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domingo, 4 de octubre de 2020

MONSE, MONSE, MONSE... / Un peruanismo en el Diccionario de la Lengua Española

 

Imaginemos: «Es la hora del almuerzo y me dispongo a ingresar en un restaurante, donde pido que me sirvan un menú: sopa de casa, lentejas con arroz y crema volteada. Consumo todo el segundo y el postre, pero -tras probarla- dejo la sopa. Enseguida pido la cuenta, y el mozo, que se acerca con un papelito en la mano, me pregunta: "¿Señor, por qué no comió la sopa?" y yo, medio fastidiado, le digo que no la comí porque era una sopa aburrida. Él se queda perplejo, con las monedas que le di en la mano, y yo me voy».

Historia absurda, ¿verdad? Claro. Y, sin ninguna duda, ustedes han detenido la mirada en una sola palabra, que es la causante del «siniestro» o «vandalismo» lingüístico. Sin embargo, aunque parezca increíble, hay razones para afirmar que todo anda bien en el texto; «académicamente» bien, quiero decir. Explico.

Para referirnos -calificándolo- a algo que nos resulta desagradable (por -según de qué se trate- su sabor, sus formas, sus colores, su modo de ser, etc.), podemos decir: feo, horrible, atroz, insufrible, en fin; pero, particularmente, en el Perú, tenemos además un muy simpático adjetivo de uso coloquial, cuyo origen es incierto. Decimos «monse». «-¿Qué te pareció esa película? // -Monse"; «-Quiero ponerme esta camisa, ¿qué te parece? //-Ponte otra, porque esta es monse»; «¿Has visto? Qué monse el pata con el que sale Isabelita»; "Este Congreso es el más monse de los últimos tiempos».

Bien. El Diccionario de la Lengua Española (DLE)*, registra lo siguiente, respecto del peruanismo que acabo de mencionar: «adj. coloq. Perú. aburrido». Una sola palabra y, ¡saz!, la definición. Y, como sabemos, cuando una palabra es definida con otra y no con una frase explicativa, simplemente estamos ante dos sinónimos, y no exactamente ante una palabra y su significado. Ergo: «monse» es sinónimo de «aburrido». Y, obvio, si esto es así quiere decir -como lo di a entender en la historia que puse al principio- que, a la inversa, lo que es monse es eso: aburrido.

En otras palabras, ateniéndonos a lo que afirma la «docta corporación matritense», en nuestro país resultaría gramaticalmente correcto calificar a una sopa desagradable -es decir, monse- como aburrida, que causa aburrimiento. Pero no, no es así.

¿Por qué? Porque «monse», es un adjetivo peruano -efectivamente, de uso coloquial- que no tiene uno, sino varios significados que, en realidad, son sus sinónimos: desagradable, feo, malo, insípido, sin importancia, de baja calidad; y, claro, también es usado para referirse a una persona aburrida, pero -entiéndase- no precisamente porque «aburrido» sea sinónimo de «monse», sino porque una persona aburrida (que por su modo de ser nos genera aburrimiento) no nos cae bien que digamos, es decir, es desagradable, nos resulta insípida: es monse, pues.

Lo que ha hecho la Academia -erróneamente, por mal aconsejada- ha sido admitir y registrar como acepción de «monse» solamente una, pero la menos acertada: «aburrido». 

Creo que una de las más aceptables definiciones es la que consigna Lauro Pino en su librito Jerga Criolla y Peruanismos**: «Monse. adj. De escasa calidad» (una película monse, por ejemplo). 

No fue, naturalmente (de esto estoy convencido), la Academia Peruana de la Lengua la que contribuyó con este pobre y lamentable aporte semántico (en la vigésima segunda edición -año 2001- del Diccionario ya está); tampoco el Diccionario de Peruanismos*** de Juan Álvarez Vita, cuya primera edición es de 1990; digo esto porque la acepción «Perú. 1. Adj. coloq. Aburrido», considerada por el diplomático y lexicógrafo peruano, recién aparece en la 2a. edición de su repertorio, publicada el año 2009 (en la anterior, de 1990, se decía: «Dícese de una persona mediocre». Lo cierto es que, como en otros casos, la RAE falló (segunda acepción de "fallar": no acertar, equivocarse).

No fue, repito, la Academia Peruana de la Lengua, institución fundada por Ricardo Palma en 1887, porque creo que es una de las más cuidadosas instituciones de la Asociación de Academias de la Lengua Española, ASALE; el Diccionario de Peruanismos que publicó el año 2016 es, me parece -a pesar de ser perfectible- muestra de ello. Veamos cómo define al vocablo de marras el lexicón elaborado por un equipo de lexicógrafos, bajo la dirección de Julio Calvo Pérez: «1. adj./com. ‘coloq’. Que carece de astucia, destreza y habilidad»; y también: «2. Adj.<Referido a personas, animales, cosas o hechos> Aburrido, incapaz de divertir»; y pone estos ejemplos: "Un delincuente, o mejor dicho un choro monse ingresó a robar a un hotel pero terminó herido en el rostro, nada menos que por su propia arma" (inexperto, de «mala calidad»); «la fiesta es el verdadero aburrimiento; o sea está recontramonse» (al ser aburrida, se convierte en desagradable: monse). Definitivamente, esto es mucho mejor que lo hecho por la RAE.

