viernes, 5 de junio de 2020

EL GALLOPINTO


¿Conocen lo que aparece en cada una de las imágenes numeradas que adjunto a este texto? Obvio, sí lo conocen. 

Se trata, como se ve, de arroz y frejoles entreverados, a los que se les ha agregado algunos aditamentos sugeridos por la legítima imaginación gastronómica (plátano, huevo, etc.). No me van a negar que la expresión que dijeron o pensaron al toque fue esta: "tacu tacu". Bueno, efectivamente, eso es: tacu tacu; sin embargo, no como nos lo sirven en Barranca (el "Tacu Tato", ¿recuerdan?, un restaurante frente al mar) o en cualquier lugar "ficho" acá en Lima: arroz y frejoles, no sueltos como se ve en las fotos, sino bien apretaditos entre sí, como amasados. Tacu tacu, claro. 

Pero (¡siempre un "pero", caracho!) tengo que decirles que cada uno de los entreveros de arroz y frejol que ven aquí tiene un nombre distinto del que usamos los peruanos. Veamos. El que aparece con el número 1 se llama "Casamiento" en República de El Salvador; el número 2, "Moros y cristianos" o "Arroz moro", en Cuba; el número 3, es del país "gringo", y se llama "Hoppin' John, y el número 4 es conocido en Nicaragua como "Gallopinto". En esos países nadie (salvo, por cierto, los peruanos radicados allí) les dice "Tacu tacu", pues este nombre es auténtica, inalienable e intransferiblemente nuestro. 

A qué viene todo esto que he dicho: A que hay estudiosos de la gastronomía nacional que barruntan (¡asu, qué tal palabrita!; creo que ya voy aprendiendo, ya voy aprendiendo) una explicación con la que yo (¿lo adivinaron?) no estoy de acuerdo. El origen del Tacu tacu -como de otros potajes criollos- es muy posible que se encuentre en las preocupaciones y ocupaciones alimentarias de un sector sumamente lastimado de nuestra sociedad: los afrodescendientes, durante los días de la reprobable y asquerosa esclavitud; sí, es razonable tal hipótesis. Sin embargo, estoy convencido de que el nombre de este potaje no tiene sus raíces -como creen algunos- en el hasta hace algún tiempo conocido por muchos como el "Continente negro", no. (¿Por qué la presunta implantación lingüística podría haber ocurrido solo aquí y no también en un país caribeño como Cuba, por ejemplo?). 

Estoy convencido, repito, que el origen de la denominación "Tacu tacu" está en el quechua y no en raíz idiomática diferente. Debajo de las imágenes numeradas y a colores, que acompañan a este texto, está lo que muy bien puede ser aceptado como el sustento documental: el “Vocabulario de la Lengva General de todo el Perv llamada Lengua Qquichua o del Inca compuvesto por el padre Diego Gonçalez Holguin de la Compañía de Jesus, natural de Cáceres”:  el (Vocabulario de la Lengua Quechua), publicado inicialmente en 1608, y reeditado en 1952 con un riquísimo y contundente prólogo del maestro Raúl Porras Barrenechea.  

Esto –entre otras cosas- es lo que encontramos en este valiosísimo documento bibliográfico (transcribo textualmente): “Ttacui ttacui. Cosas trabucadas, o rebueltas”; “Ttacu ttacu chakru chakru. Cosa mezclada assi”. 

El simpático e inolvidable Pepe Vásquez habría dicho, eufórico: “¡Está clariiiiiito!”. La denominación "tacu tacu" no tiene su origen en alguna lengua africana, pues, sino en el quechua.  

¡Un fuerte abrazo amigos! Sigan cuidándose mucho, por favor. Ah, y ¡buen provecho!

 

                                                     © Bernardo Rafael Álvarez             


EL ZUMBIDO MÁS TEMPRANO DE LA ABEJA.


Está fechada el 6 de agosto de 1822, en Sayán, y fue publicada nueve días después. El documento iba a aparecer antes, en El Correo Mercantil Político-Literario, pero, como dice su autor, "la suerte de ese desgraciado papel fue la de un niño, a quien cortan la cabeza al tiempo de nacer". Con esta expresión es fácil entender que antes del 15 de agosto se había hecho una publicación incompleta que, naturalmente, no satisfizo a su autor. Por ello, pero con buen ánimo y admirable sentido del humor, continúa así en la comunicación, esta vez dirigida al editor de La Abeja Republicana: "Su padre y madre que soy yo (él, creador del escrito), y el Editor que le sirvió de comadre, tuvimos que encomendarnos al ángel de la guarda y a San Juan Nepomuceno". Y, al no haberse producido milagro alguno, no le quedó -caballero nomas- otra cosa que molestar con "la cartita" a quien editaba La Abeja, rogándole que la publicación, esta vez, se hiciese "toda entera". ¿Adivinaron de qué hablo? Estoy seguro que sí. Estoy aludiendo a la creo muy conocida (al menos por su nombre) Carta del Solitario de Sayán (fueron dos, en realidad). Esta, a la que me refiero, fue entregada al público en el N. 4 de La Abeja Republicana (págs. 29 - 60), que fue una de las primeras publicaciones periodísticas en los días tempranos de nuestra República; un bisemanario que apareció los jueves y domingos, desde agosto de 1822 hasta junio de 1823. En esta carta su autor se ocupa de la "inadaptabilidad del gobierno monárquico al Estado libre del Perú". El periódico, fundado por el mismo autor de la carta y por Francisco Javier Mariátegui y Manuel Pérez de Tudela, tenía un formato bastante breve y "discreto", como lo calificó don Alberto Tauro, "muy semejante al que suelen lucir muchos breviarios"; con las hojas tan pequeñas que a mí me traen a la memoria (ustedes también deben recordar, amigos setenteros) los volantes, esos, con muy pocas palabras, que los universitarios "izquierdosos", de hace un montón de años, solíamos distribuir entre el alumnado con protestas generalmente por "quítame estas pajas", y que, repito, por ser hojitas de papel "bullky" apenas del tamaño de un almanaque de bolsillo, nosotros los llamábamos "mosquitos"; obviamente: diminutos, "volanderos" y medio urticantes. Es, sin duda, que por esa misma razón a nuestro Tribuno de la República (supongo que fue de él la idea, ¿no?) se le ocurrió ponerle ese nombre, "Abeja", porque la abeja vuela y zumba y es chiquita, y hay que cuidarnos de su aguijón. Dije que eran dos las cartas. Claro, la segunda apareció después -tal como debía ser, toda completa- en el mismo medio que antes había, inconvenientemente, recortado la primera: el Correo Mercantil Político-Literario. La primera y la segunda fueron firmadas por el mismo autor, pero con seudónimo: El Solitario de Sayán. ¿Quién fue este personaje? Pues, el Tribuno de la República, José Faustino Sánchez Carrión. En la segunda de sus epístolas, siempre preocupado el huamachuquino porque el Perú tuviese un Estado que llegara a responder satisfactoriamente a las expectativas de la nación, habla precisamente de eso: acerca de la forma de gobierno más conveniente para nuestro país. (La Abeja Republicana, volvió a ser publicada, en edición facsimilar -todos los números reunidos-, el 13 de agosto de 1971, por Petróleos del Perú, con motivo del Sesquicentenario de la Independencia. El prólogo fue redactado por el historiador Alberto Tauro).

