Mostrando entradas con la etiqueta libertad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libertad. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de abril de 2023

YA VOY YENDO

Espérame, que ya voy yendo". ¿Han escuchado o, mejor dicho, han leído, expresiones como esta? ¿Creen que es correcta? Para muchos, por cierto, se trata de una suerte de redundancia: "ir" y, al mismo tiempo, "estar yendo". Claro, podríamos considerar que, efectivamente, allí hay una evidente y hasta tal vez escandalosa redundancia. (¿Si "ya voy", para qué tengo que decir "voy yendo"?). Sin embargo, son muchos los que la escriben, creo que, sobre todo, jóvenes universitarios, cuando quieren evitar la desesperación de quien los está esperando ya con algo de impaciencia: una enamorada, por ejemplo. Y no es para menos, con lo demorones que solemos ser. 


Ah, pero no es todo: muchos ponen, sueltos de huesos, esto que haría santiguar atropelladamente a una monjita "bien hablada: "Ya estoy llendo", escriben. Usan la "elle", en lugar de la "ye". Repito la pregunta: ¿es correcto lo que hacen? Obvio: la respuesta que recibiré es esta: “Es una incorrección, señor”; y, claro, como diría la buena gente del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), agregaría que eso "es desaconsejable". 


Pero, aconsejable o desaconsejable, lo cierto es que (aunque no me crean) actualmente ya no estamos ante un error propiamente dicho. Hace mucho tiempo lo dije y hoy tengo la "desvergüenza" de volver a decirlo: los usos ya extendidos, asentados, dejan de ser -si alguna voz lo fueron- errores. En algún momento pudieron, incluso, ser considerados "vicios" de dicción o de escritura, pero hoy lo “incorrecto” es, casi siempre, considerado como una particularidad expresiva del idioma, y el idioma hace mucho tiempo dejó de ser uniforme. Por ejemplo, ¿recuerdan aquel "ya fuistes" o "ya llegastes"? Y vayamos un poquito más allá: en diversos pueblos de nuestra región amazónica -si no en todos- no se dice, por ejemplo, "¡Llámame!", sino algo así como "¡shámame!" (casi como la pronunciación de los argentinos). ¿Qué ocurre con estas y otras formas expresivas? Son, simplemente, características del español o castellano de cada región. Y ahora vayamos un poquito más allá, precisamente hacia la Argentina. En el imperativo del verbo "venir" lo correcto y usual -en el Perú y en la mayoría de los lugares del mundo hispanoparlante-, dirigido a una segunda persona, es así: "Ven pronto". ¿Cómo lo dicen los amigos en el país gaucho? Así: "Vení pronto, che". 


¿Cuál es la explicación a esta y otras particulares que se dan en diferentes países y regiones? Se debe a que, en buena cuenta, no hablamos un solo castellano (o español) o, digamos mejor, el idioma es el mismo pero nos comunicamos con lo que, en rigor, corresponde a la variedad de nuestro idioma que se da en cada lugar: en buena cuenta, nuestros propios dialectos. Ojo: Dialecto no es, como algunos equivocadamente, piensan, un "idioma inferior, propio de algunas comunidades o etnias aborígenes", sino la manera propia, con sus propias características, cómo manejamos un idioma en determinadas regiones: con vocablos, giros e incluso tonos especiales; no es nada despectivo. Y esto es válido, legítimo y... correcto. 


Es probable que haya quienes quisieran que el idioma nuestro se uniformizara, que fuera "uno" y sin "contaminaciones", como lo quisieron los primeros académicos, los fundadores de la Real Academia Española, allá por el año de 1713, y lo dijeron de manera puntual y ruda en el primer estatuto institucional (1715): "Siendo el fin principal de la fundación de esta Academia cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que (...) ha introducido la ignorancia, la vana afectación, el descuido y la demasiada libertad de innovar...". A ello, naturalmente, se debe el emblema de la RAE acuñado aquel entonces: "Limpia, fija y da esplendor". 


