sábado, 10 de junio de 2023

¿AUTOMOTRIZ O AUTOMOTOR?

En la sección "El habla culta" que nuestra ilustre lingüista Martha Hildebrandt tenía en el diario El Comercio (8 de julio, 2019), encontramos lo siguiente: «Es muy frecuente que nuestros diarios y otros medios de comunicación utilicen locuciones nominales erróneas como *seguro automotriz, *crédito automotriz, *repuestos automotrices*». Pero, la verdad, no solo en los diarios, sino también en el habla cotidiana, y esto también lo había reconocido doña Marthita en su valioso libro "El habla culta" (2003): "... muchas personas de habla culta incurren en el error de usar el adjetivo femenino motriz calificando a sustantivos masculinos: impulso motriz, sistema motriz, por ejemplo". Así es. Y se dicen, igualmente, expresiones como estas: "taller automotriz", "parque automotriz". Nuestra inolvidable académica las calificaba -yo lo vimos- como "locuciones nominales erróneas" y, más rudo aún, Fernando Lázaro Carreter (el académico español que -¿recuerdan?- vivía medio atormentado por el verbo "aperturar") consideraba que eran muestras de "un arraigado disparate". 

"Locuciones erróneas", "arraigado disparate". ¿Por qué? Bueno, se asumía y sigue asumiéndose, hasta ahora, que prácticamente todos los sustantivos y adjetivos terminados en "-triz" ("emperatriz", "obstetriz", "actriz", "institutriz", "motriz", "automotriz", "generatriz") son -gramaticalmente- femeninos, solo femeninos. Por ello es que el casi prohibitivo Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) afirma categóricamente lo siguiente: "Es incorrecto el uso de motriz referido a sustantivos masculinos: impulso motriz", y agrega: "Debe evitarse el error frecuente de usar los femeninos en -triz referidos a sustantivos masculinos". Repito: hasta ahora. 

Pregunto: ¿De verdad "es incorrecto el uso de motriz referido a sustantivos masculinos"? ¿Se trata, realmente, de un "disparate"? ¿Con qué argumento lingüístico sustentaríamos una respuesta afirmativa a estas preguntas?

Básicamente, debemos tener en cuenta que el sufijo "triz" (del lat. -trix, -trīcis) tiene, digamos, la función de formar adjetivos y sustantivos femeninos, como los que hemos visto: actriz, emperatriz (sustantivos); generatriz, directriz (adjetivos). Efectivamente, actriz es, siempre, una mujer, como mujer es siempre, también, una emperatriz (no hay actrices ni emperatrices que sean varones). Género femenino, sin lugar a discusión, en estos sustantivos. ¿Y qué debemos decir respecto de los adjetivos mencionados? Generatriz y directriz están relacionados con sustantivos femeninos y, así, podemos decir, por ejemplo: línea generatriz, idea directriz. ¿Y por qué no podemos, como hacen muchos, decir "impulso directriz"? Obvio, más de uno responderá: "El adjetivo debe coincidir en género con el sustantivo correspondiente, y eso no es lo que ocurre en la secuencia "impulso automotriz", pues "impulso" es sustantivo masculino y "generatriz" es adjetivo femenino; en consecuencia, estamos ante una construcción gramaticalmente irregular y, sobre todo, incorrecta y, por tanto, inválida.

La respuesta está, plenamente, ajustada a la norma: "... los adjetivos concuerdan en género y número con el sustantivo del que se predica o sobre el que inciden" (Nueva Gramática de la Lengua Española, 11.1f). O sea, todo claro, ¿verdad? Sí, todo claro. En consecuencia, diríamos que vale lo dicho por el DPD, que ya he citado: "Es incorrecto el uso de motriz referido a sustantivos masculinos: impulso motriz".

Bien, aquí surge otra pregunta (tal vez a la manera socrática, en busca de la verdad). ¿Qué es lo incorrecto en asuntos lingüísticos o, más específicamente, en cuanto a cuestiones idiomáticas? Probablemente, la respuesta más aceptable sea que se considera incorrecto a todo aquello que no se ajusta a las reglas (gramaticales, ortográficas). Así, por ejemplo, cometo un error si no pongo la tilde respectiva, donde corresponde, en una palabra aguda que termina en "n", "s" o vocal; y, obvio, también si a un sustantivo masculino le asigno un adjetivo femenino. 

Concordancia en género, pues. Y no solo con los adjetivos sino, también, con los artículos: el, la. Ahora, sobre esto, nuevamente pregunto: ¿Qué pasaría si, v.g., en lugar de decir "el calor" digo "la calor", o "la color", en lugar de "el color"? Cierto, podría saltar, otra vez, el DPD ("el casi prohibitivo", dije antes), para advertirnos -como, en efecto, lo hace- que allí no debemos emplear el artículo "la", ya que ambos sustantivos son voces masculinas "en la lengua general culta" y que "su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, se considera hoy vulgar y debe evitarse". Como vemos, ya son tres los calificativos implacables: "locuciones erróneas", "arraigado disparate" y, ahora, "uso vulgar". ¿Estaríamos ante un atentado contra una regla o norma de cumplimiento obligado, que deba acatarse a pie juntillas? Mi respuesta enfática: No.

