sábado, 26 de abril de 2014

LA MEMORIA Y SUS MORADAS. Homenaje a Octavio Paz [Testimonio de Roger Santiváñez]


       La primera vez que supe sobre Octavio Paz fue a través del nombre de la columna dominical Las peras del olmo que el crítico José Miguel Oviedo tenía en el diario El Comercio de Lima. Esto ha sido circa 1972 cuando yo estaba en el último año de la secundaria en mi natal Piura. Poco después llegó a mis manos la
famosa antología de la poesía hispanoamericana contemporánea de José Olivio Jiménez, en la que descubrí la poesía del gran mexicano. En efecto, quedé deslumbrado por la magia verbal y la profundidad humana de Piedra de sol, varias de cuyas estancias aparecían en dicho libro. Hasta hoy recuerdo que subrayé estos versos: “los dos se desnudaron y se amaron / por defender nuestra porción eterna, / nuestra ración de tiempo y paraíso”. Y éstos otros: “no hay ni tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, / verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,/oh ser total”.

       A partir de entonces me di a la búsqueda de cuanto material o texto de Paz pudiera conseguir. Se convirtió en una especie de guía spiritual para mí. En un ejemplar de la revista Textual que por esa época publicaba el Instituto Nacional de Cultura del Perú, encontré una foto del poeta y la puse en la cabecera de mi solitario cuarto de poeta adolescente. Esos fueron –como se dice- años maravillosos. Paz era citado –en mi país- frecuentemente por lo mejor de su intelligentzia, ya fuera Julio Ortega –brillante poeta y crítico- Enrique Verástegui –notable joven poeta- o Rodolfo Hinostroza, quien acababa de ganar –con su libro Contra Natura- el premio internacional de poesía Maldoror convocado por Barral Editores de Barcelona, con un jurado presidido justamente por Octavio Paz.

       Los más jovencitos poetas de aquellos días –entre ellos mi amigo Armando Arteaga- eran devotos del autor de Salamandra y con ellos aprendí a amarlo cuando llegué a Lima en el ardiente verano de 1974. Recuerdo que en la casa de Luis La Hoz –adonde llegué guiado por Arteaga- leíamos en grupo Renga el famoso libro colectivo de Paz. Igualmente Juan Carlos Lázaro –no se cómo- se consiguió unos poemas del gran Ocatavio cuando era adolescente y los publicó en la carátula de su revista Cronopio 1 en Julio de 1974. Armando Arteaga citaba todo el tiempo Los signos en rotación y yo recien pude encontrar esta recopilación de artículos pacianos en 1976 y fue mi biblia durante –por lo menos- tres inolvidables años. Pero antes –en 1975- había hallado en la librería ‘Epoca’ de Lima Las peras del olmo donde ahondé mi conocimiento de la poesía mexicana iniciado con la lectura de algunos de los “Contemporáneos” que figuran en el libro de Olivio Jiménez. Y –of course- proseguida en Poesía en movimiento. México, 1915-1966 debida a Paz, Alí Chumacero, Homero Aridjis y José Emilio Pacheco, insuperada muestra del proceso de la poesía mexicana durante gran parte del siglo XX.

       Cuando ingresé a la Universidad de San Marcos en 1975 me tocó el increíble azar de ser estudiante de Antonio Cisneros, catedrático de poesía hispanoamericana. El gran Toño –como a él le gustaba que lo llamáramos- dedicó una clase completa al estudio y análisis de Piedra de sol de Octavio Paz, sobre el cual trazó un diagrama concéntrico en la pizarrra del Repertorio Bibliográfico,
escenario de aquellas horas irrepetibles. Hacia 1977-78 se generó una fértil amistad poética entre los jóvenes poetas de San Marcos y de la Universidad Católica, dando orígen al grupo-revista La Sagrada Familia. Para el segundo número de nuestro vocero –cuando ya nos habíamos declarado marxistas- escogimos un verso de Octavio Paz como emblema: ‘Algo se prepara’ aludiendo a la inminencia de la Revolución para los pueblos de América Latina.

       Por los días del Movimiento Kloaka (1982-1984) colectivo de neo-vanguardia que contribuí a fundar junto a Mariela Dreyfus, me hice de un libro paciano que me acompañaba por bares, playas y parques donde realizábamos los aquelarres kloakistas. Se trataba de La centena (Poemas: 1935-1968) editado por Barral en 1972. Una preciosa antología –preparada por el propio Paz- donde descubrí textos tan intensos e importantes como Noche en claro notable re-creación de una reunión nocturna de nuestro poeta con André Bretón y Benjamín Peret en París. Es un poema que principia con un tono conversacional “A las diez de la noche en el Café de Inglaterra / Salvo nosotros tres / No había nadie / Se oía afuera el paso húmedo del otoño” y que prosigue: “Una prostituta bella como una papisa / Cruzó la calle y desapareció en un muro verdusco” para desarrollar luego una reflexión metafísica: “Nadie tenía sangre nadie tenía nombre / No teníamos cuerpo ni espíritu / No teníamos cara / El tiempo daba vueltas y vueltas y no pasaba / No pasaba nada sino el tiempo que pasa y regresa y no pasa”. Y también otros como Viento entero que hasta hoy mismo no deja de estremecerme cuando leo en voz alta: “El presente es perpetuo / Los montes son de hueso y son de nieve”. Qué tal música! Me digo para mis adentros. Y luego: “El presente es perpetuo / 21 de junio / Hoy comienza el verano / Dos o tres pájaros / Inventan un jardín / Tú lees y comes un durazno / Sobre la colcha roja / Desnuda / Como el vino en el cántaro de vidrio”. Maestría del ritmo y de la elipsis.