La de la RAE es, pues, una definición monse. 

La pobre y desacertada definición que encontramos en el DLE hubiera resultado razonable si es que, al menos, hubiesen agregado una explicación, o algún ejemplo ilustrativo. Ojalá en una siguiente edición, la cosa cambie (¿Será pedir peras al olmo? Seamos optimistas****).


_____________

*Real Academia Española: Diccionario de la Lengua Española. Vigésima Segunda Edición. Madrid, 2001.

**Lauro Pino: Jerga Criolla y Peruanismos. Industrial Gráfica S. A., Lima, 1968.

***Juan Álvarez Vita: Diccionario de Peruanismos. 2a. Edición, Lima, 2009.

****Optimistas, sí. Porque pareciera que no está tan lejos la posibilidad de que en el DLE el vocablo monse aparezca mejor definido. Al menos en el Diccionario de americanismos (2010) (publicado por la Asociación de Academias de la Lengua Española, ASALE) ya hay un avance, que la RAE tal vez tome en cuenta:  "monse. // I. 1. adj/sust. Pe. Referido a persona, tonta, torpe. pop. // II. 2. adj. Pe. Referido a cosa, aburrido".

 

                                                                                                                          © Bernardo Rafael Álvarez

domingo, 20 de septiembre de 2020

LAS "INDESEABLES" REDES SOCIALES*


Mario Vargas Llosa dice (al pie está el enlace): “Solo la literatura le enseña a uno las enormes posibilidades que tiene la lengua que utiliza para comunicarse..."  

 

Con todo respeto, debo decir que no es cierto lo que usted dice, don Mario. No solo la literatura hace eso.   

 

Esto que a usted le asquea -las "redes sociales"- no solo enseña (de "dar lección") sino, además, pone de manifiesto indiscutiblemente -en la práctica- las más inesperadas posibilidades y maneras de comunicarse. Incluso los emoticones y la virtual deconstrucción de las palabras, digamos convencionales, son muestra de ello. 
 

Las "redes sociales" han logrado hacer -"en dos trancazos", "en un dos por tres", en un solo clic- lo que la literatura -parsimoniosa, lerda- va logrando tímidamente en años: asimilar las maneras de comunicarse de la gente, de los pueblos. Y no son un atentado contra la precisión, la claridad y la coherencia: un "tkm", un "100pre", un ☺, etc., son -aunque usted no lo crea, o no quiera creerlo- precisos, claros y coherentes (y no son cosas de literatos), y son un aporte a la comunicación, la enriquecen.

  

Es que, la verdad, la literatura no inventa formas de comunicación, solo las asume (repito: tímidamente). Son los usuarios de la lengua y entre ellos especialmente los de los bajos fondos (y, ahora, los usuarios de las redes sociales), los que le dan movilidad y sobre todo fecundidad -creando nuevas palabras o dándoles nuevos significados a las ya existentes, etc.- y no tienen que pedir autorización a la Academia para ello. ¿La literatura hace eso? Muy, pero muy raramente. 

  

No existe una ley (divina, natural, jurídica o académica) que obligue a que la comunicación humana se dé sobre la base de directivas emitidas por alguna institución como la RAE, por ejemplo. Que haya personas honorables ("eliotianas",  obviamente, es decir medio "arcaicas" ☺), como usted, por ejemplo, a quienes esto no les gusta o que se horrorizan, es otra cosa. Pero la comunicación es así, pues: el anquilosamiento no es parte de su naturaleza ni es su condena; la renovación constante es su virtud. 

  

La comunicación es una manifestación de la libertad (y de democracia). 


__________

*   Hacer clic:  Lo dicho por Vargas Llosa.

viernes, 2 de febrero de 2018

LA QUINTA ACEPCIÓN DEL ADJETIVO “FÁCIL” Y LAS MARCAS DE USO



“A una culpáis por cruel / y a otra por fácil culpáis"

En un sitio Web, llamado “elespanol.com”, se dice que “La RAE llama 'fáciles' a las mujeres que tienen sexo con quienes desean". Falso. No es la RAE quien le atribuye ese significado al adjetivo “fácil”. Lo que la Academia ha hecho, al actualizar recientemente el Diccionario (diciembre, 2017), ha sido, únicamente, incluir como quinta acepción, aquello a lo que todo el mundo suele referirse (incluso mujeres): "Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales"; es decir, ha reemplazado lo que aparecía en la anterior edición como cuarta acepción: "Dicho de una mujer: Frágil, liviana". No otra cosa ha ocurrido.