© Bernardo Rafael Álvarez



¿LA GRAN PALTA?


Me atrevería a decir que fue, casi casi, la primera expresión literaria de lo que llamaría el "anti anti", en nuestro medio; es decir, el cuestionar a quien cuestiona. Sin embargo, no cayó en nada que fuera altisonante, no soltó diatribas o insultos; no se comportó, pues, como un libelo o cosa por el estilo. Tampoco buscó ni propició la provocación, menos el golpe bajo. No eligió a un determinado o personalizado objeto para atacarlo (no mencionó nombres de personas, ni de grupos), no atacó. Solo cuestionó, de un manera poco común. Lo que dijo, lo dijo de un modo sumamente inteligente y con decencia pero adoptó, definitivamente, una clara e indiscutible toma de posición.

Esto es lo que, sin medias tintas, dijo: "El problema del ser es problema de lenguaje", no sin antes haber soltado esta medio urticante frase (en la que se revela lo que dije: el “anti anti”): "La Gran Palta se llamó antioficialismo", calificando, así, también al uso (que bien podríamos llamar “manoseo”) del vocablo "ruptura". Y creo que acertó: en el lenguaje está, efectivamente, el problema del ser… y de la poesía, específicamente.

Juan Ramírez Ruiz, el poeta teórico de Hora Zero, creyó ver en ese "anti", al que me referí (es decir, el poner en entredicho al "antioficialismo'"), una medio velada alusión al movimiento poético que él había fundado tres años antes con Jorge Pimentel; es lo que se desprendió de sus palabras durante una de las muchísimas conversaciones en las que casi cotidianamente nos enfrascábamos entonces. Por cierto, mi opinión nunca llegó a coincidir con la suya, respecto de este tema. ¿En que se basaba mi desacuerdo? En aquello de la "ruptura" calificada (igual que el "antioficialismo") como "la Gran Palta". Al sustantivo aquel le siguió una suerte de aposición que la señalaba como "esa tradición moderna de la poesía". Estábamos, pues, ante una ironía mordaz respecto no precisamente de alguien o algo en particular, identificable en el momento y lugar en que eso fue dicho, sino referida a una tradición digamos ya "establecida" en el mundo de la poesía, una suerte de corriente "universal", sea cual fuere el país. No estaba, textualmente, referida al “antioficialismo” de Hora Zero. ¿Los poetas de aquel Movimiento, podían haberse sentido aludidos, como lo insinuó el autor de "Un par de vueltas por la realidad"? Es posible, pero nada había que realmente justificara tal cosa de un modo evidente, creo yo, ¿o sí?


Y, a propósito, ¿quién fue el que escribió aquello de la "Gran Palta", el "antioficialismo", y la "ruptura, esa tradición moderna de la poesía"? No lo supe, no lo sé. Juan tuvo una sospecha, pero con esa sospecha yo tampoco coincidí. Él amparaba su presunción en, digamos, el "perfil" de la persona a quien él apuntaba, cuyo nombre me lo mencionó: básicamente, en su formación académica en asuntos de lingüística. Yo, en cambio, puse atención en otros indicios: el modo cómo había sido escrito, propio de un poeta con un buen manejo de la palabra y especialmente por el empleo de ciertos términos, y cómo fue estructurado el texto, no en prosa, sino en verso y con un caprichoso empleo de los espacios en blanco. Para mí: fácil de identificarlo.

Pero, en fin, no es de esto ni de lo otro de lo que yo quería ocuparme aquí. Mi propósito ha sido distinto: celebrar, trayendo a la memoria, a la que -estoy convencido- fue una de las más importantes (y mejores, ¿podría decir?) revistas publicadas durante aquellos locos e inolvidables años setenteros (de sobresaltos, a veces, y de sueños, siempre). Y, fíjense, apenas apareció una sola vez, y en un formato sumamente sencillo y de no muchas páginas, pero fue sustanciosa y resultó muy útil. Su Director: el entrañable Isaac Rupay (muerto apenas unos meses después); y en el equipo de redacción tuvo a Vladimir Herrera, José Cerna, Enrique Verástegui y Santiago López M. Su diagramación corrió a cargo de José Tang, el mismo que ilustró la carátula de "Un par de vueltas por la realidad", el primer libro de Juan Ramírez Ruiz.

Bueno, creo que ya lo adivinaron: El leitmotiv de esto que iba a ser un “acápite largo” (“como los editoriales del Dr. Clemente Palma”, Mariátegui dixit) ha sido la revista Eros, publicada en agosto de 1973, cuya nota editorial o de presentación fue este, aludido aquí desde el principio: “La Gran Palta se llamó antioficialismo, / La Gran Palta se llamó ruptura (esa tradición moderna de la poesía), / El antioficialismo fue un acto mistificatorio: / se habló en la misma jerga y se emplearon los mismos módulos verbales del poder (¿dónde estuvo el vacilón): / EROS se ríe, se divierte, juega, invita a su fiesta, / su onda es exploratoria / su ser es el lenguaje, (El problema del ser es problema de lenguaje. / No hay máscaras, no hay fetiches. / La revista abre sus páginas a toda la gente solitaria.” Lindo, ¿verdad?

¿Qué es lo que se publicó en Eros? Los tres más conocidos y valiosos poemas (Como tú lo estableciste, Soy la muchacha mala de la historia y Tímida y avergonzada) de María Emilia Cornejo, joven y muy talentosa poeta muerta, de un modo violento, un año antes de esa publicación; pero antes de ellos, se insertó una suerte de homenaje en su memoria, en que se dice algo incontestablemente veraz: que el erotismo en su poesía “es de los más perturbadores que una mujer haya escrito en esta generación (la del 70)”.

Aparecen también (voy a citarlos de atrás hacia adelante) un extenso poema escrito en Santiago de Chile, por Vladimir Herrera (A propósito de una vieja danza); un poema experimental, Composición VI, de Enrique Verástegui, visiblemente dedicado a Martín Adán y Víctor Humareda; de Isaac, el director, dos poemas: Bien recibido y por todos rechazado y Todo es cuestión de principio; dos poemas, también, de José Cerna (Secuencia N. 1 y ¿Has visto rodar unos ojos sobre una sandía?) y “Rimbaud en polvos Azules”, uno de los dos mejores poemas de Jorge Pimentel, fundador y “piloto” del Movimiento Hora Zero, poema a través del cual -de su dedicatoria- supe de la existencia de alguien cuyo nombre me inquietó, pero a quien solo pude conocer personalmente casi treinta años después: Charo Arroyo. (La publicación, allí, de este poema apoya, creo, mi afirmación de que la revista no tenía el propósito, en su nota de presentación, de ponerse en actitud "anti", frente a ese colectivo, fundado precisamente, por Pimentel: pues de lo contrario habríamos estado con la presencia de algo así como un "Vidaurre contra Vidaurre"). Finalmente, aparece publicado un simpático y audaz ensayo lingüístico de Enrique Verástegui, con el que pretendía dar una explicación al origen del verbo peruano “deschavar”.
Eros”, una revista que, aun habiendo transcurrido más de cuarenta y seis años, vale, aún, por diez publicaciones de ese tipo, creo yo. Hecha para edificar, no para demoler. (¿Sería un error, tal vez, atreverme a afirmar que en ella -la revista- había, medio discretamente, algo o mucho del espíritu horazeriano de entonces, pero sin signos de exclamación, ni manifiestos?).

