martes, 19 de febrero de 2019

APOLOGÍA DEL REGGAETTON (mi comentario impopular, como casi siempre)


Esto que aquí escribo, tal vez no sea apto para aspirantes a la santidad. Pero -aun pidiendo las disculpas del caso, anticipadamente: como parche antes de la herida- tengo que decir, de frente y sin anestesia, ¡no a la mojigatería en pleno siglo XXI! 

Es que lo que voy a afirmar seguidamente tal vez les parezca una apostasía y, por ello, puede que quieran recomendar que se me excomulgue. ¿Saben una cosa? El reggaeton es arte, señores. Aunque parezca -o, de hecho, sea- grotesco -ya en la forma de bailarlo, ya en muchas de sus letras insinuantes o directamente sexistas o machistas, incluso en lo desaforadamente ofensivo de sus propósitos- el reggaeton es y no dejará de ser arte. 

Explico. No toda manifestación artística tiene que ser agradable para todos. En música, no todo tiene que ser villancicos, poemas sinfónicos, valses vieneses o "estas son las mañanitas", o solo el estremecedor Carmina Burana de Carl Orff; como en pintura, no todo tiene que girar alrededor de la Mona Lisa o La Ultima Cena (de Leonardo, o La procesión de la papa (de Gerardo Chávez); ni en poesía debemos mandar al tacho los poemas desvergonzados de Cátulo o de Bukowski, o los Documentos Secretos de Sodoma, de Espinoza Sánchez (que no son precisamente églogas o madrigales ni sonetos a la rosa),  y quedarnos con "las oscuras golondrinas" de Bécquer o el Poema 20 de Neruda, o las Cartas secuestradas de Gonzalo Rose. 

Estética -sépase- no es la apología de "lo lindo o bonito"; la estética nos permite o nos da, digamos, lo que podríamos llamar (permítaseme esta licencia) las "herramientas conceptuales" para poder valorar lo que es bello, elegante o sublime, pero también lo feo (es decir, lo que se percibe por los sentidos); no nos propone ni menos nos impone exigencias para asumir que bello es lo que no nos desagrada (en otras palabras, no conduce nuestros gustos): si no me gusta, por ejemplo, El vuelo del Moscardón, de Rimski-Kórsakov, pues no me gusta y punto, por más explicaciones que quisieran darme; ya lo dice el dicho: respecto de gustos y colores no han escrito los autores (ah, pero, por si acaso, a mí me encanta "El vuelo del moscardón"). Y, otra cosa, el arte no es un manual de urbanidad y buenas costumbres o de etiqueta social; y en esto nada tienen que ver lo "ético" o lo "moral". 

Hay arte bello, feo, sublime, elegante: el que nos puede sumir en el llanto, en la profunda meditación, puede enardecer nuestro ánimo, soliviantarnos, darnos paz, hacernos exclamar "¡Qué lindo!", dejarnos estupefactos, resultarnos deplorable y hasta emético, incluso puede excitarnos sexualmente, darnos asco y hasta hacernos pensar que estamos ante algo inmoral; sin embargo, no porque pudiera ocurrir eso, el arte dejará de ser arte). Y, naturalmente, lo aquí dicho vale, también, para la poesía: en ella no todo es ni tiene que ser solo “nobleza” o "excelsitud".[1] 

Pregunto: ¿Las pinturas de arte abstracto, gustan a todo el mundo? Hay quienes creen que solo son manchas sin sentido ni significado, que son disparates. ¿Acaso por eso dejan de ser obras de arte? Las "malas palabras" no están ni tienen que estar vetadas en poesía, tampoco la sensualidad ni la insinuación sexual. Que hay arte grotesco, sí, lo hay; pero si usted no está dispuesto a escucharlo, verlo o bailarlo, es fácil: simplemente no lo haga, pues. Como en cosas de la televisión, en arte también podemos manejar el control (remoto, o cercano): tenemos la capacidad y el derecho de elegir. 

Siguiendo al Diccionario, para que la cosa resulte menos tediosa (y porque, además -ustedes ya lo saben-, yo no estoy para meter en mi escritura tecnicismos de "intelectuales" ni enrevesadas expresiones "cultas"), diré que toda "manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros", es arte; y lo es, más aún, cuando genera efectos -cualesquiera que sean- en una o varias personas: gozo y placer, emoción que puede llevar al llanto, dar paz, ser estímulo para la meditación, sublevar el ánimo, asombrarnos o dejarnos perplejos, ennoblecer el espíritu, darnos rabia, asco, solo divertirnos, etc. (Incluso -aunque a algunos se les revuelva la bilis- debo decir que en muchas películas pornográficas también hay arte). 

Ah, otra cosa. Tengo que decirlo, también, sabiendo que puedo ganar el infierno por ello. El por muchos maldecido reggaeton también es literatura, como lo es (no estoy haciendo comparaciones en cuanto a calidad, por si acaso) un canto de la nueva trova, un bolero, un himno patrio o religioso, un yaraví, etc. 

¿Una obra de arte merece o debe merecer la aceptación consensual de todos? Ojalá fuera así, pero no siempre lo es. También es válida la existencia de detractores y, aunque no lo crean, incluso de asquientos.  

En arte, la libertad está por encima de todo, señores. Es, sobre todo, un rechazo a la sumisión. El arte y la poesía no son el brazo armado de la moralina, sino la expresión "impura" de la libertad. ¡No al "uniforme único"! (al menos en cuestiones de arte y de poesía). 

De lo que se trata, como decían los Saicos, es de "¡demoler, demoler, demoler...!". A demoler las prohibiciones y las inhibiciones. Que ningún gobierno o autoridad quiera administrar el placer ni la alegría de la gente, y tampoco la imaginación creadora. (Lo que acaba de ocurrir en Cuba, por ejemplo, es completamente reprobable y torpe: han prohibido el reggaeton; bueno, allí impera el reino de las prohibiciones y la real decadencia). El arte es y tiene que ser libre; y la gente también debe ser libre para elegir lo que le guste. ¡Abajo la censura! Usted, solo usted es quien debe decidir en gustos y colores: ¿Le gusta el reggaeton? Apláudalo sin remordimiento, si lo desea; pero si no le gusta, ódielo con pasión y rabia si quiere, hable pestes de él y de sus intérpretes: nadie se lo va a prohibir. Repito, ninguna manifestación artística tiene que gustar a todos. Pero, de que el reggaeton es arte, no lo dude: lo es de cabo a rabo, aunque haya intelectuales probablemente "arios" que digan lo contrario.[2]

                                                Bernardo Rafael Álvarez 

 

 



[1] Y esto no es nada nuevo. ¿Recuerdan Carmina XVI, el famoso poema de Gayo Valerio Cátulo? Fue escrito hace veintidós siglos y comienza con estos versos: Paedicabo ego vos et irrumabo / Aureli pathice et cinaede Furi, / qui me ex versiculis meis putastis, / quod sunt molliculi, parum pudicum. (Tradúzcanlos y verán).

[2] Les propongo algo que puede serle muy útil: el "método" del descarte, para comprobar si el, por muchos repudiado, género aparecido en Puerto Rico es o no es arte. Solo pregúntense: si no es arte, ¿qué cosa es?, ¿es ciencia, filosofía, gramática, agricultura, astronomía? ¡Es arte, pues!