viernes, 16 de enero de 2026

DE CAJÓN

 

Hace un rato me acerqué a una librería de mi barrio, en que funciona un agente bancario, para retirar un sencillo (dícese de una pequeña cantidad de dinero☺️). Al preguntarme la señora que me atendía si a la cifra que estaba por marcar en el «P.O.S» le debía agregar el sol de comisión, le dije que sí, que eso era de cajón. Unos segundos después se me ocurrió comentarle acerca de lo simpático y curioso de aquella expresión popular («De cajón»); le dije que probablemente se trataba de un peruanismo cuya antigüedad no sería mayor de unas cinco o seis décadas, e inmediatamente procedí a efectuar la respectiva anotación en mi inseparable libretita de apuntes. Ahora, al indagar en la Web me doy con una sorpresota de la pitrimitri: ¡ni peruanismo, ni tan reciente! El más lejano registro documental conocido data de 1817 (¡dos siglos!): la edición, correspondiente a aquel año, del diccionario publicado por la Real Academia Española. La expresión es definida allí de este modo: «Ser de cajón. f. Ser alguna cosa corriente y de estilo», con el siguiente agregado explicativo en latín: Rem esse consuetudine et usu receptam: o sea: «Es una cuestión de costumbre y práctica». La definición principal se mantuvo invariable en las ediciones posteriores del diccionario, hasta la de 1970. A partir de 1983 son otras las palabras usadas para definir la expresión; sin embargo, esencialmente dicen lo mismo: «Ser evidente, obvio, estar fuera de toda duda o discusión». Digo que, prácticamente, se trata de lo mismo por esto: porque lo que es «corriente y de estilo», es decir, «de costumbre y práctica», también es evidente, obvio y está fuera de toda duda o discusión. Y, bueno, ahora viene la pregunta que es esperable, o sea, de cajón: ¿por qué se usó y se usa en la frase precisamente este vocablo, «cajón»? A simple vista resulta  imposible encontrar una respuesta, una explicación satisfactoria. ¿Qué diablos tiene que ver una caja (mencionada con sufijo aumentativo) con un asunto de uso o costumbre, o de obviedad? Parece que a don Miguel de Unamuno (el autor de Niebla, obviamente, y también el creador de aquel curioso vocablo –«cocotología»– que, a pesar de no haber estado nunca en el uso de los hablantes, fue incorporado al DLE, ¿recuerdan?) también le pareció desconcertante y hasta llegó a asumir que, en efecto, con esto nada tenía que ver aquella «pieza hueca de madera, metal, piedra u otra materia, que sirve para meter dentro alguna cosa» y que es cubierta «con una tapa suelta o unida a la parte principal» (diccionario RAE, 1914). Por ello es que al escritor español se le ocurrió sugerir (en una publicación hecha el 23 de julio de 1921 en la revista Caras y Caretas de Buenos Aires) una teoría según la cual lo del vocablo «cajón» estaba, más bien, relacionado –digamos que solo fonéticamente– con el italiano «cagione», que suena como «cajón» pero, en realidad, significa «causa», «motivo», y en latín es «occasionem»; y, así, concluyó afirmando «que, por tanto, 'frase de cajón', es 'frase de ocasión'». Pero, no, en verdad no es así. Lo de cajón se relaciona, en realidad, con las imprentas que hace mucho tiempo usaban tipos móviles (letras metálicas en relieve e invertidas) para componer palabras y textos y luego proceder a la impresión; muchas veces, las palabras y frases más usuales, preparadas con los tipos, ya listas, se guardaban en cajas (o cajones) para empleo posterior, y por ser fácilmente accesibles evitaban, digamos, el doble trabajo y, por consiguiente, las palabras y frases que con ellas se imprimían  eran, pues, llamadas «de cajón». ¡Un abrazo, amigos!

 

© Bernardo Rafael Álvarez


martes, 13 de enero de 2026

APARRAR, APARRADO, APARRE (PERUANISMOS)

Son peruanismos de larga data que hoy, prácticamente, ya nadie usa. La más lejana referencia documental que se tiene (o, mejor dicho, que yo he encontrado) es Jerga criolla y peruanismos de Lauro Pino, que fuera publicado en 1968. Efectivamente, allí en ese libro; pero solo como adjetivo (en la forma de participio). Curiosamente, el autor no consideró los usos que también entonces eran corrientes, como verbo en infinitivo y, además, como sustantivo. Concretamente, me refiero a estos vocablos: "aparrar", "aparrado" y "aparre". 

        La segunda de las voces mencionadas, "aparrado", que, como ya lo dije, aparece en la publicación de Pino, se encuentra, allí, creo que muy bien definida, con una sola palabra, así: "Abrazado"; y, como agregado, se lee lo siguiente: "Se usa refiriéndose a la actitud cariñosa de dos enamorados en un lugar público".  Este verbo (en infinitivo y participio) y el sustantivo de él derivado, eran, pues, muy comunes hace algunas décadas. 