"Color" y "calor" son, efectivamente, sustantivos masculinos, pero también son usados como femeninos, y no solo en textos literarios ("con finalidad arcaizante", dice el DPD -¡qué ocurrencia, caracho!-), sino también, con frecuencia, en el habla común de muchas gentes y en diversos espacios. Ocurre lo mismo con "mar", cuyo empleo en femenino no se da únicamente "entre la gente de mar (marineros, pescadores, etc.)". Ah, y es conveniente recordar que estos usos no son recientes. El Diccionario de Autoridades (Tomo II, 1729) ya hacía referencia al uso en femenino de estos sustantivos. Respecto de "mar", indica que es sustantivo ambiguo ("s. amb"); y, sobre "calor" y "color", afirma lo que enseguida transcribo textualmente. Calor: "Es voz puramente latina, y algunos la hacen femenina, diciendo la calor"; Color: "Aunque lo más proprio y conforme a su origen es usar este nombre como masculino, algunos le usan como femenino". (Por cierto, hay que entender que cuando habla de "algunos" no se refiere a cuatro o cinco personas). 

Ahora, ¿resulta razonable la recomendación o consejo ("debe evitarse") que nos hace, respecto de los sustantivos "calor" y "color", el Diccionario Panhispánico de Dudas? ¿Por qué no se muestra, igualmente, escrupuloso frente al uso femenino del sustantivo "mar"? ¿Y por qué no hace lo mismo, también, con "puente" o "tilde" que, aunque no mayoritariamente, también admiten el femenino y el masculino, respectivamente? ¿Reglas selectivas? Lo que pasa es que en estas cosas -ya es tiempo de decirlo- no hay nada inamovible. Por eso (aunque no viene, precisamente, al caso), según la norma, para los sustantivos femeninos que empiezan con "a" tónica se emplea únicamente el artículo masculino, por aquello de la cacofonía: el agua, el águila, el alma, el hacha, etc.; sin embargo, no decimos "el árbitra" o "el hache", y cuando nos referimos al femenino del sustantivo "ácrata" (partidaria de la acracia) no usamos el artículo masculino. Es que, repito, la rigidez, definitivamente, no es cualidad ni menos principio en el uso de las lenguas. La lingüística no es un asunto matemático.

Bueno, a estas alturas creo que ya es tiempo de volver a lo de "automotor' y "automotriz', ¿verdad? Y es cuando surge una nueva pregunta: ¿Qué resultaría afectado si, en lugar o además de "taller automotor" o "parque automotor", decimos "taller automotriz" o "parque automotriz"? No se dañará el sistema de protección frente a accidentes de tránsito, y el número de vehículos que hay en la ciudad no será alterado. Tampoco será lastimado el idioma castellano. Todo seguirá igual. Cosa distinta pasaría si, por ejemplo, a un actor le decimos "actriz" y nombramos como "emperatriz' a un emperador. Se entendió, ¿no es cierto? Claro.

Dije que la rigidez no es cualidad ni menos principio en el uso de las lenguas, que no hay nada inamovible en esto; por ello es que hice referencia al femenino del sustantivo "ácrata", ya que, a pesar de que comienza con "a" tónica, en su caso debe emplearse el artículo en femenino. Esto, debido a que, cuando los sustantivos que comienzan por "a" tónica designan seres sexuados y su forma es única para cualquiera de los dos géneros, el artículo empleado siempre será "la" si el referente es femenino, pues -como bien dice el DPD- "este es el único modo de señalar su sexo". 

Como vemos, apareció aquí un término no mencionado antes: "sexo". Y es cuando debo aludir a las eventuales implicancias que tendría el hecho de llamar "actriz" a un actor y "emperatriz" a un emperador. Si eso ocurriera estaríamos ante un verdadero disparate, y no precisamente de carácter gramatical sino, digamos, relacionado con un asunto sensible, el de la propia identidad de cada uno de los aludidos; quiero decir que -por razones obvias- no nombraríamos como hombre a una mujer, ni como mujer a un hombre.

¿Y podríamos, en cambio, decir -por ejemplo- "taller automotriz" o "parque automotriz", sabiendo que los sustantivos mencionados son masculinos y los adjetivos son femeninos? No sé cuál podría ser la respuesta de los académicos, pero la mía es clara, directa y rotunda: sí. Estoy convencido de que no habría (no hay, realmente) ningún problema si hiciéramos tal cosa, como en verdad hacen muchos.

Efectivamente, "taller" y "parque" son sustantivos a los que les corresponde el género masculino; pero esto es así porque les hemos asignado ese género, arbitrariamente y no porque pudiéramos haber encontrado correspondencia entre dicho género y alguna característica "natural" de los objetos nombrados ("taller", "parque"), pues no lo hay debido a que los seres inanimados no tienen sexo. Sin embargo, hemos asumido convencionalmente (y es lo que recoge la norma) que no es correcto que a un determinado sustantivo le asignemos un adjetivo de género opuesto al suyo y, en tal sentido, todos reprobamos (y no solo académicos) que se diga, por ejemplo, "sombrero blanca" o "mesa redondo" por ser "escandalosamente" notoria la discordancia que allí se presenta, pues sabemos que en nuestra lengua los adjetivos y sustantivos masculinos y femeninos se distinguen, sobre todo (no únicamente),  por estas desinencias: "-o" en el masculino y "-a" en el femenino.