       Un libro de Paz que no puedo dejar de mencionar es Versiones y diversiones que –extrañamente-  llegó al páramo cultural que era mi ciudad natal Piura en la desértica costa norte del Perú. Dulce verano juvenil de 1974. Allí descubrí a a Pessoa, Hart Crane, WC Williams, leí por vez primera un Canto de Pound, el extra-ordinario soneto de Nerval El desdichado y poesía nórdica, china y japonesa. Un absoluto deleite. También quisiera recordar que –por 1975- todos los meses entraba a ‘Epoca’ sita junto al Wony –el café bar de los poetas en la Lima de los 70s- para comprar Plural –sin duda la mejor revista cultural  del mundo hispánico cuando la dirigía su fundador: Octavio Paz. Después Vuelta llegaba intermitentemente.


       En 2001 me trasladé a los Estados Unidos. Luego de un tiempo hube de releer El arco y la lira y Los hijos del limo para los exámenes del doctorado, libros que configuraron nuevas revelaciones para mí. Y en uno de mis cumpleaños aquí mi esposa Kathy tuvo la feliz idea de sorprenderme con el obsequio de A draft of shadows con versiones into English de Elizabeth Bishop y Mark Strand editado por
New Directions, el famoso sello de la mejor poesía gringa. Pero me gustaría cerrar este testimonio de mi amor y adhesión por la poesía paciana con una historia reciente: Un día chateando en Facebook con mi amigo el poeta mexicano Víctor Toledo, no sé cómo llegamos a hablar de Paz. Y él me cita Arbol adentro. Yo le respondo: “Ese libro de Octavio  no lo he leído”. “Ah, tienes que leerlo” me replica Víctor. Al día siguiente lo encontré en la biblioteca de Temple University y me entregué durante dos días a paladearlo.Recordé que cuando aquel libro llegó a Lima, lo vi en librerías; pero mi vida era demasiado salvaje en esa temporada en el infierno. Así que no pude leerlo hasta la primavera pasada en Temple. Y fue una suerte de re-encuentro con la grandeza del genio mexicano: En un cuaderno moleskine que tengo, leo lo que apunté: “Y fui por un instante diáfano / viento que se detiene. / gira sobre sí mismo y se disipa”. Para qué más. [Roger Santiváñez, 26 de abril de 20014. A 100 años del Nacimiento. New Jersey South]

viernes, 18 de abril de 2014

ACERCA DE LA LLAMADA “UNIÓN CIVIL”. UNA PALABRAS.

Hace un par de días volví a poner en mi “muro” del Facebook estos comentarios que unas semanas antes había dado a conocer a través del mismo medio:


“UNIÓN CIVIL. He escuchado que el Defensor del Pueblo y algunas otras personas entendidas afirman que temas como este de la unión civil entre personas del mismo sexo no puede ser sometido a referéndum. Con todo respeto, debo decir que el señor Vega y quienes coinciden con él están equivocados. Este tema sí puede ser sometido a referéndum, claro, si es que se cumplen los requisitos correspondientes (básicamente la adhesión de un número de ciudadanos equivalente al 10% de la población electoral). Me explico. Puede ser sometido a referéndum porque lo permite el Artículo 32º, Inc. 2, de la Constitución Política ("aprobación de normas con rango de ley"). Pero, insisto, aunque legalmente es posible hacerlo, creo que no debe hacerse, porque sería injusto y, digamos, inmoral. El derecho a la igualdad de las personas no puede ser sometido a consulta, porque hacerlo sería absurdo, primitivo y estúpido. La propuesta (tan discutida y rechazada por algunas personas e instituciones) de la llamada unión civil es dable y válida, y apunta al fortalecimiento y realización plena de uno de los más vulnerados derechos de los seres humanos: la igualdad ante la ley. Dicen (qué idea más descabellada) que pondría en riesgo a la familia. No, señores. El respeto a los derechos humanos de todos (la igualdad es uno de ellos) contribuye al fortalecimiento de las instituciones y, sobre todo, le hace bien a la humanidad.”


Esto también escribí hace algunas semanas cuando vi en La República una nota sobre la declaración de un grupo de obispos: "OBISPOS EN CONTRA DE LA UNION CIVIL.-"En un extenso comunicado, los obispos peruanos señalaron que la propuesta, presentado por el parlamentario Carlos Bruce y que esta semana se discutirá en el Congreso, es “contraría al orden natural y distorsiona la verdadera identidad de la familia”. No, señores purpurados. La llamada "unión civil" no atenta contra nada; al contrario: favorece la consolidación de los derechos, el justo reconocimiento a las minorías, y en nada distorsiona la identidad de la familia. Lo que va contra el orden natural son los crímenes contra la vida y la integridad física y moral: el aborto, la pedofilia. Ustedes, como todo el mundo, tienen derecho a opinar y a que sus opiniones puedan ser (como en este caso) distintas y contrarias a las de otras personas o instituciones, y tienen, además, derecho de emitir pronunciamientos en cualquier sentido, lo cual es legítimo (y nada tiene que ver con el tema del laicismo en el Estado o cosa parecida). Pero en estas cosas, que son de carácter estrictamente legal, lo que importa finalmente es lo que los órganos correspondientes puedan decidir (el Poder Legislativo, por ejemplo) y ni siquiera hace falta (porque, a pesar de que formalmente es posible hacerlo, sería moralmente absurdo) que el proyecto de ley sea sometido a referéndum. De lo que se trata es de hacer el esfuerzo de mirar las cosas con amplitud de criterio, con mente abierta, sin sentimientos de vergüenza o de culpa que son malos consejeros. De aprobarse en nuestro país eventualmente la propuesta de "unión civil" o si en el futuro llegara a darse, como en algunos otros países, el "matrimonio gay", no nos escandalicemos, no nos rasguemos las vestiduras o sotanas; la moral no se envilecerá, solo seremos testigos de que habrá sobre la tierra más personas felices. Nada más."