© Bernardo Rafael Álvarez
(4 de junio, 2020, 10:42 p. m)

lunes, 1 de junio de 2020

¿QUÉ QUISO DECIR USTED, DON CÉSAR, ALLÍ EN "HOJAS DE ÉBANO"? UN NUEVO ELEMENTO PARA EL DESCONCIERTO.

1: En un ensayo publicado hace dos años ("CUTIPAR / Unas palabras sobre el castellano pallasquino y la lengua culli"; enero, 2018), toqué, entre otras cosas, el tema referido a los vocablos culli en la poesía de César Vallejo. Esto es lo que dije, al respecto:


"Son cuatro las palabras, a las que siempre se alude como originarias de lenguas nativas, empleadas por César Vallejo en su poesía. Tenemos: IrichugoTayangapoña y tahuashando. Las tres primeras
mencionadas corresponderían a la lengua culli: Irichugo y Tayanga son topónimos (un paraje cercano a Santiago de Chuco y un centro poblado en la provincia de Sánchez Carrión, respectivamente) y poña es el nombre de una paja menuda o pelusa de algunos vegetales. Pero es tahuashando, obviamente un gerundio, lo que ha generado intriga y más de una hipótesis con pretensión hermenéutica. Contiene, en la desinencia, el fonema sibilante palatal /š/, común en el castellano del norte peruano (a partir de Pallasca) que –como vimos- sería herencia o rezago de la antigua lengua culli, pero su raíz podría corresponder al quechua (tahua: cuatro). Asumir –considerando lo dicho: que 'tahua' significa 'cuatro'- una teoría certera acerca de lo que quiso expresar nuestro poeta con el uso de esa forma verbal resultaría, simple y llanamente, imposible (pues, por ejemplo, sería ridículo y descabellado traducir la expresión como 'cuatreando'). El lingüista Ibico Rojas aventura dos posibles hipótesis: 1: Una que tiene que ver, antes que con lucubraciones etimológicas, con una interpretación basada en el sentido común. Según la última estrofa del poema, 'Llueve… llueve… Sustancia el aguacero', mientras los viejos alcanfores, vestidos 'con sus ponchos de hielo y sin sombrero', están 'tahuashando en el sendero'. Esto nos hace pensar que el poeta quiso decir que, como ancianos, los árboles –mientras velan en el sendero- están 'tiritando' o 'temblando', obviamente debido al frío. 2: Que tahuashando sería sinónimo de 'encorvando', 'flexionando' o 'curvando', en actitud reverencial ('alcanfores que velan tahuashando'), es decir: doblando la espalda; y que el componente //huasha// podría ser un lexema culli. Sin embargo (este es mi comentario), hay que tener en cuenta dos cosas: primero, que 'huasha' es un vocablo de origen quechua que significa espalda; segundo, que, si quisiéramos acepar como razonable la alusión a 'encorvando', tendríamos que reconocer que lo correcto habría sido que en el poema el gerundio apareciese en forma reflexiva: tahuashándose, o sea, encorvándose. Sea como fuere, lo cierto es que el misterioso vocablo usado por Vallejo nada tiene que ver con la lengua culli.

 

De lo que yo sí estoy seguro es de que lo que nuestro poeta universal quiso hacer e hizo, fue dar rienda suelta a su libertad creadora y, sin más ni más, inventó un bello y desconcertante neologismo –tahuashando-, como poco tiempo después hizo con Trilce, palabra que también, hasta ahora, sigue poniendo de vuelta y media a más de medio mundo que se esfuerza por encontrarle un significado, a pesar de que el mismo poeta se encargó de decir, enfáticamente, que no quería decir nada".

 Agregué, en nota de pie de página, lo siguiente, respecto de las dos hipótesis --sobre "tahuashando- formuladas por el lingüista Íbico Rojas, en su ensayo "Tahuashando, enigma culle en la poesìa de Vallejo":

 

"Rojas refiere que un alumno suyo, de la Universidad Nacional de Trujillo, nacido en Santiago de chuco, le contó que nunca había escuchado la expresión #taguash#, pero sí una frase como esta: “Tahuashón ta el Shesha”, y que #taguasha# significa “encorvado” y #taguashón#, 'muy encorvado'. No quisiera poner en duda tal referencia, pero creo estar convencido de que no fue 'tahuashón' lo que el estudiante dijo como sinónimo de “muy encorvado”, sino simplemente 'huashón' que es como se le llama familiarmente (en Pallasca, en Huamachuco y también en Santiago de Chuco) al varón que, sin ser precisamente, jorobado, tiene la espalda encorvada. La frase bien pudo haber sido esta: 'Tan huashón ta el Shesha' (o sea: 'Muy huashón está el César')".

 

2: Según cuenta, Luis Flores Prado, en una visita a Angasmarca (provincia de Santiago de Chuco), el 20 de junio del 2019, tuvo la oportunidad de entrevistar “a un nativo de Conra" (centro poblado del distrito de Santiago de Chuco) a quien le preguntó si conocía el significado de "tahuashando" y el interpelado, enfáticamente, le dijo que no, porque esa expresión no existía en su pueblo y que, más bien, precisó, "debe ser "tagushando", que sí se usa allí y significa "está tratando de hablar" o "tratando de aprender a hablar", referido particularmente a las criaturas muy tiernas que -obviamente- aún no pueden pronunciar palabras. De lo cual se puede inferir que estamos ante una expresión con origen onomatopéyico.

¿Por qué digo onomatopéyico? Por esto: porque me parece evidente que el étimo (la raíz, su origen) de “tagushando” está en el sonido gutural "gu" (o “agú”), que es, si no me equivoco, uno de los primeros sonidos que emiten los bebitos que aún no están en condiciones de articular palabras, que aparentemente tratan de comunicarse, de hacerse entender. Y la expresión, en forma escrita, sería esta: "ta gushando" (o “ta agushando”), en que encontramos dos elementos: "ta", que es la aféresis de "está"; y "gushando" (o “agushando”), que sería -en gerundio- la forma verbal "gushar” (o “agushar"), en cuya segunda sílaba, está el fonema sibilante palatal “sh” (/š/), tan común en la sierra norte del Perú. “Gushando”: haciendo gu, o agú. 

3: Pero aquí surge esta pregunta: ¿En qué lengua podemos encontrar las expresiones “gu” o "agú”, si las admitimos como palabras? Carezco de información respecto de lenguas distintas del castellano; sin embargo, estoy convencido de que no se trata de sonidos privativos de ninguna lengua en particular, y hasta me aventuraría a asegurar que, sea cual fuere el país, no se encuentran en ningún diccionario (en el nuestro no está), porque –es obvio, creo yo- no son asumidas o aceptadas, aún, como palabras propiamente dichas. (Alguien mejor informado que yo, podrá –espero- esclarecer esto, es decir, asegurarnos si aparece o no en algún diccionario de otra lengua). 

4: Bien. ¿La expresión “gushando” (o "agushando") es culli? Considerando lo antes dicho, no, no podemos dar una respuesta afirmativa. Lo único que nos podría remitir a esa lengua ya extinta es el fonema sibilante palatal ya mencionado, ya que, aparentemente, ese sonido habría sido una de las características más saltantes en esa lengua. Y, respecto del "gu" o "agú", como emisiones guturales de los niños apenas nacidos, debo decir que carecen de nacionalidad, raza y color; son, me parece, universales, como lo es la expresión sonora de la risa. La forma verbal también referida, el gerundio en terminación “ando”, es, hay que decirlo enfáticamente, del castellano. No estamos, pues, frente a vocablos de la lengua culli. Obvio: tampoco tienen que ver con el quechua. 

