Ver donde otros no ven, o no quieren ver, no es cosa del otro mundo. Es cuestión de ver únicamente; así de simple. Ah, pero para ello es recomendable emplear la mirada y dejar de lado las anteojeras y también la ojeriza. Apasionarse en la vehemencia, no en el odio ni en el fanatismo. Ser tolerantes, pero no tontos. Ser perspicaces, no adivinos. Ser claros y objetivos. Ser decentes y sinceros. Justos. No esperar el aplauso fácil. Buscar la verdad. Respetar.
miércoles, 30 de enero de 2013
LA REVOCATORIA, FAVRE, LOS DUDOSOS Y DON FERNANDO.
NO INSULTEN AL PUEBLO (A PROPÓSITO DE LA REVOCATORIA)
Yo no me atrevería, no me atrevo en realidad, a decir que las opciones por las que se votará el 17 de marzo son la inteligencia y la estupidez; o que quienes van a votar se dividen entre una mayoría estúpida y una minoría inteligente. Vargas Llosa soltó una infeliz afirmación respecto de la gente de Uchuraccay que participó en el asesinato de ocho periodistas hace treinta años; dijo que eran "salvajes". Todo el mundo, como era lo justo, se soliviantó, se enardeció, por tal calificativo que agraviaba a un pueblo numéricamente pequeño. Ahora -con todo respeto-, en enero del 2013, yo me enardezco al leer que se llama estúpidos a los pobladores de Lima (no decenas, no cientos, no miles, sino millones), solo porque -según se puede adivinar- van a votar por una opción con la que muchos no coinciden. Si votar a favor de la revocación de alguna autoridad municipal es algo estúpido, lo es no porque democráticamente una masa electoral lo decida, sino porque legalmente está admitida tal posibilidad, y, por ello, si de adjudicar algún adjetivo duro se trata, ese adjetivo sería atribuible a quienes propusieron y aprobaron la norma legal correspondiente. No al pueblo.
Al menos, si no lo hacen otros, yo sí rechazo un adjetivo tan duro e insultante.
Nuestro pueblo no es estúpido.
sábado, 12 de enero de 2013
"COMER CON LA MANO". LA DESPENALIZACION DE LAS RELACIONES SEXUALES ENTRE ADOLESCENTES.
Creo, sinceramente, que las críticas del Cardenal no tienen razón de ser.
Es una aberración que debería ya pasar a la papelera de reciclaje y de allí al incinerador aquello de que el sexo es inmoral. Lo que ha hecho el Tribunal Constitucional es lo más acertado que pudo haberse aprobado (despenalizar las relaciones sexuales entre personas de 14 a 18 años). Ya es tiempo de darnos cuenta de que el placer natural, humano, muy humano, no puede ser objeto de prohibición y castigo. No podemos ir, a cada paso, convirtiendo en delito cada acto humano y someter a un temor permanente a las personas y especialmente a los jóvenes porque "si hago esto o lo otro corro el riego de ir a la cárcel". ¿Una espada de Damócles debe pender siempre sobre todos nosotros? Prohíbase, rechácese, castíguese, todo aquello que haga daño. No pongan en la lista de lo indeseable al placer, que el placer no es -ya no debe ser- un pecado y mucho menos un delito. El tema de las violaciones es otra cosa. La madurez de una persona (y un joven es una persona hecha y derecha) no está condicionada por el grado mayor o menor de vergüenza de los mayores, sino por su propio desarrollo psicosomático; desde los trece o catorce años ya todos (con las explicables excepciones, naturalmente) tenemos la capacidad (y disculpen si esto les parece grotesco) de "comer con la mano". Hagan memoria y véanse a esa edad, ¿eran aún niños?

¿Saben por qué hay casos en que tras una relación sexual consentida, alguna adolescente puede sentirse culpable, "dañada", avergonzada? No es porque le falte madurez. Es por culpa nuestra: porque le hemos hecho saber que eso es "sucio", que es malo, que es reprobable. Simplemente por eso.
Apertura, señores, más apertura es lo que necesitamos. Caminemos, avancemos hacia la liberación de la humanidad, no hacia la reducción de sus libertades.
