacitos del Universo convertidos en espejos y destellos.

Te conocí,
Pero en mi extravío ya te había sentido como murmullo
Y caricias,
Aun antes de hundirme como travesura infantil
En las entrañas de tu luz,
Lucero del amanecer,
Canto del amor nutricio,
Trino de aves silvestres,
Manantial de agua viva.

Eres bendita
Y tus silencios me han bendecido.

Dios existe, pues,
Y tú: su testimonio más radiante.



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12 de enero, 2020 / 09:10 P. M.



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FLOR SILVESTRE

¿Cometería pecado,
Si yo quisiera cantarte?
Tal vez.
Y me dirías que es un insolente atrevimiento.
Sí, eso me dirías.
Pero, a pesar de eso y de todo,
Sí te cantaría. Porque, sin quererlo,
Tú me inspiraste, waykicha.
Sentí en tus palabras
Y silencios
Un llamado, una almibarada exigencia
Celestial
Irremediable. De luz.
Y aquí te canto
Y te vuelvo a cantar
Cómo el zumbido de un tábano
O un moscardón asediando a una flor silvestre.
Rosa roja.
Sin conocerte te conocí, como quien reconoce
Su mirada en el espejo.
Eras latido y melodía
Y navegabas en cada suspiro mío,
En mis palabras convertidas en pan recién horneado.
Y fuiste el naufragio de los sueños
Y el tercer día de la resurrección.
(Y resucité en ti,
Como rescoldo o vaho,
Como amanecer en tiempo de lluvia.
Y fuiste bálsamo
Y bendición.
Mi canto insustituible:
Ayataki no por la muerte,
Sino para la vida,
Sus errores y aciertos,
Los sueños y las frustraciones.
Pero la esperanza siempre en pie
Con su resplandor de luna nueva
Sin pecado,
Solo con la divina insolencia
De la vida que nos junta
como el gorrión y la rosa:
La espina y la sangre que alimenta).
Cantar no es un pecado,
Es una alabanza a la Creación y la vida,
A los buenos sentimientos
Que brotan como cardo
O como maíz en mes de mayo.
Waykicha, mi flor silvestre.



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(Lima, 9 de enero del 2020/ 07:59 P.M)

lunes, 16 de marzo de 2020

MERDRE ALORS! BERNARDO RAFAEL ÁLVAREZ Y SU DIVINA HOGUERA: LA PALABRA DELINCUENTE ANTE EL TRIBUNAL DE LA VIDA / Por Roland Forgues*

Estudio sobre mi poesía, publicado por Roland Forgues en su página, el 15 de marzo del 2020:



1. El poeta y sus cadenas 

Recién aparecida en junio del 2019 La divina hoguera (Fondo Editorial Cultura Peruana, Lima 2019) de Bernardo Rafael Álvarez selección de poemas (1973 – 2017) hecha por el mismo autor, nos entrega a no dudarlo una idea bastante clara de la poesía del escritor y abogado peruano especializado en temas de lingüística. 

Cruzan los versos de esta selección personal de contenido profundamente humano y libertario, acentos vallejianos y trilceanos “ruidos de llaves” (p.114), mezclados con acentos martinadanescos de alucinantes visiones; expresados éstos últimos en insólitas asociaciones de imágenes que parecen surgidas directamente del inconsciente del poeta. 

Todo ello incorporado a una creación original que hace referencia a otros creadores universales como Baudelaire y sus Flores del Mal, Lautréamont y sus Cantos de Maldoror, Marlowe y su Doctor Faust, Joyce y su Ulises, entre los más notables. 

Sostiene la creación un lenguaje de inhabitual uso en el campo poético por los registros a los que recurre. Un lenguaje en el cual se reúnen lo material y lo espiritual, lo concreto y lo abstracto, el cuerpo y el alma, en imágenes y metáforas sintéticas de sorprendente factura, a imagen y semejanza de estos versos de “Mamparas”:

 

Desconcertada la verdad y estupefacta

se desnuda desafiante

y corre desdentada y lenguaraz

por las calles de la ciudad percudida

ajena al hedor de los insultos

y a la virginidad descosida de la vergüenza y la urbanidad

y deja en los buzones signos de interrogación como dardos (p.130-131)

 

En “Oda a este amor” “Las rosas cantan su propia melodía de espasmos y discordia” y “Medio desquiciada -dice el poeta- mi palabra es carne y pus / Vive el amor como una lombriz (p.77). En “Sitis” hablará del “verbo hecho carne y saliva”. (p.134) 