Sin embargo, tal reprobación (mayoritaria, quiero decir) no se daría (y de hecho, no se da) respecto de expresiones como "taller automotriz" o "parque automotriz", ya que en estos casos la falta de concordancia gramatical solo es advertida por las personas de "elevada cultura", que saben -porque lo han leído en el Diccionario- que con el sufijo "-triz", proveniente del latín, se "forma adjetivos o sustantivos, unos y otros, femeninos, que significan agente". Por eso es que, como dije al principio -citando a la doctora Hildebrandt- mucha gente, incluidos periodistas de "diarios y otros medios de comunicación" (es decir -aunque parezca increíble- también personas cultas), suelen usar expresiones como "seguro automotriz", "crédito automotriz", etc.; porque es evidente que les interesa poco o nada parar mientes en el género y significado etimológico del referido sufijo y lo prefieren por la indiscutible eufonía que le da a los adjetivos que, en el uso, han terminado convirtiéndose en ambiguos en cuanto al género (con uso en masculino o femenino): "parque automotor", "parque automotriz"; "seguro automotor", "seguro automotriz", "crédito automotor", "crédito automotriz". ¿Es, gramaticalmente, "monstruoso"? No. Como no lo es, tampoco, con los siguientes adjetivos que, como ocurre con todos los adjetivos ambiguos, no terminan en vocal "o" ni "a": independiente, tolerante, alegre, servicial, valiente, inteligente, leal, cruel, genial, amable, feliz, etc. 

Como repetidamente lo he dicho en otras oportunidades: el uso manda y hace que aquello que en un momento fue "incorrecto" deje de serlo y adquiera validez y legitimidad. Y algo más debemos tener en cuenta: El hecho de que los sufijos en latín "-trix", "-trīcis" sean femeninos, no es condición que obligue a que el sufijo español derivado de ellos también tenga que ser únicamente femenino. La etimología explica el origen de las palabras, pero no impone normas de uso ni significados; eso corresponde a la potestad, el arbitrio, de los propios hablantes. 

Nada hay, pues, que -razonablemente hablando- impida que el adjetivo "automotriz" y, por cierto, también "motriz", puedan ser empleados con sustantivos masculinos como taller, parque, repuesto, seguro, crédito, impulso, etc. Conclusión: ¿Automotriz o automotor? Con sustantivos femeninos, solo "automotriz" ("industria automotriz", "ingeniería automotriz"). Y para referirse a sustantivos masculinos, ambos ("parque automotor", "parque automotriz"; seguro automotriz", "seguro automotor"; "crédito automotor", "crédito automotriz"). Esto, aunque no guste a algunos, lo está imponiendo -porque así lo quiere- "el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua" (Quinto Horacio Flaco dixit).

© Bernardo Rafael Álvarez


lunes, 8 de mayo de 2023

MOROCHO: PERSONA DE PIEL MORENA (¿ORIGEN QUECHUA?)

 

Lo dice el Diccionario de la Lengua Española (DLE). Pero, ¿del quechua "muruch'u", que es una variedad de maíz "muy duro"? No. Definitivamente, no. ¡Qué absurdo! En ese vocablo quechua no está el origen del adjetivo referido a una persona que tiene la piel morena o el pelo negro y, evidentemente, tampoco tiene que ver con "falto de algunos dientes", ni con "mellizo". 

Pero, sí es válido asociarlo con persona "robusta y bien conservada", ya que, como encontramos en el Vocabulario de la lengua General de todo el Perú llamada lengua Qquichua o del Inca (1608), elaborado por Diego González Holguín, al "hombre fuerte, de complexión sano" (así aparece, textualmente) se le conocía como "muruchhu runa"; en el Lexicón o Vocabulario de la lengua general del Perú (1560), de Fray Domingo de Santo Tomás, se dice, también textualmente, "cosa dura, o rezia". Y, bueno, lógicamente también tiene que ver con la mencionada variedad de maíz, que es de color amarillo, casi anaranjado (González Holguín: "Muruchu çara: Mayz de los llanos muy duro").

Pido disculpas por lo que, sin duda, puede ser visto como un insolente atrevimiento; sin embargo, tengo que decirlo: El Diccionario de la Lengua Española (DLE) se equivoca respecto del tema aquí tratado.

Repito: el nombre coloquial que, especialmente en el Perú, se le da a la persona morena, nada tiene que ver con el vocablo quechua con que se nombra a un tipo de maíz. Se trata, más bien, de un adjetivo formado, traviesamente (como suele ocurrir con las expresiones replanescas o de la jerga popular), a partir de "moro" (origen de "moreno": de "moro" y "-eno") al que se le ha unido, de modo arbitrario, un componente final, en este caso "-cho", como se hizo también, por ejemplo, con "perucho" (peruano), "colocho" (colombiano"), "boliche" (boliviano"), palabras con las que se reemplaza, familiarmente, a los gentilicios que he puesto entre paréntesis. 

Según sugiere la doctora Martha Hildebrandt -en su valioso libro Peruanismos-, el uso de "morocho", como equivalente de moreno, se habría dado inicialmente en Argentina (es argentinismo, dice). Sí, eso es cierto. Sin embargo, nuestra inolvidable lingüista expone una hipótesis -no rotunda, felizmente- respecto de la relación de "morocho" con "moreno": afirma que tal cosa "se explica porque el maíz morocho parece haber sido, además de duro, oscuro". No. En todo caso, oscuro es el que todos conocemos: el maíz morado (que se usa para preparar una mazamorra bien peruana), y también el de color rojo; pero, ninguno de ellos es el morocho. Bueno, la doctora Hildebrandt se muestra cautelosa en cuanto a la relación con el presunto color del maíz (dice "parece haber sido oscuro"); sin embargo, también plantea la posibilidad (en esto, sí, con acierto) de que el vocablo en cuestión se deba a la "influencia de moreno, por coincidir los tres fonemas iniciales. El Diccionario de Peruanismos publicado por la Academia Peruana de la Lengua, en cambio, sí incurre en error al afirmar, textualmente, lo siguiente: "<Referido al maíz> Que tiene color morado o amarillo anaranjado". El maíz morocho no es de color morado.