Bueno, las cosas, como correspondía (porque el idioma es como un ser vivo), han cambiado. La unidad y la "pureza" en un idioma son, sin duda, aspiraciones nobles y exultantes; no significa, sin embargo, que lo contrario sea precisamente algo negativo. En estas cosas, la libertad es lo que se impone, sobre todo para innovar; y -¡al grano!- con aquello de “Ya voy yendo” lo que se busca es, simple y llanamente, mayor expresividad en el mensaje, mayor énfasis, y el verbo "ir" en indicativo de la primera persona, en este caso, equivale a la misma forma del verbo "estar" ("Ya estoy yendo"); y, bueno, lo de "llendo", solo se debe a una involuntaria confusión fonética entre muchos hablantes. (Pero, claro, si usted está en desacuerdo con lo que aquí he dicho, dígamelo, por favor. Y le aseguro que pronto estaremos juntos para charlar; así que espéreme, que ya voy yendo).

 

© Bernardo Rafael Álvarez

 


lunes, 5 de abril de 2021

POESÍA DE VALLEJO: LA EXTREMA E IRREVERENTE EXPRESIÓN DE LIBERTAD

                                                                                            

En una crónica que escribí y publiqué en marzo del 2008, dije, respecto de César Vallejo, que es uno de los picos más elevados de la poesía en lengua española.[1] Sin embargo, trece años después, en el muro de Facebook de un amigo -el 11 o 12 de marzo del 2021- afirmé como comentario que, en realidad, se trataba del "más grande en lengua castellana”.  Hoy -con absoluta convicción- me ratifico en lo dicho y, a diferencia de muchos, me atrevo a expresar que, verdaderamente, Vallejo es el pico más elevado, el poeta más completo (y uno de los más grandes entre los poetas de todas las lenguas). Y, entiéndase, mi afirmación tiene que ver, básica y principalmente, con la consideración especial, o preeminencia, que en cuanto se refiere a poesía (y al arte, en general) le doy a la libertad de crear: estoy completamente convencido de que la poesía (como el arte, en general), no tiene por qué estar sometida, ineludiblemente, a reglas o condiciones. A continuación expondré algunas razones con las que trato de sustentar mi afirmación.

 

Algo que suele decirse casi permanentemente y hasta el cansancio -y a manera de frase hecha- es que César Vallejo es el “poeta del dolor humano”. Con esa expresión, que más parece un estigma, lo que se hace es apenas tomar en cuenta solo un aspecto de su poesía. Y no dudaría que fue a partir de esa equivocada y reduccionista caracterización, que a alguien -según tengo entendido- se le ocurrió esto que es un disparate: decir que Vallejo es “un poeta llorón”. No, señores. La poesía del santiaguino universal no es expresión de llanto, no es melodramática. Es humana, sí, y en grado sumo; pero, sobre todo, es la expresión más cabal, y acaso única, de libertad en la poesía y, claro, es, también, la creación de un nuevo lenguaje, de una manera diferente de sentir y decir las cosas; poesía lírica que a veces roza las fronteras de la épica.


Es usual en los críticos encasillar a los poetas a partir de ciertas características individuales de su trabajo creativo (como hacen también con los pintores), y así, por ejemplo, a algunos los ubican en el modernismo, a otros en el surrealismo, el ultraísmo, el dadaísmo, etc. Vallejo -su poesía- está por encima de esas clasificaciones; es todo eso y muchísimo más: no es una individualidad encerrada en una parcela; Vallejo, su poesía, es múltiple. Voy a mencionar solo unas cuantas cosas al respecto. Un poema dadaísta en Vallejo sería el LXXVI, de Trilce (“De la noche a la mañana voy / sacando lengua a la más muda equis…”); surrealista, sería el XXV, del mismo poemario (“Alfan alfiles a adherirse / a las junturas, al fondo, a los testuces, / al sobrelecho de los numeradores a pie…”), y también de ese mismo libro, ultraísta sería el XX (“Al ras de batiente nata blindada / de piedra ideal. Pues apenas / acerco el 1 al 1 para no caer…”). Y, bueno, también los hay poemas para ser leídos de un modo completamente diferente, que son muestra de lo que en pintura se conoce como expresionismo abstracto. Con lo expresado, sin embargo, no quiero dar a entender que a nuestro poeta se le hubiera ocurrido incursionar en diferentes escuelas o corrientes, para asimilar estilos o maneras, pues no lo hizo; fue él quien creó -sin deberle a nadie- su particular estética. Recuérdese, por ejemplo, que antes de la aparición del Surrealismo, en Trilce ya se pusieron de manifiesto, como acabamos de ver, características realmente surrealistas. Es que, con ese libro, Vallejo se adelantó, realmente, como lo reconoció José Bergamín, en el prólogo a la edición española que se hizo en 1930: "y adelantándose tanto, que hoy mismo nos sería difícil encontrarle superación entre nosotros"; y su lenguaje fue -como bien afirma Ricardo González Vigil- "más radical que el de cualquier grupo vanguardista de Europa".[2]  La poesía de Vallejo, hay que decirlo, goza de plena autonomía y absoluta libertad. 