Los mayores no tenemos derecho (porque es injusto) de decidir cuándo deben ser felices nuestros hijos. Ayudémosles sí, naturalmente.
viernes, 11 de enero de 2013
DESIRÉE LIEVEN: MURIÓ HACE QUINCE AÑOS Y YA NADIE HABLA DE ELLA (texto escrito en octubre del 2006)
Fue, como
escribieron en el aviso de su muerte, rusa de nacimiento pero española
de corazón ("russe de naissance, le couer espagnol").
Y, en efecto, su corazón se desbordó inconteniblemente por España y
los españoles y también por muchos latinoamericanos, y un sinnúmero
de peruanos entre ellos. Se sabía que su origen era noble, de aquella nobleza
caucásica que sucumbió por designio del régimen bolchevique que se entronizó en
el Kremlin; pero, salvo algunos traviesos ingresos en su intimidad, nadie se
atrevió (gracias a la delicadeza de la prudencia) a preguntarle cosas al
respecto. Su exilio irreversible la llevó a la Península Ibérica y recaló,
finalmente, en Francia. Los avatares previos no los tengo registrados pero,
indudablemente, debieron parecerse en algo al retorno de Ulises a Itaca. Lo
cierto es que por la particularidad dramática y riesgosa
de su situación tuvo que sepultar su identidad verdadera y recurrir a la protección del seudónimo que, como ocurre casi siempre con los seudónimos que no llegan a uno por determinación ajena sino por propia voluntad, en su caso fue bello (resplandeciente, en verdad, como apuntara Jorge Falcón, su amigo de
muchos años). No obstante provenir de donde provenía (casta o linaje
despreciable a decir de las izquierdas radicales), fue una mujer que
abrazó, perdón, que ejercitó con vigor, rotunda y contundentemente,
las causas antifascistas en la Guerra Civil Española y se involucró en la
resistencia francesa, adoptando en tales circunstancias (décadas del 30 y
40), como nombres de combate, "Delia Toral" y "Lucienne".
El brío de sus convicciones y la vitalidad de sus actitudes
fueron lección para muchos; uno de ellos, Alfonso
Colodrón, reconoció la significativa influencia que en su vida ejerció aquella mujer, de la que dijo era "la más extraordinaria de las nómadas anónimas" que conoció. España la recuerda, mejor dicho: creo que la recuerda; una galería artística tiene,
al menos, el nombre que ella usó hasta el final de sus días. Fue -ya
es hora de decirlo- una mujer realmente excepcional. Murió a los 94
años de edad, prisionera de su nostalgia, pero había vivido en
libertad, y así, libre, amó y libre sirvió a los demás. Las
buenas o malas lenguas (o las "malas voluntades", que a veces sirven
para ponerles sal y pimienta a las relaciones humanas) le inventaron
multiplicidad de amantes y sueños, y allí (que no lo sepa la
"andina y dulce Rita de junco y capulí") hasta
al mismísimo "Korriskosso" de Santiago de Chuco -sí: César
Vallejo- le atribuyeron alguna incursión sin él haberse enterado
(cosas de la libertad, pues, cosas del amor). Quienes sí ingresaron en el
entorno cálido de su bondad, sabiéndolo al revés y al derecho,
fueron muchos artistas e intelectuales peruanos, medio desprotegidos huéspedes
del "Barrio Latino" -años 60- a quienes, con hospitalidad infinita,
juntaba en su pequeño departamento de París (rue de Beaux Arts)
alrededor de una mesa poblada de bondad; ellos, es muy probable, deben haber
presionado la tecla "delete" en su cerebro, eliminándola de su
memoria, porque olvidar es el recurso más fácil y expeditivo para
deshacerse de la carga plúmbea que significa la gratitud. Pero, en fin, por
ahora solo me interesa referirme a aquella mujer, hacendosa, comedida, en la
que -lo digo siguiendo a Falcón- "conjugaron esplendor, bohemia y
heroísmo". Murió hace quince años, el 2 de octubre de 1991, y sus
restos acabaron incinerados en el Columbario de Pere-Lachaise, en
París. Hasta ese día, con dignidad, se llamó, simple y bellamente, así: Desirée
Lieven. Ya nadie habla de ella.