Bien. La relación que existe entre el adjetivo coloquial equivalente a "moreno" y el nombre del maíz "morocho" solo es de carácter homonímico (es decir, son iguales, pero con significados diferentes) y no etimológico, como equivocadamente aparece en el DLE. 

El maíz morocho, les cuento, en Pallasca es usado, principalmente, de dos maneras: partido, sirve como alimento para las aves de corral; y molido, después de haber sido medio sancochado y luego secado al sol, en mantas extendidas en el suelo, se convierte en la chochoca, que es el ingrediente principal de una de nuestras más deliciosas sopas andinas, cuyo nombre es, precisamente, ese: chochoca (¡añañau!). Efectivamente, el morocho es un maíz duro y, repito, de color amarillo; el otro ("tierno y de mucho regalo", dice Garcilaso, en Los Comentarios Reales) es conocido como "capia" y es el que, al ser tostado, se convierte en la deliciosa cancha.

Me pregunto, finalmente: ¿Cuándo habría comenzado a ser empleado, en nuestro medio, el adjetivo "morocho" como sinónimo coloquial de "moreno"? Es, creo, imposible señalar alguna fecha o época precisa; pero, intuyo que se dio recién durante las últimas décadas (después de los sesentas). En un diccionario, de 1913, que conservo en mi biblioteca, no aparece con el significado en cuestión; en el Glosario de peruanismos del padre Rubén Vargas Ugarte (que es de 1946) ni siquiera es mencionado el término, y tampoco en el librito Jerga criolla y peruanismos (1968) de Lauro Pino. Empero, en Argentina, su uso viene de muchísimo tiempo atrás: en el Vocabulario Criollo Español Sud-Americano del madrileño Ciro Bayo (1859-1939) ya se encuentra registrado el vocablo, y -como era, creo, presumible- allí no se hace referencia (como sí, respecto de otras voces) a un presunto origen quechua; esta publicación, hecha en Madrid, ¡es de 1910!

© Bernardo Rafael Álvarez

 




 

                  

lunes, 10 de abril de 2023

YA VOY YENDO

Espérame, que ya voy yendo". ¿Han escuchado o, mejor dicho, han leído, expresiones como esta? ¿Creen que es correcta? Para muchos, por cierto, se trata de una suerte de redundancia: "ir" y, al mismo tiempo, "estar yendo". Claro, podríamos considerar que, efectivamente, allí hay una evidente y hasta tal vez escandalosa redundancia. (¿Si "ya voy", para qué tengo que decir "voy yendo"?). Sin embargo, son muchos los que la escriben, creo que, sobre todo, jóvenes universitarios, cuando quieren evitar la desesperación de quien los está esperando ya con algo de impaciencia: una enamorada, por ejemplo. Y no es para menos, con lo demorones que solemos ser. 


Ah, pero no es todo: muchos ponen, sueltos de huesos, esto que haría santiguar atropelladamente a una monjita "bien hablada: "Ya estoy llendo", escriben. Usan la "elle", en lugar de la "ye". Repito la pregunta: ¿es correcto lo que hacen? Obvio: la respuesta que recibiré es esta: “Es una incorrección, señor”; y, claro, como diría la buena gente del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), agregaría que eso "es desaconsejable". 


Pero, aconsejable o desaconsejable, lo cierto es que (aunque no me crean) actualmente ya no estamos ante un error propiamente dicho. Hace mucho tiempo lo dije y hoy tengo la "desvergüenza" de volver a decirlo: los usos ya extendidos, asentados, dejan de ser -si alguna voz lo fueron- errores. En algún momento pudieron, incluso, ser considerados "vicios" de dicción o de escritura, pero hoy lo “incorrecto” es, casi siempre, considerado como una particularidad expresiva del idioma, y el idioma hace mucho tiempo dejó de ser uniforme. Por ejemplo, ¿recuerdan aquel "ya fuistes" o "ya llegastes"? Y vayamos un poquito más allá: en diversos pueblos de nuestra región amazónica -si no en todos- no se dice, por ejemplo, "¡Llámame!", sino algo así como "¡shámame!" (casi como la pronunciación de los argentinos). ¿Qué ocurre con estas y otras formas expresivas? Son, simplemente, características del español o castellano de cada región. Y ahora vayamos un poquito más allá, precisamente hacia la Argentina. En el imperativo del verbo "venir" lo correcto y usual -en el Perú y en la mayoría de los lugares del mundo hispanoparlante-, dirigido a una segunda persona, es así: "Ven pronto". ¿Cómo lo dicen los amigos en el país gaucho? Así: "Vení pronto, che". 


¿Cuál es la explicación a esta y otras particulares que se dan en diferentes países y regiones? Se debe a que, en buena cuenta, no hablamos un solo castellano (o español) o, digamos mejor, el idioma es el mismo pero nos comunicamos con lo que, en rigor, corresponde a la variedad de nuestro idioma que se da en cada lugar: en buena cuenta, nuestros propios dialectos. Ojo: Dialecto no es, como algunos equivocadamente, piensan, un "idioma inferior, propio de algunas comunidades o etnias aborígenes", sino la manera propia, con sus propias características, cómo manejamos un idioma en determinadas regiones: con vocablos, giros e incluso tonos especiales; no es nada despectivo. Y esto es válido, legítimo y... correcto. 


Es probable que haya quienes quisieran que el idioma nuestro se uniformizara, que fuera "uno" y sin "contaminaciones", como lo quisieron los primeros académicos, los fundadores de la Real Academia Española, allá por el año de 1713, y lo dijeron de manera puntual y ruda en el primer estatuto institucional (1715): "Siendo el fin principal de la fundación de esta Academia cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que (...) ha introducido la ignorancia, la vana afectación, el descuido y la demasiada libertad de innovar...". A ello, naturalmente, se debe el emblema de la RAE acuñado aquel entonces: "Limpia, fija y da esplendor". 


