"No se haga de rogar, patita, y sírvase otro trago/ que aquí entre copa y copa, le quiero hacer saber/ por qué es que estoy tan triste, tan solo y amargado,/ que hasta la remaceta hoy me quiero poner..."
Ver donde otros no ven, o no quieren ver, no es cosa del otro mundo. Es cuestión de ver únicamente; así de simple. Ah, pero para ello es recomendable emplear la mirada y dejar de lado las anteojeras y también la ojeriza. Apasionarse en la vehemencia, no en el odio ni en el fanatismo. Ser tolerantes, pero no tontos. Ser perspicaces, no adivinos. Ser claros y objetivos. Ser decentes y sinceros. Justos. No esperar el aplauso fácil. Buscar la verdad. Respetar.
miércoles, 28 de marzo de 2012
HASTA LA REMACETA
"No se haga de rogar, patita, y sírvase otro trago/ que aquí entre copa y copa, le quiero hacer saber/ por qué es que estoy tan triste, tan solo y amargado,/ que hasta la remaceta hoy me quiero poner..."
lunes, 26 de marzo de 2012
DENEGRI: EN TÉRMINOS DEL IDIOMA...
Al definir "Conductismo", en su segunda acepción, el DRAE dice: "Psicol. Estudio de la conducta en términos de estímulos y respuestas." En mi opinión y -estoy seguro- en opinión de psicólogos también en esto no hay nada que discutir; todo está claro. Qué es lo que quiere decir, en otras palabras el Diccionario: que el conductismo estudia la conducta en todo cuando se refiere o relaciona a los estímulos y respuestas.
El motivo de esta nota no está, pues, atado a una preocupación de carácter psicológico, sino en relación con algo que acabo de leer en El Comercio (Lunes 26 de marzo, pág. 20), escrito por don Marco Aurelio Denegri. El ahora columnista del diario decano, expresa enfáticamente lo siguiente: "Es lamentable que la Academia haya claudicado una vez más ante la expresión del vulgo hablante y diga ahora 'en términos de', según puede verse en el DRAE 2001". Así de firme y rotundo es don Marco Aurelio, como siempre. Además de basarse en su propio e insobornable criterio, se sustenta en lo escrito por el lingüista Wilson Follett (autor de Modern American Usage), quien refiere que la expresión inglesa "in terms of" (que sería el origen de la expresión nuestra) no es correcta, que "está mal". Don Marco Aurelio -purista hasta la "remaceta"- recomienda oficiosa y diligentemente que, en lugar del mencionado "barbarismo" se diga "en relación con, o con relación a".
Bueno, como reza el dicho popular, consejo, hasta de un conejo. Empero, lo que me parece fuera de lugar es que se quiera prohibir un uso que está masivamente generalizado (perdonen esto que parece o es una redundancia). Y me parece, también, que don Marco Aurelio no ha leído, o si lo ha hecho se ha olvidado, lo que el mismo DRAE dice justa, oportuna e inteligentemente en su Preámbulo, empleando palabras del poeta latino Horacio: "el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua". El uso, bueno o malo, correcto o incorrecto, manda, pues. La Academia es autoridad, sí, pero no autoridad imperativa ni mucho menos impositiva. Puede, si quisiera, proponer, pero, como escribe el académico Manuel Seco, el lenguaje por ser un hecho humano está "sometido a la voluntad humana; no solo la voluntad del que propone un uso, sino la del que decide seguirlo".
La Academia, en este caso de la expresión "en términos de", como en todos los casos, no ha "claudicado"; afirmar lo contrario es (voy a decirlo con una palabra muy grata para nuestro erudito Denegri) una barbaridad. La Academia no cumple (nadie le ha dado esa función) el papel de guardián ni de censor del idioma. Repito lo que escribí en anterior oportunidad: "La lengua no la crean los académicos ni los escritores, sino el pueblo; y es el pueblo también quien la modifica y, eventualmente, puede hacer que desaparezca. Yo siempre he creído que la lengua es acaso lo más democrático que existe; en ella no se dan imposiciones verticales, desde arriba, sino todo lo contrario. La Academia recoge, asimila y consagra expresiones que los hablantes van, cotidianamente, aceptando como útiles para la comunicación."