BERNARDO RAFAEL: POESÍA TEREBRANTE / Winston Orrillo
El atractivo, la fascinación por ese lado oscuro de la vida –y de su siamesa, la muerte- es lo que, prima facie, asombra en la poética de este singular bardo peruano, que, como los de raigal estirpe, proviene no de la metrópoli, ni siquiera de la capital del Departamento de Ancash, sino de Pallasca, poblado que se halla en la circunscripción antes anotada (me complace siempre -sin que su natural modestia sea lacerada- comparar con el caso del máximo penate de la poesía peruana, que vio la luz no en Lima, ni en
Ése es el caso de Bernardo Rafael cuya poética está ahíta de soterradas y explícitas denuncias, donde "El himno nacional siempre ajeno es hierro candente", y el erario no es nacional sino "irracional", y "la verdad (anda) extraviada entre mocos y banderas".jueves, 10 de enero de 2013
LIBERAL NO, LIBERTARIO.
Hace unos años, en una entrevista dije lo siguiente: "Un poeta convertido en agente vendedor de doctrinas genera en mí sentimientos de conmiseración y lástima". No ha cambiado ese sentimiento y lo que pienso sigue igual. Allá ellos, diría Vallejo, el poeta de veras comprometido con la libertad –eso sí– aun en medio del fragor de la batalla.
Si alguna influencia ejerció
en mí la poesía fue fortalecer la actitud –hasta ahora felizmente
insobornable y sólida– de aprecio y culto por la libertad y de rechazo a todo lo que sea
o parezca o quiera ser sometimiento, sojuzgamiento. Las personas pueden ser
admirables, ejemplares, grandes (por lo que hacen), pero no dioses.
Endiosar, mitificar, aunque legítimo, es -me parece- una aberración indigna e indignante, y que alguien -por su propia voluntad, obviamente afiebrada- se sienta un dios o quiera convertirse en mito (diva o divo) es ridículo, peligroso y lamentable. Someter es inadmisible, someterse es reprobable.
Si, además de "vendedor de doctrinas" un poeta se porta
como agente publicitario (propagandista acérrimo de candidatos) o áulico de
personajes o de intereses políticos y, además, agita incienso ante el poder, es
su derecho hacerlo porque es, también, legítimo, pero yo jamás lo haría; la historia lejana
y también la reciente nos demuestra que muchos lo han hecho y que hacerlo en
nada ha influido, ni positiva ni negativamente, en su poesía, porque
-felizmente- entre la escritura y los aciertos o errores existenciales solo hay
una simple vecindad. Pero, repito, yo no lo haría. La poesía a mí me ha ayudado –como ya lo fije– a fortalecer mi vocación libertaria (a otros, tal vez, los ha empujado a someterse). Quizás
desde mi juventud en muchas cosas he cambiado, pero en eso, gracias a Dios, aún
no.
Libertario y no liberal,
porque –aunque el diccionario diga que son lo mismo- la verdad es que liberal
es, casi siempre, el que rinde culto -mejor dicho, se somete- a una ideología
(porque las ideologías someten, pues), aquella que, como sabemos, es sinónimo
de "derecha", en este juego -que parece guerra- de
"derechas" e "izquierdas". Y las ideologías, que no son, precisa o estrictamente, pensamiento filosófico, se comportan
siempre como instrumento de dominación y de engaño. Por eso prefiero ser
libertario, porque serlo me permite ver y mirar sin anteojeras ni ojeriza, con
objetividad, y reconocer -donde hay que reconocer- méritos, y señalar -donde
los haya- defectos, sin tener que pedirle permiso ni rendirle cuentas absolutamente a nadie,
salvo a mi propia conciencia.