Bueno, las cosas, como correspondía (porque el idioma es como un ser vivo), han cambiado. La unidad y la "pureza" en un idioma son, sin duda, aspiraciones nobles y exultantes; no significa, sin embargo, que lo contrario sea precisamente algo negativo. En estas cosas, la libertad es lo que se impone, sobre todo para innovar; y -¡al grano!- con aquello de “Ya voy yendo” lo que se busca es, simple y llanamente, mayor expresividad en el mensaje, mayor énfasis, y el verbo "ir" en indicativo de la primera persona, en este caso, equivale a la misma forma del verbo "estar" ("Ya estoy yendo"); y, bueno, lo de "llendo", solo se debe a una involuntaria confusión fonética entre muchos hablantes. (Pero, claro, si usted está en desacuerdo con lo que aquí he dicho, dígamelo, por favor. Y le aseguro que pronto estaremos juntos para charlar; así que espéreme, que ya voy yendo).

 

© Bernardo Rafael Álvarez

 


jueves, 6 de abril de 2023

¿LA CARIDAD ES "HUMILLANTE"?

¿Esto que, desde hace algún tiempo es celebrado con entusiasmo por personas bondadosas, fue realmente dicho por Eduardo Galeano, el autor de ese gran libro (pero por algunos cuestionado) "Las venas abiertas de América Latina"? Yo, por decir lo menos, lo dudo; sería deplorable si fuera verdad que él fue quien lo expresó. No es, definitivamente, motivo de crítica ni rechazo el hecho de que crea en la solidaridad y no en la caridad; es legítimo y es su derecho que adopte esa posición. Pero afirmar que "la caridad es humillante" dizque porque "se ejerce verticalmente y desde arriba', ya la cosa es preocupante. ¿La caridad es "humillante"? ¿Quién, con un mínimo de sentido común, puede aceptar esa disparatada "verdad"? ¿Saben qué cosa es la caridad? Es, simple y llanamente, una actitud... ¡solidaria!; es solidaridad con el sufrimiento ajeno, pero no se expresa como un simple "abrazo solidario" o con una palabra de aliento, sino con hechos concretos: de ayuda, de apoyo. Y la ayuda, el apoyo, frente a situaciones de extrema necesidad, incluso de carencias, es eso, precisamente, un acto de caridad. Y, claro, también se conoce concretamente- como caridad a la limosna o auxilio que se presta a otras persones; ¿es diferente la solidaridad? ¿Se acuerdan de aquella bella y muy significativa frase de la madre Teresa de Calcuta, según la cual "solidaridad es dar hasta que te duela'? La caridad no siempre se ejerce "desde arriba", no siempre es "vertical". Y mucho menos es "humillante". Si la caridad fuera humillante entonces alcanzarle unas monedas a un mendigo en la calle, sería el acto más infame y vil que cometeríamos. (¿O no será que hay quienes quisieran que la mendicidad desaparezca tal como se hacía en la Rusia comunista, según se cuenta, sin pestañear, en un libro de César Vallejo? Esto es lo que dice allí ("Rusia en 1931"): "El Soviet observa dos procedimientos: atraer al mendigo e incorporarlo al trabajo, y, en caso imposible, exacerbar su miseria para suprimir el mal por eliminación de la vida del mendigo". ¡Pavoroso!). Repito: dudo de que Eduardo Galeano haya dicho esta horrenda barbaridad: "que la caridad es humillante".  ¡Un abrazo a todos, en esta noche de Jueves Santo, hermanos!

(c) Bernardo Rafael Álvarez

sábado, 1 de abril de 2023

SOBRE LA VACANCIA PRESIDENCIAL Y LA ACUSACIÓN CONTRA PEDRO CASTILLO

 MI COMENTARIO IMPOPULAR Y "POLÍTICAMENTE INCORRECTO":



Lean esta parte de la resolución, leída está tarde por el juez San Martín[1]:

"Anunciar públicamente la instauración de un tal gobierno de emergencia nacional y especificar las medidas correspondientes a esta finalidad, POR QUIEN TENIA EL CONTROL DEL PODER Ejecutivo, por lo menos importaba (...) ejercer un ACTO DE VIOLENCIA psíquica y relativa CONTRA LA CIUDADANÍA, PORQUE DESDE SU POSICIÓN DE PODER TENÍA LA FACULTAD DE ORDENAR A LAS FUERZAS DEL ORDEN utilizar su poder coactivo con el armamento correspondiente, así no se use, para sostener este comportamiento inconstitucional...".

¿Eso es "alzamiento en armas" (es decir, "rebelión") "para variar la forma de gobierno, deponer al gobierno legalmente constituido o modificar el régimen constitucional"?

La rebelión es, fundamentalmente, un acto de desobediencia y hostilidad; es decir, resistencia, de enfrentamiento a la autoridad. El que, como dice la resolución, "tenía el control del poder" (el Poder Ejecutivo), ¿contra quién "se rebeló"?, ¿en contra de sí mismo? 

Según el Código Penal, comete delito de rebelión el que "se alza en armas". ¿Ese "alzamiento en armas" contra quién debe darse? La respuesta creo que es obvia: contra la autoridad legalmente constituida, contra el poder establecido. ¿El señor Castillo hizo uso de armamento, al dirigir su mensaje televisado? No. 