Así que, hablando en términos del idioma, la cosa es muy clara, don Marco Aurelio. El piso está parejo.
viernes, 23 de marzo de 2012
RAÚL PORRAS BARRENECHEA
Hoy día, 23 de marzo, se cumple un año más del nacimiento de uno de los más insignes intelectuales peruanos de nuestra época republicana (nació en 1897). Un hombre en cuyas responsabilidades (no obligadas, sino asumidas voluntariamente y con cariño, lo cual es lo más digno) supo desarrollar sus labores con eficiencia, lucidez y ponderación. Como historiador, maestro y diplomático, dio su voluntad, inteligencia y cultura por el Perú; su vida, en buena cuenta. No faltó, sin embargo, quien irresponsable e infamemente -no obstante lo obvio de su abundante, documentada y valiosa obra, capaz de doblegar cualquier despropósito- le endilgara el absurdo mote de "hispanista". Pero fue -y todos sus trabajos lo demuestran ostensiblemente- el historiador que supo -habiendo incursionado prácticamente en todos los aspectos y etapas de nuestro pasado- defender, con uñas y dientes, la integridad de nuestra historia e integridad además de la ineludible condición simbiótica de nuestro pasado y presente. Como maestro, dejó una herencia de profesionales e intelectuales de nota que nos enorgullecen y lo recuerdan entrañablemente: Vargas Llosa, uno de ellos, que durante los últimos años trabajó codo a codo con él, reconoció en alguna ocasión que la historia del Perú la aprendió "en su biblioteca de la calle Colina". En España, como diplomático, manifestó una actitud pocas veces repetida -por otras personas- de dignidad y patriotismo: renunció a la misión diplomática ante el agravio a los símbolos patrios y la pusilánime, cobarde e indecorosa respuesta del gobernante de turno que poco antes había alterado el orden democrático derrocando a Bustamante y Rivero que fue uno de los más decentes gobernantes que ha tenido el Perú. En otra oportunidad, ya casi al final de sus días, expresó valiente e insobornablemente su vocación por la libertad, la justicia y la unidad latinoamericana cuando en la Reunión de Cancilleres de Costa Rica se vio el delicado caso de Cuba. Este hombre murió a los 63 años, habiendo sido -¡cómo no!- el blanco de diatribas y casi demenciales agravios, incluso de algunos desleales personajes formados por él. Como alguna vez llegó a expresar Martin Adán, nuestro poeta, en una conversación privada, según recuerda Félix Álvarez Brun -que fue uno de los más conspicuos discípulos del autor de Fuentes Históricas Peruanas-: "no lo mató la cardiopatía, lo mató la Cancillería". Lo mató la deslealtad y la infamia. Merece, sin ninguna duda, un justo homenaje oficial. La sala del Palacio de Gobierno -es mi modesta opinión- en la que se reciben las credenciales de los embajadores que se acreditan ante nuestro país, debería llevar su nombre y ostentar en lugar preferencial su imagen serena y respetable. No se le debe ningunear, como lamentablemente suele ocurrir en este país que a veces se comporta como la madrastra de sus hijos. El Perú le debe mucho al maestro Raúl Porras Barrenechea -que es el ilustre personaje al que me refiero-; lo merece, por justicia y como gratitud patriótica.
jueves, 22 de marzo de 2012
DON NÉSTOR JÁUREGUI
(Texto escrito en febrero del 2006)
martes, 20 de marzo de 2012
TOROS, CUCARACHAS Y ESE "MONTÓN DE CÉLULAS"
miércoles, 14 de marzo de 2012
¿DELITO DE NEGACIONISMO?