Las palabras son cuerpo y el cuerpo es palabras, vale decir poesía en su más alta expresión:

 

Las palabras de mi cuerpo

Se elevan como una exhalación

Y caen y se quiebran

Son un espejo

En este país de siete suelas (p.100) 

Nuevo Prometeo encadenado por haber robado a los dioses el fuego sagrado de la poesía, el poeta con el corazón picoteado por el buitre de la condena, se mueve deliciosamente en la infernal hoguera de la creación que se torna divina. Es el misterioso e inexplicable placer dolor de la vida misma traducido en versos:

 

Y aún no comprendo

Por qué y para qué escribo

Por quién y para quién borroneo

Cuervos y tornasoles guturales

Tal vez para que mi cadáver

No hieda: asno que escupe desde el capullo

De un geranio la saliva

Es mi resurrección e indulgencia

La palabra (p.91)  

En el mundo kafkiano de La metamorfosis las cadenas son sus razones de vivir. Así empieza el poema “ K” de Dispersión de cuervos :

 

Erase un buitre que me picoteaba,

Los pies –Franz. Jus, cúbreme: haz

de mi sangre una flor, un geranio atado

A mi saco sucio, sé mi luz… 

 Y termina con estos versos donde la enigmática imagen del buitre suicidado parece conducir a la impotencia y al silencio de la voz poética:

 

…. J’écoute les

Appels d’un monde qui se noie, ¿quién se

Atreva a amar la carroña que nos envuelve?

¡Franz, Franz, no hace falta: el buitre

se ha suicidado en mi garganta! (p.15)

Percibimos en la poesía de Bernardo Rafael Álvarez un intento de acercamiento al hecho poético centrado alrededor de la figura del escritor y su entorno hogareño y familiar: Pallasca el pueblo de su nacimiento, Lima la ciudad que habita, la naturaleza y el mundo que lo rodean:

 

Tiempos de sordidez y disentería

¿Qué decirle a la vida?

Nada

Pero vivirla

Como una sorpresa

como una sonrisa,

Como un dolor que late (p.43-44)

Así la poesía se vuelve búsqueda de identidad, vida, redención, y utopía que choca con la realidad:

 

El viajero de la noche o el guitarrero encantinado en ron y aserrín

Sueña con el paraíso entre sus dedos pero

Quién puede soñar y orinar dolorosamente

Como regurgitación de palabras

Y escupir en las noches en que solo un poema nos guarece /

Esto es solo un vals olvidado compañera mía pse

La vida que rechaza las tranqueras /

Nada más nada más uff (p.96)  

2. El hecho poético

Como en Martín Adán la poesía “no dice nada” o “casi nada” (p.68) y lo dice todo. Dice al individuo y al mundo, al individuo dentro y fuera del mundo, al mundo dentro y fuera del individuo:

 

Pero mi obsesión eres tú

Poesía desnuda poesía calata

Mentira desgarrada y culposa

Hecha de esquina y algodón

[…]

Sobre la hoja en blanco la hecatombe tiene

Su drama sus desvaríos y esquirlas

Donde mística se masturba la delusión

Y la esperanza

Se aferra al grillete de los verbos

Héroes nativos de bosta y carbón

Melusina quebrada en el fondo del espejo

Verde como agua estancada

Como cielo purulento (p. 99-100)

Envuelto en su bufanda de “poeta maldito” (p,69) -como se autodefine-, el poeta busca también en la poesía esa “hija negada del amor y el abandono” (p.44) una forma de escapar de la soledad, de amaestrarla convirtiéndola en esperanza, como subraya la bella imagen de la aurora al final del poema “Impaciente búsqueda / la relación del sueño”:

 

Soledad, grata soledad,

a punto de autora

a punto de sueño,

volando como las aves

rompiendo la mentirosa aurora / tras el

espejo / Pintas de aurora

mi poesía (p.14) 

Al hacerse poesía, la soledad que participa de la vida real y material del hombre, y nos afecta a todos en la profundidad de nuestro ser, adquiere en lo espiritual un valor positivo que la traslada al campo de la utopía.

3. Expresión y lenguaje

El lenguaje poético de Bernardo Rafael Álvarez apela a todos los sentidos: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato con una insistencia particular en los malos olores con la palabra “hedor” que vuelve reiteradamente, muy a menudo en plural “hedores”, bajo la pluma del poeta como ilustración de la cloaca en que se han convertido la ciudad y el mundo. Asimismo las palabras “útero” “semen”, “genitales” , “senos”, “clítoris” y sus derivados como emblema de vida y esperanza. 