Soy y siempre he sido de izquierda, pero de lo que yo llamo -con todo derecho- "izquierda libertaria" (que, naturalmente, nada tiene que ver con la "izquierda marxista"); es decir, sin sometimiento a ningún partido, camarilla o líder, ni a dogma, doctrina, directiva o consigna. Izquierda como sinónimo de inconformismo, pero cuando el inconformismo tenga razón de ser y no por quítame estas pajas; no por simples ganas de jorobar, y tampoco como una pose ni mucho menos como si se tratara de una patología. Repito, no tengo que rendirle cuentas (ni pedirle permiso) a nadie, salvo a mi conciencia. Y, así _hasta el final de mis dias– seguiré en mis trece, tercamente.
martes, 8 de enero de 2013
Franz: historia de un gusano/ Por: JUAN CARLOS LÁZARO
__________________
Este es el primer poema publicado, hace cuarenta años (enero de 1973), en la Tortuga ecuestre,
la revista que entonces dirigió el inolvidable Isaac Rupay y que luego, hasta ahora, corrió a cargo
del infatigable Gustavo Armijos.
El ROSTRO Y LOS RASTROS DE ELVIA.
MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO: CARTA A BERNARDO RAFAEL ÁLVAREZ (30/04/1974)
Cuatísimo “magister”/ enrojecido gurú, encueradísimo POETA!!!, & chavo, & chavo muy chavo, claro está:
--->Brincando chapoteando haciendo pirámides humanas sobre mares hawaianos y olas altísimas / capaces de despeinarle el copete a la ya faraónica –menopáusica- torre Eiffel –>(“hasta aquí llegó el genio creador del hombre”)/ o al ombligo de un SPUTNIK extraviando órbita…..Envíote como de rayo --------> este bumerang apenas recibida tu aproximada conversación pirromaníaca / -->2 volúmenes aun enyerbados, fresquecitos/ oliendo a MOLOTOV en proceso de encendido/ a coño electropurísimo de chavala que nos hace clang clang/ y ay digo a los pulmones/ nos ataja la respiración/ nos acelera el cha-cha-chá cardíaco/ nos mueve el biciclo a pisotiar las carreteras/ a escalar de rodillas, corazón, cerros desyerbados, rascacielos bamboleándose/ a tirarnos clavados (posición vertical/ narices apretadas) a las profundidades del océano, para el consabido regalito de un poema con tintes de ramo de zargazos…../
--->Uy, uy, uy, POETA/ --> Cotorros efectivos, algunos con voltios, decibeles utilísimos tus minutos violentados tu se ve proceso (encarrilado ya) de convulsión de movimiento trepidatorio > ininterrumpido permanente (para trotskear un rato).
Juan Ramírez Ruiz ya habíanos chismeado algo sobre ti/ ---> siempre alegra derrama la recaudería de ntra. euforia/ el sano funcionamiento de un motor heterodoxo/ el pío-pío desenfadado desde un nuevo cascarón/ (un eslabón más en TIERRAFIRME de ese gancho al hígado colectivo/ que lo tenemos que hacer toda una chuza, una SRA. carambola, todo un gol, toda una conflagración nuclear rompevidrios horadaredes/ Y MÁS/ Y MÁS/ --->toda una expansión de COMBATE al infinito/ la vida en todas sus nitrogliserisimas posibilidades, en todo su sexualísimo esplendor/ brillando voltios & voltios como la estructura plurifocal de uno de los Cantares de Pound) ¿Eh?/ Por ahora -->Tutankamen/ Leonardo/ miguel ángel/ pabloruiz “destructor-constructor de FORMAS /Picasso/ Pablito “celulitis” Neruda (tanto que nos RASPABA, & tantito que lo queríamos), los geniales arquitectos del Partenón (¿para qué intentar ponerlo de pie?) -->ya bien Q.E.P.D # bien R.I.P./ R.I.P./ & nosotros NUESTROS propios Faros de Alejandría/ colosos de Rodas( ntras. veintiúnicas claraboyas, varitas mágicas, llaves DIVIS, DIVIS, jodienda cotidiana……Mira chavo/ cambiando de fachas/ de carácter --> no sé que dirección tengas de mi cueva/ el correo anda algo desquiciado/ vivo en los alrededores de la “GREAT CITY & sus cloacas anexas”/ & la telecomunicación (aún macroondinada, telepática) Es un Relajísimo de poca # aunque AHORA sí espero que los ovnis, los gargajos, las flechas envenenadas con su respectivo sello postal (exígennos los kánones) sean + y cada vez + certeros/……El Maestro joseantonio anda de excursión (a ver qué ONDAS) por Centroamérica / & debe de acuatizar en esta gelatina sin cuajar, en unas cuantas lunas más/