Un amigo mío intervino con este breve comentario:


“Después de eso, van a querer adoptar niños, quizá, si son niños los que adoptan, los conviertan en niñas o viceversa, existen casos. De todas formas a mí no me importa ni mi heterosexualidad.”


Y luego otro, con más extensión:


“Para salvar cualquier posible escollo frente a la "igualdad", en nuestra legislación civil, existen los contratos innominados; quien quiera estar unido a otro del mismo sexo puede celebrar el contrato que quiera y poner en él las cláusulas que más le o les convengan; quieren seguridad social que se la paguen, quieren heredar que lo hagan en un testamento o que donen o vendan, quieren tener hijos que lo intenten a ver si pueden, pero para ello no es necesaria una ley que equipare esas prácticas difíciles de aceptar; pero no, enarbolando la hipócrita bandera de la defensa de dizque ciertos derechos se siga el mal ejemplo de sociedades en donde hay que estar con el último grito de la moda en dizque "derechos humanos", Esos obispos sí que son valientes.”


Enseguida respondí:


No se trata de "esas prácticas difíciles de aceptar". Este concepto es una aberración que, lamentablemente, muchos obispos aún siguen agitando como bandera homofóbica (felizmente el papa Francisco, no). Los derechos reclamados por las minorías (como esta, la de los gays, lesbianas y bisexuales) son exigencias hechas al Estado, no a las "otras personas". Porque "las otras personas", es decir, nosotros los heterosexuales, no somos los sujetos llamados a atender o rechazar lo que ellos piden, porque simplemente no somos los dueños absolutos de esa facultad, no somos los dueños del Estado, y porque, más concretamente, no es que nosotros seamos los dueños del mundo y esas minorías sean algo así como comunidades advenedizas, bárbaras, de otra especie que, como tales, deban mantenerse, por decisión nuestra, segregados, marginados, expatriados, escondidos como si de una peste se tratara, y prohibidos de entrar en "nuestro mundo" y de acogerse a las leyes de "nuestro Estado". ¿Saben una cosa?: el rechazo que estos obispos y muchas otras personas e instituciones ejercen contra las reclamaciones de las minorías como esta de los gays, lesbianas y bisexuales, no es muestra de valentía; es, más bien, demostración de irracional e infundada cobardía.


Y recibí, como réplica, esta cortante y medio intolerante reflexión:


“No hay que olvidar que no somos el Estado ni dueños de él, pero sí somos parte del mismo; lo demás es un discurso que ni los mismos interesados entienden; y con posiciones permisivas entiendo que sólo se hace deleznable la moral social y por eso transitamos por los caminos en que hoy nos encontramos, y luego vamos quejándonos de no saber por qué hay tanta DESCOMPOSICIÓN en nuestra sociedad contemporánea. Finalmente, para muchos, esos obispos ojalá sigan FUNDANDO su "cobardía" de defender al género humano en sus naturales dimensiones. Punto final.”


Aunque este amigo resolvió, sin acuerdo de por medio, ponerle “punto final” al tema, me permití agregar, a manera de coda, lo siguiente, apenas una pregunta al aire:


¿Posiciones permisivas? Ufff!


Pero luego apareció una noticia en que se hablaba del resultado de una encuesta hecha acerca del tema y que, en cifras, era poco alentador. Hice este breve comentario que, en gran medida repite lo que ya había dicho:



"Unión civil" en los ojos de la encuesta: Pero no se trata de encuestas, creo yo. Y tampoco de referéndum. Es legítimo que se hagan encuestas y sería legal (constitucional) si se consultara vía referéndum. Pero me parece que no es el camino, por inmoral. Lo que corresponde es que los órganos llamados a resolver lo hagan: básicamente el Congreso. Derechos como el que reclaman minorías como esta de los gays, lesbianas y bisexuales, no tienen por qué ser consultados a "los demás" (nosotros los heterosexuales), porque nosotros no somos dueños de la facultad de "aceptarlos" o rechazarlos; esto sería lo inmoral y también injusto.

martes, 8 de abril de 2014

¿El delito es una conducta? Breves reflexiones personales


Existen distintas definiciones dadas al delito, pero básicamente todas coinciden en que se trata de la acción u omisión dolosa o culposa penada por la ley, y es así como lo define nuestro Código Penal (Art. 11º): “Son delitos y faltas las acciones u omisiones dolosas o culposas penadas por la ley”. Hay quienes afirman que el delito es una conducta. He reflexionado al respecto y por ello quiero, brevemente, exponer mi opinión personal.

El delito no es una conducta; es, más bien, el resultado (infractor de la ley, obviamente) de determinada conducta: es el hecho consumado que se da como quebrantamiento de la norma, pero que debe estar tipificado como tal y previsto su sanción en la ley penal.

Conducta, como sabemos, es la manera como se comportan las personas, y las personas se comportan bien o mal, con arreglo a las normas o infringiéndolas; y la conducta puede, digamos, ser premiada o eventualmente castigada, pero no por merecer –en caso de ser contraria a la ley- una sanción, debe ser tipificada como delito. Y, efectivamente, hay conductas o comportamientos que son castigados penalmente. Por ejemplo, la persona que en estado de ebriedad o drogadicción, en lugar público perturba la tranquilidad de los demás, según el Código Penal, “será reprimido hasta con sesenta días-multa”; el que, en espacios públicos “hace a un tercero proposiciones inmorales o deshonestas” será castigado con prestación de servicio comunitario de diez a treinta jornadas”. Los ejemplos dados corresponden precisamente a conductas ilícitas y por eso el Código las considera como punibles y establece para ellas las respectivas sanciones; pero no las incluye entre los delitos, pues solo las tipifica como faltas (Arts. 449º y 450º).