5: ¿Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que “tagushando” es realmente la expresión que quiso poner César Vallejo en el poema "Hojas de ébano”, pero, sabe Dios por qué razón, la alteró? No hay manera de demostrarlo; sin embargo, como hipótesis, es válido aceptar que sí pudo haber ocurrido tal cosa. Y si de algo podemos asirnos como recurso que haga razonable la sospecha, es esto: “tahuashando” no es, y creo que nunca lo ha sido, un vocablo del castellano de Santiago de Chuco; y sí lo es, en cambio, la expresión “tagushando”, según el testimonio de un poblador de la zona que he escuchado en la grabación que hizo hace un año Luis Flores Prado (y que todos pueden también escuchar, en la cuenta de Facebook del estudioso huamachuquino[1]). 

¿Cuál sería su significado en el poema de Vallejo?  Veamos. Esta es la estrofa en que aparece el desconcertante vocablo que, en esta ocasión, me he permitido modificar con el solo propósito de procurar una explicación: “Llueve… llueve… Sustancia de aguacero, / reduciéndolo a fúnebres olores, / el humor de los viejos alcanfores / que velan ‘tagushando’ en el sendero / con sus ponchos de hielo y sin sombrero”. 

Cité antes las dos hipótesis formuladas por Íbico Rojas, respecto de “tahuashando”: 1) que el poeta habría querido decir que los alcanfores, como ancianos, están 'tiritando' o 'temblando', debido al frío; 2) que “tahuashando” sería sinónimo de 'encorvando', 'flexionando' o 'curvando', en actitud reverencial. De estas dos hipótesis -digo yo- menos deleznable es la primera, a pesar de que el lingüista no recurre a cuestiones etimológicas para buscar una explicación, pues, más bien (y en este caso es razonable), se basa en el contexto conceptual en que aparece el vocablo de marras. La segunda propuesta, definitivamente, está fuera de lugar. 

6: ¿Y si aceptáramos que, en vez de “tahuashando”, la desconcertante expresión en el poema de Vallejo hubiera sido “tagushando”, qué interpretación podríamos darle, cuál sería su significado? Difícil procurar una respuesta. Ya dije antes cuál es el sentido que se le da en Angasmarca a esta forma verbal: estar tratando de hablar, un bebé; y que la manera de decirla por escrito es así: “ta gushando” o “ta agushando” (“está gushando”, o “está agushando”). Sería imposible llegar a buen puerto y seguiríamos desconcertados de por vida. “(A)lcanfores que velan tagushando”, sería como esto (considerando que el “ta” es aféresis de “está”): “alcanfores que velan ta gushando”, “alcanfores que velan está gushando”. Absurdo, descabellado, sin pies ni cabeza. Lo más coherente que hubiera hecho, si es que, en verdad, Vallejo hubiese querido echar mano a la expresión que es usual en Angasmarca, habría sido que eliminara el “ta” y rescatara únicamente el “gushando” (o “agushando”). ¿Y cuál habrìa sido, repito, su significado en el poema? Este: “… los viejos alcanfores velan, tratando (como niños apenas con pocos meses de nacidos) de hablar, esforzándose por articular palabra alguna”. ¿Sería aceptable esta hipótesis? No lo puedo afirmar con absoluta seguridad, pero, sí, creo que que podría ser válida, razonable. 

7: Tengo la tentación de quedarme con mi propia hipótesis, respecto de la expresión que –cualquiera haya sido su razón o motivo- es la que puso César Vallejo en el poema (“tahuashando”), y es, definitivamente, la única que debemos tener en cuenta cuando de estudiar la poesía vallejiana (en concreto, el poema “Hojas de ébano”) se trata. La he transcrito más arriba, pero aquí la repito. Esta es mi hipótesis: Lo que nuestro poeta universal quiso hacer e hizo, fue dar rienda suelta a su libertad creadora y, sin más ni más, inventó un bello y desconcertante neologismo, que ha puesto de vuelta y media a más de medio mundo. ¿Qué habría querido decir el autor del poema, con ese misterioso verbo? Él mismo, Vallejo- si estuviera vivo- hubiera contestado, rotundo, como cuando le preguntaron acerca de "Trilce": no quise decir nada.



  © Bernardo Rafael Álvarez
1 de junio del 2020



miércoles, 18 de marzo de 2020

TRES POEMAS EN VERANO



LA PALABRA BUSCADA, EL POEMA

Ofrecí escribir un poema.
Pero no voy a hacerlo.
Es tarea difícil,
en estos días de abismos,
extravíos
y arenas movedizas.

No soy el poeta esperado.
Soy, apenas -como pordiosero
en festín de miradas desvaídas-
el pobre buscador de palabras
que trata de encontrar la única, insustituible,
la que brille con el resplandor
de rocío que hay en tu sonrisa almibarada,
y sea el eco luminoso, como relámpago
y trueno, de los latidos que en tu pecho
son himno de fe y alegría.
Esa es la palabra que quiero encontrar,
¿dónde?

Ni en parques ni avenidas.
Ni en roperos ni bibliotecas.
Tampoco en las constelaciones
que las nubes ocultan.

¿Dónde? Donde buscar yo no puedo:
¡En ti!

¿Escribir un poema? No.
Está en ti, dentro de ti.
En tu nombre y tu alma.
En tu respiración y tu voz.
En tus silencios y sueños.
En tu mirar despejado y en el futuro que miras.
En el fluir de tu sangre y en tus emociones.

En tus deseos,
Ingrid.
Ingrid.
¡Esta es la palabra,
el poema buscado!


___________
11/7/2020


********

TU CANTO, MAYITA

¿Un sonido puede ser miel?
Sí, creo que sí.
Miel para no empalagar nunca.
Sonido que es música,
como rumor de aladas alegrías 
que circundan en derredor
Con la más dulce amenaza de estos días:
Traernos como mensaje y regalo 
la felicidad que retorna
y ha de quedarse para alimentarnos 
con pedacitos de pan y sonrisas,
en cena alborotada de niños que sueñan.
Sí, es miel. Pero no cualquier sonido,
sino el que brota de un manantial
como agua fresca y clara;
o como lava, no incandescente, sino tibia 
de un volcán que da vida y no destruye.
¿De dónde? De tus labios, que son
la puerta divina del cielo,
de ese cielo que llevas como bendición,
o atadito de monedas y buena fe,
o como flor de naranjo que da paz,
a donde quiera que vayas: diosa
que reparte buenas nuevas
y certezas, y no ilusiones.
Y eso, eso es la música que amo:
canto, poesía, esperanza, vida.
Vida que renace
como flor de cactus o de retama 
en retoño vívido y perpetuo.
Canto de miel y de polen.
Voz azucarada. Miel de tábano. 
Tu canto, pues,
el canto que es nuestro:
anuncio esplendoroso de los nuevos días 
y de la libertad ya no lastimada. 
¡Canta, siempre canta, 
Mayita!
Tu canto ha de ser néctar,
siempre, 
siempre.


