viernes, 19 de diciembre de 2025

CONTANTE Y SONANTE (y hasta cantante): el «chinchín» del brindis


Lo digo –aunque a la ilustre y docta corporación matritense le hierva bilis y hasta, quién sabe, quiera excomulgarme (ya les contaré de algo que ha ocurrido hace poco y que es casi como lo que acabo de decir)–: el «chinchín» que muchos expresan, mientras dan un par de golpecitos con las copas o vasos de cristal, cuando hacen un brindis, no tiene nada que ver con alguna simpática palabrita de origen chino ni nada por el estilo. 

El origen de este «chinchín», es, simple y llanamente, onomatopéyico; se trata de una alusión medio juguetona al sonido de las copas o los vasos de cristal al chocar entre sí, durante el brindis; dos golpecitos: «¡chinchín», y nada más. Y, claro, su continuo empleo ha hecho que deje de ser simple repetición de un sonido y haya terminado adquiriendo un indudable significado como vocablo; el «¡chinchín» es, ya, sinónimo de la interjección que, durante un brindis, se expresa como un buen deseo: «¡Salud!». Y, según tengo entendido, incluso en Italia se usa; pero, claro, allí la escritura es «cin cin» lo que, sin embargo, no supone una variación fonética (chinchín). El «chinchín», pues, se ha lexicalizado, habiendo adquirido (en su uso durante los brindis) el significado de «¡Salud!».

Ahora, el «qing», vocablo chino cuyo ideograma es , al cual se refiere la RAE, no significa «Gracias» sino, según me informan, «Por favor». «Gracias», según he averiguado en el Traductor Google, es esto: 謝謝 Xièxiè y su pronunciación aproximada es algo así: /shie shie/ que, obviamente, es diferente al «chinchín» del que estamos hablando. El «qing», es cierto, suena «chin»; pero, como ya vimos, es otra cosa y ninguna relación tiene con el «chinchín» del brindis. 

La presunta etimología propuesta y, sin duda, defendida por la RAE (pero, felizmente de modo cuidadoso, pues emplean el condicional «podría») no resiste ningún análisis serio. 

Finalmente, insisto, el «chinchín», motivo de la presente nota, está relacionado, simple y llanamente, con el sonido producido por dos vasos o copas de cristal al ser golpeadas levemente al momento de hacer un brindis; su origen es, pues, onomatopéyico. Esta es la explicación razonable y rigurosa. Cosa parecida ocurre también con esa casi común expresión popular referida a un pago que se hace en efectivo; es decir, en «contante y sonante»: con billetes que se cuentan, uno tras otro, y monedas que al ser manipuladas generan este sonido: «¡chinchín». Es que, como se ve, no hace falta tener que incursionar en lenguas ajenas y mucho menos en una tan complicada y medio misteriosa como la lengua de Confucio (el chinito japonés –¿recuerdan– que inventó la confusión 😀). Bien. 

¿Y lo de «cantante»? Pues, la respuesta la encontramos, naturalmente, en el simpático y valioso representante peruano de la «Nueva ola» cuyo «nombre de pila» es Santiago Rogelio Farfán Holguín pero que en el ambiente artístico todo el mundo lo conoce, simplemente, como Jimmy Santi y que, entre otras canciones, tiene «Sabor a salado» y «Mira cómo me balanceo». La referencia a este gran artista es, específicamente, por una de sus canciones más famosas, algunos de cuyos versos son estos: «Chin chin / ven a brindar / chin chin / por nuestra amistad / chin chin / a tu salud /chin chin / que viva la juventud». Como es fácil advertir, allí el «chin», solo o repetido, no es, ni por remota aproximación, sinónimo de «por favor» ni mucho menos de «gracias» (como parece creer la RAE). Se trata, una vez más, de lo que ya vimos desde el principio: golpecitos de las copas, en el brindis, como expresión de buenos deseos por la amistad, la salud y la juventud. El compositor de la canción no ha tenido que «quemarse las pestañas» buscando alguna palabra curiosa en un idioma tan lejano; le bastó lo que es elemental: representar el común y corriente sonido de dos objetos de cristal al ser golpeados suave y graciosamente en un ambiente de alegría, nada más. 

Todo clarísimo, ¿verdad? ¡Sí, clarísimo! (Ahora, esperemos que en una próxima actualización del Diccionario los ilustres académicos se atrevan, después de un brindis, tal vez, navideño, a disponer las modificaciones pertinentes). ¡Un abrazo, amigos!

 

© Bernardo Rafael Álvarez