Aquí, amigos, les ofrezco unas expresiones, aderezadas con números o referencias numéricas, de uso muy cotidiano especialmente en el castellano peruano. A ver, qué les parece (¿conocen otras, tal vez?):
«A la una, a las dos y a las tres, ¡ya!» (Expresión para dar ánimo y estimular el inicio de algo: ¡Hazlo, y no te achiques; tú puedes). «Espérame un cinco, que esto lo arreglo en un dos por tres» (Es decir, no me demoro y lo hago “al toque”). «Disculpa, no es a ti a quien buscaba; lo que pasa es que me he quinceado» (Me equivoqué). «Es un ladrón de siete suelas» (Superlativamente negativo: es “de lo peor”). «Se nota que estás enamorado hasta el cien» (o sea, “hasta la remaceta”: excesivamente). «No hay quinto malo» (Si los anteriores toros fueron un fracaso, este, el quinto, será el mejor). «Estas cosas ocurren a las quinientas (Pasan muy esporádicamente). «No te preocupes, a la tercera va la vencida» (No te desanimes, inténtalo de nuevo y verás que, de todos modos, saldrás airoso). «Te pasaste: eres el número uno» (“Eres excelente”). «Como dijo la tía Facunda, no hay primera sin segunda» (Es que el baile de la marinera tiene, siempre, dos partes y, a veces, viene con «resbalosa» además). «Aunque no les guste, yo sigo en mis trece» (Soy terco hasta la pared de enfrente: no cambiaré de opinión). «Qué se habrá creído ese abogaducho de cuarta» (O sea, un mal abogado. También se dice: de segunda o de tercera). «¡Uf!, me quedé sin un quinto» (Se me acabó el dinero). «No me queda más que dobletear en la chamba, pues; si no, ¿cómo?» (Hace doble turno en el trabajo, o labora en dos lugares). «¡Qué "discúlpame" ni qué ocho cuartos!» (Metiste la pata, así que tienes que pagar las consecuencias: no te lo perdono). «Le dije que, como adulto, asumiese su responsabilidad, pero se hizo el tercio» (O sea, le importó un comino, se hizo el desentendido como si otro fuese el culpable de la situación). «¿Qué puedes esperar de él, si sabes que, en realidad, es un cero a la izquierda?» (Una persona sin cualidades rescatables, un inútil). «Esto pasa con once» (No es gran cosa; pero, algo, aunque sea un poquito, tiene de rescatable). «Es un restaurante de primera» (Un lugar muy recomendable para ir a comer). «Espérame que voy a hacer el dos» (He comido frejoles y debo ir al baño). «Vamos por más, que uno es ninguno» (Siempre con ánimo triunfador). «Qué salado eres, compadrito. Seguro que naciste un martes trece» (Igual que viernes 13, es una fecha considerada de mala suerte). «Más vale pájaro en mano que ciento volando» (No vaya a ser que, por querer más, termines perdiendo lo que tienes). «No le busques tres pies al gato» (Ya, déjate de complicar las cosas). «Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón» (Un castigo a quien hizo daño es perdonable, pues). «Claro, ¡de mil amores!» (¡Con el mayor gusto!) «Vayan saliendo de uno en uno, por favor» (Ya, ya, no se atropellen). «Mira, me compré un carrito de segunda mano» (Un vehículo usado). «Es que no hacía caso a los consejos y, qué lástima, ahí están las consecuencias: salió con su domingo siete» (Muy jovencita aún, resultó embarazada). «¡Uf!, apenas han venido cuatro gatos» (Concurrieron pocas personas a la cita). «¿Sabes? Me importa un comino lo que digas» (Tu palabra no vale nada para mí). «Ya, ya, espérame un segundo» (Te he dicho que no me voy a demorar). «Sé directo, y no me hables con segundas (o doble sentido), por favor» (¡Habla claro, y no con expresiones capciosas!). «Está feliz con su cuarto de hora de fama» (Seguramente le han dado un doctorado «honoris causa» y por eso ya ni siquiera te mira). «¡Vengan esos cinco!» (O sea, ¡chócala!). «Ya, ya, ni pa' ti ni pa' mi: cincuenta y cincuenta» (Una solución “salomónica”). «Ya veo: cuarenta y veinte» (¡Qué tal diferencia de edades! Claro, el tío es chibolero!). «¡No, en cuatro, no, por favor!» (Detesta las costumbres caninas). «Le ha pasado de todo y, sin embargo, sigue en pie; tiene siete vidas como un gato» (Una persona con admirable fortaleza o suerte). «Qué se habrá creído; le voy a decir sus cuatro verdades» (le voy a hablar directamente y sin anestesia para que entienda). «Me apasiona; por eso estoy veinticuatro siete en esto» (sin descanso, todos los días y a toda hora). «Y al tercer día, ¡resucitó!» (La divinidad de aquel excepcional hombre de carne y hueso). «¡Un millón de gracias, querido amigo!» (Es que me siento ilimitadamente agradecido). «Ya, un par más y nos largamos» (O sea, «la del estribo»: la última cerveza en la animada reunión de tragos). «La encontraron en un cuarto de hotel» (Claro, un cuarto que, aunque inicialmente debió haberse referido a la cuarta parte de una casa, ahora ya nada tiene que ver con ese adjetivo). «Vive en la quinta de la esquina» (aparentemente, este nombre se debe a que -según la RAE- era una casa de campo «cuyos colonos solían pagar como renta la quinta parte de los frutos»; hoy eso es solo una enrarecida referencia histórica). 😀
¡Un abrazo, amigos queridos!
© Bernardo Rafael
Álvarez
