Le apuesto que más de uno le dirá (o, en todo caso,
lo pensará y no se atreverá a decírselo), que usted habla mal y que ¡cómo es
posible que diga tal cosa!; o, incluso (imitando a don Marco Aurelio Denegri),
puede que se le ocurra afirmar que eso que usted ha dicho es una barbaridad.
Pero, ¿sabe una cosa?, yo le aconsejo que no haga caso si le cuestionan. No hay
absolutamente ningún problema, el piso sigue parejo; ni su interlocutor ni
ningún académico acertarán en su reparo. ¿Se imagina a qué me estoy refiriendo?
Según me contó un amigo, hace
poco, en una entrevista, que un reportero de la televisión hizo sobre uno de
los muchos casos lamentables de asesinatos que ocurren en la Capital, una
señora dijo que el hecho había ocurrido «al promediar las tres de la tarde».
Mi amigo quiso saber si había
algo que cuestionar en lo expresado por la señora. Le respondí que no, que no
había nada cuestionable; y agregué que hay quienes dicen, también, cosas como
esta: «El sujeto que me asaltó tenía un promedio de cuarenta años de
edad».
En ninguno de los dos casos («al
promediar las tres de la tarde»; «un promedio de cuarenta años»), se hace
referencia a cuestiones de aritmética: la suma de al menos dos elementos
(horas, en el primer caso, y años, en el segundo) y su resultado dividido entre
el número de esos elementos, obteniendo finalmente lo que se conoce como la
«media aritmética». No, nada de eso. Simplemente ocurre que, en el primer caso,
la señora quiso decir que «a eso de las tres de la tarde», es decir,
aproximadamente a esa hora, ocurrió un hecho lamentable; y, en el otro caso –el
del asaltante– lo que se dijo es que el tipo aparentaba una edad de cuarenta
años (o sea, que aproximadamente tenía esa edad).
¿Hay algo que ver con la
acepción que encontramos en el Diccionario de la Lengua Española (DLE): «Punto
en que algo se divide por la mitad o casi por la mitad»? Claro que no. «Ah,
entonces lo que dices es absurdo y falso», tratará de corregirme algún buen
samaritano de la lingüística. Pues, no: no es falso ni absurdo.
El uso del sustantivo
«promedio» o el verbo «promediar» del modo como he puesto en los ejemplos es un
uso prácticamente generalizado en nuestro medio, especialmente en la gente
humilde. Es, en buena cuenta, un peruanismo. No sé si están incluidos (ojalá)
en el Diccionario de Peruanismos publicado por la Academia
Peruana de la Lengua, pero si no lo está, debiera estarlo, con todo
derecho.
En el habla popular, estas
expresiones han adquirido nuevo significado y, digamos, una nueva calidad: se
comportan, también, como locuciones adverbiales. ¿Es inaceptable que lo sea?
No, no es inaceptable. Es (disculpen que repita estas dos palabras que ya
parecen mis favoritas) válido y legítimo (y, como más de una vez lo he dicho,
la validez y la legitimidad de una palabra no están sujetas al criterio ni
mucho menos a la decisión o mandato de la Academia: la autoridad, en estas
cosas, la tiene el pueblo, los hablantes.
Así que (como decía «Tres
Patines», «no os preocupéis, que vos muy bien sabéis que seis por seis es
treinta y seis»), si usa y quiere seguir usando expresiones como esta: «Hará un
promedio de veinte años que conocí a una linda chica de la que me enamoré perdidamente»,
o esta otra: «Se fue al promediar las seis de la tarde», puede hacerlo, y nadie
tendrá por qué criticarlo ni menos querer «corregirle»; porque será correcto si
lo hace.
Recuerde, nosotros los hablantes
(como el título de un libro de Íbico Rojas), en estas cosas somos dueños,
jueces y amos (Horacio dixit). Así que, ¡tranquilo, nomás!
¡Un abrazo completo (es decir,
sin sacarle el promedio), para todos, amigos!
¡Cuídense mucho, por favor!
Bernardo Rafael Álvarez
(15 de marzo del 2021)