Efectivamente, Castillo -como dice la resolución- "desde su posición de poder" tenía la facultad de disponer que las fuerzas del orden, "usen su poder coactivo con el armamento correspondiente", lo cual significaba, por lo menos, la posibilidad de que ejerza "un acto de violencia psíquica contra la ciudadanía". Eso: "tenía la facultad de disponer de las fuerzas del orden", para ejercer, por lo menos, "un acto de violencia psíquica contra la ciudadanía" (pero no lo hizo). ¿Habría significado tal cosa un "alzamiento armado" contra el poder establecido? No, definitivamente no, porque, como sabemos, el hecho de que un gobernante pudiera ejercer "un acto de violencia psíquica contra la ciudadanía" no corresponde, de ninguna manera, a un delito de rebelión (afirmar lo contrario sería, simplemente, descabellado y torpe).

Insisto: el señor Pedro Castillo no cometió delito de rebelión, ni siquiera en grado de tentativa. Es necio afirmar lo contrario (como lo hace todo el mundo: incluso prestigiosos juristas, increíblemente). Si no hay "alzamiento en armas" es extremadamente descabellado hablar de delito de rebelión: el Código Penal es clarísimo y rotundo y no ofrece lugar a dudas ni a interpretaciones antojadizas: textual y, por ello, indubitablemente, señala que la condición o requisito indispensable es el "alzamiento en armas".

¿Qué cometió, entonces, el señor Castillo? Simplemente incurrió en la infracción constitucional claramente tipificada por el artículo 117 de la Constitución Política: el haber dispuesto la disolución del Congreso sin que existiese la causal que indica el artículo 134 de la Carta Magna (censura o denegatoria de confianza a dos Consejos de Ministros). Al no haberse concretado la disolución del Congreso, tal como fue el propósito de Castillo, quiere decir que la referida infracción constitucional (que es prácticamente un delito) se perpetró en grado de tentativa. Así de clarísima es la situación. 

Por tanto, ¿qué es lo que correspondía en tales circunstancias? Lo que procedía era la acusación constitucional, en atención al ya mencionado artículo de la Carta Magna, el 117; y, seguidamente, debía efectuarse el juzgamiento y todo lo demás. Acusación y juzgamiento contra el Presidente de la República (obviamente, en ejercicio de sus funciones).  Al final de ello, lo previsible era la irremediable destitución. Y, al ser destituido, como consecuencia del juzgamiento, lo que venía como un hecho definitivo es que el puesto o cargo de Presidente de la República quedaba automáticamente vacío, es decir, como lo señala el inciso 5 del artículo 113 de la Constitución, se concretaba la vacancia presidencial: vacancia por haber sido destituido el titular y no por aquello que señala el inciso 2: "incapacidad moral permanente". 

Lo que se ha hecho, al ser declarada la vacancia presidencial por "incapacidad moral permanente", ha sido, pues, irregular y, sobre todo, inconstitucional. En otras palabras, el Congreso cometió una reverenda pachotada, un gigantesco disparate.

¿Qué significa todo esto? Que, legal y constitucionalmente, todo lo hecho adolece de nulidad y, como sabemos, todo acto nulo genera consecuencias también nulas. 

(No sé si se tenía que decir, pero, sea como fuere, ya lo dije. Y lo he hecho con absoluta convicción y plenamente amparado en la ley y, sobre todo, en la Constitución).

 

                                           © Bernardo Rafael Álvarez

                                                         (Publicado inicialmente en Facebook, el 13/12/2022)


[1] Lea aquí la resolución: Apelación Pedro Castillo 



BAD BUNNY. UNAS PALABRAS POR EL DIZQUE "HEREDERO"

Según la revista Time, este artista es heredero de Michael Jackson. ¿Heredero? No lo es exactamente. Lo que hace Benito Martínez Ocasio, el joven puertorriqueño de 29 años, planetariamente conocido como Bad Bunny, no es precisamente lo que hacía Michael Jackson, no tiene su estilo ni sus cualidades (por mencionar algo); es decir, como artista propiamente, no ha heredado nada del llamado «rey del pop»: no es su continuador. 


Ah, pero, si algo de común podríamos encontrar entre ellos, es las cantidad elevadísima de fieles seguidores que tienen ambos y que, respecto de Bad Bunny, gustan de su arte y reconocen y celebran, a rabiar, la expresión de extremado desenfado y extrema libertad que pone de manifiesto en las cosas que compone y canta. 

 

Es que Benito, es decir Bad Bunny, es un artista que ha tenido la osadía, como los creadores geniales, de incluso mandar al demonio los buenos modales. Sabe -es evidente- que el arte, uno de cuyos instrumentos es la voz (o sea, me refiero al canto, a las canciones), puede -legítimamente- decir mucho o, simplemente, no decir nada; decirlo con decencia o indecentemente, y puede expresar palabras o, si lo desea, solo emitir ruidos guturales o únicamente una seguidilla de onomatopeyas (hace, en gran medida -al emitir solo ruidos, digo-, lo que muchísimos siglos atrás ya se practicaba en Mongolia: el canto de garganta conocido como Khoomii o también llamado canto difónico; actualmente tenemos, por ejemplo, como representante de esta modalidad artística a la alemana Anna-Maria Hefele). ¿Hay quienes se escandalizan por lo grotesco de algunas canciones con contenido abiertamente sexual? No es nada nuevo: Gayo Valerio Cátulo ya lo había hecho, hace más de veinte siglos, en su famoso poema hoy conocido como Carmen 16.