_________

(7 de Julio, 2020/ 9:21 p.m.)


********

Y MIEL DE TÁBANO



Un poema quise escribir para ti
Como ventarrón
o imprudente insolencia
en horas de la madrugada.
Y que golpee, desconsiderado, las frágiles puertas de tu corazón,
aquellas, hechas con alas de mariposa. Y que,
sin preguntar quién llama,
me reciba tu verdad incandescente
como abrazo de caricias luminosas.

Un poema, sí.
Es lo que quise escribir.
Y que sea como un ramillete de geranios
o un puñado de pétalos de azahar,
O un canto de latidos
alabando la alborada que brota
en tu sonrisa de cielo en primavera.

Un poema, sí.
Pero un poema, no. Sino un ave,
con una rama de laurel en el pico.
Una luz como pesadilla atada a una estaca del establo falaz
que es esta pantalla que me aturde
y desconcierta,
y me regala, como pan recién horneado, tu nombre
y la certeza de que no eres una mentira
sino el parpadeo indeciso,
el brillo fugaz de un relámpago.

Un poema, sí.
En este día
de amor y nacimiento,
para ti,
domadora de los minutos y los vientos que polinizan,
hacedora de madrugadas,
arrullo de horas nocturnas,
canto nuevo del mediodía y su fuego.

Un poema, sí.
Y lo hubiese escrito
en la piel carnosa de una penca
como los enamorados hacían
en los parajes solitarios de algún pueblo olvidadizo,
o en el parabrisas de un camión que
incontenible traga caminos y polvaredas.

Un poema, sí.
Aun dudando si eres real o solo el dulce embuste de aves migrantes,
o acaso un espejismo.
Qué importa:
Fuiste el horno y su rescoldo,

y soplo hacedor que insufla días nuevos. 
Un tintineo de cristal en selva virgen. 
Un himno de esperanza y de sueños,
y su alimento de poemas ingenuamente garabateados.

Y este es mi regalo, pues.
Solo palabras
porque solo palabras tengo,
afónicas, dislocadas, contrahechas.
Pero untadas de fe y de verdad.

(Para ti,
como un corazón hecho con pan de la Sierra
y miel de tábano).



_______
14/02/2020




********



LUCERO DEL AMANECER



Y ocurrió.
Y mi corazón,
Como el aleteo tornasolado de un colibrí,
Comenzó a cantar, balbuciente al principio,
El himno de la felicidad;
Luego fue un redoble de tambores,
Anunciando el nuevo Génesis.

A través de tu mirada
De lucero,
Pude tener en mis manos la profundidad infinita del cielo.
Y me diste paz.
El Edén dejó de ser un sueño. Hoy es un resplandor
De primavera,
Gracias a ti.

Y tú
Ahora eres mi Tercer Día,
La certeza de que puede resucitar la fe perdida.
Eres mi amanecer
Con gotas de rocío como lágrimas que no son de llanto,
Sino pedacitos del Universo convertidos en espejos y destellos.

Te conocí,
Pero en mi extravío ya te había sentido como murmullo
Y caricias,
Aun antes de hundirme como travesura infantil
En las entrañas de tu luz,
Lucero del amanecer,
Canto del amor nutricio,
Trino de aves silvestres,
Manantial de agua viva.

Eres bendita
Y tus silencios me han bendecido.

Dios existe, pues,
Y tú: su testimonio más radiante.



____________________
12 de enero, 2020 / 09:10 P. M.



********



FLOR SILVESTRE

¿Cometería pecado,
Si yo quisiera cantarte?
Tal vez.
Y me dirías que es un insolente atrevimiento.
Sí, eso me dirías.
Pero, a pesar de eso y de todo,
Sí te cantaría. Porque, sin quererlo,
Tú me inspiraste, waykicha.
Sentí en tus palabras
Y silencios
Un llamado, una almibarada exigencia
Celestial
Irremediable. De luz.
Y aquí te canto
Y te vuelvo a cantar
Cómo el zumbido de un tábano
O un moscardón asediando a una flor silvestre.
Rosa roja.
Sin conocerte te conocí, como quien reconoce
Su mirada en el espejo.
Eras latido y melodía
Y navegabas en cada suspiro mío,
En mis palabras convertidas en pan recién horneado.
Y fuiste el naufragio de los sueños
Y el tercer día de la resurrección.
(Y resucité en ti,
Como rescoldo o vaho,
Como amanecer en tiempo de lluvia.
Y fuiste bálsamo
Y bendición.
Mi canto insustituible:
Ayataki no por la muerte,
Sino para la vida,
Sus errores y aciertos,
Los sueños y las frustraciones.
Pero la esperanza siempre en pie
Con su resplandor de luna nueva
Sin pecado,
Solo con la divina insolencia
De la vida que nos junta
como el gorrión y la rosa:
La espina y la sangre que alimenta).
Cantar no es un pecado,
Es una alabanza a la Creación y la vida,
A los buenos sentimientos
Que brotan como cardo
O como maíz en mes de mayo.
Waykicha, mi flor silvestre.



________________________
(Lima, 9 de enero del 2020/ 07:59 P.M)

lunes, 16 de marzo de 2020

MERDRE ALORS! BERNARDO RAFAEL ÁLVAREZ Y SU DIVINA HOGUERA: LA PALABRA DELINCUENTE ANTE EL TRIBUNAL DE LA VIDA / Por Roland Forgues*

Estudio sobre mi poesía, publicado ayer (15 de marzo del 2020) por Roland Forgues en su página:



1. El poeta y sus cadenas 

Recién aparecida en junio del 2019 La divina hoguera (Fondo Editorial Cultura Peruana, Lima 2019) de Bernardo Rafael Álvarez selección de poemas (1973 – 2017) hecha por el mismo autor, nos entrega a no dudarlo una idea bastante clara de la poesía del escritor y abogado peruano especializado en temas de lingüística. 

Cruzan los versos de esta selección personal de contenido profundamente humano y libertario, acentos vallejianos y trilceanos “ruidos de llaves” (p.114), mezclados con acentos martinadanescos de alucinantes visiones; expresados estos últimos en insólitas asociaciones de imágenes que parecen surgidas directamente del inconsciente del poeta. 

Todo ello incorporado a una creación original que hace referencia a otros creadores universales como Baudelaire y sus Flores del Mal, Lautréamont y sus Cantos de Maldoror, Marlowe y su Doctor Faust, Joyce y su Ulises, entre los más notables. 