*** " Cretinoamérica” es una Expresión de reconocimiento, de identidad autocrítica/ cínica (quizás) pero neta / al grano / que nos inmiscuye en una u otra forma a todos los nativos de estas agrias licuadoras latinoamericanas #
¡¡¡Uff!!! --> ¿sabes? No recibimos ningún poema adjunto a los cartones impresos/ sin embargo pensamos ya utilizar 2 que 3 gramos de tu polen en siguientes salidas de ZARAZO -- > (próximo número a aparecer (esperamos ya corriendo MAYO/ después de conmocionantes/violentísimas broncas económicas/ ¿Me pregunto CÓMO CARAJOS/ el TIZIANO no trastabilleaba de hambre???) o en ALGO QUE FUNCIONE ELÉCTRICAMENTE por aquí……
>Difundir los Gargajos > lo importante/ difundirlos con todas las fuscas de ntra. ley el orgasmo de la batalla # Saludos a los iracundos, iconoclastas, trepidatoriamente sensuales patas de Hora-zero/ --> & demás chavos capaces de jalar adelanmte las autopistas repletas de gentes & automóviles --> carcachas >desvieladas (¿qué ondas? Con gamarra, JÁUREGUI, durand, rupay, Armijos/ ¿siguen dando guerra “Eros” & “tortuga ecuestre?/ Infórmame de ellos/ & si pueden/ & están interesados ¡Qué formalidad --> madame bobary) que escriban/ Desde aquí nosotros abiertos a facilitarles todo tipo información, MATERIAL (NOSOTROS & de los contadísimos calibres detonantes/ estas chinampas pantanosas) TODO AUXILIO FRATERNAL, et. Etc.
BESITOS A TODAS-TODITITAS-TODANAS las chavalas peruanas --> serranas, costeñas, selváticas/ Qué se yo) Un fuerte abrazo de patas para ti & tu tribu --->
Tu cuate: Mario Santiago
(Capricornio 1953)
& demás copilotos nave ZARAZO/ paseando YA violentamente lúcidos/ (la médula tranquila & a punto del incendio) -->por las prales. avenidas de esta vía láctea bananera
--->MEXICALPAN-DE-LAS-TUNAS/ TRASPATIO-DE-LOS ESTAMOSHUNDIDOS DE AMÉRIKKKA/ 30 de Abril del 74/
(día del niño)
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***para seguirte considerando bicho vivo/ lengua afilada/ manos prestas ( sexo caliente/ inventivo cerebro/ contesta AL TOQUE!!!
contesta AL TOQUE!!!
Se ha tratado, en la medida de lo posible, de transcribir la Carta tal como aparece en el original, incluyendo las caprichosas flechitas que puso su autor; por ejemplo, la flechita dibujada por Mario después de la frase "Envíote como de rayo" es una línea zigzageante que termina en una púa. Se trata de una Carta históricamente valiosa y, claro, también valiosa en el aspecto literario, especialmente por la manera como fue construida. Estamos seguros que contribuirá a reescribir la biografía del Movimiento Hora Zero (el más importante de Latinoamérica) principalmente en cuanto se refiere a su internacionalización y por la influencia que esa internacionalización significó para la aparición del Movimiento Infrarrealista en México (reconocida, por lo demás, por los poetas mexicanos que lo fundaron). La publicamos por primera vez en forma íntegra, como un homenaje a la memoria de nuestro pata Juan Ramírez Ruiz y de aquel cuate, nuestro amigo epistolar, Mario Santiago (José Alfredo Zendejas, según su registro de nacimiento), desaparecidos, el primero hace cuatro años (el 16 de junio del 2007) y el segundo hace trece (el 10 de enero de 1998); ambos en similares condiciones: bajo las llantas de un carro. (Bernardo Rafael Álvarez. Publicado inicialmente en Facebook y luego Hawansuyo, en junio 2011.)
domingo, 6 de enero de 2013
RAÚL PORRAS BARRENECHEA
sábado, 5 de enero de 2013
LA CONSHENSHA, LA CONSHENSHA...