Claro, no se ha agregado a esa precisión semántica ninguna "marca de uso" en que se señale, por ejemplo, que se trata de una expresión “peyorativa” o “irónica”. Es que no hacía falta hacer alguna indicación en tal sentido.

¿Acaso no debió haber sido insertada en el Diccionario oficial la referida acepción por ser "ofensiva" o "machista"? Un Diccionario es, digamos, un acervo de las voces, palabras o dicciones que usan los pueblos y no un muestrario de lo que "debemos usar" para comunicarnos, ni una norma de carácter legal que nos prohíba usar lo que los académicos a las "oenegés" no quisieran que usemos; y tampoco es un catecismo o vademecum de moral y buenas costumbres.

Las marcas de uso en el diccionario. Las "marcas de uso" son indicadores abreviados que se anteponen, en el Diccionario, a la acepción de casi todas las palabras, con el objeto de informar o tratar de explicar sobre las particularidades que se dan precisamente en el uso de esas palabras; particularidades en cuanto a nivel de lengua, registro de habla, intención del hablante, valoración del mensaje. Entre otras, estas son las marcas de uso que aparecen en el Diccionario de la Lengua Española: <<malson.>>, <<peyor.>>, <<despect.>>, <<irón>>, <<coloq.>>, <<vulg.>> (malsonante, peyorativo, despectivo, irónico, coloquial, vulgar). Repito: se refieren a las particularidades que se presentan en el uso de las palabras. Nada tienen que ver con la calificación que, por propia cuenta, quisiera adjudicar la Academia (o los académicos); no se plasma allí, en esas abreviaturas, lo que "sienten" u opinan los miembros de la ilustre corporación matritense.

En otras palabras, no es porque a ellos les haya parecido "fea", por ejemplo, la palabra "carajo", la razón por la que le han antepuesto la marca <<malson.>>, sino porque así la entendemos prácticamente todos los usuarios de la lengua, los hablantes; como sabemos, nunca un "carajo" es dicho para engreír a alguien, sino para hacerle sentir mal, y hasta a los niños se les prohíbe usarlo: "No hables lisuras". Por ello, y no por otra razón, antes de la definición de esta palabra y después de la letra "m" (masculino), podemos leer la abreviatura "malson." (malsonante).

¿Ocurre lo mismo con el adjetivo "fácil"? No, pues. A este adjetivo, el Diccionario le antepone solamente esta abreviatura "adj." que no es "marca de uso" ya que solamente a la naturaleza gramatical del término (o sea, indica que es adjetivo y no sustantivo). Bien. El quinto significado de este adjetivo que leemos es: "Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales." ¿Por qué no le antepusieron ninguna "marca de uso"? Creo que –como ya lo dije- porque no hacía falta. El adjetivo "fácil" no es malsonante, peyorativo, despectivo, irónico, ni negativamente vulgar.

Algo más. En el Diccionario encontramos esta otra palabra (que es sustantivo), "prostituta", con la siguiente acepción o significado: "m. y f. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero". Como se ve, solamente se le ha antepuesto las abreviaturas "m." y "f." ("masculino" y "femenino") y ninguna marca de uso. En cambio, su sinónimo -la palabra "puta"- en la cuarta acepción, sí va precedida de una marca de uso; dice así: "m. y f. malson. prostituto". ¿Por qué? Porque eso es lo que es, en realidad: la palabra "puta"; a diferencia de "prostituta", nos suena horrible, es decir, es malsonante (¿o me equivoco?).

Algunos (especialmente “oenegés”) han dado el grito al cielo por la inclusión en el Diccionario de la ya mencionada quinta acepción del adjetivo "fácil". Yo pregunto: ¿por qué debemos asumir como ofensivo y deplorable el adjetivo "fácil", referido especialmente a la mujer "(q)ue se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales", y no pensamos lo mismo, por ejemplo, respecto del sustantivo "prostituta", asignado a la mujer "que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero"? ¿Una de las dos situaciones nombradas es reprobable y la otra no? 

Bueno, ahora me permito citar a Sor Juan Inés de la Cruz, la inmensa poeta del siglo XVII. Ella nos revela, entre otras cosas, que el adjetivo "fácil", con el significado hoy "maldecido" por algunos, no es nada nuevo. En su muy celebrado poema "Hombres necios" podemos leer lo siguiente: "Siempre tan necios andáis / que con desigual nivel / a una culpáis por cruel / y a otra por fácil, culpáis". 

Finalmente, insisto con la pregunta que hice al principio respecto de la quinta acepción del sustantivo "fácil": ¿no debió, la RAE, haber incluido en el Diccionario, esa acepción por "ofensiva" o "machista”?