Respecto de los delitos, debemos decir que la conducta sería, más bien, uno de sus elementos (el elemento básico, su soporte): definido como el comportamiento humano voluntario, positivo o negativo (acción u omisión), encaminado a un propósito, pero no la ejecución de ese propósito.

Ni siquiera la acción, como “ejercicio de la posibilidad de hacer” (DRAE), es un delito. Esto, en buena cuenta equivale a “tratar de hacer algo”. Y ateniéndonos (como efectivamente debe ser) a lo que señala el Código penal, tenemos que decir que el “tratar de hacer algo”, si es que de cometer un delito se trata, puede ser castigado, pero al no haber llegado a la consumación, queda, penalmente, considerado solo como tentativa, y la tentativa es punible (naturalmente, si es que queda demostrado que es materialmente era posible la consumación del propósito; cf.: Arts. 16º y 17º del Código Penal), pero, repito, no es un delito (“En la tentativa el agente comienza la ejecución de un delito, que decidió cometer, sin consumarlo”. Código Penal, Art. 16º).

Tal como señala nuestro Código Penal y muchos autores conceptúan, el delito se configura como una acción, pero considerando, obviamente, la segunda acepción que posee este término: “Resultado de hacer”. (DRAE). Tiene, repito, que haberse dado el resultado real, para poder hablar con propiedad de la existencia de delito.

Veamos el tema referido al delito de Homicidio Simple. El Art. 106º del Código dice textualmente: “El que mata a otro será reprimido con pena privativa de libertad…”. Se hace, con meridiana claridad, referencia al resultado real de un “hacer”, y tal resultado, en este caso, es la muerte de una persona ocasionada por un semejante.

Igual situación, pero con una particularidad que lo distingue, ocurre con lo que se lee en al Art. 111 del mismo Código: “El que por culpa ocasiona la muerte de una persona, será reprimido con pena privativa de libertad…”. Se sanciona al agente por haber ocasionado la muerte de una persona, pero mientras en el caso anterior la norma es genérica, en este pone de manifiesto una precisión particular: habla de la muerte ocasionada por culpa, es decir sin propósito o intención. De esto podemos colegir lo siguiente. Si, por ejemplo, en una reunión festiva una persona abraza a su amigo y le aprieta el cuello, juguetonamente, parodiando a algún personaje del cine, y luego lo suelta y siguen conversando y divirtiéndose, ¿estamos frente a un delito? No, definitivamente no. Simplemente estamos frente a una acción o, si se quiere, una conducta, que no ha ocasionado ninguna consecuencia lamentable porque, obviamente, no fue ese el propósito de quien la ejecutó. Pero si en ese juego, de abrazos y bromas, la persona involuntariamente ocasiona un accidente y su amigo cae por las escaleras y pierde la vida, la situación es diferente: se produjo una muerte, es decir un delito que, como es de advertirse, se encuadra en el Artículo mencionado: Homicidio culposo.

Como se ve, en ambas situaciones la conducta es la misma, pero las consecuencias son distintas. Y la sanción solo procede en el caso del segundo ejemplo, porque se dio un resultado que es penado por  la ley.


En resumen: una conducta puede ser ilícita y ser castigada, pero no es un delito; una acción, entendida como “ejercicio de la posibilidad de hacer”, si no llega a su resultado, puede ser castigada como tentativa de delito, pero no como delito propiamente dicho.