Lo ilustran en especial poemas como “Mercado de frutas” donde “El sol se pudre y hiede” y “la erumnosa noche” “tose esputa y vomita” (p.64-65) y “Diálogo en la abadía del boquerón”:

 

Sacra arquitectura urbana y corrosiva de la libertad

Y en los parques de la

Indulgencia y el cinismo es también

Una piel desprendida injuriosa y purulenta

Que hiere la mirada insensata

Del mundo y el hijo triturado que devora

Los genitales del padre (p.67)  

La imagen de los últimos versos remite ciertamente a la poesía parricida del movimiento Hora Zero y a la visón de la ciudad de sus integrantes. Una ciudad cuyo caos y fealdad el poeta intenta exorcizar para convertirlas en orden y belleza. Así se nota especialmente en un poema como “Oh/linda”, cuyo título incluye la doble vertiente de la ciudad real y de la ciudad imaginaria. Mientras la ciudad real permanece en su basura y fealdad, la ciudad imaginaria se hace significativamente mujer, belleza, vida y placer:


Ciudad de Lima, frescura artificial.

Ardor de arena; mi sed inventa un

Oasis: árboles crujen, botellas y

Basura –agua sucia, redonda, envuelve

El olmo- cabras escarabajos

Completan el paisaje.

La vida fluye o explosiona. Mi edén

Se desordena; imposible recuperar el orden.

Blackout: nadie ataca el aire,

Vértigo y ceguera en el ozono:

Toco tu clítoris, tibia elevación del

Placer; allí duerme la paz o

Nace la guerra  (p.109) 

En otro poema, “Artículo de fe”, el poeta asimila sin vacilar la generación poética de Hora Zero a la cual pertenece a la misma ciudad de Lima, describiéndola como una generación que “duerme en las calles patas arriba /Eviscerada mal barateada y deshojada flor de fango”.(p.54)

Si el poema es “una cosa de vísceras” (p.98) -según afirma Bernardo Rafael Álvarez en otra oportunidad-, difícil no ver en ese juicio una toma de distancia con ciertos postulados ideológicos que determinan la poesía de dicha generación (como los del “marxismo-leninismo” al que declaraban adherirse plenamente los fundadores del Movimiento Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel” ) y de sus clamores iconoclastas y parricidas de los cuales ni Vallejo se salvó. “Yo soy testigo de sus esputos y de sus putas inverosímiles” -concluye elocuentemente el poeta. 

En el universo poético de Bernardo Rafael Álvarez las palabras que pertenecen al registro del cuerpo y sus funciones elementales como orinar, defecar, eructar, vomitar, y de sus secreciones glandulares, seminales y clitorídeas, están poetizadas mediante el ambiente de paz natural y serenidad creado en torno a ellas. Así “En el burdel de las palabras melancólicas bañadas de semen y Angustia / Chatarra verbal plaf / Cáscara de Cacao uff / La flor de la canela ah” (p. 71) cabe también la “supuración luética” (p.76) del placer dolor al que ya me referí. 

El uso de la onomatopeya muy frecuente en el universo poético de Bernardo Rafael Álvarez se puede interpretar sin duda como un intento de darle al poema esa musicalidad que lo constituye en poema, como afirmaba el poeta simbolista francés Verlaine: De la Musique avant toute chose. De aquí la complicidad afirmada al final de “Bird / homenaje a Charlie Parker” entre el poeta y el músico:

 

Deschávate Charlie: inauguremos

Otra vez la celebración del pecado

en medio de bosques incendiados,

con los chirridos de pájaros obscenos que no mueren (p.107)

En efecto, en el plano de la musicalidad Bernardo Rafael Álvarez le insufla al poema el ritmo que, como bien señala Octavio Paz, convierte la materia manejada en poesía. Así sucede, por ejemplo en estos versos donde se funden lo fálico y lo uterino, hechos palabras:

 

Como tú

Y yo abominables

espectros par de monosílabos

De la noche como nadie

(Las rosas cantan su propia melodía de espasmos y discordia)

Ni carne ni sangre

Apenas una sensación una sorpresa

Como todos

Humedad en el vientre y visceral licencia fálica

Una delirante angustia uterina

Como el silencio escondido

En la guarida de los lobos

Bajo el brassiere de la epopeya.