Y, aunque actualmente pareciera que ya no están en el uso popular, la Academia Peruana de la Lengua ha hecho bien en reconocer su calidad de voces propias del castellano peruano y ha incluido las tres formas mencionadas en el Diccionario de Peruanismos publicado el año 2016; esto me parece, en verdad, muy plausible. A pesar de ello, creo –lo digo modestamente–, corresponde hacer unos comentarios que espero, –ojalá– no vayan a resultar imprudentes. Veamos. En su calidad de verbo en infinitivo, («aparrar») es definido en el repertorio como «abrazar con insistencia, acariciando eróticamente»; como adjetivo (que es, también, verbo en participio: “aparrado”), dice que es el «que abraza y acaricia eróticamente a otra persona». Cierto, "aparrar" es "abrazar" y, por consiguiente, "aparrado" es "abrazado" (o sea, el que abraza o está abrazando): clarísimo. Pero, vale hacer una precisión: está fuera de lugar aquello de que el abrazo (para que se ajuste a la definición del verbo “aparrar”) tiene que ser efectuado "con insistencia" o "acariciando eróticamente a otra persona"; no, el acto de "aparrar" no necesariamente (o no siempre) tiene que llevar una "carga" o componente de carácter erótico, ya que solo es, simplemente, el acto físico de abrazar: el abrazo de dos hermanos o el de un padre y su hijo también es aparrarse. 

Ahora veamos lo de «Aparre»; obviamente, sustantivo deverbal derivado de «aparrar». El diccionario afirma, lacónicamente, que es lo mismo que «Agarre». Si, asumimos, como corresponde (sin mayor esfuerzo “intelectual”), que "Agarre" es el acto de agarrar o agarrarse, resultaría justo aceptar que no hay motivo de reparo a lo dicho por el diccionario, ¿verdad? Claro. Pero, lamentablemente, no es así. Explico. La definición de "Agarre" que allí se ha considerado nada tiene que ver con lo que acabo de indicar, porque se aleja de aquello de lo que debiera ser indesligable: la idea de asir o coger o, más puntualmente, agarrar. ¿Por qué digo esto? Porque en el diccionario (“o lexicón, o tesauro, o elucidario, o calepino, o repertorio, o siete mares, o como quiera llamarlo la ‘ciencia’ de ciertos filólogos nativos”, como había escrito el inolvidable Goyo Martínez en su delicioso artículo titulado "Entre jocundo y jofaina", de mayo del 2004), repito, en el diccionario motivo de este comentario, se lee que "Agarre" es el «beso largo, repetido y apasionado dado en la boca acompañado de caricias y abrazos»: «Beso largo, repetido y apasionado». Y la verdad es que tal cosa no es cierta: en el concepto de “agarre”, lo referido a la intervención de las manos y brazos no es algo agregado, accesorio, secundario, sino lo principal (repito: por lo de “agarrar”). El error del diccionario está en haber considerado que el beso ("largo, repetido y apasionado") es la condición esencial que aporta el significado correspondiente al sustantivo que, insisto, es derivado del verbo "agarrar" (“agarrar” no es, estrictamente, “besar”); y esto, naturalmente, ha dado lugar al error respecto del sustantivo “aparre”. Concluyo: hay un error en el Diccionario de Peruanismos que, creo, debiera ser corregido. 

¿Cuáles serían, entonces, las definiciones adecuadas para “aparre”, “aparrar” y “aparrado”? Creo que, puntualmente, le correspondería una palabra, como definición, a cada uno de los términos mencionados, un sinónimo: “aparre”: abrazo; “aparrar”: abrazar; “aparrado”: abrazado. Podría agregarse, naturalmente, el adjetivo “cariñoso”, pero no hacer alusión a lo erótico (por inadecuado y porque, repito, el “aparre” o el “aparrar” solo hacen referencia al abrazo y al acto de abrazar, sin que, necesariamente, tenga que haber intervención de la libido). Punto. El vocablo popular que sí, necesariamente, hace alusión a un componente erótico en su significado, es “agarre”, que es el acto de agarrar y también la persona a la que se "agarra" (con propósito amatoria): “Isabel es el agarre de Roberto”. 

¿Y el origen de "aparre", "aparrar" y "aparrado", referidos a abrazo, abrazar y abrazado, dónde estaría? Ardua tarea es tratar de encontrar una respuesta completamente satisfactoria. Yo solo puedo aventurar una tímida hipótesis. Podría tener, creo, un origen, digamos, dendrológico. Un árbol "que tiene las ramas muy extendidas horizontalmente" es, precisamente, un árbol "aparrado" (DLE); y, recuérdese, las ramas (en este caso, extendidas) también son conocidas como brazos (¿ramas en actitud de abrazar?). En fin, repito, solo es una tímida hipótesis aventurada.

(Si estoy equivocado, díganmelo, por favor, amigos. No sería la primera vez que yo estuviera incurriendo en un desacierto. Y, de verdad, agradecería muchísimo sus discrepancias, correcciones, sugerencias y aportes. ¡Un fuerte abrazo!)

 

                                                                                                                       © Bernardo Rafael Álvarez