Es que el arte puede ser un vehículo a través del cual se transmiten mensajes (de amor, de fe, de esperanza o de indignación, etc.): con él se puede motivar la reflexión acerca del destino de la humanidad, u otras cosas. Pero, no es nada reprobable si (como ocurre mayormente) el arte es empleado solo para entretener, o generar emociones de cualquier tipo (eróticas, por ejemplo), incluidas aquellas aderezadas o «contaminadas» de «inmoralidad». Y -repito-, también es dable y legítimo, simple y llanamente, no decir absolutamente nada en una canción. 

 

Otra cosa. El arte del canto no está obligado a ser (aunque podría serlo, también) un catecismo en pentagrama o un código deontológico (o sea, una relación de normas éticas) dicho melódicamente. 

 

Ahora, pregunto: ¿algún artista ha hecho antes algo similar a lo que hace Bad Bunny? Creo que el más próximo (no por cercanía cronológica, sino por desenfado) es el italiano Adriano Celentano (nacido en 1938), autor de «Prisencolinensinainciusol» (1973) una canción que está compuesta por palabras que (como su título) fueron inventadas por su autor y que, simple y llanamente, no dicen absolutamente nada, carecen de sentido y significado ("jitanjáfora", en la lengua culta, es el nombre con que se conoce a este tipo de textos): solo generan conmoción, frenesí o asombro; aquí, como muestra, cuatro versos de la canción referida: "Ai ai smai seslet / Eni els so co uil piso ai / In de col men seivuan / Prisencolinensinainciusol ol rait". 

 

Como Celentano y Jackson, Benito Martínez Ocasio es, también, un artista genial (repito: genial, porque realmente lo es, aunque les alborote el hígado a algunos nobles y escrupulosos ilustrados): ha hecho algo nuevo, admirable y que podríamos considerar completamente inédito y que, prácticamente, ha desconcertado a muchos y ha generado simpatías y -¡cómo no!- también Rabias y rechazo. Ha roto, desvergonzadamente (¡como debe ser!), con los esquemas y criterios tradicionales (esos según los cuales el arte solo tiene que ver con lo "sublime"). Diría que, en buena cuenta, hoy, en pleno siglo XXI, este artista es -en la música- lo que hace cien años -en arte visual- fueron los dadaístas. El arte es atreverse, y no es ajena a él la irreverencia; y eso es lo que hace Bad Bunny, aunque a una «mayoría microscópica» de intelectuales no le guste: no toda expresión artística -y lo de este puertorriqueño lo es, plenamente- tiene que gustarle a todo el mundo; ah, pero, como sabemos, los seguidores que lo aplauden, porque gustan de lo que hace, se cuentan por millones, millones y millones, y -además- sus ingresos económicos, por ventas de discos y presentaciones, también. En todo esto, ¿tiene que ver, tal vez, el marketing?, ¿pesa lo comercial? Puede ser. ¿Es un pecado? No, y no es un atentado profanatorio ni sacrílego contra el arte.  Honor al mérito, pues, a pesar de detractores y moralistas. 

 

Es que -ya en otra oportunidad lo había dicho- «(e)n música, no todo tiene que ser villancicos, poemas sinfónicos, valses vieneses o 'estas son las mañanitas'». “Sí (dirán algunos), ¿y esos balbuceos y sonidos guturales que emite este muchacho y que, en verdad, no dicen absolutamente nada? ¡Eso no es arte!”. Pero, sí, es arte, absolutamente. El arte del canto no es solo la emisión, con acordes musicales, de palabras con mensajes inteligibles; no hay norma que así lo disponga u ordene: solo con tarareos o ruidos guturales también es válido hacer arte (ya me referí a la antigüedad de aquello que hace la alemana Anna-Maria Hefele). Y lo que acabo de decir tampoco es ajeno a la poesía: también puede hacerse (y se ha hecho) poemas con grafías que solo interesan por su sonido o por el efecto desconcertante que generan (Vicente Huidobro lo hizo, por ejemplo).  Y algo más que es definitivo: el arte no es sinónimo de sumisión y no ha nacido para inclinarse, obsecuentemente, ante "normativas", directivas, consignas o mandatos; su terreno y su esencia es, simple y llanamente, la plena libertad.

 

(Bueno, a estas alturas me permito pedir mil disculpas a quienes puedan, por culpa de mis palabras aquí expuestas, haber sentido lastimada su noble sensibilidad artística y moral. Lo digo con toda sinceridad, perdónenme, por favor. Pero -caballero nomás- se tenía que decir y eso es lo que he hecho: lo he dicho directamente y sin ambages, pues; y, por cierto, esto nadie me lo podía prohibir. ¡Un abrazo, amigos!).

 