Sostiene la creación un lenguaje de inhabitual uso en el campo poético por los registros a los que recurre. Un lenguaje en el cual se reúnen lo material y lo espiritual, lo concreto y lo abstracto, el cuerpo y el alma, en imágenes y metáforas sintéticas de sorprendente factura, a imagen y semejanza de estos versos de “Mamparas”:

 

Desconcertada la verdad y estupefacta

se desnuda desafiante

y corre desdentada y lenguaraz

por las calles de la ciudad percudida

ajena al hedor de los insultos

y a la virginidad descosida de la vergüenza y la urbanidad

y deja en los buzones signos de interrogación como dardos (p.130-131)

 

En “Oda a este amor” “Las rosas cantan su propia melodía de espasmos y discordia” y “Medio desquiciada -dice el poeta- mi palabra es carne y pus / Vive el amor como una lombriz (p.77). En “Sitis” hablará del “verbo hecho carne y saliva”. (p.134) 

Las palabras son cuerpo y el cuerpo es palabras, vale decir poesía en su más alta expresión:

 

Las palabras de mi cuerpo

Se elevan como una exhalación

Y caen y se quiebran

Son un espejo

En este país de siete suelas (p.100) 

Nuevo Prometeo encadenado por haber robado a los dioses el fuego sagrado de la poesía, el poeta con el corazón picoteado por el buitre de la condena, se mueve deliciosamente en la infernal hoguera de la creación que se torna divina. Es el misterioso e inexplicable placer dolor de la vida misma traducido en versos:

 

Y aún no comprendo

Por qué y para qué escribo

Por quién y para quién borroneo

Cuervos y tornasoles guturales

Tal vez para que mi cadáver

No hieda: asno que escupe desde el capullo

De un geranio la saliva

Es mi resurrección e indulgencia

La palabra (p.91)  

En el mundo kafkiano de La metamorfosis las cadenas son sus razones de vivir. Así empieza el poema “ K” de Dispersión de cuervos :

 

Erase un buitre que me picoteaba,

Los pies –Franz. Jus, cúbreme: haz

de mi sangre una flor, un geranio atado

A mi saco sucio, sé mi luz… 

 Y termina con estos versos donde la enigmática imagen del buitre suicidado parece conducir a la impotencia y al silencio de la voz poética:

 

…. J’écoute les

Appels d’un monde qui se noie, ¿quién se

Atreva a amar la carroña que nos envuelve?

¡Franz, Franz, no hace falta: el buitre

se ha suicidado en mi garganta! (p.15)

Percibimos en la poesía de Bernardo Rafael Álvarez un intento de acercamiento al hecho poético centrado alrededor de la figura del escritor y su entorno hogareño y familiar: Pallasca el pueblo de su nacimiento, Lima la ciudad que habita, la naturaleza y el mundo que lo rodean:

 

Tiempos de sordidez y disentería

¿Qué decirle a la vida?

Nada

Pero vivirla

Como una sorpresa

como una sonrisa,

Como un dolor que late (p.43-44)

Así la poesía se vuelve búsqueda de identidad, vida, redención, y utopía que choca con la realidad:

 

El viajero de la noche o el guitarrero encantinado en ron y aserrín

Sueña con el paraíso entre sus dedos pero

Quién puede soñar y orinar dolorosamente

Como regurgitación de palabras

Y escupir en las noches en que solo un poema nos guarece /

Esto es solo un vals olvidado compañera mía pse

La vida que rechaza las tranqueras /

Nada más nada más uff (p.96)  

2. El hecho poético

Como en Martín Adán la poesía “no dice nada” o “casi nada” (p.68) y lo dice todo. Dice al individuo y al mundo, al individuo dentro y fuera del mundo, al mundo dentro y fuera del individuo:

 

Pero mi obsesión eres tú

Poesía desnuda poesía calata

Mentira desgarrada y culposa

Hecha de esquina y algodón

[…]

Sobre la hoja en blanco la hecatombe tiene

Su drama sus desvaríos y esquirlas

Donde mística se masturba la delusión

Y la esperanza

Se aferra al grillete de los verbos

Héroes nativos de bosta y carbón

Melusina quebrada en el fondo del espejo

Verde como agua estancada

Como cielo purulento (p. 99-100)

Envuelto en su bufanda de “poeta maldito” (p,69) -como se autodefine-, el poeta busca también en la poesía esa “hija negada del amor y el abandono” (p.44) una forma de escapar de la soledad, de amaestrarla convirtiéndola en esperanza, como subraya la bella imagen de la aurora al final del poema “Impaciente búsqueda / la relación del sueño”:

 

Soledad, grata soledad,

a punto de autora

a punto de sueño,

volando como las aves

rompiendo la mentirosa aurora / tras el

espejo / Pintas de aurora

mi poesía (p.14) 

Al hacerse poesía, la soledad que participa de la vida real y material del hombre, y nos afecta a todos en la profundidad de nuestro ser, adquiere en lo espiritual un valor positivo que la traslada al campo de la utopía.

3. Expresión y lenguaje

El lenguaje poético de Bernardo Rafael Álvarez apela a todos los sentidos: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato con una insistencia particular en los malos olores con la palabra “hedor” que vuelve reiteradamente, muy a menudo en plural “hedores”, bajo la pluma del poeta como ilustración de la cloaca en que se han convertido la ciudad y el mundo. Asimismo las palabras “útero” “semen”, “genitales” , “senos”, “clítoris” y sus derivados como emblema de vida y esperanza. 

Lo ilustran en especial poemas como “Mercado de frutas” donde “El sol se pudre y hiede” y “la erumnosa noche” “tose esputa y vomita” (p.64-65) y “Diálogo en la abadía del boquerón”:

 

Sacra arquitectura urbana y corrosiva de la libertad

Y en los parques de la

Indulgencia y el cinismo es también

Una piel desprendida injuriosa y purulenta

Que hiere la mirada insensata

Del mundo y el hijo triturado que devora

Los genitales del padre (p.67)  

La imagen de los últimos versos remite ciertamente a la poesía parricida del movimiento Hora Zero y a la visón de la ciudad de sus integrantes. Una ciudad cuyo caos y fealdad el poeta intenta exorcizar para convertirlas en orden y belleza. Así se nota especialmente en un poema como “Oh/linda”, cuyo título incluye la doble vertiente de la ciudad real y de la ciudad imaginaria. Mientras la ciudad real permanece en su basura y fealdad, la ciudad imaginaria se hace significativamente mujer, belleza, vida y placer:


Ciudad de Lima, frescura artificial.

Ardor de arena; mi sed inventa un

Oasis: árboles crujen, botellas y

Basura –agua sucia, redonda, envuelve

El olmo- cabras escarabajos

Completan el paisaje.

La vida fluye o explosiona. Mi edén

Se desordena; imposible recuperar el orden.

Blackout: nadie ataca el aire,

Vértigo y ceguera en el ozono:

Toco tu clítoris, tibia elevación del

Placer; allí duerme la paz o

Nace la guerra  (p.109) 

En otro poema, “Artículo de fe”, el poeta asimila sin vacilar la generación poética de Hora Zero a la cual pertenece a la misma ciudad de Lima, describiéndola como una generación que “duerme en las calles patas arriba /Eviscerada mal barateada y deshojada flor de fango”.(p.54)

Si el poema es “una cosa de vísceras” (p.98) -según afirma Bernardo Rafael Álvarez en otra oportunidad-, difícil no ver en ese juicio una toma de distancia con ciertos postulados ideológicos que determinan la poesía de dicha generación (como los del “marxismo-leninismo” al que declaraban adherirse plenamente los fundadores del Movimiento Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel” ) y de sus clamores iconoclastas y parricidas de los cuales ni Vallejo se salvó. “Yo soy testigo de sus esputos y de sus putas inverosímiles” -concluye elocuentemente el poeta. 

En el universo poético de Bernardo Rafael Álvarez las palabras que pertenecen al registro del cuerpo y sus funciones elementales como orinar, defecar, eructar, vomitar, y de sus secreciones glandulares, seminales y clitorídeas, están poetizadas mediante el ambiente de paz natural y serenidad creado en torno a ellas. Así “En el burdel de las palabras melancólicas bañadas de semen y Angustia / Chatarra verbal plaf / Cáscara de Cacao uff / La flor de la canela ah” (p. 71) cabe también la “supuración luética” (p.76) del placer dolor al que ya me referí. 