Nunca a nadie se le ocurrió averiguar la razón
del insólito remoquete. Pero estaban seguros que, por donde se le viera a
nuestro personaje, no era posible encontrarle carencias físicas: del meñique al
pulgar, los dedos estaban completos, y las orejas, sin mácula alguna, mostraban
con orgullo sus gruesos pabellones. Por ello (cosas del ingenio
popular), el apelativo, chapa, mote o apodo, que, sabe Dios quién le
puso, resultaba por demás increíble. A manera de broma, sus amigos más cercanos
y, por supuesto, de más confianza, le decían que cuando ocurría un
fallecimiento en el pueblo y el cortejo pasaba frente a su casa él comentaba
-no sabemos si con tono de pena o de sarcástico orgullo-: “A ese muertito lo
curé yo”. Y, créanlo, no se enfadaba, "tenía correa", y
como estaba seguro de que en la chanza no había un ápice de mala fe, lo que
hacía era echarse a reír. No era, como nadie lo es, un dechado de perfección;
era simplemente un ser humano, con debilidades y fortalezas (¡hasta los curas lo
son!). Cuentan que alguna vez, por haberse “enredado” medio clandestinamente
con una señora que vivía sola, el hermano de esta, probablemente
empeñado en tutelar la moral familiar o la reputación del apellido (cosa que,
hay que decirlo, en cuestiones de amor es una inadmisible exquisitez o, mejor
dicho, una reverenda exageración), le propinó una “carajeada” de
padre y señor mío. Nuestro personaje, dicen, simplemente no
respondió y con estoicismo mesiánico, casi acurrucado como una indefensa criatura, tuvo
que soportar sin un gemido la inmisericorde “cuadrada”. Más tarde, cómo no, sus
amigos le increparon por aquella inesperada muestra de debilidad. “¿Por qué te
acobardaste?”, le dijeron. Su explicación, extremadamente lacónica, no podía
estar más ajustada a la realidad ni dejar de ser, a pesar de
todo, hilarante: “La
conshensha, pue, la conshensha...”
(Eso es: no hay justicia más cabal e inapelable que la administrada por la
conciencia). Durante un buen número de años trabajó en Conchucos; era
sanitario, es decir, una suerte de “médico rural” sin diploma universitario: el
que aplica las vacunas y trata la tifoidea, el que receta lavativas
y vinagre “Bullí” y cura de las picaduras de “huaylulo”. Y allí, en
la tierra de don Mesho, se resolvió el enigma. “¿Por qué?”, se atrevió a
preguntarle un inquisitivo conchucano. Lejos de incomodarse (pues, ya lo dije,
tenía correa), se sintió feliz por la curiosidad del “tiralazo”. Es que durante
casi toda su vida esperó esa pregunta; siempre quiso dar a alguien la
respuesta que íntimamente le regocijaba y que pugnaba por salir a la
luz: directa, rotunda y satisfactoria, pero, sobre todo, ingeniosa. Él era así:
agudo y mordaz. Tras ser absuelta la interrogante, el epílogo
–es fácil de adivinar- fue una estentórea carcajada, jadeante, interminable,
como aquellas volcánicas que expulsaba en nuestra tierra don Pancho Nina. “Me
dicen ‘mocho’ –respondió, cachaciento- por una sencilla razón: es que en mi
pueblo yo soy el único varón que no tiene cuernos”.
AQUELLA ROSA ROJA
Mientras
íbamos, mi hermano Jorge y yo, a saludar a nuestra tía Segunda, que vivía en
Miraflores, me acordé de Meshito Cobián. Ese día, después de abrazar a la
Biguita, nuestra adorada madre, salimos de la casa y emprendimos la caminata por la
avenida Arica para llegar al cruce de Paseo Colón y Wilson y tomar allí el
colectivo. Era el día de la madre, el primero pasábamos en Lima.
Aunque
probablemente las celebraciones en homenaje a las mujeres que traen niños al
mundo tengan algo de similitud en Lima y Pallasca, creo -sin embargo- que las
emociones que se experimentan son distintas o, diría mejor, eran distintas.