 

Al leer los poemas de nuestro ilimitado compatriota podemos reaccionar de distinto modo (es la magia de la buena poesía, pues: puede generar efectos inesperados). Podemos quedar estupefactos si nos ponemos frente a textos crípticos, que los tiene varios, en los que –como bien señala Américo Ferrari- “ya no describe nada, sino que se limita a inscribir sensaciones febriles, recuerdos alucinados, impulsos psíquicos elementales, sueños, dentro de formas poéticas libres de sujeción, de toda intención de halagar el ‘buen gusto’ del lector”[3]; podríamos conmovernos, incluso hasta las lágrimas, por ejemplo con el poema que comienza así: “He almorzado solo ahora y no he tenido / madre, ni suplica, ni sírvete, ni agua…” (XXVIII, de Trilce); hasta podríamos, incluso, aprender cosas que tal vez desconocíamos, con Fosforescencia y Transpiración vegetal, por ejemplo, dos de los primeros poemas que escribió y que son didácticos. Nos causará gracia y podríamos terminar riendo con versos como los del último poema de Terceto autóctono (de Los heraldos Negros), en que habla de un ebrio que al andar “traza mil garabatos” y “el río anda borracho”; o, en fin, El alma que sufrió de ser su cuerpo, de Poemas Humanos en que encontramos esto: “¡Dame la pata!... No. La mano, he dicho. / ¡Salud! ¡Y sufre!”. Pero también, con su poesía, podremos sentir paz, alivio, enternecernos, y, claro, también soliviantarnos; o quedarnos simplemente estupefactos al chocarnos con frases en las que de pronto aparece alguna palabra inventada por el mismo poeta, como estas, en Trilce: “… alguna / vez hallaría para el hifalto poder.”[4] (VIII); “Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas” (X); “Carilla en nudo, fabrida…”; o poemas como el XXXII, también de Trilce, que no tiene nada de conceptual y pareciera haber sido escrito, como otros textos, no precisamente para generar algún tipo de emoción "poética", sino para arrancarnos una sonrisa con aquello de la "Serpentínica u del bizcochero" o la "gran cachaza" del "firmamento gringo" ("realizaciones imprevistas y cómicas", dijo el mismo Vallejo aludiendo a versos como estos, de su segundo libro[5]); y, por cierto, el poema Hojas de ébano (de Los heraldos negros) con aquel gerundio que puso de vuelta y media a todo el mundo: “Tahuashando”. Ah, y nunca dejaremos de reflexionar, con el poeta, acerca del destino de la humanidad y sus esperanzas.

 

Vallejo tiene poemas escritos con palabras majestuosas, pero también y sobre todo con una profusión de expresiones extremadamente comunes -coloquialismo puro, poesía conversacional- a la manera de Santiago de Chuco, o como hablamos en Pallasca, con una simplicidad propia de la gente sencilla, como esto que parece la noticia dada por un poblador común y corriente al cruzarse, en la calle del pueblo, con algún paisano: “Murió doña Antonia la ronca, que hacía pan barato…” (en La violencia de las horas); o esto: “Ya no tengamos pena. Vamos viendo / los barcos ¡el mío es más bonito de todos! / con los cuales jugamos todo el santo día…” (III, de Trilce); o esto otro, que es un imperativo rotundo (en el XVI del mismo libro): “Cangrejos, zote!”. 

 

Algo importante a tener en cuenta, también, es que la poesía de Vallejo no es coyuntural, de circunstancias pasajeras, y tampoco es panfletaria. No creo que se le hubiera ocurrido hacer algo como eso a lo que Neruda llamó “incitación al nixonicidio”. “España aparta de mí este cáliz”, por ejemplo, se inspiró en hechos dramáticos, reales, de los que el poeta no solo fue testigo; sin embargo, su poesía va muchísimo más allá de lo transitorio, de lo que podría ser un olvidable reportaje periodístico, el registro de una circunstancia en particular; más allá en el tiempo y en el espacio. 