El uso de la onomatopeya muy frecuente en el universo poético de Bernardo Rafael Álvarez se puede interpretar sin duda como un intento de darle al poema esa musicalidad que lo constituye en poema, como afirmaba el poeta simbolista francés Verlaine: De la Musique avant toute chose. De aquí la complicidad afirmada al final de “Bird / homenaje a Charlie Parker” entre el poeta y el músico:

 

Deschávate Charlie: inauguremos

Otra vez la celebración del pecado

en medio de bosques incendiados,

con los chirridos de pájaros obscenos que no mueren (p.107)

En efecto, en el plano de la musicalidad Bernardo Rafael Álvarez le insufla al poema el ritmo que, como bien señala Octavio Paz, convierte la materia manejada en poesía. Así sucede, por ejemplo en estos versos donde se funden lo fálico y lo uterino, hechos palabras:

 

Como tú

Y yo abominables

espectros par de monosílabos

De la noche como nadie

(Las rosas cantan su propia melodía de espasmos y discordia)

Ni carne ni sangre

Apenas una sensación una sorpresa

Como todos

Humedad en el vientre y visceral licencia fálica

Una delirante angustia uterina

Como el silencio escondido

En la guarida de los lobos

Bajo el brassiere de la epopeya.

Y el adjetivo testicular

[…]

No muere sino se desplaza cansino y prosódico porque

Casi siempre el mejor poema se escribe en el útero” (p.76-77)  

La relación vital, carnal y espiritual, profana y sagrada a la vez, entre el poeta y su creación está bien resumida en el poema “Huésped” de impecable factura, uno de los últimos poemas del libro con fecha de enero del 2017:


Diosa deseada

Hacedora de mis sueños

Culpable de los poemas que brotan por mis poros

Milagrosa fuente de agua bendita

Alienta mi canto como oración esperanzada

Bendice mis extravíos

 

Alimenta la carne de mi palabra

Y mi sed

Y recíbeme

Como huésped

Loco

Sufrido

Retorcido

Tierno

y

Desorientado

En el infierno sin fondo

De tu cielo

Y condéname

Sin misericordia

Al fuego húmedo de tu luz sin final (p.143)  

Este poema construido en base a las dicotomías cielo/infierno, lo sagrado/lo profano, sueño/realidad, culpa/redención podría ser la profesión de fe de un creador dedicado cuerpo y alma a la creación vista como salvación, perfectamente evocada en la oximorona imagen final del “fuego húmedo” hecho “luz sin final” en que se reúnen lo negativo y lo positivo.


4. Mujer y poesía: amor, sexo y erotismo

El amor, el sexo y el erotismo como forma y expresión de vida son poetizados en los versos de Bernardo Rafael Álvarez con realismo, naturalidad y extremo pudor, en un delicado lirismo donde se funden mujer y poesía. Valgan de ejemplo estos versos de “Poema escrito”:

 

Los senos descubiertos con angustia

tu mirada de infierno.

Oh las distancias trazadas, los minutos expresados

minuto a minuto, oh no recorrer no sentir:

“he aquí mi cuerpo desnudo.

estos labios sangrando,

esta oscuridad, profundidad,

lenguaje que llama: sexo hembra, flor de loto,

sol que nace” (Mi dulce ovejita sin manada,

transformación mágica: hada de mis bosques: sentirte húmeda,

tibia; oh nuestra piel sin exceso habitada) (p.103)

Un poema como «Arliasar» parece directamente salido del universo pictórico de Courbet y de sus finos cuadros deliciosamente eróticos: “El origen del mundo” y “Mujer en medio de las olas”:

 

Con pudor y cinismo

una sábana blanca esconde

los labios,

la hendidura inexpugnable

de la profundidad feraz de tu pubis

y el monte salvaje que, enhiesto y acobardado,

parece vigilado por tu clítoris: guardabosque celoso

del paraíso (p.124)  

Así termina el poema, pura imagen de esa mujer desnuda que ofrece sus senos maternales y su sexo procreador a la vista de todos, en “El origen del mundo” del pintor francés:

 

Tendida como un valle

pero ondulante como olas de mar en madrugada

yaces como una duda

y un llamado

a la paz y a la guerra.

Una luz envuelve tu mirada

Esa luz golpea la mirada mía

como una prohibición.

(¿Entraré en el fuego de tu infierno,

como pecado

y condena

y, desgarrado y desgaritado.

llegará mi corazón a palpitar al compás de tus gemidos

mientras la noche envolviendo nuestros cuerpos

llore y sude a mares,

mujer santificada,

diosa de mis pesadillas

y mi sed?) (p.124)  

El cuadro se completa con estos versos del penúltimo poema “Adolescentes bellos” en los que se canta a la juventud en su dimensión sagrada de inocencia, de pureza de los sentimientos y de los ideales:


Amamos

y aún hay humedad en nuestros poros

y unas ganas irrefrenables de sobrevivir

con el ocho echado bajo nuestros pies

y la sonrisa como un aniego perpetuo

Adolescentes bellos

dueños de nuestro canto y de los monosílabos

sin que nadie nos imponga su verdad

sin estatuas que nos quiten la luz

Eramos adolescentes bellos

Libres, bellos y desnudos (p.147)

El remate final “Libres, bellos y desnudos” de este poema constituye probablemente una de las expresiones más luminosas de una utopía humana encarnada en el canto y los “monosílabos”, vale decir en el lenguaje que lo sostiene. 

 

5. Búsqueda de sí mismo

Nuevo Diógenes con su linterna, el poeta busca su verdad “Con la ansiedad compulsiva de mostrar / Al mundo las extrañas moradas que habitan / El nublado universo de mis arenosas entrañas” afirmando al final de ”Este olor verde y pútrido”:

 

Estoy atado al mundo sí

Pero el mundo está desprendido de mí/

Viví debajo de la realidad –artificio de místicos y poetas pse!

Y ahora trato de injerirme en ella pero es demasiado tarde

Ser realista / ah idioma de los mocos y el agua bendita:

Existir y rebuznar como un descosido

Artificio de ministros y buhoneros puaf!

No la encuentro propicia para los espejismos: escupo

Y pido que me devuelvan la palabra /

Y nada me obliga a nada

Excepto a ser libre y líticamente silencioso

como una ofensa (p.63)

En “Monólogo de Nadie y un paréntesis concreto” Bernardo Rafael Álvarez expresa sus interrogaciones, humanas y metafísicas a la vez, sobre la realidad de su existencia a las que la pura razón cartesiana es incapaz de dar respuesta:

 

Me pregunto a veces: ¿tengo un cuerpo?

Vuelvo a preguntarme: ¿tengo un alma?

Finalmente me pregunto: ¿quién es el que pregunta

Mi cuerpo mi alma o una tercera persona?

