jueves, 30 de octubre de 2025

"NO SEAS HUAMÁN", una expresión coloquial peruana

 

La expresión peruana “No seas huamán" es lo mismo que decir esto: "No seas huevón". Es decir, no seas tonto, idiota, "quedao". O, como bien dice la doctora Hildebrandt: "persona tonta, de poco entendimiento".

 

Se recurre a este apellido de origen quechua por una simple y sencilla razón: por la analogía fonética que existe entre ambas palabras (huevón y Huamán), nada más. Sin embargo -como refiere nuestra lingüística- Juan Álvarez Vita, en su Diccionario de Peruanismos, afirma que "no puede descartarse cierto fondo de discriminación surgido del hecho de que Huamán, que en quechua significa halcón, es un apellido de origen indígena". 

 

¿En qué se habría apoyado nuestro meticuloso lexicógrafo, para insinuar tal cosa? Pues en un artículo de Rodrigo Montoya, publicado en La República hace un par de décadas (en julio de 1997), en el cual el antropólogo ayacuchano dice que se trata de una expresión usada en "el Perú -uno de los grandes paraísos de la discriminación étnica" y que brotó "del pozo sin fondo del inconsciente colectivo". Podrá, para él, ser nuestro país un "paraíso de la discriminación"; pero en cuanto al uso de "huamán" y "huevón", nada tiene que hacer eso; la expresión referida no está involucrada en asuntos de ese tipo. En otras palabras, si en lugar de "Huamán" se hubiese usado una palabra fonéticamente similar, pero de origen sajón, ruso o italiano, no habría habido razones de incomodidad o de indignación "reivindicacionista", ¿verdad?

En este "paraíso de la discriminación" también apareció esta otra expresión replanesca, para referirnos al mozo de un restaurante: "mosaico"; ¿habrá habido en esto un malsano propósito "antibíblico" (contra Moisés), o de antisemitismo? No, no y no. ¿Y cuando decimos: "Estás chocando con Chocano", estamos, acaso, aludiendo a la "peligrosidad" del poeta que asesinó a Edwin Élmore? No, de ninguna manera. Y tampoco se quiere insinuar que el personaje caricaturesco creado por Julio Fairlie haya sido un borracho, cuando decimos “sampietri" en reemplazo de "zampado".[1]

 

Los vocablos replanescos o de jerga se crean haciendo uso, entre otros recursos, de la analogía fonética (chaufa, para decir chao; zanahoria, por sano; mosaico, por mozo), y también recurriendo a la metátesis, o reubicación de sonidos o sílabas que casi siempre da lugar a la inversión de la palabra (lleca, por calle; ñoba, por baño; choborra, por borracho). No hay propósitos perversos o ponzoñosos, sino solo una sana travesura.😜

 

© Bernardo Rafael Álvarez

                                                                      14/04/2020

 



[1] Otras expresiones: Arriola, por "arrecho"; Tarzán, por "tarde"; Coca Cola, por "loco"; Chiquitoy, por "el chiquito"; Pendeivis, por "pendejo'; Monsefú, por "monse"; Conchán, por "conchudo", sinvergüenza; Chivay, por "chivo", homosexual; Alfonso, por “al fondo”; culantro, por "culo"; Canchis Canchis, por "cachar", o sea: copular".

 

sábado, 11 de octubre de 2025

CÍRCULO DEL SUEÑO (HAIKÚ PERUANO)

 

Octavio Paz escribió, respecto del haikú, que es «la anotación rápida, verdadera recreación, de un momento privilegiado»; que «... a pesar de su aparente simplicidad (...), es un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo»; y agregó: «... el haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente». Y citó, entre otros, este bellísimo poema de Bashō, «que ha resistido, es cierto, a todas las traducciones» (y también a los insolentes plagios, agrego yo): «Un viejo estanque: / salta una rana ¡saz! / chapalateo». 

¿Por qué hago esta rápida alusión al Nobel mexicano? Porque tengo en mis manos un extraordinario libro de haikús -escritos no en Japón, sino aquí, en nuestro Perú- que me ha impresionado sobremanera. Lean este:

 

Aquí vengo a

tu sendero de gracia.

Me aúpa el verbo. 

Increíble, realmente: es, entre otras cosas, celebración justa de la palabra. No es, como hacen otros, una simple e insulsa agrupación de diecisiete sílabas (cinco, siete, cinco). Es que, hablando con propiedad, el haikú no es un género poético que se caracterice únicamente por esa forma métrica; es, sobre todo (y aquí empleo otra vez palabras de Paz), «significar mucho diciendo lo mínimo».

 

Lean este otro:


Luces del faro

de ese viejo Volkswagen:

¡vuelo del ave! 

¡Soberbio! Un poema que, estoy casi seguro, habría hecho que nuestro inolvidable Marco Aurelio Denegri diese el grito al cielo: «¡No, esa no es palabra poética!» habría dicho refiriéndose a «Volkswagen»; y podría haber explicado que un haikú no debe contener expresiones referidas a cosas ajenas a la naturaleza, o algo así. Pero, la verdad es que este género, cuyos más notables representantes son Bashō, Yosa Buson, Issa y Shiki, carece de normas prohibitivas; lo único, digamos, en algún modo ineludible es el tener en cuenta el número de sílabas en cada uno de los tres versos, y lo demás entra en la plena libertad creadora, pero, naturalmente, sin afectar lo que es esencial: el impacto gigante a pesar de la simplicidad. Ah, y otra cosa: el haikú no tiene necesariamente que ser una suerte de prolongación (o imposición) de la filosofía, religión o sensibilidad Zen, ni siempre ha de aludir a una estación del año (esto podemos encontrarlo en poemas japoneses tradicionales; pero nosotros no estamos obligados a seguir esa senda). 

¿Y el humor? Claro que también el humor puede estar en un haikú (y no solo el «humor seco» a que se refiere Paz, en Las peras del olmo). Por ejemplo, en este: 

 

Hombre bosteza,

alucina su sueño

de mala muerte. 


O en este otro:

 

Niña con duende

sin el diablo en su cuerpo.

Vieja pacata. 

También puede -¡cómo no!-, un haikú, ser formulado como interrogante y en él ser nombrado el leal canino que nunca olvidó a Ulises:

 

Por qué vagar

en mi salado mar

¿verdad fiel Argos?

 

Bueno, ya tengo que decirlo. Los haikús que he transcrito tan solo como una casi microscópica muestra, son de una muy talentosa poeta peruana, Julia del Prado, extraordinaria hacedora, en nuestro medio, de este tipo de poemas cuyo origen, como sabemos, está en el Japón y (vuelvo a citar textualmente palabras de Octavio Paz) se desprendió «del renga haikai (y luego) empezó a llamarse haikú, palabra compuesta de haikai y hokku». 

¡Celebro tu bella y valiosa poesía, Julita querida! 

 

 

                                                                                               © Bernardo Rafael Álvarez

                                                                                                            11/07/2024