domingo, 8 de marzo de 2026

Julio Calvo Pérez, acerca de mi diccionario pallasquino:

A continuación transcribo los comentarios hechos -respecto de mi librito El habla del Conshyamino (Diccionario del castellano de Pallasca)- por el lingüista y lexicógrafo español Julio Calvo Pérez, a quien, por supuesto, agradezco profundamente:

 

      ·               En el libro LEXICOGRAFÍA PERUANA (2018):

 

«Bernardo Rafael Álvarez (2008): El Habla del Conshyamino (Diccionario del castellano de Pallasca). Lima, Cactus Ed. Se trata de una obra de 230 páginas en que se refleja el habla de Pallasca, último reducto donde se habló culle y, por tanto, donde más esperable es encontrar étimos de esa lengua extinta; este y otros asuntos etimológicos los trata con especial cuidado el autor de este repertorio. El concepto de pallasquino, si se me permite incidir en este localismo, abarca con buen criterio del autor los términos usados también en otros lugares, pero con cambio de significado en Pallasca, y los usuales en otros lugares que tienen especial arraigo en este lugar de la geografía peruana. Palabras identificativas como los apelativos cho (chi / <cholo / <china) figuran igualmente en el conjunto. Tampoco se descartan palabras más cultas que, sin embargo, emplean los hablantes pallasquinos, orgullosos de su variedad idiolectal. Hasta aquí la introducción (11 páginas sin numerar). La continuación es un extenso vocabulario de cerca de 200 páginas con un listado principal y el apéndice recuperado después (160 + 35 páginas).

En el vocabulario se narran historias (como en yanaza), se suman nombres propios (como Ututo), se añaden locuciones contractas (como yasque <ya es que /<ya dices que), creaciones antropónimas (como vilche "torero' <Vilchez) o concreciones puntuales (como víspera 'el 23 de junio' aplicable en principio a la fiesta de San Juan). También se recogen quechuismos (como trumaña 'arco iris'), espines (como tratar por 'tratar mal'; ej. Le dio su trata), compuestos (como 'Tiralazo'), locuciones (como qué cuenta tengo = 'qué me importa'), palabras simbióticas (como tataco, relacionada con 'Tato' y 'retaco'), deformaciones de significante (como taplear por chaplear <q. Ayac. Chaplay /q, CU. chhapllay 'comer, sacando directamente de la olla con la mano'), palabras no identificadas (como shiraque) e incluso vocablos inexistentes que, por desafuero, les hace penetrar el autor en el idioma (como el célebre tascar dianas de Trilce, cuyo significado, sin duda, es el de 'ir desgranando días en la vida de las personas, como quien las mastica al igual que el caballo que muerde el freno o el agricultor que quebranta el cáñamo). El resto son palabras enigmáticas como shagol o procondia). Otras como queresa, remedar o resuello son palabras generales del español, que debieran estar ausentes de este listado. Muchos de esos vocablos son quechuismos como picsha y piruro; de otros se desconoce su procedencia como pecche (quizá <aimara 'p'isqi') etc. 

Una página nos servirá para ver cómo está confeccionado este vocabulario que he revisado hasta la O, de atrás adelante: 

1. Las palabras se suceden en explicaciones antropológicas o etnográficas, con alguna apoyatura etimológica. Rafael lo hace a la manera de Arona, autor que ha influido mucho en la lexicografía posterior en el Perú. A veces la palabra se caracteriza gramatical o pragmáticamente (como ñurda 'expresión coloquial para referirse a los zurdos'; sería entonces 'la mano zurda'), otra se vale del metalenguaje primero (ñongo tronco grueso de árbol...').

 

2. Hay referencias particulares a personas concretas en el 'hic et nunc' de la recogida de material (como en ñurda y ñongo), lo cual tiene valor meramente testimonial como el del que escribe sus memorias.

 

3. Entre las posibilidades de registro están los vulgarismos y barbarismos, palabras de nivel bajo que muchos recolectores no aceptan porque al final la lengua en uso, el habla, ya ha dado una solución que es compartida por la mayoría ('olluco' es voz general, pero olloco es solo un uso circunstancial, popular o vulgar, que debe desestimarse, aunque se recoja en repertorios). Ahora bien, cuando se produce una adaptación con este significante a otra realidad, la palabra puede darse por aceptable (olloco como 'excrecencia que crece en el cuello de los pavos').

 

4. A algunas palabras o expresiones vulgares se les dota de trascendencia como a la locución ni'onde.

 

5. Cuando se precisa, se vuelve a los diccionarios antiguos para determinar el origen y significado de las palabras (como el quechuismo oque)».

  

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            ·               En el libro TEORÍA Y PRÁCTICA DEL LÉXICO PERUANO (2021):

  

«Bernardo R. Álvarez (2008), que aporta léxico de Pallasca, gusta de iguales veleidades léxicas. Como escribí en su momento:

 En el vocabulario se narran historias (como en yanaza), se suman nombres propios (como Ututo), se añaden locuciones contractas (como yasque < ya es que / ya dices que), creaciones antropónimas (como vilche ‘torero’ < Vílchez) o concreciones puntuales (como víspera ‘el 23 de junio’, aplicable en principio a la fiesta de San Juan). [Es decir que] Las palabras se suceden en explicaciones antropológicas o etnográficas, con alguna apoyatura etimológica. 