sábado, 29 de marzo de 2014

ESPANTAR EL ANZUELO Y LA CRESTA DE LA MUERTE: UN SONETO




Es verdad: Winston Orrillo suele emplear un lenguaje digamos violento, hosco, insolente, cuando de asuntos políticos se trata. Creo que, por ello, se ha ganado más de un enemigo, y en muchos amigos ha generado comprensibles pero innecesarias e injustas antipatías. Sin embargo, contra todo pronóstico y suspicacia, su poesía tiene un carácter marcadamente distinto, completamente opuesto. Nada que tenga de violencia propiamente dicha. Su sello es, más bien, la ternura. Su expresión es la simplicidad (simplicidad dije, no simpleza: ojo al diccionario, señores). Pero (¡oh, cosas de nuestra cicatera comarca!) esta, su poesía, no ha podido hacer que las miradas, realmente pocas, que se dirigen hacia ella sean (como debiera ser, no por capricho ni favor, sino por justicia) aprobatoria. Esto –no me cabe duda- se debe a lo siguiente: casi nadie se ha detenido, con seriedad y serenidad, a leer esta poesía -escrita por un creo que impenitente socialista- rigurosamente, sin contaminar su lectura con el a veces ponzoñoso aderezo ideológico y el resquemor hepático. Esto, claro, es explicable: no es nada fácil desprenderse del impulso subjetivo y pasional, porque –caballero, nomás- somos humanos, muy humanos, pues; y por algo más: “arrieros somos y en el camino nos encontramos”. Yo, créanmelo, también muchas veces he caído en lo mismo, aunque siempre me he empeñado en evitarlo. Gracias a Dios, cuando siento que ello está por ocurrir, cuando la falta de objetividad está a punto de traicionarme, hago una cosa: guardo el bolígrafo y escondo la hoja de papel, o apago la computadora, y me voy a caminar un poco. Solo cuando el frescor de la noche en un parque ha ejercido, probablemente sin su voluntad pero eficazmente, su rol de radiador o de antipirético, vuelvo a la carga. Esto es precisamente lo que ha ocurrido hace un rato; y por eso es que, ya fresco, tranquilo, sin paltas, me he puesto a escribir estas líneas acerca de Winston Orrillo, un poeta con el cual comulgo en la misma esperanza, el mismo sueño, la misma utopía: nuestro deseo de que en nuestro planeta se funde, de una vez por todas, una sociedad sobre todo justa; pero también poeta con el cual –lo confieso- comparto un inconciliable desacuerdo, en el plano estrictamente político, respecto de las formas de gobierno. Pero esto es harina de otro costal. Y lo rescatable es que existe una circunstancia, una realidad, que felizmente no ha sido y espero nunca sea mellada: la amistad. Más aún, hay un hecho en el que siempre confluiremos, sí o sí: el amor a la poesía, a la buena poesía. Y buena poesía, esencial, es la que he leído en el volumen que justamente lleva ese título –Poesía esencial- publicado hace poco, en octubre del 2013, y del cual quiero mencionar, como si fuera solo un botón de muestra, un soneto que es de los pocos –entre muchos que he leído de distintos autores- que me ha conmovido sobremanera; se titula “Mi tía Teresa” y fue publicado inicialmente en 1971. Es un soneto con los clásicos versos endecasílabos, sin rima evidente, pero con un ritmo notable, cadencioso, y sencillo, como música de bolero antiguo. Se trata, digamos, de una suerte de apología o alabanza de lo que sería algo así como el “ejercicio” de una soledad solidaria: un ser humano (en el caso de este poema, una mujer) que, pudiendo ser –por designio del destino- una isla golpeada por las olas y las tormentas, es, más bien, un océano de bondad “para el otro”, para las demás personas. Teresa -el personaje del poema, que “No tuvo hijos ni flores en su casa”- es, “con faldas y sin armas”, un Quijote que transmite, no sueños desquiciados, sino “un antiguo dulzor”, mientras barre y va “espantando / el anzuelo y la cresta de la muerte”. El autor de este soneto -¿ya lo adivinaron?- es Winston Orrillo. Y este poema, simple y llanamente lo digo: me gusta, como me gustan muchos otros de sus poemas. Pero, ya lo insinué, hay un sinnúmero de lectores que se muestran hostiles ante la poesía de Winston. Por ello me atrevo a preguntar: ¿Cómo se mide la calidad de un poema, de un poemario? ¿Hay realmente un canon, una ley, una directiva, un reglamento? No, no lo hay. Lo digo, aunque los hombres de ciencia (los sabios que en el mundo son) digan lo contrario. Un poema es bueno, cuando para mí es bueno, porque me gusta y, obvio, para otra persona puede ser malo, pésimo, y, sin embargo, ambas valoraciones son legítimas. Si alguien me dice lo contrario, que lo diga: es su derecho hacerlo, pero ni su palabra ni la mía es la ley. Winston Orrillo cae mal ante los ojos y oídos de muchos; ante mí probablemente también, y él, sin duda, lo sabe o lo intuye. Debo decir, por ejemplo, que me disgusta la rudeza con que asume su posición ideológica o política y su apego a cierta laya de gobiernos, y deploro, por innecesaria y desubicada a veces, la violencia con que suelta sus palabras -a que aludí al principio- cuando de ocuparse de esas cosas se trata. Pienso que sentimiento parecido al mío es el que experimentan muchos. Y a ello se debe (¿serenidad, imparcialidad, objetividad, dónde se han metido?) que la lectura que muchos suelen hacer de su poesía carezca, casi siempre, de justeza y, digamos, de justicia. Guste o no guste a muchos, hay que decir que la poesía no debe leerse con anteojeras ni ojeriza, porque así se lee mal siempre. Esforcémonos por hacer esto: leer en libertad. La lectura debe hacerse en libertad porque, por lo demás, se lee para ser libres, no para someterse. Leer en libertad nos permite apreciar bien las cosas aunque, claro, esto no ocurre siempre: a veces puede caerse en errores. Pero hay una ventaja: no se incurre jamás en dolo, en mala fe. Es lo que he hecho, ahora, con la poesía de Winston Orrillo. Y, la verdad, la verdad, no encuentro que sea mala, como casi todo el mundo lo dice, sino todo lo contrario: es buena poesía. Y jamás haría como alguien por allí que, según cuenta, eligió, dizque por deleznable, un libro del poeta para, mismo Nerón, condenarlo a desaparecer por acción del fuego. Prefiero, más bien, exponer aquí otro botón de muestra -qué botón ni qué ocho cuartos, quiero decir un pedacito apenas de hilván en la sastrería-: "...y enero / era ese muelle /–anzuelos y carnadas- y / ¡puta que era alegre / pescar cualquier tramboyo!" ("Canción para un hombre que no entrará en la historia"). ¿Alguien habló de coloquialismo? Aquí está, pues, ¡y es de marzo del 74! 

Bernardo Rafael Álvarez

martes, 28 de enero de 2014

LA HAYA: ¿70% DE LA DEMANDA PERUANA?

Esto es lo que el Perú solicitó, textualmente, en la Demanda:

“13. EL PERÚ SOLICITA A LA CORTE QUE DETERMINE EL CURSO DEL LÍMITE MARÍTIMO entre los dos Estados conforme al derecho internacional, SEGÚN LO INDICADO EN LA SECCIÓN IV SUPRA, e igualmente solicita a la Corte que reconozca y declare que el Perú posee derechos soberanos exclusivos en el área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas de su costa y fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile.”


Qué es lo que dice la mencionada “Sección IV supra”:

“7. LOS PRINCIPIOS Y NORMAS DEL DERECHO INTERNACIONAL CONSUETUDINARIO sobre delimitación marítima (…) constituyen las PRINCIPALES FUENTES DE DERECHO APLICABLES A LA PRESENTE CONTROVERSIA.”