Y el adjetivo testicular

[…]

No muere sino se desplaza cansino y prosódico porque

Casi siempre el mejor poema se escribe en el útero” (p.76-77)  

La relación vital, carnal y espiritual, profana y sagrada a la vez, entre el poeta y su creación está bien resumida en el poema “Huésped” de impecable factura, uno de los últimos poemas del libro con fecha de enero del 2017:


Diosa deseada

Hacedora de mis sueños

Culpable de los poemas que brotan por mis poros

Milagrosa fuente de agua bendita

Alienta mi canto como oración esperanzada

Bendice mis extravíos

 

Alimenta la carne de mi palabra

Y mi sed

Y recíbeme

Como huésped

Loco

Sufrido

Retorcido

Tierno

y

Desorientado

En el infierno sin fondo

De tu cielo

Y condéname

Sin misericordia

Al fuego húmedo de tu luz sin final (p.143)  

Este poema construido en base a las dicotomías cielo/infierno, lo sagrado/lo profano, sueño/realidad, culpa/redención podría ser la profesión de fe de un creador dedicado cuerpo y alma a la creación vista como salvación, perfectamente evocada en la oximorona imagen final del “fuego húmedo” hecho “luz sin final” en que se reúnen lo negativo y lo positivo.


4. Mujer y poesía: amor, sexo y erotismo

El amor, el sexo y el erotismo como forma y expresión de vida son poetizados en los versos de Bernardo Rafael Álvarez con realismo, naturalidad y extremo pudor, en un delicado lirismo donde se funden mujer y poesía. Valgan de ejemplo estos versos de “Poema escrito”:

 

Los senos descubiertos con angustia

tu mirada de infierno.

Oh las distancias trazadas, los minutos expresados

minuto a minuto, oh no recorrer no sentir:

“he aquí mi cuerpo desnudo.

estos labios sangrando,

esta oscuridad, profundidad,

lenguaje que llama: sexo hembra, flor de loto,

sol que nace” (Mi dulce ovejita sin manada,

transformación mágica: hada de mis bosques: sentirte húmeda,

tibia; oh nuestra piel sin exceso habitada) (p.103)

Un poema como «Arliasar» parece directamente salido del universo pictórico de Courbet y de sus finos cuadros deliciosamente eróticos: “El origen del mundo” y “Mujer en medio de las olas”:

 

Con pudor y cinismo

una sábana blanca esconde

los labios,

la hendidura inexpugnable

de la profundidad feraz de tu pubis

y el monte salvaje que, enhiesto y acobardado,

parece vigilado por tu clítoris: guardabosque celoso

del paraíso (p.124)  

Así termina el poema, pura imagen de esa mujer desnuda que ofrece sus senos maternales y su sexo procreador a la vista de todos, en “El origen del mundo” del pintor francés:

 

Tendida como un valle

pero ondulante como olas de mar en madrugada

yaces como una duda

y un llamado

a la paz y a la guerra.

Una luz envuelve tu mirada

Esa luz golpea la mirada mía

como una prohibición.

(¿Entraré en el fuego de tu infierno,

como pecado

y condena

y, desgarrado y desgaritado.

llegará mi corazón a palpitar al compás de tus gemidos

mientras la noche envolviendo nuestros cuerpos

llore y sude a mares,

mujer santificada,

diosa de mis pesadillas

y mi sed?) (p.124)  

El cuadro se completa con estos versos del penúltimo poema “Adolescentes bellos” en los que se canta a la juventud en su dimensión sagrada de inocencia, de pureza de los sentimientos y de los ideales:


Amamos

y aún hay humedad en nuestros poros

y unas ganas irrefrenables de sobrevivir

con el ocho echado bajo nuestros pies

y la sonrisa como un aniego perpetuo

Adolescentes bellos

dueños de nuestro canto y de los monosílabos

sin que nadie nos imponga su verdad

sin estatuas que nos quiten la luz

Eramos adolescentes bellos

Libres, bellos y desnudos (p.147)

El remate final “Libres, bellos y desnudos” de este poema constituye probablemente una de las expresiones más luminosas de una utopía humana encarnada en el canto y los “monosílabos”, vale decir en el lenguaje que lo sostiene. 

 

5. Búsqueda de sí mismo

Nuevo Diógenes con su linterna, el poeta busca su verdad “Con la ansiedad compulsiva de mostrar / Al mundo las extrañas moradas que habitan / El nublado universo de mis arenosas entrañas” afirmando al final de ”Este olor verde y pútrido”:

 

Estoy atado al mundo sí

Pero el mundo está desprendido de mí/

Viví debajo de la realidad –artificio de místicos y poetas pse!

