A continuación expongo algunas explicaciones respecto de mi propuesta referida a un sonido muy particular en la lengua culli (en palabras como estas: Paranshyam, Mushyuquino, Conshyam, que son nombres de lugares; munshyo, el ombligo; cashyul, el choclo tostado; muganshya, tizón incandescente, pero sin flama, y también luz tenue). La propuesta de que aquí hablo la di a conocer, digamos que «formalmente», cuando publiqué por primera vez mi diccionario pallasquino (El habla del Conshyamino. Diccionario del castellano de Pallasca), en forma «virtual» o «digital», a través de la Web, el año 2008; sin embargo, unos años antes, ya prácticamente la había adelantado en el último párrafo del prólogo que redacté para El idilio de Cochapamba, libro de don Gilberto Demóstenes Gavidia P., publicado en junio del 2005.
Bien. En la nota introductoria de mi Diccionario Pallasquino puse lo siguiente: «Expresiones propias de esa lengua ya extinguida (el culli, cuyo último reducto fue precisamente Pallasca, como lo reconoció el estudioso francés Paul Rivet) son Chúrgape (el grillo) y estas otras, acerca se las cuales, creo que nadie ha puesto atención: Paranshyam, Mushyuquino (que son nombres de lugares) munshyo (ombligo), cashyul (el choclo tostado), muganshya (tizón incandescente pero sin flama y, también, luz tenue). En el listado de vocablos culli y toponímicos que Alfredo Torero inserta en su libro Idiomas de los Andes no incluye ninguna de estas expresiones, tampoco aparecen en la lista que hizo don Fernando Silva Santisteban (La lengua culle de Cajamarca y Huamachuco); y es extraño que estas voces no hayan sido recogidas por el obispo de Trujillo Martínez Compañón ni por el presbítero pallasquino Meléndez Gonzales. Y a mí me parecen muy interesantes y valiosas no solo por lo bellas que son sino porque ponen de manifiesto un sonido que no encontramos ni en el quechua ni en el español, y yo me atrevería a calificar como emblemático en la lengua culli; me refiero al fonema (consonante africada postalveolar sonora, en inglés, y también en culli) que yo he graficado (pues me parece lo más aproximado) uniendo el dígrafo “sh” con “y”, considerando que esta última letra representa un fonema consonántico palatal sonoro cuando no está aislada o se encuentra ubicada al final de palabra precedida de vocal; el sonido al que me refiero podemos encontrarlo, por ejemplo, en las voces inglesas “jam” (mermelada), “jean” (vaquero), “jew” (judío), y que en el Alfabeto Fonético Internacional (AFI) se representa con la grafía [ʤ]».
Este sonido –repito- he tratado de representarlo uniendo el dígrafo «sh» con la letra «y» (que, según el DLE, es la “Vigesimosexta letra del abecedario español, que representa, cuando aparece aislada o en final de palabra precedida de una vocal, el fonema vocálico cerrado anterior y, en las demás posiciones, el fonema consonántico palatal sonoro”). ¿Por qué lo hago? En castellano no existe palabra en que, después de una consonante, vaya la «y», y se la pronuncie como «i» («i latina»); eso ocurre solo “cuando aparece aislada o en final de palabra precedida de una vocal” (aislada, como conjunción: Juan y Pedro; al final de palabra precedida de una vocal: muy, voy, ley). Entonces, por estar frente a palabras que no son de origen español, sino culle, me pareció lo más conveniente hacer esta unión: «shy», en que la «y» no suena ni tiene que sonar como «i» («i latina», quiero decir), pues lo que sigue es una vocal («Conshyam», por ejemplo), lo que hace que su sonido se convierta en “consonántico palatal sonoro” («Consh/yam», y no «Conshi/am»). Repito, no es, naturalmente, la representación exacta del sonido culli, que -haciendo uso del Alfabeto Fonético Internacional (AFI)- sería [ʤ], pero si es la más aproximada, usando las grafías del alfabeto común).
A
las palabras que he puesto especial atención en un acápite anterior, por su
componente fonético muy particular, debo sumar las siguientes, por ser
igualmente valiosas; se emplean en el distrito de Huandoval, según he podido
documentarme en un libro publicado por la lingüista sanmarquina María del
Carmen Cuba, titulado, precisamente, «Vocabulario de Huandoval»: conshyo
(color blanco salpicado por manchas rojas o a la inversa); chamshyo (gusano blanco con
cabeza roja, cuyo alimento es la papa aún no cosechada); chinshyo (también
conocido como chincho que es más o menos parecido al huacatay); cuyam,
o cushyam, que es, obviamente, solo una variación del ya mencionado
conshyam (tierra húmeda o pantanosa) y cushyul, expresión que en
el distrito de Pallasca se ha «castellanizado» como «currulla» (es una
suerte de coerción festiva con la que se le saca a alguien de su casa para que
brinde su colaboración en un trabajo).
·
Paranshyam, y no Paranyam,
Parandyam o Parangam;
·
Mushyuquino, y no Muyuquino,
Mudyuquino o Muguquino;
·
Conshyam, y no Conyam, Condyam o Congam;
·
Munshyo, y no munyo, mundyo, o mungo;
·
Cashyul, y no cayul, cadyul o cagul;
· Muganshya, y no munganya, mugandya o muganga.
Y, claro, no sería razonable intercalar dentro de una misma palabra culli (salvo en el contexto de una explicación académica), símbolos del alfabeto fonético con letras del alfabeto común, como esto, por ejemplo: “Conʤam”. (Una precisión adicional: el sonido al que he puesto atención en esta nota no corresponde, exactamente, a los dígrafos «sh» [por eso yo lo uno con «y»] o «ch»; es decir, no se pronuncia, por ejemplo, [mu-shu-kíno] ni mucho menos [mu-chu-kíno]).
© Bernardo
Rafal Álvarez
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