lunes, 15 de junio de 2026

EL DOCTOR ZHIVAGO, EN PALLASCA


El doctor Zhivago, que es el título de una película, me lleva a Pallasca, a mi colegio (modestísimo, pero, aun así, para mí el más grande de mi provincia): el Colegio Municipal Mixto San Juan Bautista, creado a instancias de la voluntad de mi pueblo y gracias al apoyo parlamentario de dos diputados ancashinos: Saturnino Berrospi y Arcadio Alfaro. El propósito y deseo de todos era que, obviamente, se convirtiese más temprano que tarde en una institución educativa "nacional"; es decir, amparada administrativa y financieramente por el apoyo del Gobierno Central. Se hicieron todas las gestiones y esfuerzos, pero infructuosamente. Creo que lo que jugó en contra fue el hecho de que Pallasca era un pueblo chico con una población escolar poco abundante y porque, desde 1962, ya contaba con una institución educativa de nivel secundario: el Instituto Nacional Agropecuario Nro. 47, que era solo para varones. 

Sea como fuere, lo cierto es que el "mixto" (así lo llamábamos) funcionó, pero solo durante cinco años. Yo estuve allí hasta el cuarto año; pero aquellos cuatro años, fueron extremadamente fructíferos, enriquecedores, de modo especial los dos primeros: años en que, como ya lo he dicho en más de una oportunidad, Pallasca se convirtió en un excepcional centro de cultura. Hubo, si mal no recuerdo, hasta tres presentaciones teatrales al año: algunas obras, adaptadas de películas mexicanas, y otras que fueron creadas por nuestro primer director y profesor, Moisés Porras Matos. Las presentaciones se hicieron en nuestro pueblo y también en otros distritos de la provincia, a los que íbamos en "excursión". 

En el colegio, los alumnos escuchábamos música sinfónica -y aprendimos a entender su significado-, especialmente los poemas sinfónicos. Leímos con cierta intensidad y ¡comenzamos a escribir!: al principio, haciendo nuestros "diarios íntimos". Llegó a editarse una revista cultural: Ondas Pallasquinas. Todo esto, gracias al entusiasmo, estímulo y esfuerzo (sumado a nuestro regocijo e inquietud de adolescentes) de Moisés Porras Matos, un profesional joven con alma de poeta y, además, soñador. Aparte de las composiciones de Tchaikovsky, Franz Liszt y otros, lo que nos impactó sobremanera fue el conmovedor Tema de Lara, parte del sound track de la película El doctor Zhivago, que fue creado por el francés Maurice Jarre. 

Entonces no llegaba, aún, la carretera a Pallasca; sin embargo, como solía decirse en alusión a los adelantos más valiosos (los culturales, los espirituales) ya estábamos "a la par con Londres", esto, además, porque, entre otras cosas, se hizo realidad un cambio muy significativo: la tardanza, tan proverbial en nuestro país, la convertimos en puntualidad: "Desde hoy, establecemos la hora pallasquina", decretó nuestro querido maestro, don Moisés. 

Todo esto, y más, pasó en Pallasca durante mis dos primeros años de secundaria (de 1967 y siguientes). Claro, también dieron su aporte valioso, al principio, nuestros profesores Mario Vidal, Isidoro Cier, Juan Ames y nuestra querida e inolvidable Mechita Málaga Masgo (que fue la esposa de nuestro primer director) y, seguidamente, Erasmo Sandoval y Nerio Rubiños (que me hizo conocer la poesía de Javier Heraud). Y, naturalmente, también mis compañeros de estudios, de quienes también aprendí mucho (Herenia Guzmán Bordonave, Lizandro Bocanegra Ubaldo, Lucho Aparicio, Mechita Delgado, Lilia Álvarez, Cruz Herrera ("Coloshal"), Henry Bocanegra, Betsy Arellano, Gricelda Alvarado, Luchito Ninaquispe ("Charango"), Gloria Valderrama, Marilu Robles y muchos otros... 

¡Qué lindos días aquellos, en el lindo pueblo de los "chupabarros", caracho, nuestra Pallasquita linda! Y yo, ahora y siempre, profundamente agradecido por todo. Cuando, a veces, vuelvo a escuchar los acordes del Tema de Lara, no puedo evitar, lo confieso, que unas lágrimas rueden por mis mejillas. ¡Perdónenme la nostalgia, por favor!

                                                                                                                      Bernardo Rafael Álvarez