 

Y otra cosa: Vallejo no es precisamente (es mi opinión) poeta “de una estirpe, de una raza", como afirmó Mariátegui; pero sí, y en esto no hay lugar a discusión, es –como también dijo el Amauta- "un creador absoluto".[6]   Vallejo es universal, y es perpetuo; no es de un punto geográfico en particular, ni de una identificación étnica determinada. La poesía (y de esto obviamente estaba convencido) no es crónica, no es libelo, y tampoco un arma para disparar (como años después llegó a sugerir Gabriel Celaya[7]); pero sabía que -efectivamente- lleva una carga de futuro, de esperanza, de vida, de justicia, y no de resentimiento u odio y menos de maldad: no para herir, no para matar ("de amar, aunque sea a traición, a tu enemigo"). Poesía, por lo demás, consecuente con sus ideas, con sus principios: “Antes que el arte, la vida”, había escrito en 1926.[8] Vallejo incluso escribió poemas con “errores” ortográficos, muchos evidentemente perpetrados a propósito y algunos tal vez involuntariamente; y hasta -¡cómo no!- hizo poemas “imperfectos” pero geniales, ¿saben por qué? Porque –y aquí voy casi a parafrasear a Hemingway[9]- los poemas “bien escritos” los hacen los poetas menores y son los otros, como César Vallejo, los creadores de genialidades. 

 

Finalmente debo decir esto: Vallejo no solo se dedicó a romper, revolucionariamente, con todas las formas establecidas de escribir poesía; también escribió a la manera clásica, con métrica y rima (sonetos, por ejemplo); pero, claro, prevalecen los libérrimos. También escribió poemas en prosa. Vallejo, repito, es un poeta total y absolutamente libre. Quiso, por ejemplo, -entre otras cosas- “... no atender sino a las bellezas estrictamente poéticas, sin lógica, ni coherencia, ni razón. Como cuando Picasso pinta a un hombre y, por razones de armonía de líneas o de colores, en vez de hacerle una nariz, hace en su lugar una caja o escalera o vaso o naranja”.[10] [11] En las palabras transcritas, que son como un "manifiesto" por una nueva poética que -como veremos enseguida- ya la había puesto en práctica antes, con Trilce), Vallejo nos dijo, que es posible que un poema, al mismo tiempo, pueda ser visto como surrealista, dadaísta, ultraísta, etc., y que hasta el absurdo podía caber en él. Todo. Porque no existen límites para la creación. Veamos estos versos contundentes en el poema LXXIII de Trilce: "Tengo pues derecho / a estar verde y contento y peligroso, y a ser / el cincel, miedo del bloque basto y vasto; / a meter la pata y a la risa. / Absurdo, sólo tú eres puro..."; o este, desconcertante, del poema VI: "El traje que vestí mañana...". (Trilce fue, pues, estoy convencido -a despecho de lo que puedan pensar otros-, el producto más completo y genial de César Vallejo, el más elevado; en él se desbordan todas sus calidades creadoras. Es un poemario completo, en el que -para decirlo del modo más simple y, si se quiere, ingenuo- se juntan magistralmente forma y fondo; y en él van de la mano humanidad y desenfado).[12] 

 

¿Algún otro poeta -en español o en cualquier otra lengua- se atrevió a tanto, en aras de la libertad creadora, como lo hizo el poeta nacido en Santiago de Chuco? No. Ni siquiera los llamados "poetas malditos". Hubo -claro que sí- poetas extraordinarios que, con justa razón, están ubicados en los pedestales más luminosos de la cultura universal: sus aportes son excelsos e innegablemente valiosos; escribieron poemas bellos, profundos, que conmueven, y han ganado, sin discusión alguna, la perpetuidad. Sí. Son poemas bien escritos, poemas perfectos que son, incluso, expresiones admirables de renovación o de novedad. Pero, repito, ningún otro poeta se atrevió a tanto como se atrevió Vallejo: hacer de la belleza poética -como Dios manda- el más desvergonzado ejercicio de la libertad creadora; como dijo Américo Ferrari: "sin recetas, sin ideas preconcebidas sobre lo que debe ser la poesía". [13] Todos los demás, con alguna excepción (Pound, por ejemplo), a pesar de sus aportes inéditos, no quisieron faltarle el respeto a la tradición  y, digamos, a los "buenos modales". 