“8. El principio rector principal (…) que rige la delimitación de los mares territoriales de los estados con costas adyacentes conforme al artículo 15 de la Convención, consistente en APLICAR LA EQUIDISTANCIA.”

“9. De conformidad con el derecho internacional, tanto el Perú como Chile tienen derecho a un dominio marítimo adyacente COMO PROLONGACIÓN DE SUS RESPECTIVOS TERRITORIOS TERRESTRES hasta una distancia de 200 millas marinas desde sus líneas de base.”

“... Como quiera que NINGÚN ACUERDO HA SIDO ALCANZADO POR LAS PARTES respecto a la delimitación de sus respectivas zonas marítimas Y EN AUSENCIA DE CIRCUNSTANCIAS ESPECIALES QUE CUESTIONEN LA APLICACIÓN DE LA LÍNEA EQUIDISTANTE, ES LA LÍNEA EQUIDISTANTE LA QUE PERMITE ARRIBAR A UN RESULTADO EQUITATIVO. El límite marítimo entre las Partes deberá ser determinado en tal sentido.”

“10. En contraste, UNA LÍNEA DIVISORIA A LO LARGO DE UN PARALELO que comience en la costa, conforme a la pretensión chilena, NO CUMPLE EL REQUISITO FUNDAMENTAL DE ARRIBAR A UN RESULTADO EQUITATIVO y tampoco surge de acuerdo alguno entre las partes.”

“11. LA DELIMITACIÓN DEBE EMPEZAR EN UN PUNTO EN LA COSTA DENOMINADO CONCORDIA…”


Veamos:

1: ¿Respecto del punto 7 de la Demanda, la Corte nos dio la razón? Obviamente ateniéndose al Derecho Internacional Consuetudinario invocado por el Perú, la Corte dio por existente el límite marítimo entre Perú y Chile, que ambos países habían aceptado y suscrito en diciembre de 1954, en aquel acuerdo de pesca. 


Es decir, la Corte aceptó la validez del Derecho Internacional Consuetudinario, pero esta aceptación resultó adversa para el fondo de la demanda peruana.

2: ¿El punto 8 de la Demanda fue atendido por la Corte? La Corte asumió, como ya lo dije, que el límite marítimo entre Perú y Chile seguía a lo largo del paralelo que comienza en la costa. Pero por consideraciones que se exponen en el fallo (y que merecen un estudio para ser plenamente entendidas) decidió que esta línea paralela llegue solo hasta la milla número ochenta, desde la cual se trazó una línea hacia el suroeste. 

La Corte aceptó pero, digamos, a medias.

3: ¿Aceptó la Corte lo que la Demanda dice en el punto 9? Perú dijo en la Demanda que entre nuestros dos países NINGÚN ACUERDO HA SIDO ALCANZADO respecto a la delimitación de sus respectivas zonas marítimas”. Sin embargo la Corte dijo que sí: que existió ese acuerdo desde 1954, suscrito en el Acuerdo de Pesca. 

La Corte no aceptó.

4: ¿Fue aceptado por la Corte el argumento expuesto en el punto 10? Perú dijo que UNA LÍNEA DIVISORIA A LO LARGO DE UN PARALELO que comience en la costa, conforme a la pretensión chilena, NO CUMPLE EL REQUISITO FUNDAMENTAL DE ARRIBAR A UN RESULTADO EQUITATIVO. La Corte “le dio la contra” al Perú y tácitamente le dijo que la aceptar la línea divisoria a lo largo de un paralelo si corresponde a un “resultado equitativo”; por eso, hasta la milla 80, dispuso que se mantenga el paralelo. 

La Corte no aceptó.

5: ¿La Corte le dio la razón al Perú respecto del punto 11 de la Demanda? No. Definitivamente no. El Perú dijo que “LA DELIMITACIÓN DEBE EMPEZAR EN UN PUNTO EN LA COSTA DENOMINADO CONCORDIA”, y la Corte trasladó el punto de inicio al “Hito N° 1”, dejando de lado el “Punto Concordia”, lo cual ha dado lugar a que el presidente chileno exprese que "la confirmación por parte de la Corte, de que la frontera marítima comienza en el paralelo del Hito 1, ratifica el dominio chileno del triángulo terrestre respectivo".


La Corte no aceptó lo que planteó el Perú. Es decir, no le dio la razón.

Pregunto, finalmente: ¿La Corte Internacional de La Haya le otorgó al Perú el 70% de la demanda, tal como afirmó, emocionado, el Presidente Humala? 

__________________________
Lo que no sé es si, como lo anunció en el punto 14, el Gobierno del Perú, después de haber presentado la demanda hace seis años, la amplió, enmendó o modificó a lo largo del proceso. Es decir, si se hubiera agregado planteamientos o argumentos no dichos en la demanda que he tenido a la vista, probablemente el análisis y la evaluación arrojarían otros resultados.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LIBEREN A DIOS


Puse ahora en mi “muro” del Facebook esto:
Dios necesita ser libre, necesitamos que sea libre. Debería escaparse de las religiones. Hace falta que, motu proprio, ingrese en los corazones de la gente; no empujado por pastores, curas o dictadores.
Y a partir de ello se generó el siguiente diálogo:

Antonio Hdz Schz: La idea de dios y de libertad son opuestas.

Víctor Orlando Coral Cordero: Y entonces ¿qué es el libre albedrío? No hay idea de Dios, hay Dios y la libertad inconmensurable de negarlo, denostarlo, ningunearlo, rebajarlo, por parte de los hombres y sus mentes condicionadas.

Bernardo Rafael Álvarez: Sí, existe la libertad de negarlo.