De modo que Álvarez lo hace a la manera de Arona, autor que ha influido mucho en la lexicografía posterior en el Perú, sobre todo en provincias o a petición de afronegrismos (como Romero 1988); por los cuatro costados diría yo a tenor de los antecedentes. Aunque también es cierto que no todos los recopiladores se han dejado llevar por sus “amenidades”; entre ellos, Ugarte Chamorro (1997), que se decanta por una línea más uniforme, académica, en la sucesión de sus entradas, así como Álvarez Vita (1990, 2009) y Calvo et al. (2016), aunque con objetivos todavía alejados del gran desafío de nuestro siglo: la factura de un diccionario completo del castellano peruano en consonancia con la meta global con la que soñaba Palma».



jueves, 5 de marzo de 2026

DE COMBIS Y MICROBUSES: NUESTRO CASTELLANO

Algunas expresiones comunes en el medio caótico transporte urbano de Lima:


C Como repetidamente lo he dicho, nuestra lengua se enriquece no precisamente gracias al aporte de doctores o académicos y ni siquiera por la contribución de escritores. Es, sobre todo, la gente considerada «inculta» (los «de abajo») la que contribuye sensible y significativamente al esplendor de la lengua, con la creación de neologismos coloquiales que andando el tiempo, por el uso, pueden llegar a ser asumidos como parte de la llamada «lengua culta»; y también con la asignación de nuevos significados a voces ya existentes. Y entre estos «agentes» de cambio y renovación léxica y semántica, están (en nuestro medio) los cobradores de combis y de microbuses. A continuación, solo unos cuantos ejemplos que, ciertamente, son muestra innegable de que la lengua (la nuestra, el español peruano) es, pues, un organismo vivo que no se detiene.

Ø -«Habla, ¿vas?»: Pregunta que el cobrador le dispara a algún peatón que se halla parado en una esquina aparentemente esperando abordar un vehículo de servicio público. Es, en buena cuenta, una invitación a subir.

-«¡Pasen p'al fondo, pasen p'al fondo!»: Exigencia para que los pasajeros avancen hacia el final del vehículo y liberen el espacio cercano al chofer a fin de que allí puedan ubicarse los que han de subir después. 

Ø -«Al fondo hay sitio»: Afirmación que, en buena cuenta, es sinónimo de la expresión que acabo de mencionar; es decir, tiene un propósito imperativo: que los pasajeros vayan al fondo (o sea, más allá de la entrada). 

Ø «¡Apéguense, apéguense!»: Exigencia con que el cobrador busca que los pasajeros se acerquen estrechamente unos a otros, a fin de que dejen espacio para otras personas. Es, digamos, la actualización del uso que antiguamente se le daba al verbo «apegar» («arrimarse y juntarse a otro», según el Diccionario de Autoridades, 1729); actualmente, el uso generalizado en el mundo hispanohablante, se da con el significado de «cobrar apego», es decir, «encariñarse».

Ø -«¡Pasaje en mano!»: Anuncio de que el cobrador ya se acercará a los pasajeros para recibir el pago respectivo por el servicio; es decir, que estén atentos y listos para pagar. 

Ø -«Con sencillo, por favor»: Pedido que se hace porque, seguramente, el cobrador no tiene lo suficiente para «dar vuelto» o porque, simplemente, quiere agilizar la operación de cobro y pago. 

Ø -«¡Breve, breve!»: Exigencia para acelerar la bajada o la subida de los pasajeros; o sea, «¡apúrense, apúrense!». 

Ø -«¡Avisando con tiempo!»: Invocación para evitar eventuales contratiempos y disgustos al momento de bajar. 

Ø «¡Bajan cruzando!»: Aviso con el que se afirma que alguien va a bajar del vehículo, no al final de la siguiente cuadra, sino al principio, inmediatamente después de cruzar la calle o avenida. Claro que, literalmente, debería entenderse otra cosa: que la persona ha de bajar mientras el vehículo está cruzando; pero el uso le ha dado otro significado a la expresión, lo cual es válido. 

Ø -«¡Pie derecho, pie derecho!: Exigencia medio perversa que se hace -cuando el vehículo no se ha detenido completamente o ya está a punto de reiniciar el recorrido- para que, como «medida de seguridad», el pasajero, al bajar, ponga primero, sobre el suelo, el pie derecho con el objeto de no perder el equilibrio. 

Ø -«Está planchado»: Cuando todos los asientos del vehículo están ocupados y hay un número satisfactorio de pasajeros de pie; algo así como que «todo está nivelado».

Ø -«Está sopa»: Cuando se ha excedido el número razonable de pasajeros; es decir, cuando «está a punto de reventar» (ya no hay espacio para nadie más). 

Ø -«Sencíllame, porfa»: O sea, «Cámbiame este billete con monedas (con sencillo)». 

Ø -«Correteo»: Prácticamente, una competencia entre vehículos de transporte público; desplazarse en la pista «a las ganadas» con el objeto de «ganar pasajeros». 

Ø -«Chantón»: Adjetivo, con el significado de «demorón», dirigido al conductor de otro vehículo que avanza lentamente. Derivado de «chantarse», verbo coloquial peruano que significa «plantarse» o «clavarse» en algún lugar; es decir, detenerse y, concretamente en el caso del transporte, avanzar lerdamente. 

Ø -«¡Cachudo!»: Es la palabra con la que suele acabar una pelea verbal entre dos conductores que discuten airadamente, gritándose de carro a carro, por cualquier motivo. Pareciera que, a falta de argumentos, este insulto es asumido por algunos como el recurso más rotundo y contundente, es decir, definitivo, para «acobardar» al contrincante.

© Bernardo Rafael Álvarez