 

CONCLUYO: Bueno, si no lo fue antes, a partir de César Vallejo la poesía es ahora, y lo será siempre, una de las más extremas e irreverentes expresiones con que se hace verdadero el ejercicio de la libertad creadora, sin perder los latidos reconfortantes de humanidad. Nuestro poeta es -lo digo con absoluta convicción- el pico más elevado de la poesía escrita en lengua española. Un creador cabal. El más grande, un poeta pleno y, repito, libre. 

 

© Bernardo Rafael Álvarez

27 de marzo de 2021

 




[1] En mi blog que ya no uso, Bitácora Extraviada: https://www.angelfire.com/al4/alvarezbr/bitex/index.blog?from=20080507. Luego, en diciembre del 2011, en este nuevo blog:http://berafalvarez.blogspot.com/2011/12/vallejo-pallasca-y-yo.html 

[2] Ricardo González Vigil: Trayectoria de Vallejo. En: César Vallejo Poemas Completos. Ediciones COPÉ, Lima, 1998.

[3] Américo Ferrari: Prólogo a César Vallejo. Obra poética completa. Francisco Moncloa Editores, Lima, 1968.  

[4] Según Meo Zilio, con el vocablo “hifalto” Vallejo habría querido decir “falto de hijos” (osada interpretación, creo yo); y por ello, Marco Martos y Elsa Villanueva consideran que el poema “gira alrededor del hijo deseado”. En: Las palabras de Trilce. Seglusa Editores, Lima, 1989. 

[5] "Sin duda alguna, hay versos en ese maldito Trilce que, justamente, por derrengados y absurdos, hallan su realización cuando menos se espera. Son realizaciones imprevistas y cómicas, pero espontáneas y vitales." (César Vallejo: "Paris en primavera", artículo publicado en El Norte, el 12 de junio de 1927), 

[6] José Carlos Mariátegui: 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Empresa Editora Amauta, 19a Edición, Lima, 1971.  

[7] Gabriel Celaya: Cantos Íberos, 1955.  

[8] César Vallejo: La defensa de la vida, publicado en El Norte, 21 de noviembre de 1926. En: Desde Europa, crónicas y artículos (1923.1938). Recopilación, prólogo, notas y documentación por Jorge Puccinelli. Fuente de Cultura Peruana, 1987.  

[9] Ernest Hemingway: “El último estilo de Pound lo ha hecho, a veces, mejor T. S. Eliot. Pero, después de todo, Eliot es un poeta menor. Los poetas menores escriben los bellos poemas”. Homenaje a Ezra Pound. En: Introducción a Ezra Pound. Antología general de textos. Barral Editores, Barcelona, 1973.  

[10] César Vallejo. Carnet de 1929. En: Vallejo, Obras Completas. Contra el Secreto Profesional. Mosca Azul Editores, Lima, 1973. Pág.74. 

[11] Es lo que propuso Vallejo en 1929, y antes ya había hecho en Trilce; sin embargo, curiosamente, su opinión dio un giro de ciento ochenta grados. En su artículo "Una reunión de escritores soviéticos", publicado en El Comercio del 1° de junio de 1930, aboga por "el control de la razón" y afirma que "El método de la creación artística es y debe ser consciente; realista, experimental, científico", y hasta califica al surrealismo como "sistema decadente". Un cambio de opinión quizás motivado por razones ideológicas, pero -creo yo- definitivamente intrascendente.

[12] Obviamente, hay quienes piensan lo contrario. Por ejemplo, José María Arguedas opinaba que Trilce era un libro fracasado y endeble; lo que, según se deduce de sus palabras (con las que, en buena cuenta, califica acremente al poeta), se debía a que de Vallejo no podía esperarse otra cosa: "Es claro -escribió-, del olmo no han de salir peras" (lo dijo en una carta dirigida a Emilio Adolfo Westphalen, quien, por lo demás, pensaba lo mismo); mucho antes, Luis Alberto Sánchez, adjetivó al poemario -sin un ápice de ofensa sino solo con expresión de asombro o desconcierto- como "incomprensible y estrambótico" (Revista Mundial, 3 de noviembre de 1922). 

[13] Américo Ferrari. Prólogo a: César Vallejo: Obra Poética Completa, Alianza 3, Madrid, 1983.