Bernardo Rafael Álvarez: La idea de Dios y la idea de la Libertad no son opuestas. La paternidad no colisiona con la libertad. La idea de Dios tiene que ver con la paternidad creadora. Con la libertad colisionan los comportamientos opresivos. Las religiones -aun a pesar de las buenas intenciones que puedan haber movido la creación de ellas- sí colisionan con la libertad.

Antonio Hdz Schz: Dios es una idea opresiva. Un ser superior que determina lo que esta bien y mal. ¿Dónde esta la libertad de conciencia?

Bernardo Rafael Álvarez: La idea de que este ser superior determina lo que está bien o mal, no tiene nada que ver con la creencia o certeza de que existe. Ese es un tema de religiones. Las religiones sistematizan, racionalizan, organizan, administran la fe individual, que debe ser individual y libre. Y la capitalizan.

Antonio Hdz Schz: Si nadie tiene interés en la existencia de un instrumento, que necesita ser creado, por la inutilidad de ese instrumento terminara por dejarse de usar.

Bernardo Rafael Álvarez: La piedra apareció en la tierra no como instrumento, pero fue empleada como instrumento. Dios no es instrumento, pero las religiones lo emplean como tal. Que deje de ser tal no significa que desaparezca. ¿O sí?
Antonio Hdz Schz: ¿De qué hablamos? ¿Define dios?

Bernardo Rafael Álvarez: Sí. Define.

Bernardo Rafael Álvarez: Hay que hacer un esfuerzo: desprender el concepto Dios de las religiones y sus vicios. Olvidarse que es ese "viejito con barba luenga".

Antonio Hdz Schz: Definir lo que no existe es complicado, tú que crees dime de que hablas, para mi es sólo un instrumento de dominación

Bernardo Rafael Álvarez: Ahí está la cosa, pues. Para ti es eso. No para todos. No para mí.

Antonio Hdz Schz: Por eso, hablemos de tu dios

Bernardo Rafael Álvarez: El universo, todo lo que existe, ¿tuvo un comienzo o no?
Bernardo Rafael Álvarez: ¿Hubo un impulso, un Big Bang o lo que sea?
Bernardo Rafael Álvarez: ¿Hubo una fuerza o no?
Bernardo Rafael Álvarez: Esa fuerza, energía, impulso, punto de partida, casualidad, o lo que queramos llamarlo, eso, todo eso ha sido resumido en una palabra: Dios. Nada más. Y en eso creyó la humanidad desde el principio, y le dio diversas formas: fiera, astro, estatua, luz, etc. Y luego surgió la sistematización de esas creencias y aparecieron las religiones y los pastores y los dictadores, los dominadores. Y se convirtió en lo que dices: un instrumento, un instrumento de dominio, del hombre por el hombre. Pero eso no es esencialmente, no lo fue.

Bernardo Rafael Álvarez: Por eso hago la comparación tal vez descabellada con la piedra. La piedra existió antes del hombre, pero el hombre la usó como arma, como herramienta. dejó de usarse la piedra como herramienta, pero la piedra sigue existiendo. Dejar de usarla no hace que desaparezca.

Luis Enrique Alvizuri: Interesante tema. No hay que olvidar que la idea de Dios nace con el hombre, y sobre esa base se ha construido todo lo que somos. Ahora quizá podemos renegar de ello y decir que sabemos muchas cosas, pero todo lo que llevamos puesto lo debemos a la noción de lo divino: los números, el lenguaje, la cultura, el arte, etc. Nada nació con fines meramente prácticos, como hoy piensa el hombre moderno haciendo una retrospección de su presente en el pasado.

Antonio Hdz Schz: Quiero ser dios. Y todo lo bueno sea obra mía y lo malo de otros.
Luis Enrique Alvizuri: Para empezar a ser nuestro propio dios tendríamos que despojarnos de todo lo que "el otro" dios nos dio, o sea, todo. Tenemos entonces que empezar de cero, sin emplear las matemáticas ni nada por el estilo puesto que éstas nacieron con la idea de un dios universal antes de convertirse en números de contabilidad. ¿Está el hombre en capacidad de realizar este reto? Lo veremos.

Antonio Hdz Schz:Vale la pena el, esfuerzo, los fallos, los crímenes culpa de los otros, los aciertos cosa de dios. Eso se llama ser totalmente irresponsable.

Luis Enrique Alvizuri: El primer problema, nada sencillo, es que todo indica que el ser humano fue el que creó a dios y de él derivó todo lo demás. La pregunta es ¿qué tendría que crear ahora para sustituir todo lo hecho hasta el momento? Algunos piensan en la ciencia, pero la ciencia es también de origen mítica-mágica y todavía sigue empleando todos esos códigos y planteamientos (recordemos el mito de Adán y Eva en donde el hombre les pone "nombres" a las cosas y es el dominador de la naturaleza, algo que sigue haciendo hasta hoy). No es cosa fácil sustituir a un dios por otra cosa.

Antonio Hdz Schz: ¿Y para qué sustituir algo innecesario? Se elimina y punto.

Bernardo Rafael Álvarez: El ser humano creó el concepto "Dios". El ser humano creó el concepto "padre". La idea. La palabra. El concepto "Inicio", no el inicio. El significante; no el significado. Podemos sustituir la idea, el concepto, la palabra. Nada más. ¡Un abrazo, Luis Enrique!

Luis Enrique Alvizuri: Un abrazo para ti también, Bernardo.

Antonio Hdz Schz: Alfa y omega.