Para comenzar, en mi tierra no había los regalos como los que puede encontrarse
en Lima y, por ello, los hijos tan solo regalaban una muy humilde tarjetita
confeccionada en el salón de clase o simplemente daban un abrazo (no era
costumbre dar besos).
Las
actuaciones en los colegios eran muy sencillas, pero lógicamente su significado
era gigante para las señoras. El escuchar los poemas medio torpemente recitados por
algunos chiquillos las alegraba en demasía. Ah, pero cuando Meshito se
presentaba y leía un discurso alusivo, era otra cosa, y las consecuencias,
previsibles: todas o casi todas las madres prorrumpían en un incontenible llanto, a moco tendido. Recuerdo
que mi padre en casa comentaba con regocijo sin escatimar palabras de elogio
para aquel muchacho culto e inteligente que entonces estudiaba en el colegio
agropecuario; “sigan su ejemplo”, quería decirnos, aparentemente. Eran discursos, leídos con
énfasis y dramatismo, en que hablaba del sacrificio de las madres
incomprendidas y de los hijos infames que retribuían adversamente el amor
recibido. Debo reconocer, sin embargo, que lo más emocionante para mí fue un
poema recitado a medias durante una de aquellas actuaciones celebratorias. Pero lo que causó
gracia a todos, fue la dramatización que se hizo de aquella conmovedora canción que cantaba Leo Marini, “Corazón de Dios”: nuestro inolvidable Valducho, disfrazado, aparecía representando a una madre que mecía en sus brazos a una criatura. Ah,
creo que me olvidaba del poema aquel. Pues, les cuento, fui yo quien lo recitó
pero, repito, a medias: por tímido o “vergonzoso”, creo que solo pude decir la primera
estrofa ante el “culto público pallasquino”, y enseguida comencé a llorar inesperada y estúpidamente. Como es de suponer, esto no conmovió a nadie más
que a mí; el público solo atinó a sonreír con compasivo disimulo, naturalmente.
Bien, de eso
me acordé también cuando pasaba por la avenida Arica y me acordé además de que en
Pallasca todos los niños, el día de la madre, portábamos prendida en el lado
izquierdo del pecho, una rosa roja que significaba que la madre
estaba aún viva, y aquellos que la habían perdido llevaban una flor blanca.
Jorge y yo, ese día -pasando por la avenida Arica- llevábamos orgullosos, como
en nuestra tierra, la flor escarlata en nuestros pechos y nos sentíamos
regocijados y felices porque Abigail, nuestra linda madrecita, estaba aún con nosotros
dándonos cariño y alumbrándonos como un lamparín, es decir, cálidamente: luz y
abrigo. (Cuatro años después, un cáncer maldito nos la arrebató,
inmisericorde). El color rojo de aquella flor hecha a mano significaba, pues,
vida y felicidad. Pero, lástima, a pesar de ese orgullo, tuvimos que hacer algo
por lo que hasta hoy –tantos años después- aún me siento arrepentido. Al ver que nadie,
absolutamente nadie en Lima llevaba una flor en el pecho, medio avergonzados,
tuvimos –sin ser vistos, felizmente- que sacar nuestras diminutas flores de
satén y guardarlas en el bolsillo.
No recuerdo qué es lo que pasó, pero la verdad es que ya no llegamos al cruce de Wilson con Paseo Colón y, claro, finalmente creo que tampoco llegamos a saludar a la querida tía Segunda: probablemente habíamos preferido (¡muchachos de miércoles, cómo no!) entretenernos caminando por esta Lima, para conocerla mejor; aunque hoy, tantos años después, me doy cuenta de que cada vez la conozco menos y que haber escondido, digamos que cobardemente, aquellas simbólicas flores hechizas no fue más que un acto innecesario, ridículo e imperdonable. Nuestra tierna y dulce Biguita, sin embargo, sigue viva en nuestros corazones.