Y ahora trato de injerirme en ella pero es demasiado tarde

Ser realista / ah idioma de los mocos y el agua bendita:

Existir y rebuznar como un descosido

Artificio de ministros y buhoneros puaf!

No la encuentro propicia para los espejismos: escupo

Y pido que me devuelvan la palabra /

Y nada me obliga a nada

Excepto a ser libre y líticamente silencioso

como una ofensa (p.63)

En “Monólogo de Nadie y un paréntesis concreto” Bernardo Rafael Álvarez expresa sus interrogaciones, humanas y metafísicas a la vez, sobre la realidad de su existencia a las que la pura razón cartesiana es incapaz de dar respuesta:

 

Me pregunto a veces: ¿tengo un cuerpo?

Vuelvo a preguntarme: ¿tengo un alma?

Finalmente me pregunto: ¿quién es el que pregunta

Mi cuerpo mi alma o una tercera persona?

O soy un pensamiento y mi carne / cosa de

Descartes verbo cruel y cínico (p.60)  

En medio de sus interrogaciones el poeta, “lamentándose por haber nacido” (p.90) se encuentra sumergido en el universo absurdo del filósofo rumano Emil Cioran . Y más aún en el universo ubuesco del escritor francés Alfred Jarry, inventor de la patafísica, o ciencia de las soluciones imaginarias:

 

Vomito adverso a los ojos y la eternidad ubuesca del doctor Faustroll y su

reinado vegetal

Más esta ética de las tripas y los flujos

Donde no soy más que una anécdota

Quiero decir un pretexto una sesión de absurdos

Es que somos animales somos animales

Merdre! (p.74)   

En el último poema “Me importan” el escritor se pregunta sobre sus múltiples “yo” y la complejidad de la naturaleza humana: 

 

Que me importan, dije

pero los demás nunca dejaron de ser mi mismo desierto y desconcierto

mi misma soledad y compañía

mi misma asfixia,

mis mismas ganas de morir como una cucaracha

mi misma resurrección a la hora de la oración y el desayuno de milagros

La misma sinfonía de estiercol y pétalos de Girasol

Mi silencio y el rumor de no estar solo (p.147-148 )   

De alguna manera, Bernardo Rafael Àlvarez, daba una respuesta anticipada a estas interrogaciones sobre sus múltiples “yo” en quienes se funden lo propio y lo ajeno como en su propia imagen –que es también la imagen de los demás- reflejada en el espejo que “repite la letanía de la esperanza y su bendita imprudencia”, en los versos iniciales de “Insula”:

 

Un islote

Eso fui y soy (p.122)  

Con la bella imagen del “islote” sacada de la naturaleza y sus connotaciones afectivas dadas por el diminutivo, se precisa la relación entre el ser humano y el cosmos, alegoría poética de la relación del ser humano con sus semejantes, de su sueño y utopía:

 

Un islote solidario

siempre

pero jamás sometido

al continente (p.122)  

6. Poesía y utopía

La poesía de Bernardo Rafael Álvarez, expresa ciertamente más dudas que certidumbres, como traducen los vallejianos “Yo no sé!” que concluye el poema “Monólogo de Nadie y un paréntesis completo” (p.60) y “Sabio si tú hubieras sido hombre hoy supieras ser dios” hablando del curaca en el poema “Con Igor Ignacio en Caral”. (p.117)

La utopía de Bernardo Rafael Álvarez gira fundamentalmente en torno a la figura mitificada de Marx que ha inspirado las grandes revoluciones del siglo XX en el mundo y los movimientos de liberación nacional en América Latina, dando lugar en algunos casos a regímenes dictatoriales y manifestaciones de violencia y de terror extremos:

 

L’art d’être grand:

El viejo Karl debió entender

Que la alquimia mueve la historia;

Llevamos la piedra filosofal en las

Manos para hallarla después en el

Principio / El arte de enmohecer la

Palabra: fui dueño de tu voz en el

Teléfono y de tu saliva en mis labios:

Has vuelto a tu realidad, y, lástima,

Yo no estoy con ella (p.110)  

La reflexión del poeta parte de una mirada sobre la historia y sobre la instrumentalización de una teoría inicialmente considerada como generosa. Dicha instrumentalización desnaturaliza completamente la teoría hasta el punto de invertirla, transformándola -según afirma- en “macabra teoría” para la desdicha de la humanidad:

 

Y, como sabemos, la historia es el cuento

falso o verdadero

de lo que ocurrió

y no de lo que ha de ocurrir; no es futurología ni adivinación azarosa.

