A continuación transcribo los comentarios hechos -respecto de mi librito El habla del Conshyamino (Diccionario del castellano de Pallasca)- por el lingüista y lexicógrafo español Julio Calvo Pérez, a quien, por supuesto, agradezco profundamente:
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En el libro LEXICOGRAFÍA PERUANA (2018):
«Bernardo Rafael Álvarez
(2008): El Habla del Conshyamino (Diccionario del castellano de
Pallasca). Lima, Cactus Ed. Se trata de una obra de 230 páginas en que se
refleja el habla de Pallasca, último reducto donde se habló culle y, por tanto,
donde más esperable es encontrar étimos de esa lengua extinta; este y otros
asuntos etimológicos los trata con especial cuidado el autor de este
repertorio. El concepto de pallasquino, si se me permite incidir en este
localismo, abarca con buen criterio del autor los términos usados también en
otros lugares, pero con cambio de significado en Pallasca, y los usuales en
otros lugares que tienen especial arraigo en este lugar de la geografía
peruana. Palabras identificativas como los apelativos cho (chi / <cholo /
<china) figuran igualmente en el conjunto. Tampoco se descartan palabras más
cultas que, sin embargo, emplean los hablantes pallasquinos, orgullosos de su
variedad idiolectal. Hasta aquí la introducción (11 páginas sin numerar). La
continuación es un extenso vocabulario de cerca de 200 páginas con un listado
principal y el apéndice recuperado después (160 + 35 páginas).
En el vocabulario se narran historias (como en yanaza), se suman nombres propios (como Ututo), se añaden locuciones contractas (como yasque <ya es que /<ya dices que), creaciones antropónimas (como vilche "torero' <Vilchez) o concreciones puntuales (como víspera 'el 23 de junio' aplicable en principio a la fiesta de San Juan). También se recogen quechuismos (como trumaña 'arco iris'), espines (como tratar por 'tratar mal'; ej. Le dio su trata), compuestos (como 'Tiralazo'), locuciones (como qué cuenta tengo = 'qué me importa'), palabras simbióticas (como tataco, relacionada con 'Tato' y 'retaco'), deformaciones de significante (como taplear por chaplear <q. Ayac. Chaplay /q, CU. chhapllay 'comer, sacando directamente de la olla con la mano'), palabras no identificadas (como shiraque) e incluso vocablos inexistentes que, por desafuero, les hace penetrar el autor en el idioma (como el célebre tascar dianas de Trilce, cuyo significado, sin duda, es el de 'ir desgranando días en la vida de las personas, como quien las mastica al igual que el caballo que muerde el freno o el agricultor que quebranta el cáñamo). El resto son palabras enigmáticas como shagol o procondia). Otras como queresa, remedar o resuello son palabras generales del español, que debieran estar ausentes de este listado. Muchos de esos vocablos son quechuismos como picsha y piruro; de otros se desconoce su procedencia como pecche (quizá <aimara 'p'isqi') etc.
Una página nos servirá para ver cómo está confeccionado este vocabulario que he revisado hasta la O, de atrás adelante:
1. Las palabras se suceden en explicaciones
antropológicas o etnográficas, con alguna apoyatura etimológica. Rafael lo hace
a la manera de Arona, autor que ha influido mucho en la lexicografía posterior
en el Perú. A veces la palabra se caracteriza gramatical o pragmáticamente
(como ñurda 'expresión coloquial para referirse a los zurdos'; sería
entonces 'la mano zurda'), otra se vale del metalenguaje primero (ñongo
tronco grueso de árbol...').
2. Hay referencias particulares a personas
concretas en el 'hic et nunc' de la recogida de material (como en ñurda
y ñongo), lo cual tiene valor meramente testimonial como el del que
escribe sus memorias.
3. Entre las posibilidades de registro están los
vulgarismos y barbarismos, palabras de nivel bajo que muchos recolectores no
aceptan porque al final la lengua en uso, el habla, ya ha dado una solución que
es compartida por la mayoría ('olluco' es voz general, pero olloco es
solo un uso circunstancial, popular o vulgar, que debe desestimarse, aunque se
recoja en repertorios). Ahora bien, cuando se produce una adaptación con este
significante a otra realidad, la palabra puede darse por aceptable (olloco
como 'excrecencia que crece en el cuello de los pavos').
4. A algunas palabras o expresiones vulgares se les
dota de trascendencia como a la locución ni'onde.
5. Cuando se precisa, se vuelve a los diccionarios
antiguos para determinar el origen y significado de las palabras (como el
quechuismo oque)».
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En el libro TEORÍA Y PRÁCTICA DEL LÉXICO PERUANO (2021):
«Bernardo
R. Álvarez (2008), que aporta léxico de Pallasca, gusta de iguales veleidades
léxicas. Como escribí en su momento:
En el vocabulario se narran historias (como en yanaza), se suman nombres propios (como Ututo), se añaden locuciones contractas (como yasque < ya es que / ya dices que), creaciones antropónimas (como vilche ‘torero’ < Vílchez) o concreciones puntuales (como víspera ‘el 23 de junio’, aplicable en principio a la fiesta de San Juan). [Es decir que] Las palabras se suceden en explicaciones antropológicas o etnográficas, con alguna apoyatura etimológica.
De modo que Álvarez lo hace a la manera de Arona,
autor que ha influido mucho en la lexicografía posterior en el Perú, sobre todo
en provincias o a petición de afronegrismos (como Romero 1988); por los cuatro
costados diría yo a tenor de los antecedentes. Aunque también es cierto que no
todos los recopiladores se han dejado llevar por sus “amenidades”; entre ellos,
Ugarte Chamorro (1997), que se decanta por una línea más uniforme, académica,
en la sucesión de sus entradas, así como Álvarez Vita (1990, 2009) y Calvo et
al. (2016), aunque con objetivos todavía alejados del gran desafío de nuestro
siglo: la factura de un diccionario completo del castellano peruano en
consonancia con la meta global con la que soñaba Palma».