 


jueves, 9 de julio de 2020

PRIMER DECÁLOGO LIBERTARIO PARA ESCRIBIR UN POEMA



1: Lee, al menos un poema (soneto, romance, verso libre, o lo que encuentres, y de quien sea: famoso, desconocido o cualquier hijo de vecino, incluso si es medio analfabeto). Para qué: Solo para que tengas la más mínima idea de lo que es –elementalmente– un poema: escritura en versos; pero no necesariamente para escribir así. Un poema puede ser escrito en versos, o no (hasta puedes trazar figuras, como en los caligramas); puede tener ritmo, o no. Se escribe sin reglas ni formas "preestablecidas". Todo eso lo manejas tú, y solo tú (salvo que, por ejemplo, quieras escribir sonetos o décimas). Ah, y después, puedes continuar leyendo, a poetas consagrados o no y todo lo que encuentres en bibliotecas o librerías (leer hace mucho bien).

2: Camina, si quieres, en medio de la gente, a ver si –al poner atención en los rostros disímiles, tal vez caricaturescos, pero "inspiradores", o en el drama del mundo, o en tus propios silencios o gritos– se te ocurre algo fuera de lo común. Cuando esto sucede, es muy posible que algo poético se esté gestando, ¡albricias! 

3: En tu casa, o donde quiera que estés, cuando adviertas que algo extraño ocurre en tu mente, en tus emociones, y sientes que reclama por salir en forma de palabras, en frases quizás medio contrahechas, lo que deberías hacer es coger una hoja de papel y un lápiz o lapicero ("bolígrafo" le dicen los cultos), o tu cel o tu laptop, y enseguida escribir. Ah, y no tienes que preocuparte por aquello que todos llaman “perfección”: tú eres quien debe crear tu propia perfección poética (en otras palabras: escribe como solo a ti se te venga en gana  y no hagas caso a los tontos que creen que la poesía es oficio solo de "iluminados": cualquiera puede ser poeta, y nadie tiene que impedirlo). Cuando lo hagas (¡albricias!, otra vez) habrás escrito tu primer poema.

4: Nunca pienses que un poema es únicamente la expresión "excelsa" del idioma. No. Nada que ver. (Excelsa solo es el nombre de la "muchacha" argentina en la "Familia P. Luche" ☺). Un poema es solo una manera diferente de expresarnos que, aunque parezca increíble, puede ser como la de todos: con alegrías, penas, rabias, desilusión, fe, amor, odio, indiferencia, etc. También con palabras "vulgares" y hasta malsonantes, puede escribirse un poema; incluso la coprolalia tiene cabida en un poema. No solo los “poetas” (esos seres medio extraños, "divinizados" por algunos incautos, e incluso por ellos mismos) pueden escribir poemas; cualquiera, repito, cualquiera puede hacerlo. Y, ¿sabes una cosa?, de hecho, hasta en las expresiones más cotidianas hay poesía (cuando un vendedor de mercado, un cobrador de microbús, un delincuente, un pastrulo del barrio, etc., dicen cosas “torciendo” el idioma, están haciendo poesía sin querer). Poesía no es solo aquello que muchos creen que es.

5: Si quieres corregir lo que has escrito, está bien, hazlo; si no, ni te preocupes. Los errores, en poesía, tienen un protector medio paternal que es infalible (algo así como un Roma locuta, causa finita): las licencias, las habidas y las por haber, que todo lo perdonan. Ah, pero ten presente una cosa, esto que tal vez sea medio difícil de entender y que puede parecer algo absurdo: procura que tus errores no sean metidas de pata, sino producto de tu voluntad: en ellos pon también tus ganas. Es bueno que sepas esto: no hay capataces en la poesía; así que ni te preocupes por el "qué dirán".

6: ¿Querrás publicar? Hazlo donde, como y cuando quieras: con una editorial, en libro o revista, o en las redes sociales (y despreocúpate de aquellos a quienes se les alborota el hígado y la panza cuando ven poemas en Facebook, Twitter o Instagram, que han sido publicados en busca de "likes"; hacer esto no está ni tiene por qué estar vedado); o –si quieres– difunde tus poemas recitándolos en los carros, o solo mostrándoselos a tus amigos; y hazlo cuando te dé la gana: ahora o mañana (o nunca).