©Bernardo Rafael Álvarez


viernes, 13 de enero de 2023

"NUMERA'O, NUMERA'O, VIVA LA NUMERACIÓN": Abreviatura de los números ordinales

De frente al grano: Por ejemplo, las abreviaturas que yo hago de los números ordinales son y seguirán siendo (espero que siempre) las que aprendí desde niño, y no las aprobadas por la Real Academia Española (RAE). Como ustedes saben, números ordinales son aquellos que expresan orden o sucesión y el lugar que en una serie ordenada ocupa cada elemento: primerosegundotercero, etc. Si mal no recuerdo, al menos hasta hace unos treinta y cinco años yo estaba seguro de que no había regla alguna que determinara el procedimiento para la formación de abreviaturas (lo digo, tomando como referencia un diccionario Larousse ilustrado de 1988, que, a la letra, decía: “No existe regla absoluta para la formación de abreviaturas. En general, se adoptan las primeras letras de la palabra…”). Años después supe que la RAE había asumido como norma la representación numérica de los ordinales -su abreviatura, propiamente-, usando números arábigos, de un modo particular. Veamos, previamente, lo que dijo la "docta corporación matritense" al respecto: Entre las abreviaturas que incluyen letras voladas forman un grupo especial las correspondientes a los numerales ordinales que se crean combinando la cifra que representa al número de orden con las terminaciones voladas a, o, er, que corresponden a la palabra numeral abreviada" (Ortografía de la lengua española, 2010). Bien. Esta es la forma asumida por la RAE para escribir dichas abreviaturas: poniendo el respectivo número natural seguido de un punto y luego una letra volada que corresponde a la última del nombre de la cifra (1.º, 2.º, 3.º, etc.), o las dos últimas letras si es que se trata de los nombres apocopados (1.er, 3.er). La RAE no explica (y creo que nunca lo ha hecho) el porqué del punto entre el número natural y la letra volada.* Repito: las abreviaturas de los números ordinales yo no las escribo de ese modo. ¿Por qué? Porque no le encuentro sentido a la presencia de ese punto allí ubicado, entre el número y la letra o las letras finales del nombre que, como dije, van en volada (o sea, chiquitas y en la parte alta); y, además, porque, como ya se vio, no he encontrado por ninguna parte una explicación convincente que justifique razonablemente tal cosa. Pregunto: Si, como dije, la letra volada es, en verdad, la última del respectivo nombre ("primero", "segundo", "cuarta") y se coloca obviamente para que la cifra no sea pronunciada, por ejemplo, como "uno" o "primer" o "dos" o "segund", sino "primero" o "segundo" o "cuarto", según corresponda, ¿qué papel cumple el involuntariamente imprudente y antipático punto colocado entre el número y la letra o letras voladas? Creo que ningún papel o función con significación específica alguna; solo es, por decir lo menos, absurda su presencia (ni siquiera sirve de adorno). ¿Cuál es la forma tradicional de escribir las abreviaturas de los ordinales, que yo he conocido y que en el Perú ha sido y sigue siendo de uso frecuente y de la que yo no quiero desprenderme? Esta: 1º, 2º, 3º, 4ª...; 1er, 3er; formas de expresión gráfica en las que -como creo es obvio- la cifra escrita representa a la raíz del nombre que corresponde al número ordinal (primer..., segund..., tercer..., cuart..., prim..., terc...) y las letras voladas hacen, digamos, la función de desinencias, con que se completa el nombre y se determina, además, el respectivo género: masculino o femenino (primer/o, segund/o, tercer/o, cuart/a, terc/er). 

¿Tiene alguna justificación que se separe con un punto lo que viene a ser, repito, la desinencia, de lo que es la raíz de la palabra, para expresar gráficamente gráficamente la abreviatura de los números ordinales? Estoy plenamente convencido de que no tiene ninguna justificación, que eso es descabellado. ¿Dirá alguien que, como está indicado en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), "(se) escribe siempre punto detrás de las abreviaturas"? No es lo correcto, puesto que el mismo lexicón aclara que eso no sucede "en el caso de aquellas (abreviaturas) en las que el punto se sustituye por una barra: c/ por cable, c/ por cuenta"; y existen también las abreviaturas que van entre paréntesis y sin punto: (a) por alias. O sea, hay excepciones: una de estas debe ser, sí o sí (lo digo sin un milímetro de duda) el caso de las abreviaturas o representaciones numéricas de los ordinales. Bien. Creo que muy pronto (tal vez en las próximas horas) enviaré mi propuesta al organismo correspondiente: la RAE, a ver qué atención le brindan. Mientras tanto, insisto: de que seguiré escribiendo como siempre, sin ese inútil y medio vandálico punto, la abreviatura de los números ordinales, lo prometo, lo seguiré haciendo; soy cholo terco, pues. ¡Un abrazo, amigos queridos!

 

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Debo decir, sin embargo, que es necesario y justo hacer una precisión. Después de conocer parte de lo aquí dicho por mí (pues se lo envié), la Fundación del Español Urgente (Fundéu RAE) me acaba de indicar, textualmente (por medio de correo electrónico), que la forma de representar las abreviaturas que yo cuestiono, corresponde en realidad a “la grafía tradicional, que se puede encontrar en las obras académicas normativas desde, como poco, el siglo XIX, aunque haya obras que, por lo que comenta, no las hayan recogido o explicado debidamente”. 

O sea, no es nada nuevo como yo creía. No he tenido acceso aún a alguna obra normativa de aquel tiempo, pero -efectivamente- en un libro de 1879, que conservo como una joya en mi biblioteca (Ancachs y sus riquezas minerales, de Antonio Raimondi) al señalar las “condiciones esenciales” para que un ferrocarril pueda exportar ciertas producciones (página 23), hace, por ejemplo, esta indicación: “2.º Que pase por las poblaciones más importantes del Departamento”. Como se ve, usa la abreviatura en que aparece la cifra seguida del punto y finalmente la "o" volada (o superíndice). Sin embargo, al referirse a la primera de esas “condiciones esenciales”, solo pone el número y la "o" volada (1º); y, es más, en la página 26, los números ordinales están representados así: 1a. 2a., 3a., 4a., 5., 6a. 

¿Qué revela esto? Que no había, pues, una norma que obligara a escribir de una determinada manera las abreviaturas de los números ordinales. Ergo, la abreviatura con solo la cifra y la letra volada, que muchos usan desde sabe Dios cuándo, era y es válida, pues (coexistían distintas formas); y, por tanto, válida es, también, mi propuesta aquí explicada. (17/01/2023)

 

© Bernardo Rafael Álvarez