O soy un pensamiento y mi carne / cosa de

Descartes verbo cruel y cínico (p.60)  

En medio de sus interrogaciones el poeta, “lamentándose por haber nacido” (p.90) se encuentra sumergido en el universo absurdo del filósofo rumano Emil Cioran . Y más aún en el universo ubuesco del escritor francés Alfred Jarry, inventor de la patafísica, o ciencia de las soluciones imaginarias:

 

Vomito adverso a los ojos y la eternidad ubuesca del doctor Faustroll y su

reinado vegetal

Más esta ética de las tripas y los flujos

Donde no soy más que una anécdota

Quiero decir un pretexto una sesión de absurdos

Es que somos animales somos animales

Merdre! (p.74)   

En el último poema “Me importan” el escritor se pregunta sobre sus múltiples “yo” y la complejidad de la naturaleza humana: 

 

Que me importan, dije

pero los demás nunca dejaron de ser mi mismo desierto y desconcierto

mi misma soledad y compañía

mi misma asfixia,

mis mismas ganas de morir como una cucaracha

mi misma resurrección a la hora de la oración y el desayuno de milagros

La misma sinfonía de estiercol y pétalos de Girasol

Mi silencio y el rumor de no estar solo (p.147-148 )   

De alguna manera, Bernardo Rafael Àlvarez, daba una respuesta anticipada a estas interrogaciones sobre sus múltiples “yo” en quienes se funden lo propio y lo ajeno como en su propia imagen –que es también la imagen de los demás- reflejada en el espejo que “repite la letanía de la esperanza y su bendita imprudencia”, en los versos iniciales de “Insula”:

 

Un islote

Eso fui y soy (p.122)  

Con la bella imagen del “islote” sacada de la naturaleza y sus connotaciones afectivas dadas por el diminutivo, se precisa la relación entre el ser humano y el cosmos, alegoría poética de la relación del ser humano con sus semejantes, de su sueño y utopía:

 

Un islote solidario

siempre

pero jamás sometido

al continente (p.122)  

6. Poesía y utopía

La poesía de Bernardo Rafael Álvarez, expresa ciertamente más dudas que certidumbres, como traducen los vallejianos “Yo no sé!” que concluye el poema “Monólogo de Nadie y un paréntesis completo” (p.60) y “Sabio si tú hubieras sido hombre hoy supieras ser dios” hablando del curaca en el poema “Con Igor Ignacio en Caral”. (p.117)

La utopía de Bernardo Rafael Álvarez gira fundamentalmente en torno a la figura mitificada de Marx que ha inspirado las grandes revoluciones del siglo XX en el mundo y los movimientos de liberación nacional en América Latina, dando lugar en algunos casos a regímenes dictatoriales y manifestaciones de violencia y de terror extremos:

 

L’art d’être grand:

El viejo Karl debió entender

Que la alquimia mueve la historia;

Llevamos la piedra filosofal en las

Manos para hallarla después en el

Principio / El arte de enmohecer la

Palabra: fui dueño de tu voz en el

Teléfono y de tu saliva en mis labios:

Has vuelto a tu realidad, y, lástima,

Yo no estoy con ella (p.110)  

La reflexión del poeta parte de una mirada sobre la historia y sobre la instrumentalización de una teoría inicialmente considerada como generosa. Dicha instrumentalización desnaturaliza completamente la teoría hasta el punto de invertirla, transformándola -según afirma- en “macabra teoría” para la desdicha de la humanidad:

 

Y, como sabemos, la historia es el cuento

falso o verdadero

de lo que ocurrió

y no de lo que ha de ocurrir; no es futurología ni adivinación azarosa.

Y Karl, el viejo amable y sabio, no era

futurólogo

ni adivino,

El pasado que vino después de él lo traicionó,

feliz o lamentablemente

no lo sé

pero ya no fue lo que había sido. Y no se dejó seducir

por aquella vieja que de partera

pasó a ser comadrona abortera de barrio lumpen

haciendo que lo afirmado por el viejo Karl

se transformara en macabra teoría. Y nosotros

tontamente

nos quedamos tocando el tambor

o nuestro cuerno de hojalata

desnudos

al otro lado del mundo

sin saber decidir entre

la violencia

o la inteligencia (p,142)  

Notaremos en estos versos la fuerza negativa de la sugerente imagen de la partera que pasó a ser “comadrona abortera de barrio lumpen” y de las palabras utilizadas: “traicionó”, “macabra teoría”, opuesta a la imagen final de la ingenuidad del colectivo “nosotros” emblematizada por el tambor o cuerno de hojalata que escuchan los inocentes. Se trata de una manera de diferenciar simbólicamente las víctimas de los victimarios, los traidores conscientes de sus actos de los traicionados inconscientes e impotentes.

En el trasfondo ideológico de la poesía de Bernardo Rafael Álvarez anida una idea clave: la celebración de la Libertad del individuo, de su libre albedrío y de su condición humana. El compromiso del poeta es con la inteligencia, contra la ceguera y todos los fanatismos religiosos y/o ideológicos y políticos.


7. La marca de Hora Zero

En resumidas cuentas, agregaré simplemente que como en sus compañeros de Hora Zero, en Bernardo Rafael Álvarez, “la poesía ladra / suda orina tiene sucias las axilas,/ La poesía frecuenta los burdeles / escribe cantos silba mientras se mira/ ociosamente en la toilette” como escribiera Enrique Verástegui en su poema “Si te quedas en mi país” de su primer libro En los extramuros del mundo. El poeta cree ciertamente según declarara Juan Ramírez Ruiz que “el arte, la poesía, abre ríos, levanta montanas, transforma a los individuos y es la potencia luminosa, el indestructible vigor, la vitalidad más alta”. 


En Bernardo Rafael Álvarez su oficio de abogado se funde con la función de poeta. La divina hoguera es probablemente una de las más radicales muestras de defensa de la palabra delincuente ante el tribunal de la vida. Palabra maltratada por el trato social, ético y cultural. Palabra tabú vergonzosamente reservada a la vida íntima y secreta del ser. Palabra prohibida de uso en las relaciones humanas y sociales "decentes" sin atraerse los anatemas de las almas "bien pensantes" y mojigatas. Palabra, en fin, subversiva arbitrariamente acusada de diabolismo y condenada antes de ser juzgada. 

En esta defensa, merced a su poetización, igual que las "putas palabras" de Octavio Paz, la palabra delincuente cambia su estatuto de culpable por el de inocente. Sale libre y reforzada del tribunal de la vida.

Razón por la cual no vacilaré en afirmar que lejos de ser “descarnada y agresiva” la poesía de La divina hoguera es pura carne, pura paz interior y exterior. Porque entre la violencia y la inteligencia Bernardo Rafael Álvarez ha sabido escoger la inteligencia. 

 

[Couyou, marzo de 2020]




_______________________

Roland Forgues, nacido en Tarbes (Francia) en 1944, es el más importante peruanista francés vivo. Ha sido docente en las universidades francesas de Grenoble y Pau. Algunos de los más de veinte libros que ha publicado, dedicados  al estudio de la litetatura peruana e hispanoamericana, son los siguientes: El fetichismo y la letra: ensayos sobre literatura hispanoamericana (1986), José María Arguedas: del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico: historia de una utopía (1989), La estrategia mítica de Manuel Scorza (1991), Octavio Paz: el espejo roto(1992), Mariátegui: la utopía realizable (1995), Vallejo: dar forma a su destino(1999), Plumas de Afrodita: una mirada a la poeta peruana del siglo XX (2004), Palabra en el viento: ensayos sobre creación e identidad en América Latina (2005). También tiene trabajos sobre Benedetti, Rulfo, Quiroga, Blasco Ibáñez y otros importantes escritores latinoamericanos.