Según el Ministro de Justicia, el Ejecutivo propondrá la incorporación del negacionismo como delito. El negacionismo sería, así, una figura penal caracterizada por la negación de los crímenes cometidos por grupos terroristas. Esta medida se daría en vista de que el delito de apología del terrorismo no dio lugar -en la práctica- a sanciones reales y efectivas. Es innegable que la propuesta en mención va a dar pie a más de una opinión (de apoyo y de discrepancia). En algunos países, como Alemania, el negacionismo es considerado un delito. Pero, sinceramente, aún a pesar de las respetables razones que sustentan tal cosa (y de las justificaciones que se pretenderían dar en nuestro país), creo que se trata de una norma absurda, descabellada. El negar los crímenes, como los perpetrados por Sendero Luminoso, por ejemplo, no es una conducta que pueda -en un sano juicio- tipificarse como delito, pues corresponde simple y llanamente a una percepción, a una opinión, a un criterio, respecto de algo ocurrido y no respecto de lo que pudiera ocurrir en adelante. Nadie comete un crimen retroactivamente. Si yo dijera que la muerte de Edwin Elmore no fue un crimen, ¿acaso me convertiría en culpable de lo que hizo Chocano y debiera, por ello, ser perseguido y condenado? No. Esto solo correspondería a una visión distorsionada, equivocada y desafortunada acerca de ese hecho. Y, como sabemos, la estupidez no es condenable. El negacionismo es, simplemente, eso: estupidez, ceguera histórica, nada más. Como dije en otro momento, el Estado tiene derecho a defenderse y a defender a la sociedad y por eso tiene en sus manos la facultad punitiva. Pero la defensa debe efectuarse bien, sin deficiencias ni excesos, y, sobre todo, con inteligencia. Sin atentar contra derechos básicos, respetándolos. La apología sí puede -con justa razón- ser un delito, porque no solo se comporta como defensa y alabanza, sino como aliento, como apoyo a aquello que es dañino. En cambio, una interpretación de los hechos ocurridos a través de la historia, es solo el ejercicio (inteligente o -repito, y disculpen el exceso- estúpido) del derecho a pensar. Esperemos que se imponga el buen juicio.
sábado, 10 de marzo de 2012
LOS FUSILAMIENTOS DEL CHE
He leído
en el Facebook que Ernesto Che Guevara, en la prisión que dirigía habría ordenado
fusilar a los enemigos de la revolución (y hasta dicen que se ufanaba de aquellas
muertes). Creo que esto da oportunidad para reflexionar sobre eso: los
fusilamientos.
Se
supone (o, al menos, eso es lo que creo que debemos suponer) que los
fusilamientos no son lo que se conoce como ajusticiamientos. Estos, los
ajusticiamientos, aunque el diccionario no establezca precisiones
diferenciales, lo cierto es que son algo así como -arbitraria y, claro,
perversamente- atraer, sin legitimidad, hacia sí la facultad de "hacer
justicia" y, simplemente, matar. Un fusilamiento sería, en sentido lato, el
acto de fusilar, es decir, "ejecutar a alguien con una descarga de
fusilería".
Y bien
sabemos que, en países donde existe la pena de muerte, ese puede ser el
procedimiento de ejecución que es, como tal, un acto legal, jurídicamente
aceptado. Y si es así, se trataría también de algo surgido a partir de un
proceso judicial que -debe suponerse- debiera ser desarrollado con todas las
garantías del caso, en un marco de estricta legalidad.
Si en
Cuba, aparentemente con el Che Guevara como autoridad (yo no lo sé, por eso
digo aparentemente), se dieron casos de fusilamiento, lo menos que debiéramos
creer es que hubo sendos procesos judiciales. Y, si hubiera sido así, se habría
tratado no de asesinatos. Pero, repito, no lo sé.
Lo que
siempre o casi siempre hemos escuchado y leído acerca de Guevara es de que se
trataba de un legendario revolucionario, casi un Quijote. Y -lo confieso- a
muchos nos encandiló en alguna forma. Leer sus escritos (desde el Diario
del Che en Bolivia) nos hizo admirarlo aún más, porque, entre otras cosas,
allí podíamos encontrar (lean La guerra de guerrillas) que, no
obstante ser un convicto y confeso simpatizante y seguidor de la violencia como
medio revolucionario, puso en blanco y negro (es decir, en los textos que
escribió) su rechazo al asesinato, al terrorismo indiscriminado, a todo cuanto
pudiese atentar contra las poblaciones humildes, etc.
Si la
historia -con serenidad, imparcialidad, justicia y objetividad- llegara a
demostrar lo contrario, que los actos del Che no iban de la mano con sus
palabras escritas, yo diría -hidalgamente- que una estatua (como muchísimas,
con justa razón) se ha desleído. Y, claro, no me sentiría mal ni decepcionado.
Hay un
momento en la vida en que ya no son las pasiones ni las simpatías o antipatías
lo que nos debe mover, sino la razón. No estamos, no debiéramos estar,
dispuestos a someternos a eso que yo llamo la "vocación de secuacidad
ovina". Podemos simpatizar, votar a favor de algo o de alguien, pero no
convertirnos en ciegos seguidores de voluntades o "lucideces" ajenas.
Llega un momento en que ser libres, que es ser nosotros mismos, es la más
lúcida y leal elección.