Y Karl, el viejo amable y sabio, no era

futurólogo

ni adivino,

El pasado que vino después de él lo traicionó,

feliz o lamentablemente

no lo sé

pero ya no fue lo que había sido. Y no se dejó seducir

por aquella vieja que de partera

pasó a ser comadrona abortera de barrio lumpen

haciendo que lo afirmado por el viejo Karl

se transformara en macabra teoría. Y nosotros

tontamente

nos quedamos tocando el tambor

o nuestro cuerno de hojalata

desnudos

al otro lado del mundo

sin saber decidir entre

la violencia

o la inteligencia (p,142)  

Notaremos en estos versos la fuerza negativa de la sugerente imagen de la partera que pasó a ser “comadrona abortera de barrio lumpen” y de las palabras utilizadas: “traicionó”, “macabra teoría”, opuesta a la imagen final de la ingenuidad del colectivo “nosotros” emblematizada por el tambor o cuerno de hojalata que escuchan los inocentes. Se trata de una manera de diferenciar simbólicamente las víctimas de los victimarios, los traidores conscientes de sus actos de los traicionados inconscientes e impotentes.

En el trasfondo ideológico de la poesía de Bernardo Rafael Álvarez anida una idea clave: la celebración de la Libertad del individuo, de su libre albedrío y de su condición humana. El compromiso del poeta es con la inteligencia, contra la ceguera y todos los fanatismos religiosos y/o ideológicos y políticos.


7. La marca de Hora Zero

En resumidas cuentas, agregaré simplemente que como en sus compañeros de Hora Zero, en Bernardo Rafael Álvarez, “la poesía ladra / suda orina tiene sucias las axilas,/ La poesía frecuenta los burdeles / escribe cantos silba mientras se mira/ ociosamente en la toilette” como escribiera Enrique Verástegui en su poema “Si te quedas en mi país” de su primer libro En los extramuros del mundo. El poeta cree ciertamente según declarara Juan Ramírez Ruiz que “el arte, la poesía, abre ríos, levanta montanas, transforma a los individuos y es la potencia luminosa, el indestructible vigor, la vitalidad más alta”. 


En Bernardo Rafael Álvarez su oficio de abogado se funde con la función de poeta. La divina hoguera es probablemente una de las más radicales muestras de defensa de la palabra delincuente ante el tribunal de la vida. Palabra maltratada por el trato social, ético y cultural. Palabra tabú vergonzosamente reservada a la vida íntima y secreta del ser. Palabra prohibida de uso en las relaciones humanas y sociales "decentes" sin atraerse los anatemas de las almas "bien pensantes" y mojigatas. Palabra, en fin, subversiva arbitrariamente acusada de diabolismo y condenada antes de ser juzgada. 

En esta defensa, merced a su poetización, igual que las "putas palabras" de Octavio Paz, la palabra delincuente cambia su estatuto de culpable por el de inocente. Sale libre y reforzada del tribunal de la vida.

Razón por la cual no vacilaré en afirmar que lejos de ser “descarnada y agresiva” la poesía de La divina hoguera es pura carne, pura paz interior y exterior. Porque entre la violencia y la inteligencia Bernardo Rafael Álvarez ha sabido escoger la inteligencia. 

 

[Couyou, marzo de 2020]




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Roland Forgues, nacido en Tarbes (Francia) en 1944, es el más importante peruanista francés vivo. Ha sido docente en las universidades francesas de Grenoble y Pau. Algunos de los más de veinte libros que ha publicado, dedicados  al estudio de la litetatura peruana e hispanoamericana, son los siguientes: El fetichismo y la letra: ensayos sobre literatura hispanoamericana (1986), José María Arguedas: del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico: historia de una utopía (1989), La estrategia mítica de Manuel Scorza (1991), Octavio Paz: el espejo roto(1992), Mariátegui: la utopía realizable (1995), Vallejo: dar forma a su destino(1999), Plumas de Afrodita: una mirada a la poeta peruana del siglo XX (2004), Palabra en el viento: ensayos sobre creación e identidad en América Latina (2005). También tiene trabajos sobre Benedetti, Rulfo, Quiroga, Blasco Ibáñez y otros importantes escritores latinoamericanos.