Según lo que
afirma la Real Academia Española (RAE), a través del Diccionario
Panhispánico de Dudas (DPD), «Desde el punto de vista
etimológico, lo más correcto, y también lo más recomendable en el uso culto, es
decir la "alma mater", y no el "alma
mater", ya que la palabra alma es en latín un adjetivo, no un
sustantivo, y el artículo la únicamente se transforma en el ante
sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (→ el, 2.1). Es invariable
en plural (→ plural, 1.11): las "alma mater"».
Y agrega esto: «Es impropio,
aunque frecuente hoy, el uso de esta locución con el sentido de 'persona que da
vida o impulso a algo': "La galerista Elba Benítez […] es el alma
mater de este plan" (Cultural es 2.1.2003). Este uso inadecuado se
debe a la confusión entre el adjetivo latino alma (fem.
de almus 'que nutre o alimenta') y el sustantivo español alma (del
lat. anima). Al considerar erróneamente la palabra alma como
un sustantivo, se antepone en estos casos la forma el del
artículo».
O sea, lo que, básicamente,
podríamos entender es que, por tratarse de un adjetivo y, además, por ser voz
latina, aquello de la cacofonía, debida a la «a tónica», en este caso no
funciona o no debe ser tomado en consideración; es decir, que debe ser pasado
por alto, y que lo correcto es usar el artículo femenino. En otras palabras,
resumiendo, asumiríamos que la «regla» referida a la cacofonía solo debe ser
«aplicada» en casos de vocablos estrictamente españoles y que, además, solo
sean sustantivos, pues si son adjetivos, no. ¡Qué ocurrencia! Sin embargo, debo
decir que, tras la lectura, aquí surge un pero que debe ser
tomado en cuenta (lo explicaré más adelante).
Bien. En primer lugar, tengo que
afirmar, categóricamente, que la cuestión referida al empleo del artículo que
va antepuesto a una palabra que empieza con /a/ tónica, no es un asunto precisa
o estrictamente gramatical. ¿Por qué? Porque si lo fuera, la regla tendría que
indicar que, por tratarse de una palabra femenina, el artículo también debe
corresponder a ese género; a esto -como sabemos- se le conoce como concordancia
que es, como aparece correctamente definido en el diccionario de la
RAE, «Congruencia formal que se establece entre las informaciones flexivas
de dos o más palabras relacionadas sintácticamente».
¿Y a qué se debe que,
excepcionalmente, a ciertas palabras de género femenino (que empiezan con /a/
tónica) se las pueda anteponer el artículo masculino? ¿Hay alguna razón de
carácter ortográfico, sintáctico, semántico o acaso etimológico? No, nada de eso.
Si, por ejemplo, yo dijera «la águila», en lugar de «el águila»,
¿estaría cometiendo un error? y, peor aún, ¿le infligiría, quizás, un
inexcusable daño a la «gramática universal»?. No, definitivamente no. ¿Por
qué? Porque, simple y llanamente, respecto de este tema, no existe una norma
gramatical, inflexible y de obligatorio cumplimiento, que penda sobre la cabeza
de nosotros los hablantes de la lengua española. En estas cosas, lo
que pueden formularse son recomendaciones, consejos y opiniones; no mandatos.
El tema del artículo masculino o femenino antes de palabras que comienzan con
/a/ tónica es de índole «auditiva» (y, si se quiere –permítanme esta licencia,
por favor– «de gustos»): solo se trata de evitar el «sonido feo» que puede
producirse al unir, en la construcción, dos aes, nada más. Y nada tiene que ver
el hecho de que la palabra a la que se antepone el artículo sea sustantivo o
adjetivo, ni que sea española o latina (la cacofonía y la eufonía son, digamos,
cosas de audición y no de naturaleza ortográfica ni de nacionalidad).
A esto voy a agregar lo que
dice El buen uso del español que es, también, una importante
obra académica de la RAE: «Además de la y una, el
artículo femenino singular presenta las formas el y un cuando
precede inmediatamente a nombres que comienzan por /a/ tónica (en la escritura
a- o ha-, lleven tilde o no): el agua, el alma, el habla, un área, un
hada. Aunque menos usada, es también correcta la forma femenina una sin
apocope: una águila, una hacha».
Y, bueno, a propósito de esto,
aquí diré algo referido al pero que mencioné antes y que,
justamente, está relacionado con la locución de origen latino «alma mater»,
motivo de estas reflexiones, y, específicamente, con la lectura del primer
párrafo del DPD, antes transcrito. Allí, en ese párrafo, se afirma textualmente
que, considerando «el punto de vista etimológico, lo más correcto, y
también lo más recomendable en el uso culto, es decir la "alma mater",
y no el "alma mater"».
¡Clarísimo! Lo que quiero decir: con las propias palabras del importante
documento académico le doy amparo a mis afirmaciones. Precisar que una cosa es
«más correcta» y «más recomendable» que otra, no significa que esta última
carezca de validez y menos que deba ser descartada; únicamente se está
estableciendo una relación de preferencia; es decir, ambas cosas son correctas
y recomendables y, por tanto, ambas valen. La mismísima RAE lo tiene
claro, pues; por eso, en esto, no comete el error de insinuar prohibición
alguna y solo señala, repito, lo que cree que es preferible (y esto se
comporta tan solo como una simple opinión).
¿Qué significa, en concreto, lo
expresado? Que pueden usarse (y nadie, absolutamente nadie, puede prohibirlo)
estas dos formas: «la alma mater» y también «el alma mater» (que es, al menos
en nuestro medio, la forma más generalizada), en referencia a una institución
universitaria. En consecuencia, decir, por ejemplo, que San Marcos «es el alma
mater de muchísimos peruanos», no es, absolutamente, nada incorrecto; es, más
bien, la forma más linda de expresar la locución porque suena mejor que decir «la
alma mater».
Y, para terminar, quiero,
brevemente (porque no es necesario abundar en explicaciones), ocuparme de lo
señalado en el segundo párrafo transcrito. Allí se afirma que, debido «a la
confusión entre el adjetivo latino alma (fem. de
almus 'que nutre o alimenta') y el sustantivo español alma (del
lat. anima)» se da el uso «impropio, aunque frecuente» de la locución «alma
mater» con el significado de «persona que da vida o impulso a algo», y que por
eso es que, allí, se emplea el artículo masculino. Bueno, lo que tengo que
decir es que no hay ningún problema. Ese uso, sea «erróneo» o «impropio», es
–como acertadamente indican– frecuente; y esto, aunque se resistan a aceptarlo,
hace que la expresión, con el sentido aludido, adquiera plena validez y
legitimidad. Aquello de la «confusión» a que aluden es irrelevante. El
sentido o significado de las palabras depende del uso, de los hablantes, y no
tiene que estar –como si se tratara de una condena– atado de por vida a una
remota etimología.
¡Un fuerte abrazo, amigos!
© Bernardo Rafael Álvarez