7: ¿Sobre qué, o -para que se entienda mejor- acerca de qué escribir? De lo que fuere. Nada ni nadie puede obligarte a escribir sobre determinado asunto. Puedes escribir poemas de amor (maternal, filial, fraternal, patriótico, etc.); o de odio: indignación política, de instigación a la violencia "revolucionaria", o lo que sea; de alabanzas, a héroes, líderes de barrio o dizque revolucionarios; o –si te parece– cuenta tus más tiernas o más escabrosas e inconfesables experiencias. Y de todo, todo, todo lo que a ti, solo a ti, se te venga en gana. Hay grandes asuntos de qué ocuparse, y hay, también, los más simples, domésticos, intrascendentes, vulgares: todos son "poetizables". Puedes, incluso, también escribir "de nada" (incoherencias, sinsentidos, tonterías; recuerda, todo es válido).  Repito: como poeta no estás obligado a nada (deberes y derechos, como ciudadano, son otra cosa).

8: ¿Tiene que ser bello un poema (digo, en el sentido en que entendemos lo bello: aquello que nos genera un "deleite espiritual") para tener derecho a ese nombre? No. Un poema también puede ocasionarnos disgusto, rabia, carcajadas y hasta asco. Si genera alguno de esos efectos u otros, quiere decir que es un poema perfecto; su perfección es un asunto subjetivo y nada tiene que ver en ello alguna ciencia o ley, ni parámetro alguno (antes sí, porque había reglas; hoy solo hay libertad).  ¡Sí, señor!

9: ¿Qué, si a nadie le gusta tu poema, o si te dicen que "no vale nada"? Alégrate. Habrás logrado uno de los más valiosos y convenientes efectos estéticos: el rechazo. Lo terrible y lamentable es la indiferencia. Si ocurre eso (el rechazo), repito, alégrate; y nunca dejes de escribir por culpa ajena sino por tu propia y absoluta voluntad. Que el rechazo sea tu estímulo, y no la causa de tu frustración. La crítica, como en todo, suele ser conveniente; pero el poeta no está obligado a someterse a ella.

 10: ¿Sabes qué es la poesía? No es precisamente (ni únicamente) la expresión de "belleza" o de sentimientos o emociones "estéticas"; no se escribe solo para lograr un "¡Oh, qué lindo!". No es un asunto sagrado, ni de castidad carnal o de perfección espiritual. (El poeta no es un asceta en busca del Nirvana, ni mucho menos alguien que lo haya alcanzado; no es "un ser alado, ligero y sagrado", como imaginativamente lo definía Sócrates –¿o es que, acaso, en su época los poetas volaban como los murciélagos?–). Tampoco es ni tiene que ser -necesaria ni menos obligatoriamente- una actividad u oficio a tiempo completo, mucho menos una suerte de apostolado, de "entrega total”, por el que tengas que inmolarte (pero, claro, si quieres inmolarte, hazlo: no creo que alguien vaya a prohibírtelo). Puedes ser poeta hasta que mueras, o –cuando se te ocurra– puedes matar al poeta que hay en ti, y tú seguir viviendo: La calidad de la poesía que escribas no dependerá del mayor o menor tiempo que le dediques. (¿Sabes cuánto de su vida dedicó a la poesía el gran Arthur Rimbaud?). ¿Estás obligado a llevar una vida miserable, con carencias económicas, para ser poeta? No. La poesía no es, necesariamente, producto del hambre o de las épocas difíciles o de crisis; el vivir con comodidades no impide que se escriba buena poesía. Quienes dicen lo contrario, mienten. Finalmente, ¿debes estar comprometido con alguna causa noble, y ser, moralmente, una persona limpia, pura y buena, casi un santo? No, no hay un código deontológico ni se han establecido requisitos para que alguien pueda ejercer el oficio de la poesía. Ha habido poetas y artistas moralmente hediondos que, sin embargo –por ser poéticamente libres–  han producido obras valiosas e inmortales. Recuérdalo: como poeta no estás sometido a ningún mandato imperativo. Poesía es, sobre todo, el desborde verbal y emocional, pleno y cabal, de la libertad creadora. Sé libre, pues; es decir, sé tú mismo (pues así tendrás el mundo a tu alcance).*

 © Bernardo Rafael Álvarez

 

______________

* Ah, y una más, por si acaso: Recuerda que -por principio- no hay decálogo (o sea, un conjunto de normas o consejos, o de mandamientos) que valga, o que sea de obligatorio cumplimiento, en cuestiones de poesía. Lo que vale en poesía, insisto, es la libertad del poeta: libertad para escribir poemas y hacerlo como quieras. Nadie puede mandar sobre ti.  No tienes que pedirle permiso a nadie. ¡Un abrazo, chocherita!