“…YA ME QUEDO SIN TI…” *
Fue en mayo de 1981, en el billar de don Beto
(mi tío Humberto, quiero decir), cuando volví a Pallasca por segunda vez, que
supe cómo se llamaba aquella canción. Me acordaba, hasta entonces, de su
melodía y solía repetirla tarareándola. Solo su melodía; la letra se había
extraviado en el laberinto de la memoria y el título simplemente nunca lo
conocí. Pero era bella, pues. Es bella. Allí, en el billar, envueltos por una
noche fría que la atenuábamos con unos sorbos de grog, estuvimos un
grupo de muchachos, unos jugando y otros conversando y riendo. No
estoy seguro o, mejor dicho, no recuerdo si ya había una bombilla eléctrica
iluminando el ambiente o si continuaba –como un homenaje a la nostalgia- la
cálida y sonora luz de aquella lámpara Petromax que año tras
año había acompañado a nuestros mayores en sus noches de tertulia y
juego. De lo que sí estoy seguro es de que un poquito de melancolía nos
había invadido discretamente y, por ello, la conversación nuestra se convirtió
en un rosario de almibaradas reminiscencias. ¿A quién no le gusta hablar de
canciones? Pues a mí me gustaba y sigue gustándome. “Flor sin retoño”, de Pedro
Infante: la escuchaba, cuando niño (¡ah, el inolvidable Club Los
Inseparables!), en el tocadiscos de doña Yolita, la madre de Lucho Aparicio;
también “Nathalie”, aquella bella canción que me hacía soñar, en las voces de
los Arriagada (“tenía un bello nombre mi guía…”); los boleros de Los Panchos;
“Estelita” de Leo Dan. Estos otros temas: “Tronco Seco” en la voz irrepetible
de Rómulo Varillas, La Pacharaca” de Fresia Saavedra (“a trabajar, a
trabajar, a trabajar…”) y, cómo no, “La Pollera colorada”, sonaban en otras
casas. Pero aquella noche, en el billar de don Beto, la evocación de todas
estas canciones y otras irrumpió como una noble insolencia en nuestros
corazones. Alabábamos sus pegajosas melodías y echábamos flores sobre sus
letras –tiernas o despiadadas, qué importaba-. Una de ellas nos conmovió de un
modo particular, pero aunque tintineaba insistentemente en “la punta de la lengua”, no
se atrevía a mostrarse completa porque, en realidad, a pesar de los esfuerzos
que desplegábamos no nos era posible recordar su título. Estaba, sin embargo,
adherida como las figuritas de un álbum en el cuadernillo de nuestras
preferencias musicales. Creo que pasó cerca de hora y media, hasta que mi
primo, el “gringo Nan", como un émulo de Rodrigo de Triana, casi grita
“¡Tierra!”. Había dado en el clavo: lo que nuestra bendita memoria se
empeñaba en esconder era el nombre que los libros de zoología registran como el
asignado a un ave zancuda “de gran tamaño, de las regiones cálidas de Asia
y África, que tiene en las alas unas plumas blancas muy estimadas”. Y ¿cómo
diablos iban a acordarse de eso?, me dirá alguno. Cierto, cómo. Pues
nosotros también nos hicimos una pregunta -distinta, claro está- tras el
develamiento esperado: ¿Y por qué miércoles a los autores de esta canción
se les ocurrió ponerle semejante título? La respuesta fue simple: “Tuvieron que
haber existido tres razones pero, naturalmente, no como los "motivos del
oidor", sino como estos: Porque es un título bonito, porque es un título
pegajoso y porque a los autores se les dio la reverenda gana, pues. Nada
más. Ahora (tantos años después de aquella noche de billar, grog y
nostalgia), a pocas semanas de haber fallecido su entrañable intérprete, debo
decir que, aunque creo que su letra es terriblemente desesperanzadora y
empujaría a cualquiera al despeñadero de los sentimientos; su melodía, en
cambio, es bella y -lo confieso- sigue gustándome a rabiar y, cada vez que
me acuerdo, la tarareo y parecerá absurdo pero me sirve como una suerte de
catarsis y a veces como terapia emocional. Sí, pues, ya lo adivinaron,
¿verdad?: estoy hablando de Marabú, el más conocido bolero
que cantaba el gran Lucho Barrios. ¡Un abrazo, amigos!
_______________________
28 de mayo del 2010
*Publicado inicialmente en «Anecdócrónicas pallasquinas», en 2010.