Bernardo Rafael Álvarez: J

martes, 3 de diciembre de 2013

LA VARGASIADA DE TILSA O LA TILSIADA DE VARGAS

Hace unos días, el 30 de noviembre, puse en mi muro del Facebook lo siguiente:

¿Usted cree lo mismo, es decir, que Tilsa Lozano podría ir presa por revelar que Juan Vargas le sacó los cuernos a su esposa con ella? Yo no. Hace un rato escuché al doctor Luis Tudela decir que sí, porque, en aras de la protección del derecho a la intimidad, "ella no puede revelar que ha tenido una relación con alguien, sin autorización de esa otra persona". Y en la nota periodística que aquí inserto, el abogado Julio Rodríguez afirma que a la "Conejita de Playboy" le aguardaría tal destino porque lo dicho por ella "pondría en riesgo" a la esposa del jugador y su delito sería "difamación agravada". Veamos. Lo que dice el doctor Tudela no es cierto. La violación de la intimidad, como delito, respecto de una relación digamos "clandestina" de dos personas que se aman (como es el caso de Tilsa Lozano y el "Loco" Vargas), no la puede cometer una de esas  mismas personas, sino un tercero. Veamos cómo define a este delito el Código Penal en su artículo 154°: "El que viola la intimidad de la vida personal o familiar ya sea observando, escuchando o registrando un hecho,palabra, escrito o imagen...". Ahora, si lo que la señorita Lozano cuenta es algo cierto, debo decir que lo que expresan estos reconocidos juristas se desmoronaría, sí o sí. Por lo siguiente: la difamación supone, básicamente, atribuir a una persona "un hecho, una cualidad o una conducta que pueda perjudicar su honor o reputación", y hacerlo público (Código Penal, artículo 132°). Además, respecto del derecho a la intimidad, debe tenerse en cuenta esto: la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 11º), se refiere al respeto de la honra y al reconocimiento de la dignidad, y señala que nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada. La señorita Lozano no ha hecho tal cosa. Y, además (esta es la parte chistosa) si lo que revela en sus declaraciones es la relación adulterina (mejor dicho: una "trampeada") que el popular "Loco Vargas" mantuvo con ella, es evidente que el tema nada tiene que ver con lastimar una honra. Así están las cosas, paisanos. En fin. Nunca he visto el programa de Beto Ortiz, pero ya me picó la curiosidad: hoy lo veré.

Un amigo hizo este breve comentario:

Psicosociales a la orden del día. Son realmente efectivos.

Yo contesté:

Incluso las afirmaciones de los abogados mencionados forman parte del espectáculo, lo estimulan: hablan del riesgo de cárcel (que no existe) para la chica con el objeto de alentar el morbo, la curiosidad. Eso está claro.

Después de muchas otras intervenciones, intervino otro amigo con lo siguiente:

Hay de por medio una familia, tres niños pequeños. Si a Ortiz y el canal que los promociona no les importa, sino el rating, Eso es una muestra de la moral en la que vivimos
.

Yo comenté lo siguiente:

Para la señorita Lozano, por lo que se la escuchó decir, la relación que mantuvo con el señor Vargas fue una relación bella y sana, y por eso ha hablado de ella, la ha contado. El señor Vargas, según sabemos, no quiso que la señorita Lozano diese a conocer por televisión que esa relación había existido, ¿por qué?; obviamente porque para él pudo haberse tratado también de una relación bella, pero no sana, es decir, él sabía que era digamos "pecaminosa". Si al darla a conocer a todo el mundo se afecta a una familia y a unos niños, eso no es culpa ni de la señorita Lozano ni del señor Ortiz, el conductor de televisión. Es culpa de quien, sabiendo que pecaba (que le era infiel a la madre de sus tres pequeños hijos, y que corría el riesgo del "destape", tan frecuente en estos últimos tiempos), no hizo nada por dejar de pecar. Así que, como se dice popularmente, caballero nomás. Es cierto que a un canal de televisión le importa muchísimo el "rating" y que hechos como el que nos ocupa son aprovechables, aunque para nosotros resulte tal aprovechamiento una inmoralidad; puede ser cierto también que programas como el del último sábado se conviertan en "cortinas de humo" para otros intereses. Puede ser cualquier cosa, pero (salvo que se demuestre lo contrario), la relación adulterina, pecaminosa, "inmoral", es decir, la "cochinadita", ha sido protagonizada por dos personas adultas, un hombre y una mujer, y esta, la mujer -por plata, por más fama o por la razón que pudo venirle en gana- simplemente la ha dado a conocer a los cuatro vientos. Creo estar convencido de que, al iniciar sus encuentros (que han durado muchos meses) con el futbolista, este no le hizo firmar un contrato por el que ella se comprometiera a guardar reserva o secreto de lo vivido con él. Y estoy ahora sí plenamente convencido de que ni ellos ni nadie le ha pedido a los canales de televisión que desempeñen las funciones de protectores o que sean una suerte de biombo detrás del cual puedan darse, con plena garantía de privacidad, los encuentros sexuales de parejas a las que les importa un bledo los niños pequeños que puedan estar de por medio, o la aparición de "cuernos" en estructura craneana de alguna mujer engañada. Tal vez a los medios de comunicación les corresponda el deber de contribuir a que la moral social no se lastime, pero quienes no solo deben contribuir también a eso sino, sobre todo, a vivir en moral, somos nosotros, los ciudadanos de a pie, famosos o no, con plata o no, futbolistas o vedettes, lustrabotas o poetas. Y si incurrimos en falta, en pecado, en delito, caballero nomás, paisanos! Pero, ahora, en el caso concreto que nos ocupa, hay que decir finalmente una cosa: parece que ni se ha dañado a una familia, ni mucho menos el cielo se da desmoronado. La madre de los hijos del señor Vargas ha declarado que las cosas en su hogar están ahora más sólidas que nunca. El piso está, pues, parejo.